Los turistas que pasan por Mosta, en la isla de Malta, se quedan maravillados con su iglesia redonda, llamada, claro, la Rotonda de Mosta. La iglesia, auténticamente monumental por su tamaño, alberga una bomba nazi que cayó sobre el edificio sin detonar, y la expone para maravilla de curiosos y visitantes. Pero la bomba nazi no es lo más extraño que puede encontrarse en la ciudad. No muy lejos de allí, junto a la carretera principal, un concesionario de Subaru permanece cerrado desde los años 90, exponiendo vehículos descatalogados hace décadas. Nunca abre, nunca hay nadie dentro, pero los coches se conservan limpios, con los neumáticos inflados y sin apenas polvo sobre ellos. Son muchos misterios en uno.

No me costó mucho convencer a N. de la imperiosa necesidad de hacer un alto en un concesionario de coches abandonado durante nuestro viaje a Malta del pasado mes de enero. Yo había conocido la existencia del lugar a través de Atlas Obscura, la guía alternativa que suelo usar cuando voy de viaje, y que ya me ha proporcionado gloriosas aventuras como la visita al mejor Spomenik del mundo o la experiencia de empotrar un coche de alquiler contra una duna en el desierto. Así que aparcamos frente al lugar para echarle un vistazo y tomar un café con vistas al abandono. Algunos detalles que llaman la atención: los coches mostrados no son los mismos que en fotos anteriores del lugar. En las fotos de Atlas Obscura, por ejemplo, se ve un pequeño camión de transporte que ya no se encuentra allí, aunque sí que se puede ver en las imágenes que tomó el coche de Google en la localidad hace cuatro años. También en Google Maps se puede acceder a un par de tomas de hace diez años, en los que, de nuevo, se puede ver que la composición del escaparate era completamente diferente.


El modelo más antiguo que he logrado identificar es de 1973; el más moderno, de 1996. Casi un cuarto de siglo de modelos de la marca japonesa, incluyendo el coche más llamativo de todos los que permanecen allí: un Subaru XT Turbo de 1987, uno de esos coches espectacularmente ochenteros con faros escamoteables más propios de un personaje de ficción televisiva que de un conductor normal. El deportivo biplaza es, sin duda, la estrella de la exposición, pero a mi me llamó aún más la atención la presencia de la Subaru Sambar de segunda generación, que se fabricó únicamente entre 1970 y 1973. Un vehículo de más de medio siglo de antigüedad, al que llamar clásico se queda corto, yace en perfecto estado en un concesionario de una pequeña localidad maltesa. Además de esas dos joyas, hay tres Imprezas de principios de los noventa y un par de Legacys de la misma época, junto con un Subaru 600 de 1981 (el vehículo rojo de la primera foto). Una auténtica cápsula del tiempo, que debería no sólo estar abierta al público sino cobrar entrada por acceder.


Bien, ¿y qué pasó para que un puñado de coches de los años setenta, ochenta y noventa acabaran en un concesionario convertido en cápsula del tiempo? Aquí entramos a especular, porque no existe ninguna fuente que ofrezca fiabilidad. En Atlas Obscura cuentan que hasta finales de los 90 sólo existía un distribuidor de Subaru (recordemos que en Malta se conduce por la derecha y por tanto importa sus coches del Reino Unido y Japón) y que cuando apareció otro el primero quebró. Lo cual no explica en absoluto por qué tres décadas después el concesionario sigue allí. Así que hice lo que cualquier persona normal: acercarme al primer paisano que pasara por allí y preguntarle. Una anciana con un inglés sorprendentemente escacharrado (en Malta todo el mundo parece nacido en Oxford, en general) salía de un portal frente al concesionario cuando la abordé. Según me explicó, el dueño del concesionario falleció a finales de los noventa, coincidiendo con la aparición de otro distribuidor de Subaru, legándole a su mujer el negocio, que incluía el local y su contenido. La mala suerte se cebó con la familia, y la mujer y heredera falleció poco después, provocando un conflicto sucesorio que impidió la inevitable liquidación del negocio y que todavía sigue sin resolver tras más de un cuarto de siglo.

¿Es creíble la versión de aquella anciana a la que olvidé preguntarle el nombre? Supongo que tanto o tan poco como las que se pueden encontrar por internet. El conflicto hereditario es una de ellas, pero también el homenaje al padre fallecido, o la falta de un tornillo por parte del propietario, aportada por un usuario de Reddit. Yo he escrito y llamado al único distribuidor en activo de Subaru en Malta (Liaco Limited), cuyas oficinas están a diez minutos a pie en la misma carretera, pero no me han dado ninguna respuesta, ni buena ni mala, y eso que me presenté como «escritor y comunicador» tirándome flores, pero en la era de Tik Tok eso no quiere decir nada. Quizá aproveche mi próximo viaje a la isla, sea cuando sea, para ir directamente a preguntar. O si alguien sea anima, puede escribir a ver si tiene más suerte que yo.

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