Trans Taiga, la carretera del fin del mundo

Existe una carretera que partiendo de ningún sitio, termina en medio de ninguna parte. Tiene 666 kilómetros de largo y la única manera de salir de allí una vez has entrado es volver sobre tus propias huellas. Si te atreves a recorrerla, es muy probable que no te encuentres con nadie por el camino. En realidad, si por azar te cruzas con alguien es muy probable que desees no haberlo hecho. Y si tienes un problema mientras la recorres tus posibilidades de supervivencia, lamento decirlo, son más reducidas de lo que te gustaría escuchar. Es, posiblemente, la carretera más solitaria y aislada del planeta Tierra. La carretera Trans Taiga.

Axel Drainville | Flickr

Seguir leyendo

Números en el aire; el misterio de las estaciones numéricas

En la Nochebuena de 1906 los operadores de radio de algunos barcos en el Océano Atlántico Norte recibieron a través de sus auriculares algo que nadie antes había podido escuchar. Un hombre tocaba un villancico al violín; un fonógrafo reproducía una canción popular; finalmente, el mismo hombre leía algunos pasajes de la Biblia antes de dar las buenas noches y desear Feliz Navidad. Se trató de la primera retransmisión pública radiofónica de la historia; nunca antes la voz humana había sido esparcida de esa manera tan indiscriminada, para cualquiera que pudiera estar escuchando. A todos los efectos era poco menos que magia; la magia de la radio se convertiría en un lugar común en las siguientes décadas, cuando la aparición de las primeras emisoras comerciales en 1920 cambiase para siempre la manera de transmitir la información. La idea de que una voz pudiera alcanzarnos allá donde estuviéramos sin importar la distancia ni el origen era extremadamente poderosa y sugerente. De repente los seres humanos ya no estaban solos ni aislados; la música podía entrar en el salón de casa, igual que las noticias, las ideas o la comedia. Era, simplemente, mágico. Más de cien años después, la radio sigue conservando una pequeña parte de ese atractivo primigenio, casi pretecnológico, que tenía cuando nació. Pero hay un modo de devolvernos a esa época temprana de la radio, cuando las ondas hertzianas eran una fuerza misteriosa e invisible que nos transportaba más allá de nuestros límites físicos. Una manera de sentir lo mismo que aquellos operadores de radio en mitad del Atlántico cuando en vez de puntos y rayas escucharon una voz humana atravesar la oscuridad. Con un receptor de onda corta podemos escuchar a gentes situadas en la otra punta del mundo, y, todavía mejor, hablarles también. Pero a veces quien está al otro lado no acepta respuestas. En ocasiones el mensaje que nos llegará a través de las ondas será incomprensible, pero igual de evocador que las primeras emisiones radiofónicas, si no más. En todo el mundo existen emisoras de radio que sólo emiten interminables filas de números, una y otra vez. Larguísimas series de cifras carentes de sentido. Salvo que en realidad no carecen de sentido, somos nosotros que no disponemos de la clave para descifrarlas. Hoy en Fronteras, el misterio de las estaciones numéricas.

Estación numérica norteamericana captada en febrero de 2019

Seguir leyendo

Por qué hay dos ciudades llamadas Kansas City una al lado de la otra

En la madrugada del domingo al lunes los Kansas City Chiefs se proclamaron vencedores de la Superbowl tras remontarles diez puntos de desventaja a los San Francisco 49ers. El presidente Donald Trump felicitó al equipo a través de su cuenta de Twitter, pero asignando al equipo al Estado que no es: los Kansas City Chiefs no son de Kansas City, Kansas, sino de Kansas City, Misuri, justo al otro lado de la frontera estatal. Si no eres el presidente de Estados Unidos lo cierto es que es un error bastante disculpable. Porque, ¿por qué demonios hay una Kansas City en Misuri? Que además es tres veces más grande que la de Kansas. Eso es lo que vamos a ver hoy.

kansas1

Seguir leyendo

Viaje a Baarle, el pueblo de las mil fronteras

La camarera nos trajo nuestros platos apenas cinco minutos después de haber pedido, pero ya íbamos por la segunda cerveza. Ella se llamaba Evelyn, había nacido en Bucaramanga, Colombia, y llevaba en el pueblo tres años. Hablaba neerlandés, francés, inglés y ese español para nosotros cantarín y exótico de los nacidos en los alrededores del Caribe. Sirvió primero a un lado de la mesa y luego al otro, y tan cierto es decir eso como que sirvió primero a un país y luego al otro. De los cuatro comensales sentados a la misma mesa dos estábamos en Belgica y los otros dos en Holanda. Sólo hay un sitio en el mundo donde eso puede suceder y es, claro, Baarle. El pueblo de las mil fronteras.

El autor del blog y un amigo brindando en una mesa situada exactamente sobre la frontera entre Bélgica y Holanda

Seguir leyendo

Cuando el tamaño sí que importa: Las estatuas más grandes del mundo

Cuenta la leyenda que el escritor francés Guy de Maupassant odiaba tanto la Torre Eiffel que solía comer en el restaurante que hay en ella, porque era el único lugar de la ciudad desde el que el «espárrago de metal» no era visible. De la misma manera y alrededor del globo encontramos monumentos hechos para ser visibles desde cualquier parte, en ocasiones desde lugares extremadamente lejanos. Hoy en Fronteras, un repaso a las estatuas más grandes del mundo: religión, culto a la personalidad y megalomanía hechas arte. Arte descomunal

15.- Garuda Visnu Kencana, 76 metros (con base: 122 metros) – Bali, Indonesia

Veintiocho años. Ese es el tiempo que llevó construir esta monumental escultura en la isla indonesia de Bali desde la colocación de la primera piedra en 1997 hasta su inauguración en 2015. Entre medias dos crisis economicas mantuvieron parada la obra durante década y media. La escultura, realizada en cobre y piedra, representa al mítico pájaro Garuda siendo cabalgado por Visnú a cambio del uso del elixir de la vida eterna. Sus 64 metros de ancho, sumado al hecho de estar encima de un edificio de quince plantas la hacen una de las estatuas más voluminosas del mundo, si no la que más.

Garude Santstorm

Seguir leyendo

El Puente Aéreo de Berlín, el milagro del aire

Entre 1940 y 1945 las fuerzas aéreas de Estados Unidos y Gran Bretaña, con una pequeña y tardía colaboración francesa, bombardearon 363 veces la capital de la Alemania nazi. Setenta mil toneladas de bombas, veinte mil muertos, más de millón y medio de refugiados y un tercio de la ciudad reducida a escombros humeantes fueron el resultado de las operaciones de los tres países aliados entre 1940 y 1945, sobre todo en los últimos doce meses antes del final de la guerra. Tres años después de esa fecha cientos de aviones de las fuerzas aéreas de los mismos tres países que arrasaron sistemáticamente Berlín aterrizaban diariamente en la ciudad y eran recibidos como héroes salvadores por la población civil, la misma población civil que había sufrido durante un lustro la dureza despiadada de los bombardeos. Este hecho por si solo es ya sorprendente, pero el por qué de ese repentino afecto a los aliados occidentales es todavía más asombroso; se trató de un milagro de la logística, la planificación y sobre todo la voluntad. Un milagro que conocemos como el Puente Aéreo de Berlín.

Screenshot_2020-01-20 Germans-airlift-1948 - Berlin Blockade - Wikipedia(1)
Berlineses observan el aterrizaje de una avión en el aeropuerto de Tempelholf, en 1948 (USAF)

Seguir leyendo

Slow TV. Viajar desde casa a ritmo real

El 1 de enero de 2019 la televisión de la región española de Aragón emitió un programa de cuatro horas de duración titulado «El viaje». La producción consistía en la grabación a tiempo real de una única cámara montada en la locomotora de un tren viajando entre las estaciones de Zaragoza y Canfranc, en los Pirineos. 218 kilómetros en vías sin electrificar, sin más acompañamiento sonoro que el del propio tren haciendo clan clan sobre los raíles. Ni montaje, ni banda sonora, ni narración. Nada. Pese a lo inacostumbrado de la propuesta, un 7% de la audiencia acompañó la emisión, una cifra por encima de los números habituales de la cadena. Fue el primer (y hasta hace un par de semanas único) episodio español de lo que se ha dado en llamar Slow TV, televisión lenta, un fenómeno que apareció hace una década en Noruega y que hace tiempo que colonizó Youtube.

Seguir leyendo

California City, la ciudad por construir

Nathan Mendelsohn tenía un plan: comprar un enorme pedazo de desierto, desbrozarlo, trazar calles y avenidas y dividirlo en parcelas para que la gente lo comprara y se fuera a vivir allí. El plan funcionó en sus primeras fases: Mendelsson se hizo con quinientos kilómetros cuadrados del desierto de Mojave a 160 kilómetros al norte de Los Ángeles, lo convirtió en municipio con el nombre de California City, trazó y nombró sus calles y empezó a vender parcelas. El único punto en el que el plan no acabó de funcionar fue el último: casi nadie se fue a vivir allí.

Screenshot_2020-01-20 This California ghost town began with utopian visions
No es el fin del mundo, pero lo puedes ver desde aquí (Chang Kim)

Seguir leyendo

Bougainville, ¿y ahora qué?

En noviembre y diciembre del año pasado la población de la isla de Bougainville votó en un referéndum para lograr la independencia de Papúa-Nueva Guinea. El resultado, anunciado el pasado 22 de diciembre, fue un aplastante 98% a favor de la independencia que deja pocas dudas acerca de la voluntad de los habitantes de la región. El referéndum, sin embargo, era no vinculante, lo cual obliga a los gobiernos de Puerto Moresby y Buka a negociar las condiciones de la separación, y al parlamento papuano a aprobar el acuerdo resultante. El proceso puede llevar meses o años, e incluso no acabar en una independencia formal: en el siglo XXI las independencias son más complicadas de lo que parece

Bougainville_in_Papua_New_Guinea_(special_marker).svg
Bougainville (rojo) y Papúa-Nueva Guinea (Amarillo). Al sur de Bougainville, las Islas Salomón, a las que pertenece cultural y geográficamente.

Seguir leyendo

Cien temas que probablemente bailaste en los noventa (décima parte y FIN)

Esta es la última parte de un viaje musical de casi diez años acerca de una de las obsesiones enfermizas del autor de este blog: la música dance de los noventa. Para leer las entregas anteriores pincha en los correspondientes enlaces:

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4 | Parte 5 | Parte 6 | Parte 7 | Parte 8 | Parte 9

En una discoteca hay dos clases de hombres. Los hombres de barra y los hombres de pista. Y cada uno de ellos debería respetar el territorio del otro. Yo, por supuesto, nunca lo hice. Mi forma de bailar se parece más a una electrocución durante un ataque de epilepsia que a cualquier tipo de danza conocida por el ser humano, y en la barra mi yo de dieciocho años era capaz de derribar sin inmutarse a maromos que me cuadruplicaban en peso, pero aún así siempre pasé mucho más rato en la pista que en la barra. En parte por una cuestión económica, en parte por carencia absoluta de vergüenza, y también, por qué negarlo, porque la ingesta alcohólica tenía como efecto secundario la firme creencia de que mis espasmos y estertores podían ser confundidos con alguna habilidad motora. El caso es que me lo pasé muy bien bailando entre, pongamos, 1992 y 2008, fechas que marcan mi entrada en la adolescencia y el final de la misma, ya con 29 años. Todo este larguísimo recopilatorio de 8 años, cien canciones y más de veinte mil palabras no es más que un homenaje a mi propia adolescencia y juventud, un canto del cisne de un cuarentón que ve venir la inevitable cuesta abajo y decadencia y ha decidido dejar para la posteridad un recuerdo emocionado de aquellas larguísimas noches dándolo todo en discotecas de extrarradio, bares pijos, raves al aire libre o el jardín con piscina de la casa de algún amigo. Así que ya hemos llegado al final de este viaje musical. Cien canciones, y quizás otras cien que merecían estar pero que dejé fuera porque, bueno, doscientas canciones son demasiadas. Fronteras regresará dentro de unos días a su programación habitual de límites internacionales, lugares remotos y pueblos abandonados en mitad del desierto con ocasionales incursiones en toponimia escatológica. Pero antes, por última vez, aquí va mi homenaje a algunos temazos que nos hicieron botar como enloquecidos en aquellas fiestas noventeras. ¡Todo el mundo a hacer Potrom Potrom!

Seguir leyendo