Los últimos territorios que fueron comprados en el mundo

El pasado 17 de agosto, en pleno desierto noticioso estival, nos desayunamos con la noticia de que Donald Trump, presidente de Estados Unidos, había propuesto a miembros de su equipo la compra de Groenlandia. No era la primera vez que un presidente norteamericano se planteaba dicha adquisición, ya lo hicieron en 1946 y la respuesta danesa también fue negativa. El interés estratégico de Estados Unidos (o de cualquier otro país, ya puestos) en Groenlandia es evidente en plena batalla por el Ártico y sus recursos, pero la razón última por la cual un presidente de Estados Unidos filtra una información así es asunto de los trumpólogos y otros comentaristas políticos. En 2019 es difícil, por no decir imposible, transferir la soberanía de un país a otro simplemente entregando un cheque con el suficiente número de ceros. Las compras de tierra son habituales (una empresa de Corea del Sur posee la mitad de la tierra cultivable de Madagascar, por ejemplo), pero los intercambios de territorios por dinero contante y sonante son algo del pasado. Tanto es así que hace más de sesenta años de la última vez que sucedió, y ha sucedido menos de una decena de veces en los últimos dos siglos. Repasemos la lista de los últimos territorios que trasladaron su soberanía a cambio de un puñado de billetes

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Doce libros fronterizos para el 23 de abril

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Libro, una fecha institucionalizada en 1996 por la UNESCO y extendida a más de cien países desde entonces. La fecha conmemora la muerte de Cervantes y Shakespeare el mismo día del año 1616, algo que como todo el mundo sabe es falso (Cervantes murió el 22 aunque fue enterrado el 23, y Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que equivale al 3 de mayo del gregoriano). En algunos lugares de España, pero sobre todo en Cataluña, es tradición regalar libros y rosas, lo primero desde los años 30 tras la aprobación de un decreto del rey Alfonso XIII, y lo segundo desde más o menos 1914 cuando una institución catalana se inventó la tradición de regalar rosas a las mujeres en honor al día de Sant Jordi (San Jorge), patrón de Cataluña, Aragón e Inglaterra, entre otros lugares. Actualmente el 23 de abril es probablemente el día más bonito del año en Barcelona, con cientos de paradas vendiendo libros y flores por toda la ciudad. Hoy en Fronteras rosas no tenemos, pero libros sí, y además hoy en toda España con un 10% de descuento. Ahí os van los libros más fronterizos para este Sant Jordi.

Atlas de las Fronteras, de Bruno Tertrais y Delphine Papin. Cátedra, Barcelona, 2018. 144 páginas, 25 euros.

Prodigiosa colección de mapas e infografías acerca de todos los temas imaginables, de la expansión de los muros fronterizos a la disputa por el Ártico pasando por la edad de las fronteras o los enclaves de Baarle. Al lector veterano de este blog le parecerá que lo han escrito para él. Extraordinariamente recomendable para cualquier fronterólogo que se precie.

Pirenaica, de Ander Izagirre. Planeta, Barcelona, 2018. 288 páginas, 19,95 euros

Ander Izagirre llegó a los anaqueles de toda España gracias a una prodigiosa crónica del Tour de Francia llamada Plomo en los bolsillos; después descubrimos el fabuloso cronista de viajes que había detrás (ver reseña de Los Sótanos del Mundo aquí mismo), y más tarde sus discutibles cualidades como guía turístico. Pirenaica reúne ciclismo y viajes en una travesía del autor desde San Sebastián hasta la costa mediterránea cruzando los Pirineos a un lado y al otro de la frontera. Róbalo. Ya. Sigue leyendo

Trece capitales nacionales que cambiaron de nombre en el último siglo

Los nombres de los lugares pueden tener una significación meramente geográfica o administrativa (Villanueva, Capital City, cosas así), pero lo habitual es que por si mismos pretendan explicar alguna historia, normalmente mucho más emparentada con el mito que con la realidad, algo que comparte con esa forma literaria que solemos llamar “Historia”, con mayúscula. Así pues, los nombres de los sitios tienen su importancia dentro del orden de las cosas, y un cambio político o social puede conllevar también el cambio de nombre de una ciudad. También la aparición de resentimientos u odios contra otros países: en Australia docenas de lugares cambiaron de nombre durante la I Guerra Mundial por ser demasiado germánicos. También pasó en Canadá. La casa de Windsor, la monarquía reinante en Gran Bretaña y otros 16 países, era conocida hasta 1917 como Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha. La guerra cambió muchos nombres, además de muchos mapas. El caso más reciente de cambio de nombre se dio la semana pasada, y es el de la capital de Kazajistán, conocida hasta ahora como Astaná, pero que antes tuvo al menos otros dos nombres. En el último siglo más de una docena de capitales nacionales han cambiado de nombre, por muchas y diferentes razones, relacionadas generalmente con cambios de régimen o cultos a la personalidad.

Kristiana –> Oslo (1925, Noruega)

Oslo se llamó así hasta 1624 cuando un incendio destruyó gran parte de la ciudad. Noruega por entonces era parte de Dinamarca y el rey danés Christian IV ordenó su reconstrucción y el cambio de nombre a su mayor gloria. Posteriormente Dinamarca le cedió el territorio noruego a Suecia hasta que en 1905 el país se independizó. Entre medias Christiania empezó a escribirse Kristiania porque así son las lenguas, raras en su evolución. En 1924 se celebró el tercer centenario de la ciudad y se decidió que llevar en la capital el nombre de un monarca extranjero no era buena idea, así que se retornó al nombre original de la capital.

(Fuentes, 1, 2)

Oslo (La Vanguardia), la ciudad donde un café cuesta el salario medio de dos meses en España

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Setenta temas que probablemente bailaste en los noventa (séptima parte)

Esta es una recopilación siempre en marcha de una de las obsesiones enfermizas del autor de este blog: la música dance de los noventa. Para leer las entregas anteriores pincha en los correspondientes enlaces:

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61.- U96 – Love sees no colour (1993)

U 96 son un grupo alemán de música electrónica fundado en Hamburgo en 1991. Su primer y mayor éxito, Das Boot, fue una versión del tema de los créditos de la película de 1981 del mismo nombre. El submarino de esa película es del tipo U96, y de ahí el curioso nombre del proyecto. A lo largo de su carrera han tocado todos los palos de lo electrónico; algunos de sus temas recuerdan a los primeros de Kraftwerk y otros a lo peor de los Aqua. Este está más cerca de lo segundo, pero la influencia de lo experimental es bien visible. O audible. Love Sees No Color, como decíamos, es el conato más eurodancero de los hamburgueses y llegó al top 10 de media docena de países, además de ser distribuido en muchos recopilatorios de fin de año. U96 siguen en activo; en junio de este mismo año han lanzado al mercado su último disco: Reboot.

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Un país en un suspiro: los estados independientes más breves de la Historia

Cuenta la leyenda que allá por el año 297 de nuestra era un albañil nacido en la isla dálmata de Rab emigró a Rimini para unirse a los trabajos de reconstrucción de las murallas de la ciudad. Seis años después, y tras haberse ordenado sacerdote, se instaló en el Monte Titano, donde fundó un monasterio, que con los años se expandió hasta controlar gran parte de las tierras alrededor del lugar. Aquel albañil nacido en lo que hoy es Croacia llegó a ser Santo, y las tierras alrededor del monasterio que fundó hoy llevan su nombre: San Marino. El pequeño país reclama para sí el puesto de estado más antiguo del mundo, fundado hace 1.715 años. Otros estados, sin embargo, no tuvieron la misma suerte de atravesar indemnes los siglos y desaparecieron. Algunos duraron siglos, otros años y otros, como los que vamos a ver hoy, no llegaron a durar un fin de semana.

Si parpadeas te lo pierdes

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Sesenta temas que probablemente bailaste en los 90 (sexta parte)

 Esta es una recopilación siempre en marcha de una de las obsesiones enfermizas del autor de este blog: la música de baile de los noventa. Para leer las entregas anteriores y posteriores pincha en los correspondientes enlaces:

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51.- Army of Lovers – Crucified (1991)

Alexander Bard, Jean-Pierre Barda y Camilla Henemark comenzaron sus andanzas musicales en Estocolmo con el nombre de Barbie. En 1987 el proyecto mutó y se convirtió en Army of Lovers, tomando su nombre de un documental alemán de 1979 llamado en inglés “Army of lovers or Revolt of the perverts” (Ejército de amantes, o la revuelta de los pervertidos), pieza que narraba la lucha por los derechos civiles de la comunidad LGTB desde los disturbios de Stonewall en adelante. Con una estética deliberadamente extravagante y drag, obra de una conocida modista sueca, el segundo disco de Army of lovers se hizo un hueco en las listas europeas gracias fundamentalmente a Crucified, canción que jugaba con la temática religiosa para transmitir un mensaje queer (no hace falta más que ver el vídeo). Un par de años después tuvieron otro éxito considerable  en pistas de baile y emisoras de radio con Israelism, un caso único de adaptación de un himno religioso a los cánones del Eurodance que, pese a las críticas de las autoridades religiosas hebreas por la más que evidente temática profana, alcanzó el número 2 en Israel. En sus años de apogeo llegaron a vender siete millones de copias de sus discos. Peleas entre los integrantes del grupo y el tiempo, que nada perdona, acabaron con la desaparición del grupo en 1996. Se han reunido un par de veces desde entonces y una versión de Crucified fue escogida como tema oficial del Orgullo de Copenhague en 2013.

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Cincuenta temas que probablemente bailaste en los noventa (quinta parte)

 Esta es una recopilación siempre en marcha de una de las obsesiones enfermizas del autor de este blog: la música dance de los noventa. Para leer las entregas anteriores y posteriores y sus introducciones pertinentes pincha en los correspondientes enlaces:

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41.- Double Vision – Knockin’ (1995)

En 1993 Carol McCloskey, valenciana nacida en Londres, y DJ Pedro Cervero fundaron Double Vision en el contexto de la escena dance valenciana, la Ruta Destroy, que por entonces estaba ya en plena decadencia. El techno simpático y que huía de la oscuridad típica en el sector tuvo bastante éxito en la Ruta, pero se hizo extremadamente popular durante unas cuantas semanas en Centroeuropa. Knockin’ fue top 5 en Alemania, Holanda y Bélgica, y número 1 en Austria durante siete semanas consecutivas. Como solía pasar en el mundillo Eurodance, la popularidad se fue tan rápido como vino. Un único éxito que entró por los pelos en las listas europeas (All Right) y luego nunca más se supo. Sigue leyendo