El Parque Nacional más grande y menos visitado del mundo

El uno de marzo de 1872 el gobierno federal de Estados Unidos declaró nueve mil kilómetros cuadrados en la esquina noroeste de Wyoming como zona de especial protección; el nombre utilizado para denominarla, National Park, pasó a la historia, y hoy Yellowstone es considerado el Parque Nacional más antiguo del mundo. Un siglo y medio más tarde, por todo el planeta existen más de tres mil lugares con esa denominación (seiscientos de ellos en Australia), pero hay uno que concentra buena parte de los récords: el más grande, el menos visitado, el menos poblado, el que está más al norte y el que ocupa más superficie del territorio al que pertenece, entre otros. Y no está en Australia, en Estados Unidos, o en África. Se trata, claro, del Parque Nacional del Noreste de Groenlandia.

Atardecer en el glaciar de Francisco José (Jerzy Strzelecki)

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Niue, la nación más pequeña del Pacífico

No figura entre los miembros de la ONU ni aparece nunca en las noticias. Prácticamente nadie en este lado del globo ha escuchado una sola palabra sobre el lugar, una remotísima isla del Pacífico con la población de un pueblo más bien pequeño. Y sin embargo son un país prácticamente independiente, con autogobierno desde hace medio siglo y, esto es lo más sorprendente, que mantiene relaciones diplomáticas con una treintena de estados de cuatro continentes, incluidos Estados Unidos, Francia, China o la India. Bienvenidos a Niue, la nación más pequeña del Pacífico.

Lo de ponerle estrellitas a la Union Jack es *chef kiss*

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La «casa más solitaria de la Tierra» no lo es tanto

Fronterasblog, también conocido como Guía para Misántropos

Cada cierto tiempo se hacen virales videos y fotos como la que encabeza este texto. Una pequeña construcción en mitad de una isla tan verde como desierta, en lo que parece ser un rincón ignoto y aislado del océano. El lugar de retiro definitivo, el culmen de la misantropía, la cima del aislamiento. La casa más solitaria del mundo. Como es habitual, los tik toks en cuestión acaban con una pregunta para fomentar el engagement y darle alas al algoritmo. «¿Te mudarías a un lugar así?». Dos cosas. Una: no, ninguno de vosotros lo haría, o ya lo habríais hecho. Y dos: hay otras preguntas más interesantes, como ¿dónde está esta casa? ¿Y por qué demonios existe? Seguir leyendo

Minaritorishima, la isla donde acaba Japón

Tokio es enorme; el área metropolitana más grande del mundo abarca una superficie de más de trece mil kilómetros cuadrados y aloja a más de treinta millones de personas. Pero Tokio acaba mucho más allá de lo que uno pudiera imaginar. Acaba tan lejos que, de hecho, su extremo oriental ya ni siquiera está en Asia, sino en Oceanía, a casi dos mil kilómetros de la capital. El lugar donde termina Tokio y también Japón es una isla desierta en mitad de ninguna parte que, sin embargo, podría llegar a cambiar la economía mundial.

La isla más aburrida del mundo podría convertirse en la más interesante

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Un buzón que es un barril, y cartas que cruzan el mundo sin sello. Bahía de correos, la oficina postal más rara del mundo

En unas semanas se cumplirán dos décadas del fallecimiento de Harriet, la tortuga que, según una leyenda probablemente apócrifa, Charles Darwin se llevó de las Islas Galápagos y que acabó sus días en un zoológico de Brisbane, en Australia. Harriet murió con 175 años, treinta más de los que llevaba publicado en aquella época El origen de las especies, el libro por el que se conoce a su presunto captor. Pero todos ellos, libro, tortuga e incluso Darwin, eran más jóvenes que la oficina postal de las Islas Galápagos, que no sólo es la más vieja del continente, sino la más extraña del mundo, porque no funciona con sellos, sino con esperanza y buena voluntad.

El buzón más peculiar que verás nunca (Serena Tang | Flickr)

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San Pedro y Miquelón, el último reducto de Francia en América del Norte

El verano de 1948 fue intenso y acalorado en la isla de Terranova, al menos en lo político. Junto con un buen pedazo de la Península del Labrador, los habitantes del llamado Dominio de Terranova votaron dos veces para escoger su futuro. Podían decidir quedarse como una parte más del Imperio Británico, declarar la independencia o unirse a la confederación, es decir a Canadá. Escogieron la tercera opción y Terranova y Labrador es hoy la décima provincia canadiense. Terranova es la cuarta isla más grande de Canadá y la décimo sexta del mundo, pero justo al lado de sus cien mil kilómetros cuadrados de superficie, a menos de veinte kilómetros de sus costas, dos islas no votaron en aquellos plebiscitos. No eran parte de Canadá ni tampoco del Imperio Británico, y hoy siguen sin serlo. Es la minúscula comunidad de San Pedro y Miquelón, cinco mil habitantes que son los últimos franceses de Norteamérica.

La bandera de San Pedro y Miquelón es una pesadilla para cualquier vexilólogo, pero no hemos venido a juzgar a nadie, ¿vale?

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 3: El país que no existe

Tierra de Nadie | Los vestigios de la metrópoli

A pocos kilómetros de Nicosia la autopista enfila hacia el norte. El área metropolitana de la ciudad, que concentra más de la cuarta parte de la población del país, se extiende a ambos lados de la carretera. Polígonos industriales y zonas residenciales se suceden junto al asfalto, pero los ojos no se desvían del frente. No sólo porque, bueno, es la manera correcta de conducir, sino porque al fondo, en las colinas tras la capital, se vislumbra la que probablemente es la bandera más grande del mundo. Ochenta mil metros cuadrados, ocho hectáreas/campos de fútbol sobre la ladera de una montaña, visibles desde toda Nicosia y sus alrededores. El símbolo de la República Turca del norte de Chipre, el país que (casi) nadie reconoce.

Sutiles, los turcos, vaya que sí

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Hotel Esperanza: Los refugios para náufragos de las islas subantárticas de Nueva Zelanda

Hubo una época en la que el mundo estaba cosido por las rutas marítimas, barcos que partiendo desde Europa o América llegaban a todos los puntos cardinales, atravesando océanos infinitos y jugándose la vida en cada singladura. Los protagonistas de aquel embrión de la globalización eran marinos, gente experimentada y temerosa de Dios, pero sobre todo del mar, un lugar inhóspito y traicionero que se tragaba las vidas de cientos de personas cada año, gente de la que nunca se volvía a saber nada, engullida por el mismo océano que les permitía ganarse la vida. Si había un lugar en el mundo que necesitaba de los marinos para sobrevivir y para estar conectado al resto del planeta, ese eran las antípodas. Nueva Zelanda era una colonia increíblemente aislada y remota, a meses de viaje de la metrópoli; para ellos, y para Australia, los barcos eran un cordón umbilical que les permitía seguir unidos al resto del mundo. Por eso, para incrementar un poco las posibilidades de supervivencia de los marinos que iban y venían del extremo más alejado del mundo, Nueva Zelanda construyó una red de refugios y cabañas en las islas desiertas de la región subantártica. Un lugar donde los náufragos pudieran sobrevivir hasta que llegara la ayuda. El Hotel Esperanza.

Refugios en la Isla Enderby, una de las islas del Archipiélago de las Auckland, en 1888 (Museo de Nueva Zelanda). Nótese el letrero escrito a mano en el tejado del refugio de la izquierda: «Sólo para náufragos»

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 2: Vestigios coloniales

Capítulo 1: Tierra de Nadie

Cuando una potencia colonial abandona un territorio, siempre quedan restos de su presencia. El idioma es el más común, pero también las infraestructuras, las instituciones o las costumbres. Por eso en la India tienen tantos trenes, en Malta hablan inglés y en Pakistán juegan al críquet. En algunos casos raros, el Imperio Británico dejó incluso su bandera en sus ex colonias, casos de Australia, Nueva Zelanda, Fiyi o Tuvalu. Pero en el caso de Chipre, las huellas de la metrópoli fueron más allá. El Reino Unido, después de 80 años de gobierno sobre la isla, se marchó dejando no sólo un cacao considerable entre turcos y griegos, sino varios pedazos de terrorio soberano, totalmente bajo control británico. Son Akrotiri y Dekelia, los vestigios coloniales de Chipre.

Ubicación de los territorios soberanos de Akrotiri (arriba) y Dekelia en la isla de Chipre

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 1: Tierra de Nadie

La policía de fronteras chipriota revisó nuestros pasaportes y la documentación del coche de alquiler. Después de introducir nuestros datos en el ordenador nos los devolvió con una sonrisa. «Buen viaje», nos dijo en español. «Efjaristós«, respondimos al unísono. Al otro lado de la garita nos esperaba una carretera vacía, escoltada por kilómetros y kilómetros de verjas y alambres de espino. De vez en cuando, un cartel indicaba la prohibición de hacer fotos y de detenerse. Parecía una carretera normal, pero allí estábamos, de facto, en medio de ninguna parte. En territorio de ningún país. En ese tramo de carretera, y en cientos de kilómetros cuadrados a ambos lados de ella, no rigen las leyes de ningún estado. Bienvenidos a la Línea Verde, la frontera que no existe.

Esto sí que son vacaciones

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