Bailando con mil personas alrededor del mundo

¡Viernes! Y como todos los viernes (mentira, uno de cada treinta o por ahí) toca vídeo de viajes. Hoy revisitamos a un viejo conocido de este vuestro blog fronterizo. Hace algo más de un par de años conocimos a Matt Bray, un youtuber cuyo leit motiv es completar una serie de “cosas-que-debes-hacer-una-vez-en-la-vida”. Una de esas cosas, que fue la que le trajo por aquí, era grabarse bailando con cien personas a lo largo de Estados Unidos. Si no viste el vídeo en su día, querido lector, aquí te lo dejo de nuevo.

Bueno, pues han pasado dos años y tres cuartas partes de ese tiempo nuestro querido Matt se lo ha pasado dando tumbos por el mundo, de Francia a Japón y de Australia a Perú. Y por supuesto ha bailado ante la cámara. Y desde luego, no lo ha hecho sólo. Tras grabarse en docenas de lugares haciendo el canelo, he aquí el maravilloso resultado.

Insisto en que cualquier mongolada similar por parte de los escasos pero inmerecidos lectores de este vuestro blog etcétera será siempre bien recibida. ¡Feliz finde!

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Bailando alrededor del mundo con 5 años

No quiero que os vayáis de fin de semana sin ver este serio candidato al vídeo viajero del año. Si tenéis hijos y creéis que son demasiado jóvenes para viajar con vosotros por todo el mundo, bueno, no tenéis razón. Aquí tenéis a una cría de cinco años pasándoselo pipa en sitios a primera vista tan terribles como Palestina, Tiraspol o el Estadio Santiago Bernabéu durante la breve época de Julen Lopetegui. En la descripción del vídeo tenéis la lista de lugares que aparecen en él. Que paséis un buen finde.

Y recordad: largaos.

5 Year Old Dances around the world in 15 months. Youtube, 2 minutos y 59 segundos.

Los vídeos viajeros tienen una gran tradición en este su blog de ustedes. Desde Matt Harding (2008121316) a los compas de Molaviajar.com, llevamos años sufriendo la más cochina de las envidias. Por ejemplo, Graham Hughes, que visitó todos los países del mundo sin subirse a un solo avión, o Matt Bray, que decidió viajar por EE.UU. bailando con desconocidos aleatorios y editar un vídeo maravilloso. Ojalá vosotros, lectores, hagáis vídeos parecidos y me los enviéis. Os odiaré, pero poco.

Dos mundos separados por 80 metros de cuerda: viaje a la frontera más corta del mundo

Vuelve Fronteras, vuelve la ilusión. En esta ocasión nuestro lector más viajero, Javier, aka Sherlock, y al que pueden seguir en Tuíter en la cuenta @DuqueDeOlivares y en Instagram en @Javier_De_Olivares, nos regala una crónica de viaje a un rincón de la geografía española que ocupa un lugar de honor en el imaginario de este su blog fronterizo. Que lo disfruten. 

Tras el tortuoso camino entre las montañas, polvoriento y exhausto, hundo los pies en la arena. El mar ruge a un lado y al otro del istmo, y observo al centinela de la fortaleza, que me mira con cara de asombro. Se levanta, y mientras avanzo hacia él, se pone en guardia y me desafía. Estoy pisando tierras árabes, y el castillo cristiano se encuentra bien defendido de un eventual ataque enemigo. No porto más armas que mi propio cuerpo, y le pregunto a gritos si me deja traspasar la cuerda que separa ambos territorios. Consulta, sorprendido de la presencia de un compatriota en estas tierras inhóspitas, y me devuelve una respuesta negativa. Cabizbajo, doy media vuelta, me aposento en la arena y me relajo escuchando el sonido del mar y contemplando el fortín, que ahora parece más inexpugnable. Parece una historia del siglo XII, pero esto no son las Cruzadas. Estamos en 2018, en pleno siglo XXI, y me encuentro en una de las fronteras más extrañas del mundo: la de Marruecos y España en el Peñón de Vélez de la Gomera.

Vista desde lejos

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El hombre que perseguía patitos de goma

El 10 de enero de 1992 el buque portacontenedores Ever Laurel se vio atrapado en una tempestad más violenta de lo normal en mitad del Océano Pacífico. Su ruta entre Hong Kong y Seattle se vio azotada por olas de diez metros de alto y vientos huracanados de más de 150 km/h, que sacudieron al enorme paquebote (330 metros de eslora, 104.000 toneladas de peso máximo) hasta tal punto que en un momento dado dos columnas de seis contenedores rompieron sus enganches y se precipitaron al mar. En uno de esos contenedores viajaban empaquetados 28.800 animales de plástico de vivos colores, juguetes infantiles para bañera fabricados en China; una cuarta parte de ellos eran patos amarillos, pero también había castores rojos, ranas verdes y tortugas azules. El punto donde cayeron los contenedores (44ºN, 178º E) estaba a varios miles de kilómetros de distancia de cualquier lugar emergido, no digamos ya habitado. Los animalitos de goma quedaron entonces a merced de las corrientes marinas y de las brutales tormentas que habían provocado su caída al océano. Un año después, unos cuantos centenares de ellos aparecieron en las costas de Sitka, en Alaska, un lugar donde están acostumbrados a recoger de entre los guijarros de la playa todo tipo de objetos escupidos por el mar. Pero la cosa no acabó ahí. Los juguetes de baño aparecieron en las Aleutianas, en Canadá, en Hawái, en las costas del Estado de Washington e incluso en el estado de Maine, al otro lado del continente. Los patitos de plástico viajaron miles de kilómetros en mar abierto y al final, diez años más tarde, cambiaron la vida de un hombre: Donovan Hohn.

Ruta seguida por los animalitos de plástico desde su caída al mar en 1992 hasta su aparición en las costas británicas en 2007, la última registrada (Wikimedia Commons)

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Matt Harding ha sacado nuevo vídeo y es tan genial como siempre

Sube el volumen y disfruta

Una vez más, y ya van unas pocas (ver vídeos de 2013, 2012 y 2008 aquí mismo, o aquella maravillosa vez en la que bailó una sardana) Matt Harding ha sacado nuevo vídeo. Da la misma envidia (o más) que todos los anteriores, y en general mola un montón, como todos los anteriores también. Matt visita algunos de los países que todavía no estaban en su lista (Cuba, Kazajistán, Ghana, Omán), pero la mayor parte del vídeo transcurre en Estados Unidos y Europa Occidental. Algo más de cuatro mil personas han participado en la financiación del proyecto a través de Kickstarter, un éxito monumental que le ha permitido bailar con cientos de seguidores alrededor del mundo. Una vez más, Matt Harding lo peta muy fuerte y nos da ganas a los demás de cerrar el portátil y ponernos a hacer autostop en la carretera más cercana.

Via | WhereTheHeckIsMatt

Las 20 mejores canciones del rock para un viaje por carretera (parte 1)

Hay quien dice que la mejor parte de un viaje es prepararlo. Estudiar rutas, desplegar mapas (o pasarse horas en Google Maps), escoger cuidadosamente el equipaje, planear excursiones, visitas, rodeos innecesarios para ver ese lugar semidesconocido que no aparece en las guías. Y si el viaje es por carretera no puede faltar la música que pondrá banda sonora a la sucesión de paisajes y escenarios que pasarán por las ventanillas del coche, a la vibración y el tacto del volante mientras tragamos un kilómetro detrás de otro. Ahí van mis veinte canciones favoritas. No hace falta decirlo, esta es una selección exclusivamente personal, y estáis invitados a destrozarla, a recriminarme olvidos imperdonables y a recomendarme cualquier otro tema en los comentarios. Cerramos el maletero de un portazo, metemos primera y comenzamos el viaje.

Bon Jovi – It’s my life (2000)

Viajar por carretera se asocia a la libertad y a los grandes paisajes abiertos. El Medio Oeste norteamericano, las infinitas extensiones cobrizas de la meseta española, el inabarcable y sediento desierto chileno, la desolación de la Patagonia Argentina. It’s My Life, de Bon Jovi, pone el perfecto fondo musical a esa sensación de libertad total, a esas ganas de devorar kilómetros, de comerse destinos, de llegar al fin del mundo sobre cuatro ruedas. La vida como metáfora del viaje y viceversa: “Es mi vida, es ahora o nunca, no viviré para siempre y quiero vivir la vida mientras dure”. Las referencias a Frankie (Sinatra, obviamente) y a una carretera despejada (open Highway) completan el plus viajero del estribillo.

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Viajar en el siglo XIX

Estamos acostumbrados a vivir en un mundo en el que ir de un extremo al otro del planeta es una custión de 24 horas; vemos normal desayunar en Londres y almorzar en Nueva York, y no nos produce ninguna sorpresa ni asombro poder ir a ciudades a miles de kilómetros por menos de lo que cuesta un menú del día. El ser humano, como especie y como individuo, se acostumbra muy rápido a los cambios, y procura enterrar el pasado, o modificarlo para que encaje con el presente.Hace cincuenta años, o incluso menos, viajar grandes distancias era el privilegio de unos pocos. Hace cien, uno no viajaba a otro continente salvo para quedarse a vivir en su destino. Hace doscientos años el viaje era una aventura de final incierto, cuyos tiempos no se medían en horas sino en semanas. Lo que vamos a ver hoy es la evolución de los tiempos de viaje a lo largo del siglo XIX en Estados Unidos, y cómo el país se fue haciendo cada vez más pequeño.

 USATravel1800 Tiempos de viaje estimados desde Nueva York, en 1800

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