Por qué China se está comiendo poco a poco a Bután

El pez grande se come al chico. El refranero y la geopolítica a menudo se llevan mejor de lo que sería deseable. Bután, vimos ayer, es un pequeño reino de cuarenta mil kilómetros cuadrados, el tamaño de Holanda o Extremadura. Sus ochocientos mil habitantes están encajonados entre las dos potencias poblacionales más grandes del mundo, la India y China, pero su problema no es demográfico, es diplomático. China se está quedando con trozos de Bután porque quiere un pedazo muy concreto, pero Bután no puede dárselo porque la India se lo prohíbe. Así que la pequeña monarquía tibetana se las ve y se las desea para hacer equilibrios entre la espada y la pared.

Un puesto fronterizo butanés (Asia Times)

Seguir leyendo

Bután y la gran estafa de la Felicidad Nacional Bruta

«Así es Bután, el país de la felicidad«; «Los pilares de la felicidad en Bután«; «Lo que podemos aprender de Bután, un país donde el índice de felicidad es una guía para las políticas públicas». El pequeño reino tibetano y el concepto de felicidad van juntos en los titulares con la misma frecuencia con la que se juntan «pavoroso» e «incendio» o «político» y «corrupto». ¿A qué se debe esto, además de a la pronunciada falta de imaginación del periodismo en general? Hace medio siglo la monarquía butanesa introdujo el concepto de «Felicidad nacional bruta» como alternativa a la medición del PIB: según el monarca, las políticas públicas deben estar orientadas a la felicidad de los ciudadanos y no al crecimiento económico. La idea acabó reflejada en la constitución del país y fue llevada con éxito a la Asamblea General de la ONU, y por eso hoy Bután y la felicidad van de la mano en los titulares. ¿Pero qué hay realmente detrás de esa idea? ¿Es en verdad Bután un país feliz?

Banderas de Bután en su capital, Timbu (Caleb See | Flickr)

Seguir leyendo

Vivir al norte del norte: Norilsk, el gulag devenido en la ciudad más contaminada del mundo

Sobre la tundra helada siberiana se alzan enormes bloques de edificios de hormigón, cajas de zapatos de doce plantas, idénticas las unas a las otras. Al fondo, tapando el horizonte, enormes chimeneas expulsan un humo tóxico que cubre el cielo con un gris sucio. Los márgenes del río son un yermo mugriento cubierto de escombros y basura, y en los bosques alrededor de la ciudad sólo crecen muñones retorcidos que asoman entre la tierra muerta. Podría tratarse de una distopía, pero es el hogar de las casi casi doscientas mil personas que viven en Norilsk, a la que muchos llaman la ciudad más contaminada del planeta.

Nieve, hormigón, commieblocks, y chimeneas. Bienvenido al Ártico ruso (Maxim Blinov)

Seguir leyendo

Minaritorishima, la isla donde acaba Japón

Tokio es enorme; el área metropolitana más grande del mundo abarca una superficie de más de trece mil kilómetros cuadrados y aloja a más de treinta millones de personas. Pero Tokio acaba mucho más allá de lo que uno pudiera imaginar. Acaba tan lejos que, de hecho, su extremo oriental ya ni siquiera está en Asia, sino en Oceanía, a casi dos mil kilómetros de la capital. El lugar donde termina Tokio y también Japón es una isla desierta en mitad de ninguna parte que, sin embargo, podría llegar a cambiar la economía mundial.

La isla más aburrida del mundo podría convertirse en la más interesante

Seguir leyendo

Canal de Elbląg, donde los barcos se suben al tren

Un canal recorre la planicie polaca entre los lagos Jeziorak y Druzno. Con algo más de ochenta kilómetros de largo, es una de las muchas obras hidráulicas esparcidas por la geografía europea, como el Canal de Midi francés o el de Caledonia escocés. Pero tiene algo que lo hace no sólo especial sino único en su clase. Por cinco veces a lo largo de su ruta los barcos que lo recorren tienen que abandonar la seguridad del agua y lanzarse a un trayecto antinatural por tierra. Hoy en Fronteras, el Calan de Elbląg y los barcos sobre raíles.

Más perdido que un barco en un trigal (Canal de Elblag)

Seguir leyendo

El vuelo trasatlántico más improbable, que existe por los balleneros de hace dos siglos

El Aeropuerto Internacional T.F.Green es el más grande de Rhode Island, lo cual no significa mucho, teniendo en cuenta que Little Rhody es el estado más pequeño de la Unión, y con diferencia. Con apenas cuatro mil kilómetros cuadrados de superficie, es tan pequeño que incluso figuraría en la cola de la lista entre las provincias españolas. Lógicamente su aeropuerto no se encuentra entre los más transitados de EE.UU., algo que a lo que no ayuda la existencia de Boston Logan, con diez veces más pasajeros y apenas a 80 kilómetros de distancia. Pero Providence tiene algo de lo que ninguna otra ciudad en el país puede presumir: vuelos directos a Cabo Verde. Para mayor extrañeza, el vuelo hasta Isla de Sal y Praia es el único vuelo trasatlántico desde Providence, y también es el único vuelo a América del Norte desde Cabo Verde. ¿Por qué existe este vuelo tan raro? Por los balleneros.

Ascendiendo de Cabo a Cabo Primero (Ryan Taylor | Planespotters)

Seguir leyendo

Un buzón que es un barril, y cartas que cruzan el mundo sin sello. Bahía de correos, la oficina postal más rara del mundo

En unas semanas se cumplirán dos décadas del fallecimiento de Harriet, la tortuga que, según una leyenda probablemente apócrifa, Charles Darwin se llevó de las Islas Galápagos y que acabó sus días en un zoológico de Brisbane, en Australia. Harriet murió con 175 años, treinta más de los que llevaba publicado en aquella época El origen de las especies, el libro por el que se conoce a su presunto captor. Pero todos ellos, libro, tortuga e incluso Darwin, eran más jóvenes que la oficina postal de las Islas Galápagos, que no sólo es la más vieja del continente, sino la más extraña del mundo, porque no funciona con sellos, sino con esperanza y buena voluntad.

El buzón más peculiar que verás nunca (Serena Tang | Flickr)

Seguir leyendo

Ubari, los lagos del mar de arena

El Mar de Arena de Ubari no se llama así por casualidad. Es una extensión de dunas del tamaño de Lituania donde nunca llueve y nada puede crecer. Decenas de miles de kilómetros con un único asentamiento, la ciudad que le da nombre a esa sección del Sáhara, y que es también la ciudad más meridional de Libia. Lo cual tiene su mérito porque hay literalmente cientos de miles de kilómetros cuadrados de territorio libio más al sur. Pero es lo que tienen los desiertos, que están ídem. Son solo arena y sol, salvo cuando de repente, sin motivo alguno, aparece un lago en el fondo de una duna, rodeado de cantidades ingentes de nada en absoluto. Es aún más asombroso cuando hay veinte de ellos, esparcidos a decenas de kilómetros los unos de los otros. Hoy, en Fronteras, los lagos de Ubari

Una lágrima cayó en la arena, ay en la arena cayó una lágrima (WML)

Seguir leyendo

Viaje a todos los Chipres. Capítulo 4: La ciudad fantasma

Tierra de Nadie | Los vestigios de la metrópoli | El país que no existe

Los balcones del hotel se asoman a la playa. Decenas de cuadrículas idénticas repartidas en las doce plantas de la torre disfrutan de unas inmejorables vistas sobre el mar Mediterráneo. Bajo ellas, las sombrillas, los pedalos y la arena fina completan una postal idílica de unas vacaciones estivales. Salvo por el detalle de que hace más de medio siglo que nadie se asoma al balcón, ni en ese edificio ni en cualquiera de los centenares de ellos que hay esparcidos a lo largo de kilómetros y kilómetros de playa. Lo que en julio de 1974 era uno de los mayores complejos vacacionales de Europa, en agosto de ese mismo año se convirtió en la ciudad abandonada más grande del mundo. Y así ha mantenido durante, por ahora, cincuenta y dos años.

Είμαι θρύλος. O sea, Soy leyenda.

Seguir leyendo

San Pedro y Miquelón, el último reducto de Francia en América del Norte

El verano de 1948 fue intenso y acalorado en la isla de Terranova, al menos en lo político. Junto con un buen pedazo de la Península del Labrador, los habitantes del llamado Dominio de Terranova votaron dos veces para escoger su futuro. Podían decidir quedarse como una parte más del Imperio Británico, declarar la independencia o unirse a la confederación, es decir a Canadá. Escogieron la tercera opción y Terranova y Labrador es hoy la décima provincia canadiense. Terranova es la cuarta isla más grande de Canadá y la décimo sexta del mundo, pero justo al lado de sus cien mil kilómetros cuadrados de superficie, a menos de veinte kilómetros de sus costas, dos islas no votaron en aquellos plebiscitos. No eran parte de Canadá ni tampoco del Imperio Británico, y hoy siguen sin serlo. Es la minúscula comunidad de San Pedro y Miquelón, cinco mil habitantes que son los últimos franceses de Norteamérica.

La bandera de San Pedro y Miquelón es una pesadilla para cualquier vexilólogo, pero no hemos venido a juzgar a nadie, ¿vale?

Seguir leyendo