Casey, el pequeño pueblo de las cosas grandes

El road trip, el largo viaje por carretera por placer u obligación, es un invento norteamericano; aunque en 1913 se estableció la primera carretera transcontinental (la Lincoln Highway), no fue hasta los años 3o cuando comenzó a ser posible viajar de forma relativamente rápida (menos de dos semanas) entre ambas costas, y hasta después de la II Guerra Mundial cuando el concepto se popularizó. Entre 1945 y 1960 el número de automóviles circulando por las carreteras de Estados Unidos se multiplicó por tres, pasando de 25 a 75 millones, y en una época en la que el Sistema de Interestatales no existía o estaba todavía en pañales, la mayoría de las carreteras  eran de un carril por sentido y cruzaban el downtown de pueblos y ciudades. Muchos lugares intentaron agarrar su parte del pastel del incipiente turismo instalando todo tipo de atracciones que llamaran la atención del viajero para así animarle a detenerse un rato y dejarse unos dólares. Así aparecieron lo que en inglés llaman Roadside Attractions o iconos de carretera, esculturas, edificios, muñecos gigantes o cualquier cosa que haga que el señor y la señora Smith detengan su coche, liberen a los niños del asiento trasero y se dejen unos pocos billetes allí. Si hay un lugar donde esa clase de expresión artística profundamente kitsch ha alcanzado su máxima expresión es Casey, Illinois.

La mecedora más grande del mundo junto a carteles indicadores del resto de récords mundiales (fuente)

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Tormentas de fuego: cuando todo arde

La noche del 8 de octubre de 1871 fue, con toda probabilidad, una de las peores de la historia de la por entonces joven nación estadounidense. En un periodo de apenas unas horas, y sin aparente conexión entre sí, media docena de descomunales incendios azotaron las orillas de los lagos Míchigan y Hurón, provocando una enorme mortandad y calcinando hasta los cimientos docenas de pueblos. El más conocido de ellos fue el incendio de Chicago, que redujo a cenizas diez kilómetros cuadrados de ciudad y dejó sin hogar a casi un tercio de sus trescientos mil habitantes, además de matar a tres centenares de personas. Sin embargo, el incendio más letal no se produjo en el centro de una ciudad llena de gente sino en un remoto bosque apenas habitado. Dos mil personas murieron en el incendio de Peshtigo, un pueblecito maderero de Wisconsin, una tragedia que casi siglo y medio más tarde todavía figura como el incendio con mayor número de víctimas de la historia de Estados Unidos. La explicación a por qué un incendio forestal pudo dejar semejante reguero de cadáveres en media docena de localidades diferentes es un fenómeno que en inglés se conoce como firestorm: la tormenta de fuego.

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Gerrymandering, las fronteras (manipulables) de las elecciones de EE.UU.

Hoy, día 4 de noviembre, se celebran en Estados Unidos las elecciones de mitad de legislatura, o Mid-Term election, en las cuales se eligen los 435 miembros de la Cámara de Representantes, que se renueva íntegramente cada dos años. En algunos estados también votarán a quién envían al senado (el cargo de senador se renueva cada seis años, eligiéndose una tercera parte de ellos, más o menos, cada dos años); en dos tercios largos de los estados (36, concretamente) también elegirán gobernador. Otros 38 renovarán sus cámaras estatales. También hay elecciones a las alcaldías de docenas de ciudades. Todo a la vez. Quien quiera saber más sobre esto le recomiendo la atenta lectura acerca de las inabarcables elecciones americanas, de Roger Senserrich, o la guía que ha elaborado el siempre interesante Jordi Pérez Colomé. Por lo que a nosotros respecta, nos vamos a centrar en las elecciones legislativas. La elección de los 435 congresistas se realiza mediante un sistema de distritos electorales según el método de “first past the post” o  “winner takes it all“, o sea, el que obtiene más votos en cada distrito se lleva el puesto y santas pascuas. Sencillo, ¿verdad? Bueno, pues no. Porque los ciudadanos no están distribuidos aleatoriamente en el territorio, sino que generalmente se concentran en determinadas zonas según su nivel económico, raza, origen, idioma, etcétera. Y el voto es estrictamente individual, pero las tendencias de voto son sociales. Por lo tanto, la geografía de los distritos electorales puede influir en el resultado de las elecciones. Quien controla cómo se hacen los distritos probablemente controlará el resultado de las elecciones. En Estados Unidos tienen una palabra para todo concepto, y el de “modificar los límites de un distrito electoral para favorecer a un determinado partido político”, también tiene su palabra: Gerrymandering.

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Mapa con los 435 distritos electorales de Estados Unidos. Hay siete estados que, por su escasa población, sólo eligen a un único congresista: Alaska, Montana, Wyoming, Delware, Vermont y las dos Dakotas. Son los llamados distritos electorales at-large. En el otro extremo está California, con 53 congresistas. 

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Freaktoponomics (II)

Hablábamos hace un par de días de Aa, Estonia (y también de Ee, Ii, y Oô). Los nombres de estos pueblos, además de ser harto curiosos, tienen una cualidad que los hace, si cabe, más especiales. No, no se trata de que puedan ser pronunciados aún careciendo de lengua, o que leer todos sus nombres de manera consecutiva le haga parecer a uno un lunático. Son palíndromos, palabras que se leen igual del derecho que del revés. Lo que viene llamándose capicúa, vaya. ¿Hay muchas localidades capicúas en el mundo? Unas cuantas. Además de estas cuatro, encontramos, por ejemplo, Tát y Tét en Hungría, La Sal en el estado americano de Utah, Hannah (y su hermana), también en EE.UU, Neuquén, en Argentina, Qaanaaq, en Groenlandia (el palíndromo más septentrional), o Akasaka, en Japón.

 

Letrero en Qanaaq (click para ampliar)
Letrero en Qaanaaq, al noroeste de Groenlandia, mil doscientos kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, y a 1.400 kilómetros del Polo Norte. 600 personas viven en el capicúa más al norte de la Tierra.

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