Cuando cruzar la frontera supone una semana y 150 km de cola

Desde el aire la imagen es de las que corta la respiración. Rodeados por el desierto y la desolación, una hilera de gigantescos camiones cubiertos de polvo y cargados hasta los topes se extiende hacia el horizonte en ambos sentidos de la exigua carretera. Una pequeña muchedumbre hormiguea entre las enormes máquinas para atender las necesidades más básicas de los conductores. El atasco parece no tener inicio ni fin, se diría que el atasco es por si mismo una civilización independiente en la que sus miembros pueden nacer, crecer, enamorarse y morir sin salir del embotellamiento, como en el famosísimo cuento de Cortázar. Podría ser la escena de un drama post-apocalíptico, pero la realidad es más prosaica. Se trata de varios miles de camioneros mongoles atrapados en uno de los peores atascos de tráfico de la historia.

El atasco más grande del mundo, en el desierto del Gobi, en Mongolia

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Me quedo con tu matrícula: un viaje alrededor del mundo a través de las placas de los coches

Las matrículas de los vehículos pertenecen a esa categoría de objetos que son simultáneamente burocráticos y sugerentes, como las pantallas de destinos de los aeropuertos o la señalización geográfica de las autopistas. Una matrícula es en esencia un objeto puramente administrativo, cuya utilidad es identificar un vehículo determinado y a su dueño, certificar que la maquinaria del Estado ha dado su visto bueno para su circulación. Pero también es más que eso. Un automóvil extranjero es como un pedacito de otro país circulando por nuestros caminos. Cruzarse con un coche, una moto, o una autocaravana con una matrícula extranjera nos evoca el recorrido que habrá realizado el vehículo desde su hogar hasta la calle donde lo vemos aparcado o el cruce donde nos lo topamos. Nos inspira preguntas y nos sugiere itinerarios, y más cuanto más lejano es el país de procedencia del vehículo.

Una furgoneta marca Toyota matriculada en Iowa y fotografiada en Sitges (Barcelona)

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Las lenguas amenazadas del Año Nuevo

La entrada de hoy es especial por muchas razones. Primero, porque es la última del año, obviamente. Segundo, porque es la más larga de la historia del blog. Y last but not least, porque la ha escrito el formidable Simón Perera, apasionado por las lenguas del mundo que hoy nos ofrece el mayor repaso a lenguas en peligro de extinción que se haya escrito jamás en la blogocosa en español. Espero que lo disfrutéis. Podéis seguir también esta entrada en Tuíter, en el hashtag #2017Live. ¡Feliz 2017! 

31 de diciembre de 1999. Alrededor del mediodía, comenzaba en La 2 el programa de televisión más largo que habría visto nunca: El día del Milenio. Yo y mi padre — quien para la televisión es más o menos como el aceite para el agua — nos sentábamos frente al aparato durante casi 24 horas, solo interrumpidos por la cena familiar y Ramón García y Nuria Roca dando las campanadas en la 1. Durante todo ese tiempo, seguimos cómo el año 2000 llegaba a países de todo el mundo, desde Nueva Zelanda hasta los Estados Unidos. Sí, señores, no se hace uno friqui en un día.

Años más tarde, servidor comenzó a ser lector de este genial blog que ustedes leen ahora. Es tradición lógica del mismo celebrar el Año Nuevo con un seguimiento de su entrada alrededor del mundo, desde los confines orientales de la Línea de Cambio de Fecha hasta sus confines occidentales. Pasó en 2009–2010, 2013–2014, o 2014–2015. El año pasado volvimos a tener seguimiento fronterero, esta vez por Twitter, con el hashtag #2016live.

Todo esto se fue confabulando en algún lugar de mi cerebro para inspirarme a hacer algo parecido. Recorrer el mundo a medida que llegaba un año nuevo, con un hilo conductor. Y para este hilo conductor había dos posibilidades, mis pasiones: la ciencia o la lengua.

Lo único que faltaba fue acordarme de un mapa que descubrí hace unas cuantas semanas. En él, la UNESCO concretaba la posición y el estado de todas las lenguas de cuyo peligro de desaparecer tiene constancia. Una realidad que se nos antoja lejana, en el tiempo o en el espacio, pero que no lo es tanto. De las aproximadamente 2500 lenguas en peligro, muchas se hablan cerca de casa: 128, en Europa (4, en España); y cientos, en Sudamérica.

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La caótica belleza de Hong Kong, en Time Lapse

Desde la factoría de Kiril Neiezhmakov nos llega este fantástico vídeo de Hong Kong en Time Lapse e Hyperlapse que muestra una ciudad trepidante como pocas: Hong Kong, la antigua colonia inglesa convertida hoy en una de las dos ciudades más prósperas de China (no hace falta que diga que la otra es Macao). Autobuses, tranvías, barquitos tradicionales, rascacielos y neón en un vídeo perfecto para despedir la semana. ¡Feliz finde a todos!

Via | Mis viajes por ahí

Otros Vídeos Viajeros en Fronteras

Los días que no existieron (y los que se repitieron)

La unificación del calendario (o, dicho de otro modo, la adopción generalizada del calendario gregoriano) fue un proceso histórico de siglos de duración, que comenzó en Europa en el siglo XVI y acabó tres siglos y medio más tarde. Antes de que el calendario actual se extendiera por todo el mundo, decenas de formas diferentes de contar el tiempo convivían en todos los continentes, muchas de las cuales siguen en uso en mayor o menor medida. La unificación del tiempo tuvo una serie de consecuencias de lo más variada, pero hoy vamos a hablar de una de ellas: los días que desaparecieron.

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Las paradas de autobús, el secreto inesperado de las carreteras soviéticas

Cuando uno piensa en “arquitectura soviética” lo primero que le viene a la cabeza son grises y monótonos bloques de hormigón alineados como si fueran parte de un desfile norcoreano. Pero en la felizmente extinta URSS pueden encontrarse rincones donde la creatividad se desbordaba. No en grandes palacios de congresos o mastodónticos edificios gubernamentales sino en pequeñas marquesinas de autobús dispersas aquí y allá por todo el vasto territorio del imperio soviético. El fotógrafo canadiense Christopher Herwig descubrió este fascinante microcosmos viajando en bicicleta de Londres a San Petesburgo, allá por el año 2002. Durante la siguiente década recorrió más de treinta mil kilómetros en catorce países, de Estonia a Georgia y de Moldavia a Kirguistán, buscando esas pequeñas explosiones de imaginación en las cunetas de los caminos soviéticos.

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Gagra, Abjasia (Georgia)

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Nuestros vecinos se llaman igual que nosotros (y III)

En Fronteras no nos tomamos las cosas con demasiada prisa. Hace casi un año que se publicaron las dos primeras partes de esta serie. Las puedes leer aquí: Uno y dos.

Oceanía

Papúa Nueva Guinea-Papúa Occidental (Indonesia)

El origen del nombre de Papúa es desconocido. Hay un par de teorías al respecto, que procedo a copiar sin ningún tipo de decoro del blog de al lado:

Ahora, el origen de [la palabra] Papúa, es bastante incierto y hay varias teorías al respecto. La primera de ellas afirma que la palabra proviene de los vocablos papo ua en idioma tidore y que significan “unir” o “unificar” y “negación” respectivamente. Así, el nombre de la isla sería “no unida”, o en una traducción menos rígida, “territorio que geográficamente está lejos y no ha sido unificado” haciendo referencia a la imposibilidad que tuvo el Sultanato de Tidore para tomar posesión de la isla. Otra teoría afirma que la palabra Papúa podría provenir del vocablo malayo pua-pua que significa “cabello rizado”

El lector hará bien en leerse la serie completa del origen del nombre de los países en el blog del Mapache, algo que puede hacer siguiendo este enlace y todos los que encontrará en el destino. Por lo que a nosotros respecta, la isla se llamó Papúa desde su descubrimiento por parte de los colonizadores europeos, y es debido a éstos que existen dos Papúas. La isla de Nueva Guinea (nombre posteriormente dado por un español debido a las, para él, semejanzas de los nativos de la isla con los habitantes de la región africana) fue dividida en tres pedazos por los colonizadores europeos. Los Países Bajos se quedaron la mitad occidental (junto con el resto de lo que ahora es Indonesia) y la otra mitad se dividió entre Alemania y el inevitable Reino Unido. Tras la I Guerra Mundial la parte alemana quedó bajo control británico primero y australiano después, cuando la ex colonia británica recibió el mandato de la Sociedad de Naciones a tal efecto, y después de la II Guerra Mundial toda lo que hoy es la Papúa independiente quedó a cargo de Canberra, con el nombre de Territorio de Papúa y Nueva Guinea. Este territorio se independizó en 1975 y pasó a ser el país que todos conocemos.

New_Guinea_(1884-1919)

Nueva Guinea hasta 1919

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