Bahréin hundió en el mar un Boeing 747 para convertirlo en un centro de buceo… y luego se olvidó de él

Era el año 2019. La agencia de noticias de Manamá distribuye una información de la que se hacen eco numerosos medios internacionales. «Bahréin hundirá un Boeing 747 como parte de un parque temático submmarino para buceadores». CNN, Fox News, Huffington Post, The Sun, Le Parisien, Der Spiegel, el ABC… decenas de medios internacionales llevaron a sus páginas de viajes o de curiosidades la apertura del que, decían, era el parque subacuático más grande del mundo. Y a partir de ese día, nunca más se supo de la aeronave. Es como si se la hubiera tragado la tierra, o bueno, el mar. Hoy en Fronteras, el misterioso caso del Jumbo desaparecido.

Remolcadores arrastrando el Jumbo para su inmersión (Der Spiegel)

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Por qué China se está comiendo poco a poco a Bután

El pez grande se come al chico. El refranero y la geopolítica a menudo se llevan mejor de lo que sería deseable. Bután, vimos ayer, es un pequeño reino de cuarenta mil kilómetros cuadrados, el tamaño de Holanda o Extremadura. Sus ochocientos mil habitantes están encajonados entre las dos potencias poblacionales más grandes del mundo, la India y China, pero su problema no es demográfico, es diplomático. China se está quedando con trozos de Bután porque quiere un pedazo muy concreto, pero Bután no puede dárselo porque la India se lo prohíbe. Así que la pequeña monarquía tibetana se las ve y se las desea para hacer equilibrios entre la espada y la pared.

Un puesto fronterizo butanés (Asia Times)

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Bután y la gran estafa de la Felicidad Nacional Bruta

«Así es Bután, el país de la felicidad«; «Los pilares de la felicidad en Bután«; «Lo que podemos aprender de Bután, un país donde el índice de felicidad es una guía para las políticas públicas». El pequeño reino tibetano y el concepto de felicidad van juntos en los titulares con la misma frecuencia con la que se juntan «pavoroso» e «incendio» o «político» y «corrupto». ¿A qué se debe esto, además de a la pronunciada falta de imaginación del periodismo en general? Hace medio siglo la monarquía butanesa introdujo el concepto de «Felicidad nacional bruta» como alternativa a la medición del PIB: según el monarca, las políticas públicas deben estar orientadas a la felicidad de los ciudadanos y no al crecimiento económico. La idea acabó reflejada en la constitución del país y fue llevada con éxito a la Asamblea General de la ONU, y por eso hoy Bután y la felicidad van de la mano en los titulares. ¿Pero qué hay realmente detrás de esa idea? ¿Es en verdad Bután un país feliz?

Banderas de Bután en su capital, Timbu (Caleb See | Flickr)

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Vivir al norte del norte: Norilsk, el gulag devenido en la ciudad más contaminada del mundo

Sobre la tundra helada siberiana se alzan enormes bloques de edificios de hormigón, cajas de zapatos de doce plantas, idénticas las unas a las otras. Al fondo, tapando el horizonte, enormes chimeneas expulsan un humo tóxico que cubre el cielo con un gris sucio. Los márgenes del río son un yermo mugriento cubierto de escombros y basura, y en los bosques alrededor de la ciudad sólo crecen muñones retorcidos que asoman entre la tierra muerta. Podría tratarse de una distopía, pero es el hogar de las casi casi doscientas mil personas que viven en Norilsk, a la que muchos llaman la ciudad más contaminada del planeta.

Nieve, hormigón, commieblocks, y chimeneas. Bienvenido al Ártico ruso (Maxim Blinov)

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Minaritorishima, la isla donde acaba Japón

Tokio es enorme; el área metropolitana más grande del mundo abarca una superficie de más de trece mil kilómetros cuadrados y aloja a más de treinta millones de personas. Pero Tokio acaba mucho más allá de lo que uno pudiera imaginar. Acaba tan lejos que, de hecho, su extremo oriental ya ni siquiera está en Asia, sino en Oceanía, a casi dos mil kilómetros de la capital. El lugar donde termina Tokio y también Japón es una isla desierta en mitad de ninguna parte que, sin embargo, podría llegar a cambiar la economía mundial.

La isla más aburrida del mundo podría convertirse en la más interesante

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 4: La ciudad fantasma

Tierra de Nadie | Los vestigios de la metrópoli | El país que no existe

Los balcones del hotel se asoman a la playa. Decenas de cuadrículas idénticas repartidas en las doce plantas de la torre disfrutan de unas inmejorables vistas sobre el mar Mediterráneo. Bajo ellas, las sombrillas, los pedalos y la arena fina completan una postal idílica de unas vacaciones estivales. Salvo por el detalle de que hace más de medio siglo que nadie se asoma al balcón, ni en ese edificio ni en cualquiera de los centenares de ellos que hay esparcidos a lo largo de kilómetros y kilómetros de playa. Lo que en julio de 1974 era uno de los mayores complejos vacacionales de Europa, en agosto de ese mismo año se convirtió en la ciudad abandonada más grande del mundo. Y así ha mantenido durante, por ahora, cincuenta y dos años.

Είμαι θρύλος. O sea, Soy leyenda.

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 3: El país que no existe

Tierra de Nadie | Los vestigios de la metrópoli

A pocos kilómetros de Nicosia la autopista enfila hacia el norte. El área metropolitana de la ciudad, que concentra más de la cuarta parte de la población del país, se extiende a ambos lados de la carretera. Polígonos industriales y zonas residenciales se suceden junto al asfalto, pero los ojos no se desvían del frente. No sólo porque, bueno, es la manera correcta de conducir, sino porque al fondo, en las colinas tras la capital, se vislumbra la que probablemente es la bandera más grande del mundo. Ochenta mil metros cuadrados, ocho hectáreas/campos de fútbol sobre la ladera de una montaña, visibles desde toda Nicosia y sus alrededores. El símbolo de la República Turca del norte de Chipre, el país que (casi) nadie reconoce.

Sutiles, los turcos, vaya que sí

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 2: Vestigios coloniales

Capítulo 1: Tierra de Nadie

Cuando una potencia colonial abandona un territorio, siempre quedan restos de su presencia. El idioma es el más común, pero también las infraestructuras, las instituciones o las costumbres. Por eso en la India tienen tantos trenes, en Malta hablan inglés y en Pakistán juegan al críquet. En algunos casos raros, el Imperio Británico dejó incluso su bandera en sus ex colonias, casos de Australia, Nueva Zelanda, Fiyi o Tuvalu. Pero en el caso de Chipre, las huellas de la metrópoli fueron más allá. El Reino Unido, después de 80 años de gobierno sobre la isla, se marchó dejando no sólo un cacao considerable entre turcos y griegos, sino varios pedazos de terrorio soberano, totalmente bajo control británico. Son Akrotiri y Dekelia, los vestigios coloniales de Chipre.

Ubicación de los territorios soberanos de Akrotiri (arriba) y Dekelia en la isla de Chipre

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 1: Tierra de Nadie

La policía de fronteras chipriota revisó nuestros pasaportes y la documentación del coche de alquiler. Después de introducir nuestros datos en el ordenador nos los devolvió con una sonrisa. «Buen viaje», nos dijo en español. «Efjaristós«, respondimos al unísono. Al otro lado de la garita nos esperaba una carretera vacía, escoltada por kilómetros y kilómetros de verjas y alambres de espino. De vez en cuando, un cartel indicaba la prohibición de hacer fotos y de detenerse. Parecía una carretera normal, pero allí estábamos, de facto, en medio de ninguna parte. En territorio de ningún país. En ese tramo de carretera, y en cientos de kilómetros cuadrados a ambos lados de ella, no rigen las leyes de ningún estado. Bienvenidos a la Línea Verde, la frontera que no existe.

Esto sí que son vacaciones

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Las Islas Spratly, el archipiélago más disputado del planeta

Poco se podían imaginar en el pueblo almeriense de Laujar de Andarax que las andanzas de uno de sus hijos predilectos acabarían dando forma a uno de los conflictos territoriales más complejos del siglo XXI, sobre todo porque Pedro Murillo Velarde nació allí a finales del siglo XVII. Y sin embargo así es. Velarde se metió a misionero y acabó en Filipinas, donde en 1734 publicó el mejor mapa del archipiélago hasta la época, que se conoce precisamente como Mapa de Velarde. Casi tres siglos después ese mapa fue uno de los que utilizó el gobierno del país para defender su postura en una disputa, la del Mar de China Meridional, que involucra a al menos seis países y cuyas ramificaciones se extienden mucho más allá de su área geográfica, hasta llegar hasta la lucha por la primacía mundial en el próximo siglo.

Guardacostas filipinos y chinos se enfrentan en el Mar de China Meridional (Reuters)

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