República de Cospaia, el estado que nació por error

Hay muchas maneras por las que un país puede llegar a existir. Generalmente a través de procesos de siglos, guerras, revoluciones, pactos y tratados internacionales. Pero hay otros países que aparecen simplemente por pura casualidad. Y es fue el caso de la República de Cospaia, un pueblecito italiano que durante más de cuatrocientos años existió sin que nadie le molestara, y que apareció por un error de interpretación en un tratado internacional. Uno de los estados más pequeños, más extraños y probablemente más absurdos de la historia humana, y por lo tanto, uno de los más divertidos.

Todos los caminos conducen a Cospaia (David Mosconi | Tripadvisor)

Remontémonos al siglo XV. El Renacimiento. Los Borgia, los Medici, Florencia, Miguel Ángel, Leonardo, Rafael, Donatello y el maestro Astilla, todo eso. El Papa Eugenio IV se enfrentaba a una situación poco menos que dramática. Enfrentado a buena parte de la Iglesia agrupada en el Movimiento Conciliar y asediado por revoluciones internas, la liquidez de los Estados Pontificios empeoraba día a día. Necesitado de dinero, el papa procedió entonces a vender un trozo de territorio para obtener liquidez. Técnicamente no era una venta sino un empeño que permitía un rescate posterior, pero eso rara vez sudecía. Asi que a cambio de 25.000 florines de oro, que equivalen a un gritón y medio de Euros de 2026, el papado cedió a Florencia el control de la ciudad de Borgo Sansepolcro y sus alrededores. Alrededores en los que estaba precisamente un pueblito de doscientos habitantes llamado Cospaia.

Cartel de bienvenida a san Giustino, municipio al que pertenece actualmente el pueblo de Cospaia (Turismo de Umbría)

Cuando los agrimensores florentinos y pontificios se juntaron para mirar mapas, decidieron fijar la frontera en un arroyo llamado «Rio». Por especificar, río en italiano es «fiume«, y arroyo en italiano es «ruscello» o, a veces, «rio». Cuando un curso de agua tiene poca o ninguna importancia ni siquiera se le da nombre, así que en los mapas aparecía simplemente como «Rio». El problema: había dos arroyos denominados «Rio», cada uno a quinientos metros del otro. Y aquí viene lo gracioso: Florencia escogió como límite el situado más al norte y el papado el que se encontraba al sur. Así que el territorio entre ellos pasó a ser Terra Nullius, tierra de nadie, no reivindicada por ningún estado. ¿Y a que no adivináis qué pueblecito apacible se encontraba exactamente entre los dos arroyos denominados igual? Exacto. Cospaia. Que de repente se encontró con que sus dos poderosísismos vecinos, Florencia y los Estados Pontificios, habían renunciado por escrito al control del pueblo y del territorio en el que se hallaba. En total, una franja de tierra de dos kilómetros y medio de largo y entre 500 y mil metros de ancho, poco más de tres kilómetros cuadrados que se convertirían en un experimento político que abarcaría buena parte de medio milenio de historia de Italia.

Mapa de la República de Cospaia en el siglo XIX (Wikipedia)

Los cospaianos de repente se vieron exentos de toda autoridad y libres para hacer con sus vidas y haciendas lo que quisieran. Sorprendentemente, en vez de enzarzarse en un duelo a muerte para  lograr ser el tirano de una monarquía absolutista, los vecinos decidieron seguir con sus vidas como si nada, con la ventaja obvia de no tener que pagar impuestos ni enviar a los jovencitos a guerrear. Tampoco confiaban realmente en que la situación se fuera a extender mucho, pero el caso es que lo hizo. En 1441 se ratificó la cesión de Borgo Sansepolcro a Florencia con las condiciones mencionadas, así que el pueblo quedó en un feliz limbo territorial ajeno a las dos grandes potencias entre las que estaba encajonado. Al tratarse de una independencia sobrevenida de facto, Cospaia no estableció instituciones nuevas; simplemente comenzó a gobernarse naturalmente de manera autónoma a través de un improvisado consejo de ancianos, con el párroco del pueblo como consultor general con voto de calidad. Como era absolutamente esperable, la principal actividad económica de la localidad pasó a ser el contrabando, y a partir del siglo XVI, tras la llegada de ciertas semillas procedentes del Nuevo Mundo, el cultivo del tabaco.

Trabajando con hojas de tabaco en la actualidad (Wandering Italy)

En la Italia y en la Europa del Renacimiento esta clase de tierras de nadie, zonas fronterizas poco claras, estados tapón y franjas sin ley eran mucho más comunes de lo que cabe pensar; en un mundo donde la cartografía estaba todavía en pañales la exactitud era una quimera. Así que ni a Florencia ni al Papa les interesó en ningún momento corregir el error. Revisar un acuerdo tan complejo podía tener consecuencias indeseadas, y tampoco es que la situación supusiera un problema: sin bandolerismo y con un contrabando perfectamente tolerable por las economías de cada estado, no había incentivo ninguno para modificar el statu quo. Así que los cospaianos siguieron con su pequeño experimento pseudoanarquista de sociedad sin estado, sin soberano, sin impuestos, sin ejército y sin leyes escritas, donde las disputas se resolvían bien mediante acuerdos patrocinados por el cura local, o en ocasiones acudiendo de forma voluntaria a los tribunales de los pueblos cercanos. El lema de la autodenominada informalmente República (porque nunca fue proclamada formalmente) figuraba en el frontispicio de la Iglesia: Perpetua et Firma Libertas. Libertad firme y para siempre.

Mapa contemporáneo de Cospaia (siglo XVIII) alojado en el ayuntamiento de San Giustino (The Vision)

Pasaron los siglos y las generaciones y Cospaia se mantuvo como una región minúscula y libre, cubierta de plantaciones de tabaco a los que los propios agricultores daban salida en los estados vecinos. Con el tiempo el pueblo duplicó su población, que a principios del siglo XIX sobrepasaba por poco los 400 habitantes. La prosperidad de la pequeña micronación se debía no sólo a la exportación de tabaco sino al uso que le daban los estados vecinos como almacén temporal, por tratarse de una zona de facto libre de aranceles, que no se le cobraban a nadie.

Bandera oficiosa (como todo) de la República de Cospaia

Cospaia tampoco tenía un archivo, ni cobraba impuestos, únicamente una contribución voluntaria en especie para mantener los caminos aseados. Pero todo lo bueno se acaba, y el destino del diminuto país se selló cuando el papa León XII se hartó de que todas las grandes familias de comerciantes tuvieran un almacén en Cospaia, usurpándole así jugosos ingresos al papado. En 1826 el Gran Ducado de Toscana y la Iglesia Católica se repartieron el territorio en la manera en la que debían haberlo hecho cuatro siglos antes, y obligaron a los catorce cabezas de familia de la República de Cospaia a firmar un acta de sumisión. A cambio de su libertad, cada habitante del pueblo recibió lo que denominaron irónicamente un papetto, una moneda de plata de los Estados Pontificios. Eso sí, conservaron su derecho a cultivar y vender tabaco, que sigue vigente hoy día. Aunque ahora ya tienen que pagar impuestos.

Fuentes y más info (mayormente en italiano): The Vision, Finestre sull’arte, Graziano Graziani, Wandering Italy, Turismo de Umbría, Libertarian Europe, Festival del Medioevo, Amusing Planet, National Geographic. También los libros Lo stato libero de Cospaia, de Filippo Natali y Cospaia tra tabacco, contrabbando e dogane, de Enrico Fuselli.

Si te gustó esta historia, tengo cero dudas acerca delo mucho que gozarás con estas otras:

Couto Misto. La Andorra de la frontera entre España y Portugal.
El estado libre de Gollete, también producto de un error de cálculo
El territorio libre de Moresnet, tierra de nadie en el corazón de Europa.

Y, por supuesto, esta historia también la puedes encontrar en El Mapa de Fronteras

No sé si os he contado que he escrito un libro. Puede que se me haya pasado mencionarlo, quizá. Por si acaso no has pisado este blog en el último año, que sepas que existe una obra única en su género (siendo «su género» equivalente a «escrita por mi»), llamada HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA, en la que me explayo durante doscientas y pico páginas acerca de lugares extraños, fronteras aburdas y todo tipo de anécdotas geográficas, buena parte de las cuales nunca han salido aquí porque me las reservo para el libro PARA QUE LO COMPRÉIS. COMPRAD MI PUÑETERO LIBRO

Viaje a Malta, la isla de arena (segunda parte)

Un ferry une cada media hora el puerto de La Valeta con el de Birgu, a la que en italiano y desde el Sitio de Malta se conoce como Vittoriosa. Las callejuelas de Birgu, Bormla (Cospicua en italiano) y Senglea forman lo que conjuntamente se denomina las Tres Ciudades, que concentraban la mayor parte de la actividad económica de la isla antes de la fundación de La Valeta. No es un lugar «imprescindible» según las guías de viaje maltesas, pero sí extremadamente recomendable, especialmente en un día laborable y soleado de invierno, cuando las calles residenciales aparecen vacías salvo por sus habitantes y dueños, que son pocos. En el extremo de Vittoriosa está el Fuerte de San Ángel (Forti Sant’Anglu), reconstruido tras el asedio, y hoy sede de museos y exposiciones. En la otra punta del pueblo, está el Museo de Malta en guerra. En la península contigua (Senglea) está el Fuerte de San Miguel (Forti San Mikiel), el único de los tres que sobrevivió a los turcos. A las afueras de Bormla, es decir, a medio kilómetro del puerto, están las murallas de la Cottonera, las fortificaciones levantadas en el siglo XVII para proteger la ciudad y el puerto. El paseo por las Tres Ciudades es un recorrido por la historia de Malta y sus guerras, desde la llegada de los Hospitalarios hasta los bombardeos nazis durante la II Guerra Mundial, cuando según los malteses, la isla se convirtió en «el lugar más bombardeado de la Tierra».

Malta tiene un malcapasos… que le ayuda al colazón
Un monuimento, digamos, curioso, a la entrada de Bormla (Cospicua)
Una calle cualquiera de Senglea

Malta, y más especialmente La Valeta, es un paraíso para los amantes de lo subterráneo y de la exploración urbana. Por todo el país hay refugios antiaéreos, muchos de ellos convertidos en museos, y edificios británicos abandonados. En el centro de la capital están las Lascaris War Rooms, construidas durante la Segunda Guerra Mundial y que alojaron a los mandos británicos durante el asedio al que el Eje sometió al archipiélago entre 1940 y 1943. Más de tres mil bombardeos que redujeron a cenizas buena parte del área metropolitana de La Valeta y casi todas las infraestructuras de la isla. Y aún así, Malta resistió, e impidió que Italia o Alemania pudieran partir en dos el Mediterráneo. La historia heróica de los tres años de asedio, y del papel del país (entonces colonia británica) en la invasión de Italia, es parte central de la idiosincrasia del país. En cualquier lugar que existiera en 1940 hay un refugio antiaéreo visitable, y cualquier librería tiene al menos dos docenas de títulos sobre Malta durante la Segunda Guerra Mundial.

«La bomba del milagro», un potente explosivo que aviones alemanes lanzaron sobre la Rotonda de Mosta en 1942 durante una misa, pero que no explotó. Hoy se conserva en la sacristía de la basílica. La visita turística incluye un descenso al refugio antiaéreo de la localidad.

La Ruta 1 está prácticamente vacía una vez abandonamos el caos de La Valeta. Alcanzamos, por fin, nuestra velocidad máxima, que es también el límite superior en cualquier carretera del país: ochenta kilómetros por hora. El ferry a la isla de Gozo es gratuito, uno llega, se pone en la cola y cuando llega el buque, se sube tan tranquilo. No tiene ningún truco, salvo, bueno, que hay que volver y el viaje de regreso sí que hay que pagarlo. El ferry funciona veinticuatro horas diarias todos los días del año, al menos una vez por hora, y dos durante el día. Es uno de los servicios más eficaces de Europa, aparentemente. Unas cuarenta mil personas viven en la isla de Gozo (Għawdex en maltés), pero eran muchas, muchísimas menos cuando se construyeron los templos de Ggantija, aproximadamente treinta siglos antes del nacimiento de Cristo. Son las estructuras en pie más antiguas del planeta, más antiguas que las pirámides de Egipto o que Stonhenge. Son Patrimonio de la Humanidad desde 1980, como también lo es el Hipogeo de Ħal Saflieni, este en la isla de Malta, el único templo prehistórico bajo tierra, que no pudimos visitar porque, bueno, las entradas se agotan, generalmente, con tres o cuatro semanas de antelación. No existen muchos lugares tan antiguos construidos por el hombre: las partes más viejas del templo datan de cuarenta siglos antes de Cristo. Para cuando en Egipto se pusieron a colocar piedros uno encima del otro, en Malta llevaban milenio y medio con lo suyo.

Llegando a Mgarr en el ferry de Gozo. Hay tantos británicos en Malta que los principales periódicos del Reino Unido se venden en la tienda de a bordo a partir de las siete de la mañana
Nubes extremadamente amenazadoras sobre la Ciudadela de Victoria, en la isla de Gozo

Hablando de cosas subterráneas. Rabat es el nombre de la capital de Marruecos, pero también significa «ciudadela». Por eso a Victoria, la capital de Gozo, los locales la llaman así, Rabat. Hay otra Rabat en Malta, pegada a Mdina, la antigua capital. En ella se encuentran las Catacumbas de San Pablo, un conjunto de enterramientos que se remontan a la época romana, y que le deben su nombre a la visita del apóstol a la isla, reflejada en la Biblia, más concretamente en los Hechos de los Apóstoles. Según el texto bíblico, que en Malta se considera  fielmente histórico, Pablo de Tarso estuvo tres meses en la isla, donde encalló el barco que le llevaba a Roma para ser juzgado. Malta es un país profundamente cristiano, y de hecho tiene la legislación más restrictiva de Europa en lo referido al aborto (que fue legalizado en 2023 y sólo bajo circunstancias muy estrictas) o el divorcio (que no existió en el país hasta 2011). Las catacumbas, sin embargo, no son sólo cristianas. Judíos y paganos también enterraron allí a sus muertos, y hoy esos enterramientos se pueden visitar.

N. bautizó esta fotografía como «Las aventuras del Corto Maltés«. Sutil. Muy sutil
El Metro de Malta es francamente mejorable

Mdina fue la capital del archipiélago hasta la construcción de La Valeta en el siglo XVI. Es una pequeña ciudad medieval como sacada de un cuento, en el mismo color terroso del resto de la isla. Llegamos allí directamente desde Gozo, después de que Google Maps nos enviara innecesariamente por una docena de carreteras secundarias para ahorrar cuarenta gramos de CO2. En seguida nos dimos cuenta del porqué de su sobrenombre: Ciudad del Silencio. A esas horas (las cinco de la tarde, más o menos) la ciudad estaba casi completamente vacía; se ganó el apodo cuando, tras la fundación de La Valeta, la nobleza se trasladó al laberinto de callejas árabe y construyó allí sus palacios. La luz del crepúsculo sólo iluminaba los pisos altos de los edificios y las iglesias y teníamos todas las calles para nosotros. En un extremo de la ciudadela un mirador ilustra la razón por la que Mdina fue capital de la isla: la vista alcanza decenas de kilómetros más allá de la muralla, situada en un promontorio perfecto. En Mdina, que por aquella época se llamaba Melite (como la propia isla) es donde según la biblia residió San Pablo unas semanas, haciendo milagros y curando a la gente. Pero por entonces la ciudad ya era increíblemente antigua: la habían fundado los fenicios dos milenios antes. Desde el mirador nos sentimos como Napoleón en las pirámides.

Malta apareció por primera vez en este blog de ustedes hace una cantidad obscena de años, en una anotación que titulé «de qué viven los trece países más pequeños de la Tierra«, que quizá debería actualizar, aunque la realidad no ha cambiado demasiado en la mayoría de los territorios que aparecen allí. Malta sigue viviendo fundamentalmente del turismo y de las actividades manufactureras, que suponen un porcentaje elevadísimo de sus exportaciones. Y de entre todas las cosas que se fabrican en la isla, decidimos ir a ver la que más nos gustaba: los clics de Playmobil. Todas las figuritas de plástico que produce la empresa alemana se fabrican en Malta desde hace casi medio siglo. Casi tres mil millones de clics han salido de un polígono industrial bastante anodino en el sur de la isla. Allí se encuentra también el Playmobil FunPark, un espacio recreativo para niños con su barco pirata a tamaño casi natural y una tonelada de figuritas para que los críos jueguen. Y la tienda, claro. Que es a lo que íbamos nosotros, a buscar «regalos típicos de Malta» para la chavalada. Pero resulta que los precios de Amazon en España son un 25% más baratos que en la tienda oficial del lugar. Así que salimos de allí con un par de caballeros malteses, que ahora decoran nuestras respectivas estanterías.

La entrada al parque, con sus figuritas a tamaño humano para instagramear
El Gran Maestre Don Jean de La Valette. O bueno, cualquier otro, pero yo digo que es La Valette

El mercado dominical de Marsaxlokk es uno de los mejores lugares de Malta bajo cualquier criterio. En cada rincón del paseo marítimo los pescadores locales venden al peso sus capturas, que luego los restaurantes de alrededor preparan al gusto del comprador. Decidimos que sea nuestra última visita, ya camino del aeropuerto de Luqa. El primer día habíamos empezado con otro gran clásico de la cocina local: conejo a la maltesa. Ningún lector se sorprenderá de que me pasé las siguientes 72 horas haciendo bromas que avergonzarían a un escolar. Nuestras últimas horas en Malta las pasamos frente a las aguas quietas del puerto, paseando entre el intenso olor a pescado a la plancha y las voces de los vendedores ambulantes. Hay muchos sitios a dónde uno volvería, pero pocos que dejen con ganas de volver antes de haberse marchado. Malta fue uno de ellos.

N. mirando al mar recordando mis chistes y preguntándose si tal vez se equivocó al escoger compañero de viaje

Otras historias de viajes en Fronteras:

Montenegro | Kuwait | Dubái | Bakú | Georgia | Armenia | Lanzarote | Tokio | Skopje | Túnez

Puedes encontrar esta historia, como todas las demás, en El Mapa de Fronteras

Me vais a permitir que insista: sé que algunos de vosotros no tenéis en casa un ejemplar de esa magna obra, ese opus colosal denominado HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA; es un error al que podéis poner remedio inmediatamente COMPRANDO MI LIBRO. AHORA. EN ESTE INSTANTE. HAZ CLIC EN EL ENLACE. DAME TU DINERO.

 

Viaje a Malta, la isla de arena

Viajar fuera de temporada tiene sus inconvenientes. El tiempo, principalmente. Eso y que dos tercios de la infraestructura turística estén cerrados. Pero también tiene sus ventajas obvias. El precio, claro. Subirse a un avión por la mitad de lo que cuesta un taxi. Pagar por una noche de hotel lo mismo que por un par de menús Big Mac. Pero sobre todo la sensación de estar viendo el lugar en su esencia real, no el escaparate que se muestra a los turistas entre mayo y septiembre. Los turistas lo somos todo el año, pero viajar en enero a un destino clásico de sol y playa otorga una sensación de privilegio, producto de, bueno, algo tan sencillo como tener lugares increíbles casi para uno solo. Así que un miércoles de enero nos subimos al Ryanair más próximo y nos plantamos por primera vez en Malta, el penúltimo de los países de la Unión Europea que me faltaban por tachar de la lista. Pocos países me han sorprendido tanto para bien.

El balcón maltés

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Queimada Grande, la isla del clickbait (y, secundariamente, de las serpientes, también)

«La isla más mortífera de la Tierra». Así se presenta al mundo Queimada Grande,, una isla frente a las costas del estado brasileño de Sao Paulo, treinta kilómetros mar adentro en las aguas del Océano Atlántico. Es más conocida con el sobrenombre de Isla de las Serpientes, por la presencia de una especie de ellas que no se encuentra en ningún otro lugar: Bothrops insularis, o serpiente cabeza de lanza dorada. Es una víbora especialmente venenosa, que se alimenta a base de cualquier bicho que encuentre a su alcance, sobre todo pájaros, y cuyo veneno es extremadamente útil para desarrollar antídotos. La isla está fuera de límites para cualquier persona que no sea un científico, zoólogo o investigador, y la marina brasileña se encarga de ahuyentar a cualquier intruso. Hasta aquí los hechos. Todo lo que viene después es la historia de cómo Internet convirtió una isla desconocida en el ángel exterminador.

Yo no la veo tan Queimada, la verdad (Gobierno de Brasil)

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Vivir al norte del Norte: Barrow, Alaska. El techo de EE.UU.

Calles sin asfaltar, ninguna carretera que llegue al pueblo, los precios más altos de todo el país, setenta días consecutivos sin luz solar durante el invierno y temperaturas bajo cero nueve meses al año. En las afueras de la localidad hay dos cosas: el hielo del Océano Glacial Ártico y osos polares. En sus calles, un barro gris y mugriento que lo cubre todo. No parece el lugar más apetecible del mundo para vivir, y aún así más de cinco mil personas lo llaman casa. Hoy nos vamos de viaje a Utqiagvik, el pueblo antes (y ahora) conocido como Barrow, el lugar habitado más septentrional de Estados Unidos: setenta y un grados norte.

En otoño y primavera el amanecer y el atardecer som exactamente lo mismo (Loren Holmes, ADN)

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La estructura de madera más alta del mundo es también el lugar donde comenzó la Segunda Guerra Mundial

31 de agosto de 1939, ocho de la tarde. En la estación de radio alemana de Gleiwitz, muy cerca de la frontera con Polonia, tres técnicos trabajan, charlan y fuman, compartiendo un rato con un agente de policía que pasaba de visita. Repentinamente, cinco hombres vestidos con uniformes del ejército polaco irrumpen en la emisora y encierran a todo el mundo en el sótano. Encuentran un micrófono y leen un comunicado en polaco en el que llaman al ataque contra Alemania y los alemanes. De fondo se escuchan disparos. Pero no hay nadie que pueda oponer resistencia. En pocos minutos, los asaltantes se marchan. Uno de ellos, aparentemente, ha muerto en el ataque; su cadáver tiroteado aparece junto a la puerta del recinto. La prensa alemana es contundente: Polonia ha invadido Alemania. Adolf Hitler da la orden: a las cinco de la mañana del día siguiente las tropas nazis invaden a sus vecinos polacos. La segunda guerra mundial acaba de comenzar en Europa, usando como excusa el asalto a la estación de radio. Pero en realidad ese ataque no existió. Fue todo una farsa, una excusa para dar inicio al conflicto más sangriento de la historia de la humanidad.

«La torre Eiffel de Silesia», le dicen (In Your Pocket)

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Una turbina contra el mundo: cómo un hombre empecinado levantó en solitario el molino de viento más raro de Europa

Desde lejos parece un ventilador de sobremesa. Uno especialmente inmenso, que sobresale sobre el paisaje circundante como una nave alienígena que hubiera tenido un accidente. Pero es el proyecto de toda una vida. Concretamente de la vida de Józef Antos, un polaco nacido en los años treinta que soñó con un futuro en el que su país produjera toda su electricidad con el viento, y que puso manos a la obra para conseguirlo. Esta es la historia del molino de viento más inusual que haya existido sobre la faz de la Tierra, y del hombre que lo construyó.

El punto de mira más grande del mundo (Wojtek Blu, via The Windmill Enthusiast)

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El Atolón de Johnston y la guerra contra las hormigas locas que escupen ácido

«Hormigas locas amarillas» no es la clase de denominación taxonómica que deja demasiadas dudas respecto a la ferocidad de una especie. Desde luego es mucho más descriptiva que Anoplolepis gracilipes. La hormiga amarilla es el caballo de Atila del reino animal, una especie invasora que provoca el caos y el colapso ecológico allí donde llega. Y suele llegar a muchos sitios, generalmente en los mismos barcos en los que lo hacen los humanos. Así que cuando aparece en un lugar que se ha pasado aislado siglos o milenios, pongamos una isla en lo más remoto del Océano Pacífico, suele provocar resultados catastróficos. Y eso fue lo que sucedió en el Atolón Johnston en el año 2010. Lo que siguió fue una guerra sin cuartel para erradicarlas de la isla. Una batalla desigual que sólo podía acabar de una manera: el genocidio fórmico.

Parece un portaaviones inamovible porque es exactamente eso (Reddit)

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El grafiti más remoto (e innecesario) del mundo

Sobre el gris del Océano Glacial Antártico sobresalen los bordes de la caldera de un volcán activo. Desde lejos parece una isla normal, pero en realidad posee la forma de una herradura. La piedra oscura es el reino de los pingüinos barbijos, que tienen en la isla su mayor colonia en todo el planeta. Cientos de focas y decenas de especies de aves marinas también llaman hogar a las ensenadas y montañas de la isla. En su superficie, los restos de sucesivas oleadas de expedicionarios contemplan soles de madrugada y las larguísimas y heladas noches de invierno. El ser humano más próximo está normalmente a más de cien kilómetros, y cualquier lugar merecedor de ser llamado civilización cae a más de un millar. Y allí, exactamente allí, en la Isla Decepción, alguien hizo una pintada, la más meridional, la más remota, y probablemente la más innecesaria del mundo. 

Estoy muy decepcionado (IAATO)

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Interestatal 19, la única carretera de EE.UU. donde se usa el sistema métrico

Hay tres países en el mundo donde el sistema métrico decimal no es oficial: Liberia, Birmania y, claro, Estados Unidos. En este último país usan un sistema de medidas tradicional, basado en el Sistema Imperial británico, que desarrollaron durante las primeras etapas de la revolución industrial. No han sido pocos los intentos de implantar el sistema internacional en el país, y de uno de los últimos proviene esta auténtica rareza: la Interestatal 19, la única carretera de Estados Unidos señalizada íntegramente en kilómetros.

WTF is a kilometer? (WSJ)

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