Ocean Falls, de cómo una colonia industrial de hace un siglo acabó convertida en pueblo fantasma y granja ecológica… de bitcoins

El autor de este blog está moderadamente ocupado debido a sus obligaciones laborales y familiares, pero por suerte para ese individuo que habla de sí mismo en tercera persona, este rincón de la red tiene unos lectores que no se merece. Entre esos lectores está Santiago Cuadro, uruguayo de Montevideo, que acudió allá por el mes de agosto al rescate de la sequía escribidora del dueño del lugar, con esta fantástica historia de papel, presas, salmones y bitcoins y que hoy, tres semanas largas después, ve la luz para el gozo y disfrute generalizado de la exigua pero no por ello menos disfuncional comunidad fronteróloga.

Llamarle “terminal” a la casilla de madera de cinco por tres metros que se yergue sobre una explanada vacía quizá sea hasta pretencioso, pero es lo que es. Es el puesto de avanzada de una civilización que, otra vez más, perdió la pelea contra la exuberante e indómita naturaleza de la costa de la Columbia Británica, en el Pacífico canadiense; y mal que bien, permanece al filo de sus dominios como símbolo de la tozudez del Hombre cuando ve oportunidades de negocios. Como parte de una vastísima tradición de pueblos fantasma donde el diablo perdió el poncho en este grandioso blog, este es mi humilde aporte a Fronteras. Bienvenidos a Ocean Falls, British Columbia.

“Hogar de la gente de la lluvia”

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Coronavirus y fronteras: cuando tu vida está al otro lado de la raya

No hace ni seis meses que el Coronavirus se convirtió en una pandemia mundial, aunque parezca que hayan pasado años. La primera víctima del virus allá por el mes de marzo fue la movilidad entre países. Una tras otra, la práctica totalidad de las naciones del mundo cerraron sus fronteras para cualquier tráfico no esencial. Verjas y muros se alzaron donde antes sólo había líneas pintadas con desgana en el suelo y carteles azuleando por el tiempo, y parejas y familias quedaron separadas de forma en ocasiones traumática. Y luego está la historia de Ronnie Olynyk, el protagonista de nuestra crónica de hoy, Ronnie, un chaval de 19 años, lleva cinco meses sin ver a su pandilla de amigos, o, para el caso, a cualquier otra persona de su edad, por culpa del virus. Ronnie vive en Hyder, un pueblo de Alaska pegado a la frontera de Canadá. Hay una carretera que une su pueblo al resto del mundo, pero termina justo al otro lado de la raya.

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La carretera tan aburrida que puedes jugar al Trivial Pursuit mientras conduces

Todo en Australia es superlativo. Los bichos son más venenosos, las moscas son más numerosas y las carreteras son más, mucho más largas que en la mayor parte de los países del mundo. Pero aunque es posible encontrar carreteras igual de largas en otros lugares, lo verdaderamente difícil es encontrarlas tan vacías y aburridas. Cruzar el Outback en cualquier dirección supone un par de días de viaje como poco, atravesando una ingente, enorme, descomunal cantidad de nada en absoluto. Para evitar que los conductores se queden dormidos y se salgan de la carretera, hace unos años el Departamento de Transporte de Queensland tuvo la idea de instalar carteles con preguntas y respuestas estilo Trivial Pursuit en una de las carreteras del Estado

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Las reservas indias de Estados Unidos, un Estado dentro del Estado.

Existen una serie de territorios en Estados Unidos que oficialmente son parte de un Estado en concreto pero en la práctica no están obligados a cumplir muchas leyes estatales, y en algunos casos ni siquiera las federales. No son naciones independientes, tampoco estados propiamente dichos, pero sí que tienen una voz distinta a la de los Estados en los que se asientan, y su único interlocutor, en teoría, es el gobierno federal de EE.UU. Son las Reservas Indias, unos entes autónomos semisoberanos bastante sui generis, hijos de la historia de la expansión de Estados Unidos hacia el Oeste.

Reservas Indias en Estados Unidos

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El refugio de montaña al que el cambio climático mudó de país… sin moverse del sitio

Siempre digo que lo mejor de este blog son los lectores, y a veces los lectores vienen a darme la razón. Manuel Gómez me escribió contándome esta historia y ofreciéndose amablemente para ponerla negro sobre blanco, ofrecimiento que acepté encantado: ¿a quién no le gusta que le hagan el trabajo, eh? Así que aquí la tenéis para vuestro goce y merecido disfrute. 

El refugio Guide del Cervino se sitúa a 3480 m sobre el nivel del mar en la Testa Grigia, un contrafuerte de la Gobba di Rollin, a caballo entre Italia y Suiza. Literalmente. No es extraño en los Alpes encontrar picos y refugios prácticamente compartidos entre dos (o más) países. De hecho, en el macizo del Monte Rosa se pueden contar unos cuantos, entre ellos el famoso Refugio Regina Margherita, el edificio a más altitud de Europa, y el lugar más alto donde uno puede degustar la pizza del mismo nombre acompañada de una buena cerveza de barril. Lo que hace único al Refugio Guide del Cervino es que recientemente, cambio climático mediante (o no, según el gusto de cada uno), haya cambiado de país. Sin que la propia cabaña se haya movido.

Refugio Guide del Cervino (Fuente: Summitpost)

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Pandemia. Cuando volvieron las viejas fronteras y aparecieron otras nuevas

Toda frontera es por definición arbitraria y en general supone una agresión al territorio donde se encuentra, un hachazo que divide el mundo en “nosotros” y “ellos”. Son necesarias y lo seguirán siendo mucho tiempo, pero no dejan de ser molestas. La pandemia provocada por el Covid-19 provocó el regreso de las fronteras internas de la Comunidad Europea, algo que no sucedía a esta escala desde mediados de los 90. Un cuarto de siglo de relajación fronteriza había propiciado una serie de facilidades limítrofes que desaparecieron de la noche a la mañana, dejando un reguero de multas, ciudadanos enfadados e historias curiosas. Repasemos algunas

Frontera francoespañola en Irún, cerrada por la crisis del Coronavirus (cortesía de Itziar Sistiaga y Virginia Gil)

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Pasear por todo el pueblo en cinco minutos: los municipios más pequeños de España

Mañana, 2 de mayo, entra en vigor la primera fase del desconfinamiento en España. Según las normas que el gobierno anunció ayer en rueda de prensa, se podrá salir a hacer deporte entre las 6 y las 10 de la mañana, y también entre las 20 y las 23 horas, pero siempre, atención, dentro de los límites del municipio. Para un madrileño o un barcelonés la medida es perfecta, no digamos para un cacereño o un lorquino, con municipios que sobrepasan de largo el millar de kilómetros cuadrados, pero si nos vamos al extremo opuesto encontraremos casos que, de atenernos a la ley (en el mundo real es de esperar cierta flexibilidad) no podrían salir a correr más allá de unas pocas decenas de metros desde sus casas. Repasemos la lista de los pueblos españoles con menos de un kilómetro cuadrado:

15.- Puente del Arzobispo (Toledo) Palmera (Valencia): 0,98 km2

La primera pregunta que uno se hace ante municipios más pequeños que algunas manzanas del Ensanche barcelonés es la que Mourinho se hacía ante la UEFA: ¿Por qué? En algunos casos la respuesta es simple. Puente del Arzobispo existe porque un Arzobispo mandó construir un puente, y quiso que las obras fueran supervisadas desde una villa, así que segregó un trocito de Alcolea de Tajo para concederle esas tierras al nuevo municipio, que cuenta hoy con más de 1.200 habitantes. En el caso de Palmera, la época islámica dejó microseñoríos aquí y allá que hoy son municipios minúsculos. Sólo en la comarca de La Safor, a la que pertenece Palmera, hay 13 municipios por debajo de los 4 km2, de los que Palmera ni siquiera es el más pequeño. Ni el segundo.

Puente del Arzobispo, una mota en el mapa pegada a Extremadura

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El pueblo belga de la mantequilla holandesa

[A]hora las medidas que ha traído el coronavirus suponen otro cúmulo de contradicciones para Baarle que se enfrenta a una situación algo más enrevesada. El gobierno belga decretó el cierre de todas las actividades comerciales no esenciales y el confinamiento obligatorio de la población en sus casas, mientras que en el país de los tulipanes se ha implantado un sistema de confinamiento inteligente, basado en la auto-disciplina y en la auto-regulación con medidas que permiten que muchas tiendas y restaurantes con servicio a domicilio permanezcan abiertos.

A la hora de hacer la compra, antes de que la Covid-19 fuera una realidad, todos solían acudir a supermercados holandeses, por la diferencia de precios. Ahora, a los de Baarle- Hertog, cuenta Ivo Verhees, se les permite “comprar comida en los supermercados holandeses porque no tienen otra posibilidad. Sin embargo, los belgas que viven en las cercanías, fuera de los límites del pueblo, no pueden acudir a sus tiendas porque tendrían que atravesar la frontera holandesa y ya no se les concede el derecho a beneficiarse de ese margen”. Inevitablemente este aislamiento esta afectando notablemente al comercio, en el supermercado donde él hace la compra regularmente “ha provocado que las ventas desciendan un 30%” según le contaba un responsable.

 

Natalia Martínez es una enamorada de Baarle que descubrió este blog mientras buscaba información sobre el lugar. Ayer publicó en el diario La Vanguardia una crónica de cómo se enfrentan al cierre fronterizo en un lugar cuyas calles están tatuadas por la frontera, y yo os lo traigo aqui para que lo disfrutéis: El pueblo belga de la mantequilla holandesa.

(Previamente, en Fronteras: Coronavirus en Baarle, cuando la frontera divide tu tienda)

Martelange, el pueblo de las gasolineras

La Ruta Nacional 4 de Bélgica fue durante décadas la única carretera que unía Bruselas con las Ardenas, y por ende con la provincia de Luxemburgo y el país independiente homónimo. El camino fue roturado por los neerlandeses antes de la Revolución Belga, allá por los años 20 del siglo XIX, y hasta los años setenta fue la principal vía de comunicación de la región de Valonia. La mayor parte de la carretera es una típica autovía con dos carriles por sentido, pero en algunos pueblos queda reducida a la categoría de lo que en España llamamos carretera general, cruzando el centro del pueblo como si de la calle mayor se tratara. En la travesía de Martelange, una localidad de poco más de 1.800 habitantes situada a un par de horas en coche de la capital y a apenas 20 km de Bastoña, se produce un fenómeno curioso en la carretera. A lo largo de un kilómetro se suceden las gasolineras, la siguiente pegada a la anterior, sin solución de continuidad. Pero sólo en uno de los costados de la carretera, en el otro una sucesión de anodinas casas de dos pisos con tejado de pizarra a dos aguas alojan a algunos de los habitantes del pueblo. ¿Por qué esta proliferación de estaciones de servicio? Porque la cuneta de la carretera es una frontera internacional.

Martelange 1
Gasolineras en Margelange (Reddit). La carretera y los edificios de la derecha son belgas. La “Maison Rouge” y todo lo que hay en su lado de la carretera es luxemburgués.

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Cuando la ficción precede a la realidad: Los puentes de los billetes de Euro

Cuando a finales de los noventa se diseñaron los billetes de Euro se decidió que no contendrían símbolos de ningún país concreto más allá del mapa de la Eurozona que todos contienen. Había sólo siete billetes y la Eurozona la formaban doce países (ahora son diecinueve) y el EMI (el organismo antecesor del Banco Central Europeo) no quiso favorecer a ninguno de los miembros. Se decidió ilustrar el anverso de los billetes con una obra arquitectónica ficticia, una serie de puentes que representaran la evolución artística de Europa. Pero eran puentes imaginarios, no existían. Hasta que en 2013, existieron.

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