Lo han vuelto a hacer. No contentos con disponer de la frontera más bizarra del planeta, los ayuntamientos de Baarle-Hertog (belga) y Baarle-Nassau (holandés) han decidido instalar un columpio infantil exactamente sobre ella, permitiendo al usuario, infantil o no, cruzar el límite internacional treinta o cuarenta veces por minuto, algo que probablemente merece una mención en el libro Guiness de los récords. La instalación se une así a la multitud de atractivos turísticos que ofrece(n) la(s) localidade(s) a los visitantes, especialmente a los amantes de las curiosidades geográficas como el que suscribe y como los que, supongo, estáis leyendo esto.
A primera vista puede parecer la evolución de un renacuajo o de un organismo pluricelular devorando un cadáver, pero el GIF sobre estas líneas no pertenece al reino de lo microscópico, precisamente. Lo que muestra es la evolución del Cráter de Batagaika entre 1991 y 2024, vista desde las imágenes del satélite. Cada año se hace más grande. Porque en realidad, no es un cráter y no lo provocó ningún meteorito. Simplemente, un día, apareció. ¿Qué es, dónde está y por qué se está haciendo más grande el cráter de Batagaika?. A eso vamos.
Hay muchas maneras por las que un país puede llegar a existir. Generalmente a través de procesos de siglos, guerras, revoluciones, pactos y tratados internacionales. Pero hay otros países que aparecen simplemente por pura casualidad. Y es fue el caso de la República de Cospaia, un pueblecito italiano que durante más de cuatrocientos años existió sin que nadie le molestara, y que apareció por un error de interpretación en un tratado internacional. Uno de los estados más pequeños, más extraños y probablemente más absurdos de la historia humana, y por lo tanto, uno de los más divertidos.
Un ferry une cada media hora el puerto de La Valeta con el de Birgu, a la que en italiano y desde el Sitio de Malta se conoce como Vittoriosa. Las callejuelas de Birgu, Bormla (Cospicua en italiano) y Senglea forman lo que conjuntamente se denomina las Tres Ciudades, que concentraban la mayor parte de la actividad económica de la isla antes de la fundación de La Valeta. No es un lugar «imprescindible» según las guías de viaje maltesas, pero sí extremadamente recomendable, especialmente en un día laborable y soleado de invierno, cuando las calles residenciales aparecen vacías salvo por sus habitantes y dueños, que son pocos. En el extremo de Vittoriosa está el Fuerte de San Ángel (Forti Sant’Anglu), reconstruido tras el asedio, y hoy sede de museos y exposiciones. En la otra punta del pueblo, está el Museo de Malta en guerra. En la península contigua (Senglea) está el Fuerte de San Miguel (Forti San Mikiel), el único de los tres que sobrevivió a los turcos. A las afueras de Bormla, es decir, a medio kilómetro del puerto, están las murallas de la Cottonera, las fortificaciones levantadas en el siglo XVII para proteger la ciudad y el puerto. El paseo por las Tres Ciudades es un recorrido por la historia de Malta y sus guerras, desde la llegada de los Hospitalarios hasta los bombardeos nazis durante la II Guerra Mundial, cuando según los malteses, la isla se convirtió en «el lugar más bombardeado de la Tierra».
Malta tiene un malcapasos… que le ayuda al colazón
Viajar fuera de temporada tiene sus inconvenientes. El tiempo, principalmente. Eso y que dos tercios de la infraestructura turística estén cerrados. Pero también tiene sus ventajas obvias. El precio, claro. Subirse a un avión por la mitad de lo que cuesta un taxi. Pagar por una noche de hotel lo mismo que por un par de menús Big Mac. Pero sobre todo la sensación de estar viendo el lugar en su esencia real, no el escaparate que se muestra a los turistas entre mayo y septiembre. Los turistas lo somos todo el año, pero viajar en enero a un destino clásico de sol y playa otorga una sensación de privilegio, producto de, bueno, algo tan sencillo como tener lugares increíbles casi para uno solo. Así que un miércoles de enero nos subimos al Ryanair más próximo y nos plantamos por primera vez en Malta, el penúltimo de los países de la Unión Europea que me faltaban por tachar de la lista. Pocos países me han sorprendido tanto para bien.
«La isla más mortífera de la Tierra». Así se presenta al mundo Queimada Grande,, una isla frente a las costas del estado brasileño de Sao Paulo, treinta kilómetros mar adentro en las aguas del Océano Atlántico. Es más conocida con el sobrenombre de Isla de las Serpientes, por la presencia de una especie de ellas que no se encuentra en ningún otro lugar: Bothrops insularis, o serpiente cabeza de lanza dorada. Es una víbora especialmente venenosa, que se alimenta a base de cualquier bicho que encuentre a su alcance, sobre todo pájaros, y cuyo veneno es extremadamente útil para desarrollar antídotos. La isla está fuera de límites para cualquier persona que no sea un científico, zoólogo o investigador, y la marina brasileña se encarga de ahuyentar a cualquier intruso. Hasta aquí los hechos. Todo lo que viene después es la historia de cómo Internet convirtió una isla desconocida en el ángel exterminador.
Calles sin asfaltar, ninguna carretera que llegue al pueblo, los precios más altos de todo el país, setenta días consecutivos sin luz solar durante el invierno y temperaturas bajo cero nueve meses al año. En las afueras de la localidad hay dos cosas: el hielo del Océano Glacial Ártico y osos polares. En sus calles, un barro gris y mugriento que lo cubre todo. No parece el lugar más apetecible del mundo para vivir, y aún así más de cinco mil personas lo llaman casa. Hoy nos vamos de viaje a Utqiagvik, el pueblo antes (y ahora) conocido como Barrow, el lugar habitado más septentrional de Estados Unidos: setenta y un grados norte.
En otoño y primavera el amanecer y el atardecer som exactamente lo mismo (Loren Holmes, ADN)
31 de agosto de 1939, ocho de la tarde. En la estación de radio alemana de Gleiwitz, muy cerca de la frontera con Polonia, tres técnicos trabajan, charlan y fuman, compartiendo un rato con un agente de policía que pasaba de visita. Repentinamente, cinco hombres vestidos con uniformes del ejército polaco irrumpen en la emisora y encierran a todo el mundo en el sótano. Encuentran un micrófono y leen un comunicado en polaco en el que llaman al ataque contra Alemania y los alemanes. De fondo se escuchan disparos. Pero no hay nadie que pueda oponer resistencia. En pocos minutos, los asaltantes se marchan. Uno de ellos, aparentemente, ha muerto en el ataque; su cadáver tiroteado aparece junto a la puerta del recinto. La prensa alemana es contundente: Polonia ha invadido Alemania. Adolf Hitler da la orden: a las cinco de la mañana del día siguiente las tropas nazis invaden a sus vecinos polacos. La segunda guerra mundial acaba de comenzar en Europa, usando como excusa el asalto a la estación de radio. Pero en realidad ese ataque no existió. Fue todo una farsa, una excusa para dar inicio al conflicto más sangriento de la historia de la humanidad.
Desde lejos parece un ventilador de sobremesa. Uno especialmente inmenso, que sobresale sobre el paisaje circundante como una nave alienígena que hubiera tenido un accidente. Pero es el proyecto de toda una vida. Concretamente de la vida de Józef Antos, un polaco nacido en los años treinta que soñó con un futuro en el que su país produjera toda su electricidad con el viento, y que puso manos a la obra para conseguirlo. Esta es la historia del molino de viento más inusual que haya existido sobre la faz de la Tierra, y del hombre que lo construyó.
«Hormigas locas amarillas» no es la clase de denominación taxonómica que deja demasiadas dudas respecto a la ferocidad de una especie. Desde luego es mucho más descriptiva que Anoplolepis gracilipes. La hormiga amarilla es el caballo de Atila del reino animal, una especie invasora que provoca el caos y el colapso ecológico allí donde llega. Y suele llegar a muchos sitios, generalmente en los mismos barcos en los que lo hacen los humanos. Así que cuando aparece en un lugar que se ha pasado aislado siglos o milenios, pongamos una isla en lo más remoto del Océano Pacífico, suele provocar resultados catastróficos. Y eso fue lo que sucedió en el Atolón Johnston en el año 2010. Lo que siguió fue una guerra sin cuartel para erradicarlas de la isla. Una batalla desigual que sólo podía acabar de una manera: el genocidio fórmico.
Parece un portaaviones inamovible porque es exactamente eso (Reddit)