La unificación del calendario (o, dicho de otro modo, la adopción generalizada del calendario gregoriano) fue un proceso histórico de siglos de duración, que comenzó en Europa en el siglo XVI y acabó tres siglos y medio más tarde. Antes de que el calendario actual se extendiera por todo el mundo, decenas de formas diferentes de contar el tiempo convivían en todos los continentes, muchas de las cuales siguen en uso en mayor o menor medida. La unificación del tiempo tuvo una serie de consecuencias de lo más variada, pero hoy vamos a hablar de una de ellas: los días que desaparecieron.
Asia
Las paradas de autobús, el secreto inesperado de las carreteras soviéticas
Cuando uno piensa en «arquitectura soviética» lo primero que le viene a la cabeza son grises y monótonos bloques de hormigón alineados como si fueran parte de un desfile norcoreano. Pero en la felizmente extinta URSS pueden encontrarse rincones donde la creatividad se desbordaba. No en grandes palacios de congresos o mastodónticos edificios gubernamentales sino en pequeñas marquesinas de autobús dispersas aquí y allá por todo el vasto territorio del imperio soviético. El fotógrafo canadiense Christopher Herwig descubrió este fascinante microcosmos viajando en bicicleta de Londres a San Petesburgo, allá por el año 2002. Durante la siguiente década recorrió más de treinta mil kilómetros en catorce países, de Estonia a Georgia y de Moldavia a Kirguistán, buscando esas pequeñas explosiones de imaginación en las cunetas de los caminos soviéticos.
Gagra, Abjasia (Georgia)
Nuestros vecinos se llaman igual que nosotros (y III)
En Fronteras no nos tomamos las cosas con demasiada prisa. Hace casi un año que se publicaron las dos primeras partes de esta serie. Las puedes leer aquí: Uno y dos.
Oceanía
Papúa Nueva Guinea-Papúa Occidental (Indonesia)
El origen del nombre de Papúa es desconocido. Hay un par de teorías al respecto, que procedo a copiar sin ningún tipo de decoro del blog de al lado:
Ahora, el origen de [la palabra] Papúa, es bastante incierto y hay varias teorías al respecto. La primera de ellas afirma que la palabra proviene de los vocablos papo y ua en idioma tidore y que significan “unir” o “unificar” y “negación” respectivamente. Así, el nombre de la isla sería “no unida”, o en una traducción menos rígida, “territorio que geográficamente está lejos y no ha sido unificado” haciendo referencia a la imposibilidad que tuvo el Sultanato de Tidore para tomar posesión de la isla. Otra teoría afirma que la palabra Papúa podría provenir del vocablo malayo pua-pua que significa “cabello rizado”
El lector hará bien en leerse la serie completa del origen del nombre de los países en el blog del Mapache, algo que puede hacer siguiendo este enlace y todos los que encontrará en el destino. Por lo que a nosotros respecta, la isla se llamó Papúa desde su descubrimiento por parte de los colonizadores europeos, y es debido a éstos que existen dos Papúas. La isla de Nueva Guinea (nombre posteriormente dado por un español debido a las, para él, semejanzas de los nativos de la isla con los habitantes de la región africana) fue dividida en tres pedazos por los colonizadores europeos. Los Países Bajos se quedaron la mitad occidental (junto con el resto de lo que ahora es Indonesia) y la otra mitad se dividió entre Alemania y el inevitable Reino Unido. Tras la I Guerra Mundial la parte alemana quedó bajo control británico primero y australiano después, cuando la ex colonia británica recibió el mandato de la Sociedad de Naciones a tal efecto, y después de la II Guerra Mundial toda lo que hoy es la Papúa independiente quedó a cargo de Canberra, con el nombre de Territorio de Papúa y Nueva Guinea. Este territorio se independizó en 1975 y pasó a ser el país que todos conocemos.
Nueva Guinea hasta 1919
Sesenta grados sur. Las islas de la desolación
El Tratado Antártico, que entró en vigor en 1961, blinda todas las tierras emergidas al sur del paralelo 60 contra las pruebas de armamento de cualquier tipo (específicamente el nuclear, pero no sólo ese) y declara la libertad absoluta de investigación científica en todo el territorio antártico. También, ya de paso, declara a la Antártida y territorios adyacentes como Tierrra de Nadie, congelando cualquier reclamación territorial al sur del paralelo sesenta y prohibiendo reclamaciones posteriores. Además del gigantesco territorio helado cuya forma nos es tan reconocible existen unos pocos cientos de islas afectadas por el tratado. Adicionalmente, hay una serie de islas, islotes y peñascos al norte del paralelo sesenta considerados como subantárticos. Estos territorios al norte y al sur del límite del Tratado Antártico suelen ser lugares entre poco y nada habitados, con climas que oscilan entre lo desagradable y lo repugnante y con flora y fauna de lo más entretenida, además de historias convulsas y, también, interesantes. Hoy daremos una vuelta por las islas de la desolación. Bienvenidos al paralelo sesenta sur. Y alrededores.

La desaparición del sistema de enclaves más grande del mundo
Los cuatro mil kilómetros de Frontera que comparten la India y Bangladés no sólo son uno de los límites internacionales más conflictivos del mundo, sino que además también eran hasta hace unas semanas una de las fronteras más complicadas e imposibles de dibujar del planeta. El sistema de Cooch Bihar, que abarcaba casi el 80% de todos los enclaves y exclaves internacionales del mundo, fue oficialmente desmantelado el pasado 31 de julio, permitiendo a los cincuenta mil habitantes de los enclaves dejar de vivir como apátridas. En total había 163 enclaves, 24 metaenclaves (enclaves dentro de enclaves) y el único meta-metaenclave del mundo y, que se sepa, de todos los tiempos (un trozo de India dentro de Bangladés, a su vez dentro de India y a su vez dentro de Bangladés), de los que han dejado de existir todos excepto uno, que concentraba casi a la mitad de los habitantes del complejo. Es una buena noticia, que mejora la vida de decenas de miles de personas, pero es un acuerdo que llega con cuatro décadas de retraso o más.
Arriba, mapa del sistema de enclaves (clic en la imagen para ampliar). Debajo, esquema del sistema de enclaves y metaenclaves antes de su desaparición
Los ocho elementos más absurdos que se pueden encontrar en las banderas nacionales
Las banderas nacionales tal y como hoy las conocemos, representativas de un pueblo o de una nación independiente, son un producto de las revoluciones liberales burguesas del siglo XVIII y del auge del nacionalismo romántico en el siglo XIX. Son representaciones de un grupo, símbolos que subliman el sentimiento de pertenencia a la tribu consustancial al ser humano. El proceso de adopción de una bandera nacional va desde la adaptación de alguna enseña de guerra cuyas raíces se hunden en el mito y la noche de los tiempos (caso de Dinamarca) hasta la celebración de un concurso de diseño popular (casos de China y Nigeria, entre otros que podéis leer en casa del Mapache vexilólogo). Por poner un ejemplo, repasemos la historia de la bandera española, que es la que tengo más a mano. Una canción de nuestro ejército dice algo así como «Con la sangre de un patriota/ y con un rayo de sol/ hizo Dios una bandera/ y se la dio al pueblo español«. Ohhh qué bonito, lágrimas como balones de fútbol ruedan por mis mejillas antes de caer al polvo del camino. Pero mire usted, no. Ni Dios, ni patriota, ni sol ni leches en vinagre. La bandera española tiene los colores que tiene porque se ven bien desde lejos. Si en la época de Carlos III se hubieran inventado los colores flúor la bandera española se confundiría con los apuntes de un estudiante de bachillerato. Se supone que los colores, los emblemas o las insignias presentes en una bandera son alegorías de cualidades geográficas, étnicas, históricas o políticas del país al que representan. Pero es mentira. Una bandera, queridos, es un trapo de colores. Punto. Y para probarlo vamos a dar un paseo por las aberraciones presentes en las banderas nacionales del ancho mundo.
Nuestros vecinos se llaman igual que nosotros (segunda parte)
Puedes leer la primera parte de esta entrada pinchando aquí
Asia
Kurdistán (Irak)-Kurdistán (Irán)
El Kurdistán en su sentido más amplio abarca casi 400.000 kilómetros cuadrados de Irak, Irán, Siria y Turquía. Únicamente dos de esos países reconocen al pueblo kurdo de alguna manera en su organización territorial. En Irán encontramos la Provincia de Kurdistán, dentro de una región geográfica bastante más amplia, y en Irak la Región de Kurdistán, la única donde los kurdos tienen un autogobierno digno de ese nombre. El nombre de Kuridistán significa tierra de los kurdos (el sufijo -stan, del persa antiguo, significa «lugar de», y como seguro que ya sabéis aparece en el nombre de siete naciones independientes); el nombre del pueblo kurdo, a su vez, proviene del antiguo Reino de Corduene (también escrito Gordiene, Cardyene y como media docena de grafías más en cuatro alfabetos distintos). La división entre los kurdistanes iraquí e iraní proviene del tratado de Zuhab, firmado por el Imperio Otomano y Persia, el actual Irán, en 1639. El Imperio Otomano se convirtió en la Turquía contemporánea tras su derrota en la I Guerra Mundial, y Gran Bretaña recibió un mandato de la Sociedad de Naciones (el organismo precedesor de la ONU que existió entre 1919 y 1946) para administrar parte de los territorios del Imperio Otomano en oriente medio; uno de ellos fue el Mandato Británico de Mesopotamia, que resultaría en el actual Irak tras su independencia en 1932. En cuanto a las regiones administrativas actuales, la iraquí fue creada por primera vez en los años setenta tras una larga lucha de los kurdos para lograr más autogobierno, y recientemente ratificada tras la invasión norteamericana de Irak de 2003, mientras que la iraní procede de la división en los años sesenta de la provincia de Azerbaiyán, de la que, como imaginaréis, vamos a hablar ahora mismo.
Los límites oficiales de los kurdistanes iraquí e iraní
El orden de entrada en 2015, país por país
Y se acaba el año, una vez más. Se extingue 2014, amanece 2015, los caricaturistas de todo el mundo hacen la misma maldita viñeta con el año que finaliza representado por un anciano y el año que comienza personificado en un bebé, repasamos los propósitos que hicimos al iniciarse 2014 y comprobamos como hemos incumplido todos ellos, y lo que es peor, que ya por la segunda semana de febrero sabíamos que iba a ser así. Llega 2015, decíamos. Pero, obviamente, no llega a todos los lugares al mismo tiempo. De hecho hay países en los que celebrarán la entrada en 2015 mientras en otros puntos de la Tierra aún es 30 de diciembre. Y fieles a la tradición de cada año y a nuestra vocación de servicio público, y dado que ha habido cambios relevantes respecto a la situación del año pasado, vamos a repasar el orden de entrada en 2015, país por país.
Libros: los sótanos del mundo
Los sótanos del mundo. Ander Izagirre. Elea Argitaletxea, Bilbao, 2005
La literatura de viajes es un género difícil. Un viaje es emocionante, como puede atestiguar cualquiera que se haya pasado sin dormir la noche antes de la partida, las tripas reconcomidas por los nervios y la expectación, pero salvo excepciones, raramente las experiencias vividas justifican rellenar trescientas páginas con lo sucedido. Sin embargo hay algo que podemos denominar «la mirada del viajero» que convierte un viaje en muchos, porque no sólo se viaja en el espacio sino también en el tiempo. El viajero, cuando llega a un lugar, se empapa de la geografía, de la historia y de las gentes que lo habitan o que dejaron allí su huella. Y eso es lo que convierte un relato de viajes en literatura en su más amplia expresión. Es lo que ha hecho Ander Izagirre en este libro. Literatura con mayúsculas.
Allí donde se cruzan las líneas imaginarias
Una de las mejores cualidades de Internet, en su más amplia definición, es que es difícil sentirse solo. No importa cuán específica sea tu afición y cuán minoritaria puedan parecer las obsesiones de uno, siempre hay otra gente, un buen puñado de ella, con similares intereses. Este blog es un ejemplo de ello. Seis años y medio escribiendo de límites territoriales y sitios raros en mitad de la nada y cada día lo lee más gente (vamos a razón de casi cuatro mil visitas diarias, lo que supone que cada mes lee este blog casi la misma gente que en todo el primer año de vida de Fronteras ¡Viva y bravo!). Autobombo aparte, una de las consecuencias directas del enunciado anterior es que no importa cuán geek o friki seas, siempre habrá alguien mucho más geek que tú. Y las fronteras no son una excepción. Cuando empecé a escribir este vuestro blog fronterizo descubrí gente que viajaba cientos de kilómetros para recorrer un tramo de límite internacional en mitad de un bosque, o apasionados de los límites municipales. Yo mismo he hecho alguna cosa así, en realidad. Pero todos nosotros, gente como Ishosholoza, que convenció al guía de su autobús para cruzar ilegalmente la frontera del Congo, gente como Sherlock, que se juega una estancia en una cárcel rusa sólo para llamarme desde una triple frontera, o yo mismo, que estuve a punto de morir congelado mientras trataba de hallar el camino al punto más alto de los Países Bajos habiendo aparcado el coche en Alemania, todos nosotros, digo, quedamos como auténticos principiantes, pequeños aprendices, lamentables aspirantes al lado de la gente que hace el Degree Confluence Project.
¿Qué señaliza exactamente esa bandera? Luego os cuento









