La Rinconada, el techo del mundo

Una de las leyendas más persistentes de la colonización española de América fue la leyenda de El Dorado, una ciudad imaginaria con riquezas inenarrables donde los edificios, las calles y hasta las personas estaban cubiertas de oro. La codicia impulsó a cientos, si no miles, de soldados a lanzarse a la búsqueda del mítico a la par que inexistente lugar. Descubridores como Francisco de Orellana, soldados rebeldes como Lope de Aguirre y corsarios al servicio de Su Majestad Británica como Walter Raleigh se dejaron la salud y muy a menudo la vida en la búsqueda de una ciudad hecha de oro. El Dorado no existía, pero las llamadas fiebres del oro han sacudido no pocas veces regiones y países, de Australia a California, desde la aparición de aquella leyenda hace medio mileinio. Ninguna de ellas, sin embargo, atrajo a la gente a un lugar tan elevado ni, probablemente, tan duro. Hablamos de La Rinconada, en Perú, el asentamiento humano permanente a mayor altitud del mundo.

El contraste entre el espanto del poblado minero y la belleza sólida y elegante de la montaña es brutal (BBC)

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Pedirse una pinta en Croacia y acabársela en Eslovenia. Kalin, la taberna en dos países

Sasha Kalin sirve un par de cervezas de grifo en la barra de su bar. Las pone en una bandeja y se las lleva, esquivando clientes ruidosos, a un par de veinteañeros que están echando una partida de billar. Después se acerca a una mesa y toma nota de la cena de dos parejas. Lomo de cerdo asado, patatas y chucrut para todos. Lo típico. Antes de volver a la barra pasa por la puerta del local y le dice al camarero novato que se acabe rapidito el cigarrillo de liar y que vuelva a la cocina que hay mucha faena. Una escena perfectamente normal salvo por el hecho de que en ese breve trayecto Sasha ha cruzado cuatro veces una frontera internacional. Bienvenidos a la Kalin Tavern, la taberna en dos países.

El billar del restaurante Kalin, situado en Eslovenia, fotografiado desde Croacia

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80 temas que probablemente bailaste en los noventa (octava parte)

Esta es una recopilación siempre en marcha de una de las obsesiones enfermizas del autor de este blog: la música dance de los noventa. Para leer las entregas anteriores pincha en los correspondientes enlaces:

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4 | Parte 5 | Parte 6 | Parte 7 |

71.- Los del Río – Macarena (1996)

Esta es la octava entrega de un recopilatorio eterno de música de baile de la década de 1990. Vamos, pues por ochenta canciones reseñadas. Si hubiera que eliminar 79 y dejar sólo una, sería, sin la menor duda, esta. Es difícil describir hasta que punto el verano de 1996 en prácticamente todo el mundo (excepto, curiosamente, España) se convirtió en el verano de la Macarena. Números 1 en toda Europa, Estados Unidos y Australia, decenas de millones de discos vendidos, y ni un solo evento, grande o pequeño, sin la Macarena y, especialmente, su baile. Porque fue el baile lo que hizo que de Estados Unidos a Finlandia, de Canadá a Holanda y del Reino Unido a Australia aquel verano la Macarena fuera la banda sonora del mundo. Para cuando se hicieron millonarios Los del Río llevaban treinta años ganándose los garbanzos de escenario en escenario por toda Andalucía, España y también por los países de habla hispana. Habían lanzando Macarena en 1993, en una versión rumbera que se alzó como canción del verano en España y tuvo bastante recorrido en América. En 1995 su compañía fue absorbida por la multinacional RCA y un productor de la discográfica sintió un extraño gusanillo en su interior. Intuición, llamémosle. Agarró la canción, le añadió unos samples más sencillos que el mecanismo de un botijo, le asestó una pista en inglés y grabó un vídeo con una coreografía indigna ejecutada por supermodelos. Y, como se dice en el argot técnico, lo petó. Pero a lo grande además. La versión de los neoyorquinos Bayside arrasó en México primero, en Miami después y en todo Estados Unidos y el mundo anglo acto seguido. Lo que vino después es conocido por todos. El equipo norteamericano de Gimnasia Rítmica de los Juegos Olímpicos de Atlanta bailando a Los del Río en la ceremonia de clausura, Hillary Clinton extasiada con la Convención del Partido Demócrata haciendo los cuatro movimientos de la danza, el estadio de los Yankees de Nueva York puesto en pie al ritmo de unos cincuentones de Sevilla, karaokes, discotecas, pachangas, fiestas en la playa de todo el país, todas ellas marcadas por un bailecito que en Forocoches no dudarían en calificar como “demigrante“. Macarena se pasó nada menos que catorce semanas consecutivas en el número 1 del Billboard, hito a día de hoy sólo superado por Mariah Carey y por el inevitable Despacito de Luis Fonsi. La melodía pegadiza de los andaluces está en el top 10 histórico de la lista estadounidense y todavía un cuarto de siglo después les sigue proporcionando a sus autores periódicamente chorros de dólares en forma de derechos de autor. No ha habido ningún artista español que llegara tan lejos de una forma tan explosiva. Salvo, bueno, Las Ketchup. Pero por suerte para vosotros aquello sucedió en la siguiente década. Sigue leyendo

Nueve países que cambiaron de nombre en el último siglo

El viernes pasado visitamos trece capitales que cambiaron de nombre a lo largo de los siglos XX y XXI. Los motivos para el cambio solían ser peloteo al líder de turno, cambios de régimen o el final de la colonización. Hoy vamos a hacer un pequeño viaje por países que no cambiaron el nombre de su capital, o no sólo, sino de toda la nación. Para hacerlo breve, he incluído únicamente los que cambiaron de nombre siendo ya independientes; es decir, no he incluido a las colonias que cambiaron de nombre al independizarse porque se entiende que la existencia del estado como tal comienza con la independencia. Así que nos lanzamos de cabeza al proceloso mundo de la toponimia nacional.

Siam –> Tailandia (1948)

No se sabe muy bien de dónde viene el nombre de Siam; posiblemente del Sánscrito o el chino. Los tailandeses de a pie siempre han llamado a su país Muang Thai, o sea, “Tierra de los Tai”, que viene a significar exactamente lo mismo que Tailandia. Sin embargo desde el siglo XVI en adelante y por influencia de los primeros europeos en la zona (los portugueses) en el extranjero se conoció al país como Siam, y ese era el nombre que se usaba en la documentación oficial, hasta que en la primera mitad del siglo XX un gobierno con un fuerte componente nacionalista decidió renombrar al país como Tailandia de manera oficial para dejar claro que es el país de los Tai y de nadie más.

Fuentes 1, 2

Sellos de antes y después del cambio de nombre

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Trece capitales nacionales que cambiaron de nombre en el último siglo

Los nombres de los lugares pueden tener una significación meramente geográfica o administrativa (Villanueva, Capital City, cosas así), pero lo habitual es que por si mismos pretendan explicar alguna historia, normalmente mucho más emparentada con el mito que con la realidad, algo que comparte con esa forma literaria que solemos llamar “Historia”, con mayúscula. Así pues, los nombres de los sitios tienen su importancia dentro del orden de las cosas, y un cambio político o social puede conllevar también el cambio de nombre de una ciudad. También la aparición de resentimientos u odios contra otros países: en Australia docenas de lugares cambiaron de nombre durante la I Guerra Mundial por ser demasiado germánicos. También pasó en Canadá. La casa de Windsor, la monarquía reinante en Gran Bretaña y otros 16 países, era conocida hasta 1917 como Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha. La guerra cambió muchos nombres, además de muchos mapas. El caso más reciente de cambio de nombre se dio la semana pasada, y es el de la capital de Kazajistán, conocida hasta ahora como Astaná, pero que antes tuvo al menos otros dos nombres. En el último siglo más de una docena de capitales nacionales han cambiado de nombre, por muchas y diferentes razones, relacionadas generalmente con cambios de régimen o cultos a la personalidad.

Kristiana –> Oslo (1925, Noruega)

Oslo se llamó así hasta 1624 cuando un incendio destruyó gran parte de la ciudad. Noruega por entonces era parte de Dinamarca y el rey danés Christian IV ordenó su reconstrucción y el cambio de nombre a su mayor gloria. Posteriormente Dinamarca le cedió el territorio noruego a Suecia hasta que en 1905 el país se independizó. Entre medias Christiania empezó a escribirse Kristiania porque así son las lenguas, raras en su evolución. En 1924 se celebró el tercer centenario de la ciudad y se decidió que llevar en la capital el nombre de un monarca extranjero no era buena idea, así que se retornó al nombre original de la capital.

(Fuentes, 1, 2)

Oslo (La Vanguardia), la ciudad donde un café cuesta el salario medio de dos meses en España

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Pongamos que hablo de Madriz

No hay un consenso generalizado acerca de cómo pronunciamos los madrileños  el nombre de nuestra ciudad, que es también el de la provincia. En opinión de este bloguero que habla de sí mismo en tercera persona la manera más común es “Madrí”, sin consonante final. “Hala Madrí”, gritamos enloquecidos cada vez que ganamos una Champions. Una buena parte de catalanes, valencianos y baleares usa la forma “Madrit”, que a los capitalinos les hace mucha gracia. Y existe una tercera variante, que el lector agudo ya habrá deducido por el título de esta anotación, que es “Madriz”, usada por una parte no desdeñable de la población madrileña, pero también por los oriundos de las provincias y regiones limítrofes. Esta última variante plantea un problema desde el punto de vista geográfico, y es que a diferencia de Madrí o Madrit, Madriz sí existe. Y es donde vamos a pasar los próximos dos o tres párrafos.

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Los cuatrifinios de Cantabria

La entrada de hoy nos viene otorgada por Nacho Martínez, conocido en el submundo tuitero como @Nachoviedo_M, que pese a ser asturiano como su propia arroba indica, nos trae una entrada de lo más cántabro, y que contiene una cosa maravillosa llamada “Mojón Intermunicipal”, de la que desde ahora nos declaramos fanses. Que ustedes disfruten este pequeño viaje a las fronteras más cotidianas.


Partimos de que soy el tipo de persona que sabe lo que significa “cuatrifinio”, probablemente por dedicar mi tiempo libre desde hace varios años a vicios extraños y cuestionables tales como leer cierto tipo de blogs. Pero como tenemos la Wikipedia a mano, utilizaremos su definición: En geografía, un cuatrifinio, cuadrifinio, tetrafinio, cuatripunto, cuadripunto o tetrapunto es un punto de la Tierra donde se tocan cuatro regiones distintas. Esto sería aplicable desde países hasta habitaciones de una casa, pero la división administrativa de la que hablaremos hoy es el municipio. Sin embargo, para entrar en calor habría que mencionar los cuatrifinios más importantes. A nivel internacional, el único (casi) cuatrifinio que existe está entre Zambia, Zimbabwe, Namibia y Botsuana. El problema es que, además de caer en medio de un río (el Zambeze) está muy cogido con pinzas, como bien quedó explicado en este mismo blog.

Sin embargo, no puede haber discusión acerca de cuál es el cuatrifinio por excelencia, el más famoso del mundo: las cuatro esquinas de Estados Unidos, que separan los estados de Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México. Por supuesto, también tiene su correspondiente reportaje aquí, y de propina se presenta el que existe en Canadá, de reciente creación (1999).

Por razones que no vienen al caso, el adicto a Google Earth que escribe ve muchas fronteras a lo largo del día. Muchas quiere decir muchas. Y claro, uno se tira horas examinando cartografía y termina fijándose en los recovecos, enclaves, exclaves, trifinios y cuatrifinios que se le vienen a la vista. Y encontré uno. Y luego vi otra convergencia de líneas que podría ser otro. Y otro, y otro más… y claro, como decimos en Asturias, ya me empezó a picar el niki. Así que allá va un análisis de los (supuestos) cuatrifinios cántabros, refutados o confirmados hasta cierto punto. Sobre el mapa se señala dónde caen:

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