Monte Athos, el último rincón del medievo en Europa

Existe un rincón en la Unión Europea donde las mujeres no pueden entrar. Es más, ni siquiera pueden acercarse a menos de 500 metros de la costa. 339 kilómetros cuadrados donde la mitad de la población mundial no tiene derecho a poner un pie. Y de hecho, de la otra mitad están excluidos casi todos, porque el lugar admite muy pocos visitantes (110 al día). Hablamos de un lugar que sobre el papel es parte de Grecia, pero gobernado de forma directa por un señor que vive en Turquía. Un punto en el mapa que pertenece al siglo XXI y se rige con reglas del siglo X. Bienvenidos al Monte Athos, el último rincón del medievo en Europa.

Vista parcial del Monte Athos (Omhksea)

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Inglaterra, Gran Bretaña, Reino Unido, Islas Británicas y la madre que los parió a todos

Cuando nos referimos al estado soberano cuya capital es Londres lo hacemos indistintamente con varias expresiones: Reino Unido, Gran Bretaña, Inglaterra o Islas Británicas. Sin embargo cada una de esas cuatro expresiones significa algo distinto y abarca un entorno geográfico y político diferente, y, lo que es peor, ninguna de ellas es del todo precisa respecto al espacio geopolítico al que nos referimos. Repasemos:

  • Inglaterra. Es una de las cuatro naciones constituyentes, y una de las tres dentro de la isla de Gran Bretaña. Limita al Norte con Escocia y al Oeste con Gales.
  • Gran Bretaña: La isla donde se encuentran Inglaterra, Gales y Escocia.
  • Reino Unido: La suma de Gran Bretaña y el trozo de la isla de Irlanda bajo soberanía de Londres (Irlanda del Norte, vamos). El nombre completo del país es “Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte”, por cierto.
  • Islas Británicas: Las Islas de Gran Bretaña e Irlanda, esta última dividida entre dos estados diferentes: La República de Irlanda e Irlanda del Norte, parte del Reino Unido.

Parece sencillo, ¿verdad? Bueno, pues no lo es tanto.

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Doce libros fronterizos para el 23 de abril

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Libro, una fecha institucionalizada en 1996 por la UNESCO y extendida a más de cien países desde entonces. La fecha conmemora la muerte de Cervantes y Shakespeare el mismo día del año 1616, algo que como todo el mundo sabe es falso (Cervantes murió el 22 aunque fue enterrado el 23, y Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que equivale al 3 de mayo del gregoriano). En algunos lugares de España, pero sobre todo en Cataluña, es tradición regalar libros y rosas, lo primero desde los años 30 tras la aprobación de un decreto del rey Alfonso XIII, y lo segundo desde más o menos 1914 cuando una institución catalana se inventó la tradición de regalar rosas a las mujeres en honor al día de Sant Jordi (San Jorge), patrón de Cataluña, Aragón e Inglaterra, entre otros lugares. Actualmente el 23 de abril es probablemente el día más bonito del año en Barcelona, con cientos de paradas vendiendo libros y flores por toda la ciudad. Hoy en Fronteras rosas no tenemos, pero libros sí, y además hoy en toda España con un 10% de descuento. Ahí os van los libros más fronterizos para este Sant Jordi.

Atlas de las Fronteras, de Bruno Tertrais y Delphine Papin. Cátedra, Barcelona, 2018. 144 páginas, 25 euros.

Prodigiosa colección de mapas e infografías acerca de todos los temas imaginables, de la expansión de los muros fronterizos a la disputa por el Ártico pasando por la edad de las fronteras o los enclaves de Baarle. Al lector veterano de este blog le parecerá que lo han escrito para él. Extraordinariamente recomendable para cualquier fronterólogo que se precie.

Pirenaica, de Ander Izagirre. Planeta, Barcelona, 2018. 288 páginas, 19,95 euros

Ander Izagirre llegó a los anaqueles de toda España gracias a una prodigiosa crónica del Tour de Francia llamada Plomo en los bolsillos; después descubrimos el fabuloso cronista de viajes que había detrás (ver reseña de Los Sótanos del Mundo aquí mismo), y más tarde sus discutibles cualidades como guía turístico. Pirenaica reúne ciclismo y viajes en una travesía del autor desde San Sebastián hasta la costa mediterránea cruzando los Pirineos a un lado y al otro de la frontera. Róbalo. Ya. Sigue leyendo

El Mapa de Internet

Estas líneas fueron escritas a lo largo de dieciocho días desde un ordenador portátil marca Hewlett Packard en una habitación de hospital y en la mesa del comedor de mi casa en Barcelona. Sin embargo, para que tú, amable internauta, puedas estar leyéndolas ahora, han tenido que realizar un viaje absolutamente asombroso. Muchos viajes, de hecho. Mientras este artículo tomaba forma lentamente, cada una de las 32 veces que he pulsado el botón de “Guardar borrador”, se ha puesto en movimiento la aguja del disco duro de un servidor situado en Chicago, donde tiene su datacenter principal Automattic Inc., la compañía que aloja Fronteras y otros sesenta millones de blogs y páginas web. Una vez publicada esta anotación, una copia de ella se ha transmitido a varios de los casi cuatro mil servidores de la compañía, localizados en 28 ciudades de 17 países. Cada vez que alguien ha decidido dedicar parte de su normalmente escaso tiempo libre a leerla (gracias, por cierto), las 7.847 palabras y los 48.749 caracteres de este texto, transformados en increíblemente breves parpadeos de luz de una determinada longitud de onda, han sido enviados a través de decenas de redes y miles de kilómetros de cables. Dependiendo de la ubicación física del lector estas líneas les habrán sido enviadas desde una ciudad u otra. Los lectores españoles de Fronteras (un 45% del total, por si os interesa saberlo) probablemente hayan recibido la copia almacenada en Madrid, aunque una cuarta parte de ellos leerán exactamente el mismo texto pero alojado en Ámsterdam, Londres, París o Milán. Los lectores que hayan accedido desde América del Sur (más o menos un 30%) se habrán conectado casi con total seguridad a los servidores que almacenan esta entrada en Sao Paulo, mientras que los centroamericanos habrán recibido sus bits desde Miami y los mexicanos (un 10% de los lectores) desde Dallas, Atlanta o San José, California. No concebimos Internet como algo físico y tangible, pero lo es, y mucho. Dos de las características de la Red son su descentralización y su instantaneidad, pero ni la una ni la otra lo son tanto como creemos. El componente geográfico de la Red es totalmente indisociable del mismo concepto de Internet y es, de hecho, una parte fundamental de su funcionamiento. De los mineros de bitcoin chinos a los datacenter submarinos de Microsoft, todo lo que llamamos Internet se encuentra en algún lugar o, más habitualmente, en muchos lugares a la vez. En gran medida Internet es, como decía aquel senador de Alaska, una serie de tubos, decenas de millones de kilómetros de ellos. Hoy en Fronteras vamos a esbozar un mapa de esos tubos. 

En alguno de los servidores que aparecen en este vídeo estaba alojado este blog allá por 2009 (Barry at WordPress)

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La Rinconada, el techo del mundo

Una de las leyendas más persistentes de la colonización española de América fue la leyenda de El Dorado, una ciudad imaginaria con riquezas inenarrables donde los edificios, las calles y hasta las personas estaban cubiertas de oro. La codicia impulsó a cientos, si no miles, de soldados a lanzarse a la búsqueda del mítico a la par que inexistente lugar. Descubridores como Francisco de Orellana, soldados rebeldes como Lope de Aguirre y corsarios al servicio de Su Majestad Británica como Walter Raleigh se dejaron la salud y muy a menudo la vida en la búsqueda de una ciudad hecha de oro. El Dorado no existía, pero las llamadas fiebres del oro han sacudido no pocas veces regiones y países, de Australia a California, desde la aparición de aquella leyenda hace medio mileinio. Ninguna de ellas, sin embargo, atrajo a la gente a un lugar tan elevado ni, probablemente, tan duro. Hablamos de La Rinconada, en Perú, el asentamiento humano permanente a mayor altitud del mundo.

El contraste entre el espanto del poblado minero y la belleza sólida y elegante de la montaña es brutal (BBC)

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Pedirse una pinta en Croacia y acabársela en Eslovenia. Kalin, la taberna en dos países

Sasha Kalin sirve un par de cervezas de grifo en la barra de su bar. Las pone en una bandeja y se las lleva, esquivando clientes ruidosos, a un par de veinteañeros que están echando una partida de billar. Después se acerca a una mesa y toma nota de la cena de dos parejas. Lomo de cerdo asado, patatas y chucrut para todos. Lo típico. Antes de volver a la barra pasa por la puerta del local y le dice al camarero novato que se acabe rapidito el cigarrillo de liar y que vuelva a la cocina que hay mucha faena. Una escena perfectamente normal salvo por el hecho de que en ese breve trayecto Sasha ha cruzado cuatro veces una frontera internacional. Bienvenidos a la Kalin Tavern, la taberna en dos países.

El billar del restaurante Kalin, situado en Eslovenia, fotografiado desde Croacia

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80 temas que probablemente bailaste en los noventa (octava parte)

Esta es una recopilación siempre en marcha de una de las obsesiones enfermizas del autor de este blog: la música dance de los noventa. Para leer las entregas anteriores pincha en los correspondientes enlaces:

Parte 1 | Parte 2 | Parte 3 | Parte 4 | Parte 5 | Parte 6 | Parte 7 |

71.- Los del Río – Macarena (1996)

Esta es la octava entrega de un recopilatorio eterno de música de baile de la década de 1990. Vamos, pues por ochenta canciones reseñadas. Si hubiera que eliminar 79 y dejar sólo una, sería, sin la menor duda, esta. Es difícil describir hasta que punto el verano de 1996 en prácticamente todo el mundo (excepto, curiosamente, España) se convirtió en el verano de la Macarena. Números 1 en toda Europa, Estados Unidos y Australia, decenas de millones de discos vendidos, y ni un solo evento, grande o pequeño, sin la Macarena y, especialmente, su baile. Porque fue el baile lo que hizo que de Estados Unidos a Finlandia, de Canadá a Holanda y del Reino Unido a Australia aquel verano la Macarena fuera la banda sonora del mundo. Para cuando se hicieron millonarios Los del Río llevaban treinta años ganándose los garbanzos de escenario en escenario por toda Andalucía, España y también por los países de habla hispana. Habían lanzando Macarena en 1993, en una versión rumbera que se alzó como canción del verano en España y tuvo bastante recorrido en América. En 1995 su compañía fue absorbida por la multinacional RCA y un productor de la discográfica sintió un extraño gusanillo en su interior. Intuición, llamémosle. Agarró la canción, le añadió unos samples más sencillos que el mecanismo de un botijo, le asestó una pista en inglés y grabó un vídeo con una coreografía indigna ejecutada por supermodelos. Y, como se dice en el argot técnico, lo petó. Pero a lo grande además. La versión de los neoyorquinos Bayside arrasó en México primero, en Miami después y en todo Estados Unidos y el mundo anglo acto seguido. Lo que vino después es conocido por todos. El equipo norteamericano de Gimnasia Rítmica de los Juegos Olímpicos de Atlanta bailando a Los del Río en la ceremonia de clausura, Hillary Clinton extasiada con la Convención del Partido Demócrata haciendo los cuatro movimientos de la danza, el estadio de los Yankees de Nueva York puesto en pie al ritmo de unos cincuentones de Sevilla, karaokes, discotecas, pachangas, fiestas en la playa de todo el país, todas ellas marcadas por un bailecito que en Forocoches no dudarían en calificar como “demigrante“. Macarena se pasó nada menos que catorce semanas consecutivas en el número 1 del Billboard, hito a día de hoy sólo superado por Mariah Carey y por el inevitable Despacito de Luis Fonsi. La melodía pegadiza de los andaluces está en el top 10 histórico de la lista estadounidense y todavía un cuarto de siglo después les sigue proporcionando a sus autores periódicamente chorros de dólares en forma de derechos de autor. No ha habido ningún artista español que llegara tan lejos de una forma tan explosiva. Salvo, bueno, Las Ketchup. Pero por suerte para vosotros aquello sucedió en la siguiente década. Sigue leyendo