Nueva Caledonia, ¿el miembro 194 de la ONU?

Empecemos por el final: probablemente no. Y ahora recapitulemos. Hoy domingo 4 de noviembre (todavía era  3 de noviembre en parte de Europa y en América cuando han abierto las urnas) se celebra en el territorio francés de Nueva Caledonia un referéndum de independencia, el primero legal en el mundo desde el de Escocia en 2014. Este referéndum se pactó con Francia hace ahora un año, pero tiene sus raíces en el acuerdo de Numea, firmado hace dos décadas, y que otorgó al archipiélago su estatus actual de “colectividad especial”, un grado de autonomía dentro de la Francia de Ultramar donde el gobierno local dispone de casi todos los poderes atribuidos a un Estado, siendo las excepciones defensa, justicia y moneda. El acuerdo de Numea, por su parte, fue la consecuencia del pacto del Hotel Matignon de 1988, negociados entre partidarios y detractores de la independencia. Ese pacto fue el modo que se encontró de ponerle fin a una situación extremadamente tensa, con ocasionales ramalazos de violencia muy grave, como la toma de rehenes de ese mismo año que acabó con 21 muertos, la mayoría de ellos secuestradores.

Tanto la bandera francesa como la canaca son oficiales en Nueva Caledonia. Este pastiche de ambas es el que utiliza la FIFA para representar a la selección de fútbol local en las competiciones internacionales.

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Seis meses francesa, seis meses española. La Isla de los Faisanes, el enclave intermitente

Domingo, siete y media de la mañana. Una lluvia fría y desagradable barre el río Bidasoa a su paso por Irún. En la orilla sur, con los pies metidos hasta los tobillos dentro de un barro fétido y mugriento, un hombre se apoya en la rama medio podrida de un árbol intentando no caerse. Lleva unos pantalones cortos, y un polo azul eléctrico perfecto para el Paseo Marítimo de cualquier ciudad mediterránea, pero extremadamente inapropiado para una mañana lluviosa y desapacible en el País Vasco. Debajo del lodo, calza unas zapatillas deportivas de vivos colores, de nuevo perfectas para caminar tranquilamente por el paseo peatonal que discurre en la margen contraria del río, pero completamente impropias para avanzar por el fango. En un par de ocasiones, al dar un paso, la zapatilla ha amenazado con quedarse en el cieno, y sólo con esfuerzo y haciendo palanca el hombre ha conseguido evitar la desgracia. Hace dos meses que nuestro hombre planeó este viaje. Podría haber traído un chubasquero. Podría haber traído, claro, botas de agua, o al menos alguna prenda de manga larga. Podría haber hecho todo eso, pero ya es tarde para lamentarse. Diez años de espera están a punto de llegar a su fin. Hay una misión que cumplir, y una historia que contar. La de la Isla de los Faisanes.

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Sesenta grados sur. Las islas de la desolación

El Tratado Antártico, que entró en vigor en 1961, blinda todas las tierras emergidas al sur del paralelo 60 contra las pruebas de armamento de cualquier tipo (específicamente el nuclear, pero no sólo ese) y declara la libertad absoluta de investigación científica en todo el territorio antártico. También, ya de paso, declara a la Antártida y territorios adyacentes como Tierrra de Nadie, congelando cualquier reclamación territorial al sur del paralelo sesenta y prohibiendo reclamaciones posteriores. Además del gigantesco territorio helado cuya forma nos es tan reconocible existen unos pocos cientos de islas afectadas por el tratado. Adicionalmente, hay una serie de islas, islotes y peñascos al norte del paralelo sesenta considerados como subantárticos. Estos territorios al norte y al sur del límite del Tratado Antártico suelen ser lugares entre poco y nada habitados, con climas que oscilan entre lo desagradable y lo repugnante y con flora y fauna de lo más entretenida, además de historias convulsas y, también,  interesantes. Hoy daremos una vuelta por las islas de la desolación. Bienvenidos al paralelo sesenta sur. Y alrededores.

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Diez personas que vivieron en un aeropuerto (segunda parte)

Para leer la primera parte de esta entrada, pincha aquí

5.22px-Flag_of_Russia.svgZahra Kamalfar – 10 meses – Aeropuerto de Moscú Sheremetyevo (Rusia)

Tras ser encarcelada por manifestarse contra el régimen iraní, Zahra Kamalfar se escapó del país a principios de 2006 aprovechando un permiso, junto con sus dos hijos. Con documentos falsos conseguidos por su familia voló a Moscú y de allí a Fráncfort, con la idea de trasladarse a Canadá, donde tenían familia. Sin embargo, las autoridades alemanas detectaron sus falsos pasaportes y la familia fue devuelta a Rusia. Tras encerrarlos unas semanas en un hotel moscovita las autoridades rusas trasladaron a los tres al aeropuerto y trataron de devolverla a Irán pero una campaña de apoyo popular y la intervención del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados permitieron finalmente cancelar la repatriación, con Kamalfar y sus hijos ya en el aeropuerto. Durante diez meses esperaron en la zona de tránsito de Sheremetyevo, hasta que en marzo de 2007 finalmente las autoridades canadienses le concedieron el asilo político y pudo volar a Vancouver.

Fuentes: 1, 2, 3, 4

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Zahra Kamalfar y sus dos hijos, en el aeropuerto de Moscú-Sheremetyevo (fuente)

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Viaje a San Martín, la isla fronterizada

Como el editor de este blog padece y disfruta a partes iguales de una vagancia inenarrable, la entrada de hoy ha sido subcontratada. Es para Fronteras un honor recibir en sus páginas a Miquel Ros, emprendedor y bloguero, colaborador de CNN Travel  y Trovel.com y que cuando no está ocupado en  dar envidia con sus viajes al Caribe más fronterizo edita el blog Allplane.tv, un must para los aerotrastornados y para cualquier interesado en la industria de la aviación. Gracias a él el nivel de este blog va a subir varios enteros. Como podréis imaginar, cualquier error que encontréis en la entrada es producto de mi proverbial torpeza como editor, mientras que cualquier mérito le corresponde íntegramente al autor del texto. 

La Isla Fronterizada

Como no podía ser de otra forma, la isla fronterizada de San Martín (Sint Maarten en holandés, Saint-Martin en francés) fue en su día objeto de una exhaustiva entrada en Fronteras, así que no me entretendré explicando los antecedentes y características de esta peculiaridad geográfica. Sin embargo, el mes pasado tuve la ocasión de visitar esta bonita isla caribeña, y, a mi regreso, acepté gustoso la invitación del editor de este blog para ampliar la información sobre la isla con una crónica que recogiera mis impresiones sobre el terreno. Así que ahí vamos

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Mapa de la pequeña pero no por ello menos interesante Isla de San Martín

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Cómo conducir tu coche sobre el agua

En este blog hemos hablado muchas veces de carreteras. Hemos recorrido caminos letales en Bolivia, avistado solitarias lenguas de asfalto en China o Argelia, hollado senderos infinitos en la vastedad inmensa del norte de Canadá y, por supuesto, hemos jadeado sedientos en los agrietados y resecos caminos australianos. También visitamos toda la longitud de la Nacional 340, la carretera más larga de España, en una serie de entradas igual de larga. Sirva esta introducción pletórica de autobombo y enlaces a mi propio blog para demostrar mi afición a los caminos y al asfalto. Ahora bien, hasta ahora nunca habíamos encontrado una carretera sobre el agua. Hemos cruzado algún puente sobre ella, pero siempre como algo accesorio, accidental, porque no hay más remedio. Lo que hoy vamos a ver son carreteras en las que el agua no es un accidente, sino el camino. No os abrochéis los cinturones para este viaje, las autoridades aconsejan no hacerlo. Por si nos hundimos.

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Este puente siguiendo el curso de un río existe, está en China y mide cuatro kilómetros de largo. Pero no es de puentes de lo que vamos a hablar hoy

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Irse a Tomar por Culo. Definición geográfica

Y no, no es una coña

A tomar por culo ya



Lo ví en el Tuíter de @Proscojoncio y no pude resistirme. Ahora podéis indicarle a alguien vuestro radical desacuerdo con una elegancia y una precisión geográfica exquisitas. También disponible su versión menos malsonante: A Tomar por Saco.

Previamente, en Fronteras: Ir de Repente a Kagar, y 25 pueblos que deberían cambiar de nombre pero ya (Quince aquí y diez más acá)