Las últimas horas del Muro de Berlín

Siete y cuarto de la mañana. Amanece en Berlín. Los primeros rayos de sol funden la escarcha que cubre el muro que divide la ciudad, cubierto de grafitis por un lado y de policías armados hasta los dientes por el otro. En la República Democrática Alemana un grupo de soldados jóvenes recoge la basura que han lanzado desde el otro lado de la frontera. A unos pocos metros, en la Republica Federal Alemana, un jubilado pasea a su perro. Nadie lo sabe todavía, pero el día que recién nace pasará a los libros de historia y será recordado durante generaciones. Hoy es 9 de noviembre de 1989 y es el día en el que caerá el muro de Berlín

Amanecer en el Muro de Berlín, 1986 (fuente)

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Bélgica, 1915. La alambrada de la muerte

El 28 de julio de 1914 comenzaba oficialmente la I Guerra Mundial, conocida entonces como la Gran Guerra, y de la que se dijo, oh la inocencia, que sería la guerra que acabaría con todas las demás guerras. Apenas una semana después las tropas alemanas procedieron a invadir Bélgica, con la idea de rodear al grueso del ejército francés, estacionado en la frontera germana y avanzar sin excesiva resistencia hacia París. Bélgica era oficialmente neutral y tenía respaldo de los británicos pero a los alemanes les importó más bien poco y la invadieron igualmente. Los belgas resistieron como pudieron, que aunque no fue mucho sirvió para que los franceses reorganizaran sus tropas, y para el mes de octubre ya tenían a los boches ocupando la práctica totalidad del país. Los alemanes se comportaron como cafres (guerra y alemanes: mala mezcla) y se entregaron con indisimulado entusiasmo al noble arte del pillaje, el saqueo y las masacres de civiles, en lo que se denominó a efectos propagandísticos “La violación de Bélgica“. Los belgas procedieron a huir masivamente a la vecina Holanda, que permanecería neutral durante la guerra. Para evitarlo, Alemania construyó una de las infraestructuras menos conocidas y más novedosas de una guerra que fue pródiga en novedades: La Alambrada de la Muerte.

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Dibujo representando el horror de la alambrada de la muerte, publicado en julio de 1915 (fuente)

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Fierros bajo el agua: Tijuana y el Pinche Muro (por Sherlock)

La entrada de hoy es obra de Sherlock, viejo conocido de este blog (tan viejo que le debo una entrada desde 2008) que tiene el tiempo libre suficiente como para irse a California y el cuajo necesario para convencer a alguien de cruzar la frontera internacional más transitada del mundo con el único objetivo de ver una verja enorme en una playa. Hace falta más gente así, hombre ya.
Un europeo está acostumbrado a las fronteras. En una entidad como Europa, con tantos estados, micro estados, pseudo estados, colonias y supra-meta-entidades-vete-a-saber-qué, cualquiera que viaje a cualquier punto puede cambiar varias veces de país e INTUYE, DEDUCE que ahí debe de haber una frontera: ese río que atraviesas, lo alto de un puerto, la linde de ese campo…A lo que un europeo no está acostumbrado es a ver, a sentir una frontera hecha por el hombre, para dividir al hombre y para delimitar claramente dos mundos distintos. No, al menos, desde 1989. Yo he viajado al muro. Al pinche muro, que dicen aquí. Y he visto una playa partida en dos, un mundo partido en dos que parte en mil pedazos miles de esperanzas. Welcome to Tijuana.
Tijuana

Al otro lado de la verja son mucho más ricos: Las fronteras más desiguales del mundo

Una frontera es una línea imaginaria que separa dos estados, dos países, dos legislaciones, y a veces dos idiomas, dos modos de vida o dos sistemas antagónicos. En muchas ocasiones, la frontera también es una línea imaginaria pero muy real que separa la riqueza de la miseria, la abundancia de la escasez y el futuro de la desesperanza. Hoy vamos a recorrer los abismos económicos que separan países contiguos, los precipicios de la renta per cápita por los que se despeñan las esperanzas de la gente. Al otro lado de la verja son más ricos.

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Cuando había dos Alemanias – Un recorrido por la frontera interalemana

El Muro de Berlín fue la representación de la frontera como distopía, el lugar y el momento donde se aunaron todos los temores y todas las realidades siniestras asociadas al cruce de una frontera internacional. La sensación de peligro, de fin de lo conocido, de asomarse a otro mundo; el alambre de espino, los perros, las torres de vigilancia, el cemento, el zumbido incesante de los generadores eléctricos que mantenían iluminada La Zona. Pero el Muro era una pequeña parte de la mucho más vasta frontera interalemana, que separaba dos mundos, el capitalista y el comunista, el democrático y el totalitario, nosotros y ellos, y que trazaba una descomunal cicatriz de norte a sur hasta darse de bruces con Checoslovaquia. El Muro de Berlín era impresionante, pero como ese muro había centenares de kilómetros de frontera fortificada mucho menos conocidos, donde murió mucha más gente y que causó muchos más traumas.

Un helicóptero sobrevolando la frontera interalemana (fuente). Nótense los dos muros, el exterior (la frontera real) y el interior (el único que conocían los alemanes orientales). Clic en la imagen para ampliar

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El niño que iba a la escuela escoltado por el ejército

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La foto sobre estas líneas muestra a un chico de doce años acudiendo a la escuela en bicicleta. El chico se llama Erwin Schabe, y en la foto se le ve con apariencia despreocupada, dando un paseo por el campo. Una típica estampa veraniega de no ser por la tanqueta del ejército británico que le escolta en su recorrido. Media docena de soldados y un vehículo armado para acompañar a un preadolescente a la escuela. ¿Por qué? Baste decir lo siguiente: la imagen está tomada en Berlín, en 1961.

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Los muros que aún permanecen en pie (y IV)

Si no lo has hecho todavía, puedes leer la primera, la segunda y la tercera parte de esta serie.

El Muro de la Tortilla (Estados Unidos-México)

Durante generaciones la frontera entre México y los Estados Unidos ha servido de puerta de entrada para los inmigrantes de Hispanoamérica, que han teñido estados como California o Nuevo México de color latino (esta es la frase más cursi que jamás se haya escrito en este blog). De un tiempo a esta parte EE.UU. ha venido endureciendo cada vez más su política sobre inmigración, otorgándole cada vez más financiación a las patrullas fronterizas. El muro de la Tortilla, llamado así jocosamente por los inmigrantes dado que “allí los fríen”, se extiende a lo largo de más de mil kilómetros de los tres mil y pico que mide la frontera entre México y Estados Unidos. Es un continuo desde el Pacífico en California hasta Yuma, en Arizona, y posteriormente existen varias secciones más en Texas. La altura de la barrera oscila entre los cuatro y los seis metros; en la mayor parte de su recorrido es una barrera metálica, y en la parte tejana también consiste en verjas de alambre.

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