Los últimos territorios que fueron comprados en el mundo

El pasado 17 de agosto, en pleno desierto noticioso estival, nos desayunamos con la noticia de que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, había propuesto a miembros de su equipo la compra de Groenlandia. No era la primera vez que un presidente norteamericano se planteaba dicha adquisición, ya lo hicieron en 1946 y la respuesta danesa también fue negativa. El interés estratégico de Estados Unidos (o de cualquier otro país, ya puestos) en Groenlandia es evidente en plena batalla por el Ártico y sus recursos, pero la razón última por la cual un presidente de Estados Unidos filtra una información así es asunto de los trumpólogos y otros comentaristas políticos. En 2019 es difícil, por no decir imposible, transferir la soberanía de un país a otro simplemente entregando un cheque con el suficiente número de ceros. Las compras de tierra son habituales (una empresa de Corea del Sur posee la mitad de la tierra cultivable de Madagascar, por ejemplo), pero los intercambios de territorios por dinero contante y sonante son algo del pasado. Tanto es así que hace más de sesenta años de la última vez que sucedió, y ha sucedido menos de una decena de veces en los últimos dos siglos. Repasemos la lista de los últimos territorios que trasladaron su soberanía a cambio de un puñado de billetes

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Diez pueblos con exactamente un habitante

En El disputado voto del Señor Cayo, el enorme Miguel Delibes contaba la historia de cómo tres miembros de un partido político buscan votos en la España más rural. Eran los setenta, las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. En uno de esos pueblos castellanos pasto del olvido se encuentran con el Señor Cayo; uno de los dos únicos habitantes que quedan en el lugar, que además no se habla con el otro. El contraste entre los jóvenes militantes, modernos, urbanitas y concienciados y el casi anciano lugareño y su forma sencilla de ver la vida es el hilo conductor que da forma a la novela. El señor Cayo era un resistente, una rémora destinada a desaparecer, como su propio pueblo. Treinta años después siguen existiendo lugares así. Hoy, en Fronteras, pueblos con exactamente un habitante.

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El 30 de febrero

Bienvenidos al 29 de febrero, el día favorito de cualquier amante de las cosas raras. Cada uno de ustedes, queridos amigos, vivirá o habrá vivido en el momento de su tránsito a mejor vida unos veinte o a lo sumo veinticinco de estos días (seamos optimistas). El origen de este día es enormemente conocido y se remonta al Imperio Romano, pero no por ello voy a dejar de explicarlo hoy aquí. La Tierra tarda 365 días y 6 horas en dar la vuelta al sol, por lo que cada cuatro años se acumulan 24 horas, que son paridas en forma de 29 de febrero cada cuatro años. Hay excepciones. Para ser precisos, en realidad nuestro querido planeta tarda exactamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos en darse un garbeo alrededor del sol, por lo que básicamente cada año se acumula un error de unos 11 minutos. Para compensarlo los años que son divisibles por 100 pero no por 400 (es decir, 1800, 1900 0 2100, entre otros) no son bisiestos. Hasta aquí lo que ya sabíais. El caso es que el 29 de febrero es una fecha rara, pero el 30 de febrero lo es aún más. Y sin embargo ha existido ese día. ¿Cuándo? En 1712. ¿Dónde? En Suecia. Esta es su historia.

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Un campo de golf en dos países

En lo alto del Golfo de Botnia, en la orilla del Mar Báltico, se encuentran las ciudades de Tornio (Finlandia) y Haparanda (Suecia). Se encuentran separadas por un estrecho canal del río del que toma su nombre la ciudad finesa desde 1809, cuando Rusia conquistó Finlandia y se la arrebató a Suecia. Junto con Finlandia el Zar se  quedó Tornio, y los suecos, para compensar la pérdida, construyeron la ciudad de Haparanda. Como es lógico, los vínculos entre ambas ciudades han sido siempre muy estrechos, y en la actualidad se presentan como una única ciudad por la que, casualmente, pasa una frontera internacional. En ese contexto no es de extrañar que no hubiera problemas para construir el, que se sepa, único campo de golf binacional del mundo.

La frontera en el campo de golf (foto cortesia de Rolf Palmberg)

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Tienes todo el campo del mundo para correr (o mi pueblo es más grande que tu país)

¿Cuál es la ciudad más grande del mundo? Depende de lo que entendamos por grande y por ciudad. El municipio con más habitantes es Shangai, aunque el área metropolitana más poblada es la de Tokio, con 32 millones de habitantes. Ahora bien, reformulemos la pregunta: ¿cuál es la ciudad, municipio o pueblo más extenso del mundo? Dentro de lo complicado que resulta definir qué es un municipio, en Fronteras nos hemos tomado la molestia de reunir a los mayores municipios del planeta y ponerlos unos junto a otros. Y, la verdad, es que hay pueblos verdaderamente inmensos, lugares donde ir al pueblo de al lado supone casi tanto recorrido como ir al continente de al lado; municipios tan grandes como países (y no precisamente como San Marino) y, en general, lugares absolutamente desconocidos, desmesuradamente enormes y, en ocasiones, completamente vacíos. Con todos ustedes, los pueblos más absurdamente grandes del planeta.

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Los límites administrativos de una población no suelen coincidir con el final de la zona urbanizada (afortunadamente). Sin embargo hay casos extremos en los que el límite del término municipal se encuentra a decenas o incluso centenares de kilómetros del pueblo propiamente dicho.

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Conduciendo por el lado equivocado (y II)

Primera parte, aquí.

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Logotipo del Dagen H

Los últimos cambios de sentido de circulación que se han producido en el mundo fueron realizados entre los años 60 y 70 del siglo pasado. El último país continental Europeo en pasarse a la circulación por la derecha fue Suecia, en una fecha tan tardía como 1967. Concretamente el 3 de septiembre de 1967, que en el país báltico se conoce desde entonces como Dagen H (el día H), siendo la H una brutal abreviatura de Högertrafikomläggningen, que viene a significar (en traducción no ya libre, sino libertina) algo así como el cachondeíto de la circulación por la derecha. Las razones suecas para el cambio fueron fundamentalmente dos; en primer lugar la mayor parte de los vehículos que circulaban en el país tenían el volante a la izquierda, lo que provocaba no pocos accidentes al girar o adelantar en carreteras de un solo carril por sentido (la mayoría, en un país con una densidad de población tan baja), y en segundo lugar que sus vecinos, con los que comparte varios miles de kilómetros de fronteras en su mayor parte sin guardias, ya circulaban por la derecha. El gobierno sometió al veredicto popular la medida, y la respuesta fue clara y contundente: un 82,9% de rechazo. Consecuentemente, la medida fue aprobada.

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