Siete millones de personas visitan cada año la capital portuguesa venidos desde el extranjero. Alfama, Rossio, la Plaza del Comercio, el Monasterio de los Jerónimos… Lisboa está llena de iconos que bien merecen una visita. Ahora bien, hay dos de ellos que no parecen lisboetas sino extraídos de otras ciudades y colocados cuidadosamente junto al tajo: uno es el Puente 25 de Abril, que recuerda poderosamente al Golden Gate de San Francisco, y el otro, justo junto al anterior, es el Cristo Rey de Almada, que parece sacado directamente de Río de Janeiro (pese a que está inspirado por el Cristo del Otero de Palencia, España). Son los dos iconos lisboetas más internacionales, y debajo de ellos, donde nadie mira, a la orilla del Tajo, ahí está el rincón más olvidado y más decadente de todos: el poblado abandonado de Almada.









