La frontera de piedra que separa Argentina y Brasil

Una vez más es Christian Macías, lector, compañero de viajes, amigo y colaborador de este lugar, quien contribuye a ilustrarnos acerca de una historia fronteriza. Les dejo con él sin más introducciones. 

Hace casi tres meses la selección española ganó su derecho a lucir la segunda estrella en su camiseta, mientras que la de Argentina se quedó con las ganas de igualar las que ostenta (nota de Diego: de manera ostentosamente discutible) Uruguay. En buena parte del mundo iberoamericano, la final del Mundial generó todo tipo de reacciones en redes sociales. Por sobre los contenidos estrictamente futbolísticos, en mi feed prevalecieron diferentes oportunidades de mofarse del mal resultado de La Albiceleste; desde memes y bromas pesadas en aviones hasta batallas campales entre hinchas de ambos bandos. Hubo un video en particular que, me llamó particularmente la atención: el de un grupo de brasileños en la ciudad de Dionisio Cerqueira, limítrofe con la argentina Bernardo de Irigoyen, que salieron en sus autos a “festejar” el triunfo español haciendo eco de la rivalidad histórica con sus vecinos. Una idea espectacular, considerando que allí se encuentra la única frontera seca entre ambos países. La secuencia termina con lo esperable: un grupo de argentinos respondiendo a las provocaciones con piedrazos, una escena de goce absoluto para cualquier lector de este espacio, dado que los cachos de roca vuelan casi que desde el otro país. La situación podría haber escalado aún más si el recorrido hubiese seguido del otro lado de la raya. Pero los brazucas no pudieron completar la maldad porque grandes rocas, tan antiestéticas como polémicas, fueron dispuestas hace un par de años a lo largo de los tres kilómetros de frontera urbana, permitiendo que crucen las personas, pero no los autos. Una utilidad inesperada para algo que, desde el primer día, genera el más rotundo rechazo de los vecinos de ambos lados de la línea.

Con esta breve introducción, les doy la bienvenida y los invito a explorar, damas y caballeros, nuestras ciudades divididas de hoy: Bernardo de Irigoyen, Dionísio Cerqueira y Barracão.

Parque internacional, más conocido como el Parque Turístico Ambiental de Integración, en la frontera entre Bernardo de Irigoyen y Dionisio Cerqueira

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¿Cuántas personas han nacido en la Antártida?

Exactamente once. O trece, según dónde pongamos el límite de la definición de «Antártida». El continente blanco es, y ha sido desde siempre, el menos poblado del planeta. No ha conocido población nativa, y de hecho su existencia fue desconocida para la mayor parte de la humanidad durante milenios. En 1603 la expedición capitaneada por el español Gabriel de Castilla avistó por primera vez un territorio antártico, las Islas Shetland. Pero la Antártida continental no fue conocida hasta 1820, y aún así, nadie nació allí hasta un siglo y medio más tarde. Esta es la (breve) historia de la demografía antártica.

Antártida, la tasa de natalidad más alta del planeta si excluimos a los humanos

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Un pueblo llamado Satanás

Hace 17 años, 6 meses y 5 días se publicó la primera anotación en este blog. La de hoy hace la número 666. Y una cifra tan particular bien amerita un texto especialmente dedicado. Hoy nos vamos a ir de paseo por la toponimia más luciferina del mundo. Empezando, por qué no, por Estados Unidos:

El reino de Satán, Massachussets

La triple frontera entre Vermont, Nuevo Hampshire y Massachussets está señalizada por un mojón de granito de metro y medio de alto en mitad de un bosque tan frondoso que la luz del sol nunca toca el suelo. Es un lugar resplandeciente de verdor y humedad a la orilla del río Connecticut. Nadie lo asociaría a primera vista con el infierno, pero la piedra está a muy pocos kilómetros del Reino de Satán. Concretamente de Satan’s Kingdom, un poblado minúsculo y deshabitado compuesto por unas pocas cabañas de leñadores, cuyo mayor atractivo es una zona de fauna protegida. Como pasa en ocasiones, no se conoce el origen de nombre del lugar. Las dos teorías más extendidas afirman que un paisano salió de la iglesia después de un sermón sobre las llamas del infierno y se encontró un pequeño incendio forestal, que consideró una señal divina. La otra se refiere a la abundancia de serpientes venenosas, como la del relato bíblico de Adán y Eva.

Si en un lugar llamado Satanás no haces esto, no tienes corazón. Ni cabeza (I am a Honeybee)

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Españita, Pitorreal y Anal Abajo: topónimos americanos reales que nos inspiran y nos hacen soñar

Cuentan las crónicas que en pleno franquismo se llevó a cabo en las cortes españolas un debate acerca del sistema educativo. El ministro José Solis, conocido como «la sonrisa del régimen» defendió allí su programa conocido «más gimnasia y menos latín». En un momento dado se preguntó en voz alta para qué servía el latín, y la respuesta de un catedrático de universidad allí presente no se hizo esperar: «Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa». Igual que los romanos dejaron su impronta en la toponimia española los españoles hicieron lo propio en América. Y así por ejemplo encontramos un lugar en México con un nombre que recuerda que la madre patria es, por superficie, mucho más pequeña que sus antiguas colonias: Españita, en el estado de Tlaxcala. Y partiendo de este lugar con este maravilloso nombre nos vamos a recorrer el loco mundo de la toponimia americana.

La entrada de hoy no se publica aquí sino en Magnet, así que ya estáis tardando en volar para leerla allá. Pitorreal, Españita, Tetillas y otros lugares con nombres maravillosos. 

 

La isla de la Unión. Cómo Argentina y Uruguay llegaron a tener una frontera seca en un enclave

Uno de los puestos de mayor responsabilidad en cualquier navío del siglo XVI era el de despensero. Su labor consistía en racionar las provisiones (alimentos, agua, vino) del buque en los viajes de larga distancia, de los que en aquella época España y Portugal enviaron unos cuantos alrededor del mundo. El 8 de octubre de 1515 el expedicionario Juan Díaz de Solis partió desde Sanlúcar de Barrameda con la intención de hallar un camino entre la Península Ibérica y las Islas Molucas rodeando el continente americano. Tras cruzar el Océano y llegar a las costas brasileñas emprendieron el viaje al sur. En febrero de 1616 llegaron al estuario del Río de la Plata, siendo los primeros europeos en alcanzar el lugar. Por esas fechas el despensero de la expedición murió de fiebres, escorbuto o cualquier otra de las mil causas que mataban a los marinos a puñados. Solís decidió desembarcar en la primera isla que encontró y darle al despensero cristiana sepultura. Ese despensero se llamaba Martín García y la isla donde fue enterrado lleva su nombre. En los siguientes cinco siglos la exigua superficie del islote concentró gran parte de las historias de Argentina y Uruguay y acabó convirtiéndose en una excepcionalidad geográfica y fronteriza de primer orden, en la que a una isla de un país acaba brotándole un apéndice que legalmente pertenece a otro país.

Martín García desde el aire. No toda la tierra que se ve en la fotografía es argentina

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Chutar desde Croacia y marcar gol en Bosnia. Estadios de fútbol en dos países.

Un domingo cualquiera el FK Partizan de Kostajnica juega como local en la cuarta división de la liga de fútbol de la República Srpska. Unas pocas docenas de espectadores animan con cierta desgana a los jugadores locales mientras fuman un cigarrillo tras otro con los codos apoyados en las barandillas de un costado del campo. La hierba no está demasiado cuidada y los uniformes blanquinegros del once local lucen manchas de barro como testimonio. En un momento dado, un jugador visitante interrumpe el avance del ataque local despejando con un fuerte chut. La pelota sale por la banda y pasa por encima de la verja del campo. El utillero del equipo, un cincuentón curtido tras media vida en las categorías inferiores yugoslavas primero y serbobosnias después, masculla una maldición y se levanta del banquillo. La precaria economía del club no permite que se pierda material, así que le tocará ir a por él. Se dispone a salir del banquillo cuando recuerda algo. Del bolsillo lateral de una bolsa de deportes con los colores del equipo saca su pasaporte. Porque para ir a buscar la pelota tendrá que ir al extranjero. Bienvenidos al campo de fútbol de Kostajnica, donde se puede chutar desde un país y marcar gol en otro.

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Foto del estadio del FK Partizan Kostajnica, tomada desde la banda bosnia. Al fondo, Croacia.

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Consultorio fronterizo: Los límites de los Océanos

Domingo, once de la noche. Una vieja amiga de la Universidad interrumpe mi duermevela escribiéndome un Whatsapp: «¿Has escrito algo acerca de las fronteras de los océanos?». Pues mira, llevo cuatrocientas y pico entradas en el blog y la verdad es que no. «Un amigo mío estuvo en Perth y otros sitios de Australia y quería saber en qué océanos se había bañado». Me molestan sobremanera esos amigos de amigos que hacen con total tranquilidad cosas que a uno se le antojan extraordinarias. Pero una amiga es una amiga así que solventemos su duda.

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Las lenguas amenazadas del Año Nuevo

La entrada de hoy es especial por muchas razones. Primero, porque es la última del año, obviamente. Segundo, porque es la más larga de la historia del blog. Y last but not least, porque la ha escrito el formidable Simón Perera, apasionado por las lenguas del mundo que hoy nos ofrece el mayor repaso a lenguas en peligro de extinción que se haya escrito jamás en la blogocosa en español. Espero que lo disfrutéis. Podéis seguir también esta entrada en Tuíter, en el hashtag #2017Live. ¡Feliz 2017! 

31 de diciembre de 1999. Alrededor del mediodía, comenzaba en La 2 el programa de televisión más largo que habría visto nunca: El día del Milenio. Yo y mi padre — quien para la televisión es más o menos como el aceite para el agua — nos sentábamos frente al aparato durante casi 24 horas, solo interrumpidos por la cena familiar y Ramón García y Nuria Roca dando las campanadas en la 1. Durante todo ese tiempo, seguimos cómo el año 2000 llegaba a países de todo el mundo, desde Nueva Zelanda hasta los Estados Unidos. Sí, señores, no se hace uno friqui en un día.

Años más tarde, servidor comenzó a ser lector de este genial blog que ustedes leen ahora. Es tradición lógica del mismo celebrar el Año Nuevo con un seguimiento de su entrada alrededor del mundo, desde los confines orientales de la Línea de Cambio de Fecha hasta sus confines occidentales. Pasó en 2009–2010, 2013–2014, o 2014–2015. El año pasado volvimos a tener seguimiento fronterero, esta vez por Twitter, con el hashtag #2016live.

Todo esto se fue confabulando en algún lugar de mi cerebro para inspirarme a hacer algo parecido. Recorrer el mundo a medida que llegaba un año nuevo, con un hilo conductor. Y para este hilo conductor había dos posibilidades, mis pasiones: la ciencia o la lengua.

Lo único que faltaba fue acordarme de un mapa que descubrí hace unas cuantas semanas. En él, la UNESCO concretaba la posición y el estado de todas las lenguas de cuyo peligro de desaparecer tiene constancia. Una realidad que se nos antoja lejana, en el tiempo o en el espacio, pero que no lo es tanto. De las aproximadamente 2500 lenguas en peligro, muchas se hablan cerca de casa: 128, en Europa (4, en España); y cientos, en Sudamérica.

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Sesenta grados sur. Las islas de la desolación

El Tratado Antártico, que entró en vigor en 1961, blinda todas las tierras emergidas al sur del paralelo 60 contra las pruebas de armamento de cualquier tipo (específicamente el nuclear, pero no sólo ese) y declara la libertad absoluta de investigación científica en todo el territorio antártico. También, ya de paso, declara a la Antártida y territorios adyacentes como Tierrra de Nadie, congelando cualquier reclamación territorial al sur del paralelo sesenta y prohibiendo reclamaciones posteriores. Además del gigantesco territorio helado cuya forma nos es tan reconocible existen unos pocos cientos de islas afectadas por el tratado. Adicionalmente, hay una serie de islas, islotes y peñascos al norte del paralelo sesenta considerados como subantárticos. Estos territorios al norte y al sur del límite del Tratado Antártico suelen ser lugares entre poco y nada habitados, con climas que oscilan entre lo desagradable y lo repugnante y con flora y fauna de lo más entretenida, además de historias convulsas y, también,  interesantes. Hoy daremos una vuelta por las islas de la desolación. Bienvenidos al paralelo sesenta sur. Y alrededores.

mapa_subantartico

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El verdadero tamaño de los países

Todos sabemos lo detestable que es la proyección de Mercator. Sólo hay una más detestable y es la proyección de Gail-Peters, pero esa es otra historia. La proyección de Mercator, pese a sus deficiencias, es extremadamente útil a la hora de utilizarla en navegación y para generar mapas interactivos; sin ir más lejos es la que usa Google Maps. Pese a ello, es horrible por la manera en que deforma los territorios situados en los extremos norte y sur del mapamundi, haciendo que Groenlandia parezca titánica. Bueno más titánica de lo que ya es. Para hacernos una idea de las deformaciones, nada como superponer las siluetas de los países. Y para hacerlo, nada mejor que TheTrueSize.com, una bonita aplicación sobre Google Maps que nos permite trasladar alegremente un país con todos sus habitantes al territorio de otro y comprobar el resultado, y que descubrí ayer trasteando en los Mapas de Milhaud, cuyo seguimiento feisbuquil os recomiendo encarecidamente. El caso más flagrante siempre es Groenlandia, que parece tener el tamaño de África, cuando es unas catorce veces menor. Pero también Escandinavia, Rusia, Alaska o Canadá ven incrementada su enormidad por la proyección geográfica. A continuación algunos ejemplos:

Greenland vs Africa

Así se ven Groenlandia y África en Google Maps. Debajo, las proporciones reales

Greenland vs Africa 2

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