Guyana, el país que tiene en disputa el 82% de su territorio

Como todos los países, Guyana tiene su superficie y su población. En concreto son 219.000 kilómetros cuadrados y unos 800.000 habitantes, que hacen del país uno de los menos densamente poblados de la Tierra, compitiendo con Mongolia, Australia o Namibia. Pero todo cambiaría, y no precisamente para bien desde el punto de vista guyanés, si se resolvieran desfavorablemente las disputas territoriales que mantiene con dos de sus vecinos: Venezuela y Surinam. Caracas reclama como propio tres cuartas partes del territorio del país, y Surinam otro 7%. Según sus vecinos, Guyana sólo debería controlar uno de cada cinco kilómetros cuadrados de su superficie. Es el país más disputado del mundo.

Cuando tus vecinos no quieren un trozo de tarta sino la tarta entera y dejarte las migas

El origen de la disputa con Venezuela, de lejos la más amplia, no sólo en cuanto a la superficie de la misma sino en la profundidad y la duración en el tiempo, está, obviamente, en la época colonial. Cuando Venezuela alcanzó la independencia su frontera oriental estaba todavía por definir; allí se encontraban un par de colonias británicas y otra holandesa, devenida británica a partir de 1815; en 1830 se unieron las tres en lo que se conoció durante el siguiente siglo y pico como Guayana Británica. Por esas mismas fechas se disolvió la Gran Colombia, el súper estado que abarcaba los actuales Ecuador, Venezuela, Colombia y Panamá, sin que el límite con sus vecinos coloniales británicos quedara claro. Los británicos le encargaron a un prusiano llamado Robert Schomburgk que recorriera los límites de la colonia; la línea que trazó (llamada, claro, Línea Schomburgk), supuso la anexión de decenas de miles de kilómetros cuadrados, algo que a Venezuela no le hizo ninguna gracia. La cosa permaneció congelada hasta que se descubrieron minas de oro en la zona, y entonces Venezuela reclamó con más insistencia el territorio, hasta el punto de romper relaciones diplomáticas con el Reino Unido. Para solucionar la disputa reclamaron la ayuda de Estados Unidos, invocando la Doctrina Monroe (aquello de que Hispanoamérica es el patio trasero de EE.UU.), y funcionó. El asunto se elevó a los tribunales internacionales con el patroncinio norteamericano, y la decisión sobre la disputa la tomaría un tribunal de arbitraje en París en 1899. Dos estadounidenses, dos británicos y un ruso tomarían una decisión. Pero sería contraria a los intereses venezolanos.

Mural reivindicativo en Caracas (EFE)

No se supo hasta mucho después, pero probablemente los británicos simplemente sobornaron al juez ruso que hacía de imparcial, o probablemente alcanzaron algún acuerdo con Moscú. El caso es que Venezuela, que estaba representada en el tribunal por Estados Unidos (dado que no tenía relaciones diplomáticas con Gran Bretaña) perdió ciento cincuenta mil kilómetros cuadrados a cambio de quedarse con algo que era suyo sin discusión: la desembocadura del Orinoco. El laudo fue dictado por unanimidad (al fin y al cabo Estados Unidos no tenía skin in the game) y Reino Unido se quedó todas las minas de oro descubiertas hasta entonces. En Caracas el laudo sentó como un tiro, pero poco podían hacer al respecto. El asunto quedó cerrado hasta que uno de los abogados norteamericanos que representaron a Venezuela, Severo Mallet-Prevost, escribió en sus memorias que lo de París en 1899 había sido una componenda entre el ruso y los británicos. El texto no se publicó hasta después de la muerte del letrado, y sirvió para que Venezuela reclamara ante la ONU la nulidad del arbitraje. En 1966, ya con Guyana a punto de independizarse, se alcanzó un acuerdo-para-alcanzar-un-acuerdo, pero desde entonces hasta hoy la frontera no se ha movido un metro.

Mural reivindicativo en Georgetown, la capital guyanesa (BBC)

El tema podía haber seguido en el cajón de los congelados de no ser porque en 2015 se hizo un pequeño descubrimiento: las mayores reservas de petróleo del mundo halladas desde 1970 están frente a las costas de Guyana. Buena parte de ellas, en la zona marítima que Venezuela reclama como propia. Unos once mil millones de barriles, una cifra superior a la de Noruega o Azerbaiyán, y equiparable a la de Argelia. Aún así, treinta veces menor que la de Venezuela, que dispone de las mayores reservas del mundo. El descubrimiento ha permitido a Guyana, un país que sólo cuenta con ochocientos mil habitantes, crecer a ritmos de entre el 20 y el 60% anual; la renta per cápita se multiplicó por seis en la década que ha pasado desde el descubrimiento. Es el país que más ha crecido del mundo en los últimos diez años, y de lejos. El régimen de Nicolás Maduro, celoso del hallazgo y también necesitado de algún clavo ardiendo al que agarrarse. elevó el tono de la disputa y amenazó con tomar la Guayana Esequiba por la fuerza, promoviendo incluso un referéndum para anexionárse unilateralmente el territorio. La detención del dictador y su traslado a una prisión neoyorquina ha dejado de nuevo el tema en hibernación, hasta nuevo aviso. El futuro, ciertamente, no pinta muy bien para la reivindicación venezolana. Los aproximadamente 120.000 residentes en la región en disputa son guyaneses y hasta donde se sabe, nunca han pedido ser otra cosa.

Ubicación de los campos petróliferos offshore frente a Guyana, y reivindicaciones de zona económica exclusiva venezolana y guyanesa (RBN)

La otra disputa guyanesa es con su vecino neerlandés. Se trata de un territorio llamado «Triángulo del Río Nuevo» por Guyana y «Área de Tigri» por Surinam, de poco más de quince mil kilómetros cuadrados, y controlado por Georgetown desde 1969, cuando Surinam todavía era una dependencia de los Países Bajos. El origen de la disputa es un tratado de 1814, que indicaba que el límite entre las colonias británica y holandesa seguiría el río Corentín hasta encontrarse con el Cutari, que, ambas estaban de acuerdo, era la frontera con Brasil. El problema vino al explorar realmente la zona: el descubrimiento en 1840 de un curso de agua (el llamado «Río Nuevo» por Guyana y «Corentín Superior» por Surinam), que podía identificarse como la continuación natural del Corentín. Como era de esperar cada metrópoli arrimó el ascua a su sardina y no se pusieron de acuerdo sobre qué río era el correcto a la hora de delimitar la frontera. El mismo laudo que le dio el Esequibo a Gran Bretaña le otorgó también el triángulo de Tigri, pero los holandeses no aceptaron el fallo, porque de hecho no eran una parte implicada.  Así siguieron siglo y pico sin excesivos avances, en buena parte porque la zona está casi completamente deshabitada y carece de recursos naturales más allá de una densísima selva. En los años de la independencia guyanesa, milicias de Surinam tomaron por la fuerza unos pocos kilómetros cuadrados de territorio y establecieron un campamento, pero poco después de la independencia Guyana los expulsó. El conflicto permanece congelado y Surinam, independizado en 1980, no parece tener ninguna intención de ir a meterlo próximamente en el microondas. Guyana gana también aquí. Aunque por ahora lo único que gana esta vez es Kasuela, una aldea indígena de setenta habitantes, la única población en todo el área.

Puerto del ferry entre Guyana y Surinam (Against the Compass)

Fuentes y más info: Wikipedia (2, 3), BBC, El Orden Mundial (2), Voz de América.

Si disfrutaste con este paseo guyanés, sin duda también lo harás con estas otras historias, escritas cuando seguramente aún no habías aprendido a sumar sin usar los dedos:

La triple frontera más bella del mundo. El Monte Roraima, entre Brasil, Venezuela y Guyana, y que sólo dos de los tres países reconocen como tal.

Bir Tawil, la tierra que nadie quiere. Un triángulo de desierto que ni Egipto ni Sudán reconocen como propio y por tanto es oficialmente terra nullius (tierra de nadie)

Esta historia, como toooodas las demás, está en El Mapa de Fronteras. Échale un ojo

Y si te has quedado con ganas de más, acude a tu librería más próxima a adquirir legalmente un ejemplar de  HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍAla obra magna de este escribidor en la que se cuentan historias como esta junto con otro centenar más, narradas con el mismo tono serio y académico que caracteriza este lugar. Si eres lector de este blog, estás legalmente obligado a comprar el libro. No me lo invento, es la ley, y la ley se cumple. Estás tardando. COMPRA MI LIBRO. ES UNA ORDEN

Viaje a todos los Chipres. Capítulo 1: Tierra de Nadie

La policía de fronteras chipriota revisó nuestros pasaportes y la documentación del coche de alquiler. Después de introducir nuestros datos en el ordenador nos los devolvió con una sonrisa. «Buen viaje», nos dijo en español. «Efjaristós«, respondimos al unísono. Al otro lado de la garita nos esperaba una carretera vacía, escoltada por kilómetros y kilómetros de verjas y alambres de espino. De vez en cuando, un cartel indicaba la prohibición de hacer fotos y de detenerse. Parecía una carretera normal, pero allí estábamos, de facto, en medio de ninguna parte. En territorio de ningún país. En ese tramo de carretera, y en cientos de kilómetros cuadrados a ambos lados de ella, no rigen las leyes de ningún estado. Bienvenidos a la Línea Verde, la frontera que no existe.

Esto sí que son vacaciones

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El hombre que simuló una erupción volcánica como broma de April Fools

El 1 de abril de 1974 era un día más para los cinco mil habitantes de Sitka, un pueblo pesquero en la costa del Panhandle de Alaska. El horizonte de la localidad estaba dominado por la masiva silueta de un volcán, el Hedgecumbe, que con sus mil metros de altura aquel día era visible desde cualquier punto del pueblo. Todo discurría según lo esperado en una mañana de lunes clara y soleada hasta que de repente un penacho de humo apareció en el cráter del volcán. Después de más de cuatro mil años sin una sola erupción, la montaña parecía amenazar a los habitantes de Sitka. Vecinos y trabajadores se lanzaron asustados a las calles y llamaron a la policía, temerosos de lo que pudiera suceder. Pero no sucedió nada, porque todo era una broma, una broma increíblemente elaborada y planificada durante años por uno de los tipos más curiosos que haya parido el estado del Norte: Porky Bickar.

La «erupción volcánica» de 1974, en una de las escasísimas fotos que se conservan del evento (Hoaxes)

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República de Minerva, la utopía libertaria que duró medio año

«Haz turismo invadiendo un país», cantaban los Celtas Cortos allá por 1990. Menos de un par de décadas antes, un millonario norteamericano había decidido que puestos a hacer turismo, qué mejor que ir a un país al que nadie hubiera ido nunca antes. ¿Y cómo se puede hacer algo así, en un mundo que ya ha sido explorado y cartografiado por completo? Pues inventándose un país, claro. Y eso fue lo que hizo: buscar una isla desierta y fundar su propia nación, basada en los principios libertarios de libertad económica, política y personal, una utopía sin impuestos ni subsidios, donde todos los intercambios son voluntarios. Y duró exactamente siete meses.

La mayor parte de Minerva está bajo treinta centímetros de agua en el mejor de los casos (Kia Koropp)

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Las Islas Spratly, el archipiélago más disputado del planeta

Poco se podían imaginar en el pueblo almeriense de Laujar de Andarax que las andanzas de uno de sus hijos predilectos acabarían dando forma a uno de los conflictos territoriales más complejos del siglo XXI, sobre todo porque Pedro Murillo Velarde nació allí a finales del siglo XVII. Y sin embargo así es. Velarde se metió a misionero y acabó en Filipinas, donde en 1734 publicó el mejor mapa del archipiélago hasta la época, que se conoce precisamente como Mapa de Velarde. Casi tres siglos después ese mapa fue uno de los que utilizó el gobierno del país para defender su postura en una disputa, la del Mar de China Meridional, que involucra a al menos seis países y cuyas ramificaciones se extienden mucho más allá de su área geográfica, hasta llegar hasta la lucha por la primacía mundial en el próximo siglo.

Guardacostas filipinos y chinos se enfrentan en el Mar de China Meridional (Reuters)

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El primer columpio transfronterizo del mundo

Lo han vuelto a hacer. No contentos con disponer de la frontera más bizarra del planeta, los ayuntamientos de Baarle-Hertog (belga) y Baarle-Nassau (holandés) han decidido instalar un columpio infantil exactamente sobre ella, permitiendo al usuario, infantil o no, cruzar el límite internacional treinta o cuarenta veces por minuto, algo que probablemente merece una mención en el libro Guiness de los récords. La instalación se une así a la multitud de atractivos turísticos que ofrece(n) la(s) localidade(s) a los visitantes, especialmente a los amantes de las curiosidades geográficas como el que suscribe y como los que, supongo, estáis leyendo esto.

Bélgica, Holanda, Bélgica, Holanda, Bélgic… (Visit Baarle)

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El cráter que apareció solo: Batagaika y el colapso del hielo eterno

A primera vista puede parecer la evolución de un renacuajo o de un organismo pluricelular devorando un cadáver, pero el GIF sobre estas líneas no pertenece al reino de lo microscópico, precisamente. Lo que muestra es la evolución del Cráter de Batagaika entre 1991 y 2024, vista desde las imágenes del satélite. Cada año se hace más grande. Porque en realidad, no es un cráter y no lo provocó ningún meteorito. Simplemente, un día, apareció. ¿Qué es, dónde está y por qué se está haciendo más grande el cráter de Batagaika?. A eso vamos.

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República de Cospaia, el estado que nació por error

Hay muchas maneras por las que un país puede llegar a existir. Generalmente a través de procesos de siglos, guerras, revoluciones, pactos y tratados internacionales. Pero hay otros países que aparecen simplemente por pura casualidad. Y es fue el caso de la República de Cospaia, un pueblecito italiano que durante más de cuatrocientos años existió sin que nadie le molestara, y que apareció por un error de interpretación en un tratado internacional. Uno de los estados más pequeños, más extraños y probablemente más absurdos de la historia humana, y por lo tanto, uno de los más divertidos.

Todos los caminos conducen a Cospaia (David Mosconi | Tripadvisor)

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Viaje a Malta, la isla de arena (segunda parte)

Un ferry une cada media hora el puerto de La Valeta con el de Birgu, a la que en italiano y desde el Sitio de Malta se conoce como Vittoriosa. Las callejuelas de Birgu, Bormla (Cospicua en italiano) y Senglea forman lo que conjuntamente se denomina las Tres Ciudades, que concentraban la mayor parte de la actividad económica de la isla antes de la fundación de La Valeta. No es un lugar «imprescindible» según las guías de viaje maltesas, pero sí extremadamente recomendable, especialmente en un día laborable y soleado de invierno, cuando las calles residenciales aparecen vacías salvo por sus habitantes y dueños, que son pocos. En el extremo de Vittoriosa está el Fuerte de San Ángel (Forti Sant’Anglu), reconstruido tras el asedio, y hoy sede de museos y exposiciones. En la otra punta del pueblo, está el Museo de Malta en guerra. En la península contigua (Senglea) está el Fuerte de San Miguel (Forti San Mikiel), el único de los tres que sobrevivió a los turcos. A las afueras de Bormla, es decir, a medio kilómetro del puerto, están las murallas de la Cottonera, las fortificaciones levantadas en el siglo XVII para proteger la ciudad y el puerto. El paseo por las Tres Ciudades es un recorrido por la historia de Malta y sus guerras, desde la llegada de los Hospitalarios hasta los bombardeos nazis durante la II Guerra Mundial, cuando según los malteses, la isla se convirtió en «el lugar más bombardeado de la Tierra».

Malta tiene un malcapasos… que le ayuda al colazón

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Viaje a Malta, la isla de arena

Viajar fuera de temporada tiene sus inconvenientes. El tiempo, principalmente. Eso y que dos tercios de la infraestructura turística estén cerrados. Pero también tiene sus ventajas obvias. El precio, claro. Subirse a un avión por la mitad de lo que cuesta un taxi. Pagar por una noche de hotel lo mismo que por un par de menús Big Mac. Pero sobre todo la sensación de estar viendo el lugar en su esencia real, no el escaparate que se muestra a los turistas entre mayo y septiembre. Los turistas lo somos todo el año, pero viajar en enero a un destino clásico de sol y playa otorga una sensación de privilegio, producto de, bueno, algo tan sencillo como tener lugares increíbles casi para uno solo. Así que un miércoles de enero nos subimos al Ryanair más próximo y nos plantamos por primera vez en Malta, el penúltimo de los países de la Unión Europea que me faltaban por tachar de la lista. Pocos países me han sorprendido tanto para bien.

El balcón maltés

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