El 1 de abril de 1974 era un día más para los cinco mil habitantes de Sitka, un pueblo pesquero en la costa del Panhandle de Alaska. El horizonte de la localidad estaba dominado por la masiva silueta de un volcán, el Hedgecumbe, que con sus mil metros de altura aquel día era visible desde cualquier punto del pueblo. Todo discurría según lo esperado en una mañana de lunes clara y soleada hasta que de repente un penacho de humo apareció en el cráter del volcán. Después de más de cuatro mil años sin una sola erupción, la montaña parecía amenazar a los habitantes de Sitka. Vecinos y trabajadores se lanzaron asustados a las calles y llamaron a la policía, temerosos de lo que pudiera suceder. Pero no sucedió nada, porque todo era una broma, una broma increíblemente elaborada y planificada durante años por uno de los tipos más curiosos que haya parido el estado del Norte: Porky Bickar.









