¿Cuál es la forma más rápida de dar la vuelta al mundo sin aviones?

En enero de 2018 Andrew Fisher, un ejecutivo de la aerolinea emiratí Etihad Airways, estableció el récord de la vuelta al mundo más rápida usando únicamente aviones de línea subsónicos. Partiendo de Shangái voló a Auckland, Buenos Aires y Ámsterdam antes de regresar a la capital china, en un trayecto que le llevó 52 horas y 34 minutos en aviones de Air New Zealand, la KLM y la China Eastern. El récord de la vuelta al mundo más rápida usando cualquier vuelo programado lo tiene desde 1980 un señor británico llamado David Springbett que voló de Los Ángeles a Londres, Bahréin, Singapur, Bangkok, Manila, Tokio y Honolulu antes de regresar a la ciudad Californiana. El viaje supersónico de Los Ángeles a Londres consiguió reducir el tiempo de viaje a apenas 44 horas y 6 minutos; fue tan rápido que de hecho se trató de la circunnavegación más rápida jamás realizada, superando por hora y media el vuelo de un B-52 norteamericano unos años antes. Mantuvo el récord doce años hasta que en octubre de 1992 un Concorde de Air France celebró el V centenario de la llegada de Colón a Améica rodeando el planeta en apenas 32 horas, incluyendo nueve horas de escalas para repostar y 18 horas de vuelo supersónico. Estas cifras dejan a Phileas Fogg con un palmo de narices, pero Julio Verne hizo que su personaje diera la vuelta al mundo tres décadas antes de que los hermanos Wright hicieran volar su aparato. ¿Sigue siendo posible dar la vuelta al mundo en menos de 80 días sin usar un solo avión y utilizando medios de transporte públicos?

Mapa de La Vuelta al Mundo en 80 días, tomado de Trazado, un Atlas literario

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Próxima estación, la cocina. El metro que atraviesa un edificio de viviendas y tiene una estación en mitad de la nada.

Somos vagamente conscientes de hasta qué punto China se ha desarrollado y ha cambiado en las últimas décadas. Hasta finales de los ochenta el gigante asiático fue un país mayormente agrario donde un porcentaje enorme de la población vivía en la pobreza extrema, normalmente de la agricultura de subsistencia. Desde el año 90 hasta la actualidad el porcentaje de población urbana de China ha pasado del 26 al 60%. Teniendo en cuenta el aumento de la población, eso supone que las ciudades chinas han absorbido más de quinientos millones de habitantes en las últimas tres décadas. En toda Latinoamérica existen 50 ciudades con más de un millón de habitantes: en China hay más de cien, la mayoría de ellas desconocidas no sólo en occidente, sino incluso entre la mayoría de los chinos. ¿Alguien había oído hablar de Zibo (tres millones y medio de habitantes), Nanchang (cuatro millones) o Qingdao (seis millones)? Incluso megalópolis que en cualquier otro lugar del mundo serían centros de poder continental en China pasan desapercibidas. Shantou, Shengyan, Jinan, ciudades cuyas áreas metropolitanas cuentan con once, doce y trece millones de habitantes respectivamente y que en Occidente ni siquiera sabemos que existen. El desarrollo explosivo de China nos ha dejado estampas post apocalípticas como las ciudades fantasma en mitad de la nada esperando a ser habitadas, y también desmesuradas infraestructuras. La presa más grande del mundo, cuatro de los cinco puentes más largos del planeta, el edificio más grande conocido, la granja eólica con mayor potencia, la red de ferrocarril de alta velocidad más extensa… todo eso está en China… y tiene menos de quince años de antigüedad.

Un convoy de metro sumergiéndose en las profundidades de un bloque de viviendas en Chongqing, China (VCG/Getty)

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El Metro más corto del mundo

Para los estándares occidentales, Serfaus es un pueblito bastante pequeño y no menos remoto. Situado a mil quinientos metros de altitud, sus millar de habitantes tiene que viajar hora y media si quieren llegar a la ciudad digna de tal nombre más cercana, Innsbruck. A simple vista no parece un lugar donde podamos encontrar un sistema de Metro, pero resulta que sí. Tiene uno. El más pequeño del mundo.

La estación de “Iglesia” en el metro de Serfaus

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