Las fascinantes cartas náuticas de ramas de las Islas Marshall

Las primeras embarcaciones creadas por el ser humano probablemente fueron precarias balsas de madera botadas en los ríos Tigris y Eúfrates hará unos diez mil años. Durante los siguientes noventa siglos la navegación fue mejorando muy lentamente, sin alejarse nunca de la costa, hasta que los navegantes fenicios decidieron salir a mar abierto guiándose por la posición del sol y las estrellas. Sin embargo, y hasta milenio y medio más tarde, cuando comenzó la era de los descubrimientos, casi toda la navegación comercial y de guerra siguió siendo de cabotaje, al menos en Europa. Entre dos puertos cualesquiera del Mediterráneo siempre había una costa que seguir. Pero en otros lugares del mundo la cosa no era tan sencilla. En lo que hoy llamamos región de Micronesia no existía una costa que sirviera de guía y ancla entre un puerto y el más cercano, sino que estaban separados por decenas, cuando no cientos de kilómetros de alta mar; los treinta atolones de las Islas Marshall se extienden por dos millones de kilómetros cuadrados de mar, casi la superficie del Mediterráneo, pero con apenas un par de cientos de kilómetros de costa. Sin los instrumentos que se usaban en el Mediterráneo desde la antigüedad y hasta la edad moderna (astrolabios, cuadrantes, brújulas, cosas así), y sin cartas náuticas, ¿cómo se las apañaron para viajar de una isla a otra y mantener el comercio y el intercambio durante milenios? La respuesta o al menos parte de ella está hecha de pequeños palos de madera y conchas. Los mapas de ramas de las Islas Marshall.

Carta náutica heha con palitos y conchas marinas (National Geographic)

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Visualizando la distorsión de la proyección de Mercator con una naranja

A estas alturas cualquier persona que tenga cierta idea de mapas conoce el funcionamiento de la proyección de Mercator y los problemas de distorsión que presenta según el mapa se acerca a los polos, o se aleja del Ecuador, que viene a ser lo mismo. La mayor parte de los mapas on line usan una variante de esa misma proyección llamada Web Mercator, que Google creó en 2005 para sus mapas y siguió utilizando hasta el año pasado. Web Mercator tiene algo que el original del siglo XV no tenía por razones obvias: el zoom. En los mapas de la web es posible hacer zoom, y cada nivel de zoom crea nuevas divisiones en el mapa. En el nivel 0, por ejemplo, hay una única división: el mundo entero. Bueno, no entero, porque Web Mercator no registra, por ser irrelevante y matemáticamente un infierno, los territorios más allá de los paralelos 85 Norte y Sur, pero casi. En el nivel 1 de zoom, el mundo se divide en cuatro cuadrantes, que son 16 en el 2 y 64 en el nivel 3. Cada cuadrante se representa del mismo tamaño, pero como ya sabemos, la distorsión de Mercator hace que el área representada en el mapa sea mucho menor cerca de los polos que cerca del Ecuador. ¿Cómo visualizar algo así? El urbanista y cartógrafo Chris Wong ha encontrado una manera curiosa: usando la piel de una naranja.

 

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2141, el año en que España ganó la III Guerra Mundial… en Tuíter

Una gran parte del Tuíter español ha pasado las últimas semanas haciendo bromas, chistes, memes y comentarios absurdos de todo tipo alrededor de las andanzas del World War Bot, una cuenta de Tuíter (de hecho, una página de Facebook) que simula una supuesta guerra mundial en la que todos los países se enfrentan contra todos. El funcionamiento es sencillo: un algoritmo escoge un territorio de forma aleatoria cada hora y le otorga la conquista del más cercano que no esté bajo su control. Cuantos más territorios posee un país, por tanto, mayores son las probabilidades de que el algoritmo escoja uno que controle ya, y por tanto le permita conquistar uno nuevo. No hay batallas, sólo azar, y todos los territorios, de Rusia a Andorra y de Estados Unidos a las Pitcairn, tienen las mismas posibilidades al empezar. Pitcairn, de hecho, han sido los últimos en caer tras dominar gran parte de Oceanía durante gran parte del juego. Que, bueno, ni siquiera es un juego, es una línea de código que genera un número al azar, y ya. Pero que ha generado, también, una auténtica catarata de memes que nos han hecho reír durante semanas. El verano de 2019 será para el Tuíter peninsular el verano en el que España (o Españita) conquistó el mundo.

 

 

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Ese mapa no es como los demás. Las proyecciones cartográficas más extravagantes

Una proyección cartográfica es, según la Wikipedia, “un sistema de representación gráfica que establece una relación ordenada entre los puntos de la superficie curva de la Tierra y los de una superficie plana”. Es decir, una manera de trasladar la realidad esférica de nuestro planeta a una superficie plana. Hay que partir de un hecho: no es matemáticamente posible hacerlo de forma precisa: cualquier proyección cartográfica conservará, como máximo, una de las tres características principales de un mapa: los ángulos, las áreas y las distancias. O sea: hay que elegir entre las siluetas de los continentes y países, las superficies de esos mismos continentes y países o la distancia entre dos puntos del mapa, pero más de una es imposible. Todos los mapamundis que conoces, por lo tanto, están mal. Una vez establecida esa regla fundamental, un mapamundi puede venir en cualquier forma y sabor, y eso es lo que vamos a ver hoy: proyecciones cartográficas más bien raras.

(Previamente en Fronteras: La Escala del Mundo, sobre las proyecciones cartográficas típicas y por qué la Gall Peters es una mierda pinchada en un palo que debería desaparecer. También El verdadero tamaño de los países, en el que podemos comprobar qué pasa en un mapa Mercator normalico cuando trasladamos un país o una región de lugar y la superponemos a otros países en otras latitudes).

El mundo es AMOR

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Cuando volar era una aventura. Las primeras rutas de larga distancia de la aviación comercial

En marzo de 2018 la compañía Qantas, aerolínea de bandera australiana, inauguró la primera ruta aérea sin escalas entre Europa y Australia con un vuelo que conecta los aeropuertos de Londres Heathrow y Perth, en la costa oeste del continente. Diecisiete horas en el aire en un asiento de comodidad francamente discutible no parece el mejor de los planes, pero si comparamos eso con la travesía casi interminable de los primeros vuelos intercontinentales resulta que es poco menos que un milagro. Volar largas distancias hace tres cuartos de siglo era, aparte de carísimo, una aventura que podía poner a prueba la paciencia de cualquiera, pero sobre todo era un desafío técnico, logístico y personal de primera magnitud. Los pilotos eran poco menos que héroes o estrellas del rock, y cruzar el mundo en avión requería casi tantas escalas como horas en el aire.

De Inglaterra a la India en 7 días con Imperial Airways, la aerolínea británica (Mary Evans Picture Library)

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El Mapa de Internet

Estas líneas fueron escritas a lo largo de dieciocho días desde un ordenador portátil marca Hewlett Packard en una habitación de hospital y en la mesa del comedor de mi casa en Barcelona. Sin embargo, para que tú, amable internauta, puedas estar leyéndolas ahora, han tenido que realizar un viaje absolutamente asombroso. Muchos viajes, de hecho. Mientras este artículo tomaba forma lentamente, cada una de las 32 veces que he pulsado el botón de “Guardar borrador”, se ha puesto en movimiento la aguja del disco duro de un servidor situado en Chicago, donde tiene su datacenter principal Automattic Inc., la compañía que aloja Fronteras y otros sesenta millones de blogs y páginas web. Una vez publicada esta anotación, una copia de ella se ha transmitido a varios de los casi cuatro mil servidores de la compañía, localizados en 28 ciudades de 17 países. Cada vez que alguien ha decidido dedicar parte de su normalmente escaso tiempo libre a leerla (gracias, por cierto), las 7.847 palabras y los 48.749 caracteres de este texto, transformados en increíblemente breves parpadeos de luz de una determinada longitud de onda, han sido enviados a través de decenas de redes y miles de kilómetros de cables. Dependiendo de la ubicación física del lector estas líneas les habrán sido enviadas desde una ciudad u otra. Los lectores españoles de Fronteras (un 45% del total, por si os interesa saberlo) probablemente hayan recibido la copia almacenada en Madrid, aunque una cuarta parte de ellos leerán exactamente el mismo texto pero alojado en Ámsterdam, Londres, París o Milán. Los lectores que hayan accedido desde América del Sur (más o menos un 30%) se habrán conectado casi con total seguridad a los servidores que almacenan esta entrada en Sao Paulo, mientras que los centroamericanos habrán recibido sus bits desde Miami y los mexicanos (un 10% de los lectores) desde Dallas, Atlanta o San José, California. No concebimos Internet como algo físico y tangible, pero lo es, y mucho. Dos de las características de la Red son su descentralización y su instantaneidad, pero ni la una ni la otra lo son tanto como creemos. El componente geográfico de la Red es totalmente indisociable del mismo concepto de Internet y es, de hecho, una parte fundamental de su funcionamiento. De los mineros de bitcoin chinos a los datacenter submarinos de Microsoft, todo lo que llamamos Internet se encuentra en algún lugar o, más habitualmente, en muchos lugares a la vez. En gran medida Internet es, como decía aquel senador de Alaska, una serie de tubos, decenas de millones de kilómetros de ellos. Hoy en Fronteras vamos a esbozar un mapa de esos tubos. 

En alguno de los servidores que aparecen en este vídeo estaba alojado este blog allá por 2009 (Barry at WordPress)

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El verdadero aspecto de la línea internacional de cambio de fecha

En una buena parte de los mapamundis y los globos terráqueos suele indicarse la Línea Internacional de Cambio de Fecha (International Date Line o IDL, por abreviar): la frontera imaginaria entre un día y el anterior. Pese a su denominación como Internacional, la IDL en realidad no es fruto de un acuerdo internacional, como sí lo es el Meridiano de Greenwich. La Conferencia del Meridiano, celebrada en Washington D.C. en 1884, fue el evento en el que se decidió tomar como referencia para la longitud (y por tanto para la hora oficial) el meridiano que pasa por el observatorio de Greenwich.  La creación del Meridiano de Greenwich o Meridiano 0 implicó automáticamente dibujar un Antimeridiano, o Meridiano 180. Ese meridiano 180 sería también la IDL, algo que venía muy bien puesto que la mayoría de su recorrido transcurre sobre el agua y cuando toca tierra lo hace sobre lugares escasamente habitados. Ahora bien: cada país es soberano para fijar su hora y fecha oficiales, así que la IDL realmente existente es la suma de las horas oficiales de todos los países y territorios que se encuentran a su alrededor y que son, cada uno de ellos por separado, los que deciden dónde y por tanto cuándo termina o comienza el día.

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