Octubre de 2010. Tropas nicaragüenses se establecen en un terreno pantanoso y despoblado en la frontera con Costa Rica. Inmediatamente el gobierno Tico protesta: Isla Portillos es territorio costarricense desde el siglo XIX y Nicaragua no tiene ningún derecho a situar tropas allí. Se trata de una invasión en toda regla. La Organización de Estados Americanos llama al diálogo y la contención, pero se niega a reconocer siquiera la reclamación del gobierno de Managua: los mapas son claros, la isla es de Costa Rica. El máximo responsable nicaragüense en la zona, Edén Pastora, aseguró en una entrevista: «Vea la foto satelital de Google y ahí se ve la frontera». ¿Un choque militar provocado por un error en el mapa o una excusa como cualquier otra? Hoy en Fronteras, la guerra de Google Maps.

Para entender por qué en 2010 se usaron mapas en línea de una empresa norteamericana como argumento en una disputa territorial en Centroamérica nos tenemos que remontar un par de siglos. Costa Rica y Nicaragua alcanzan la independencia de manera conjunta en 1821 dentro de las Provincias Unidas del Centro de América, una federación que aglutinaba también a Guatemala, Honduras y El Salvador, y que desapareció veinte años más tarde. La disolución de la República Centroamericana en 1841 hizo que los países que la sucedieron heredaran fronteras muy poco claras. Nicaragua y Costa Rica tuvieron una miriada de choques y disputas, provocados fundamentalmente por el Río San Juan, que en aquella época ambos países aspiraban a convertir en el canal interoceánico que luego se construiría en Panamá. Numerosos tratados a lo largo de las décadas concluyeron con el Laudo Cleveland, llamado así por el presidente de Estados Unidos, que estableció la frontera tal y como la conocemos hoy, con una particularidad: el cauce del río, todo él, permaneció bajo control nicaragüense (la frontera discurre exactamente en la orilla costarricense), pero Costa Rica recibió derechos de uso comercial.

Si la frontera ya estaba delimitada, ¿dónde está el problema? Como se suele decir cuando uno tiene pocas ganas de buscar otros latiguillos, el diablo está en los detalles: hay una frase particular del laudo que reza así:
La línea divisoria entre las Repúblicas de Nicaragua y Costa Rica, por el lado del Atlántico, comienza en la extremidad de Punta de Castilla, en la boca del río San Juan de Nicaragua, como existían la una y la otra el quince de abril de 1858
¿Cómo existían una y otra el quince de abril de hace siglo y medio? No lo sé, yo no estaba allí, y tú tampoco; esa era la postura oficial del gobierno nicaragüense. La desembocadura de un río es un sistema bastante estático en términos humanos, pero tremendamente dinámico cuando se trata del paso de los siglos. Se acumulan sedimentos, se modifican las orillas, la línea costera cambia, aparecen de la nada bancos de arena. Y claro, en siglo y medio nadie se acuerda de cómo era la zona originalmente, sobre todo teniendo en cuenta que es un lugar deshabitado, pantanoso, hediondo y lleno de mosquitos en el que nadie en su sano juicio querría pasar más de cinco minutos. Así que cada país tenía su propia interpretación, que casualmente era la que más le beneficiaba.

Así llegamos a finales de 2010, cuando los nicas están haciendo trabajos de dragado en el Río San Juan, que, recordemos, les pertenece de manera íntegra: Costa Rica tiene lo que se llama una «orilla seca» al otro lado del cauce. En un momento dado el comandante Edén Pastora, ex guerrillero revolucionario reconvertido en dirigente regional, ordena a las tropas que se instalen en el extremo norte de una zona conocida como Isla Portillo, y eso provoca las iras y las quejas del gobierno de San José. Ahí es cuando pronuncia su famosa frase sobre la foto de Google, pero como parte de un argumento mucho mayor: para el gobierno de Managua, la interpretación correcta de dónde estaba la «Punta de Castilla» y la boca del Río San Juan hace que ese trozo de territorio les pertenezca. Y efectivamente en las imágenes de Google Maps se veía la línea fronteriza otorgándole ese territorio a Nicaragua. El servicio de mapas de Mountain View era, por entonces, relativamente joven, y contenía abundantes inexactitudes, generalmente producto de usar fuentes sin actualizar o disputadas. En 24 horas, y tras la pertinente consulta al departamento de Estado, Google actualizó la frontera en la zona, reflejando su pertenencia a Costa Rica.

Sin embargo las tropas nicaragüenses no se marcharon. Costa Rica, como es sabido, carece de ejército desde 1948, y únicamente dispone de una modesta fuerza policial. Así que entonces empezó a trabajar la diplomacia. La Organización de Estados Americanos se puso inmediatamente del lado tico, y el gobierno de San José recurrió a la Corte Internacional de Justicia de La Haya. El proceso, como suele ocurrir, fue largo, pero le dio la razón a Costa Rica. En 2015 ordenó la retirada de las tropas nicaragüenses de la orilla sur del Río San Juan, y en 2018 determinó el trazado exacto de la frontera, que es como se mantiene hoy. Nicaragua sigue siendo un régimen autoritario dirigido por la misma persona que en aquella época (junto con su mujer; una especie de Ceaucescus centroamericanos) y Costa Rica el país más próspero de la región. Google Maps sigue siendo polémico por cómo representa las zonas en conflicto (depende desde dónde se acceda al servicio), pero ese lodazal pantanoso es ahora un remanso de paz.

Fuentes y más info: NYT, Costa Rica Daily, Wikipedia, El Español, BBC.
Si te gustó esta historia, seguramente te encantarán estas otras:
La Isla de la Unión, o cómo Uruguay y Argentina llegaron a tener una frontera seca en un enclave que también es una isla dividida. Una isla que en realidad son dos islas. Es complicado. Bueno, que lo leas.
Viaje a Madha y Nahwa, el huevo frito fronterizo del desierto. Fronteras concéntricas entre Omán y los Emiratos Árabes, y por qué no ir allí con un coche de alquiler
Puedes encontrar esta historia, y todas las demás, en El Mapa de Fronteras
Y no pienso dejar pasar la ocasión de recomendaros, es más, instigaros, es más, recordaros la obligación moral o incluso legal de que acudáis a la librería más próxima e intercambiéis una parte de vuestro escaso pero no por ello menos inmerecido sueldo en adquirir legalmente una copia de HISTORIONES DE LA GEOGRAFÍA, la mejor colección de anécdotas geográficas que jamás se haya publicado en cualquier idioma o formato. He dicho. QUE LO COMPRÉIS. COPÓN YA. No sé cómo tengo que decíroslo.








