Sesenta grados sur. Las islas de la desolación

El Tratado Antártico, que entró en vigor en 1961, blinda todas las tierras emergidas al sur del paralelo 60 contra las pruebas de armamento de cualquier tipo (específicamente el nuclear, pero no sólo ese) y declara la libertad absoluta de investigación científica en todo el territorio antártico. También, ya de paso, declara a la Antártida y territorios adyacentes como Tierrra de Nadie, congelando cualquier reclamación territorial al sur del paralelo sesenta y prohibiendo reclamaciones posteriores. Además del gigantesco territorio helado cuya forma nos es tan reconocible existen unos pocos cientos de islas afectadas por el tratado. Adicionalmente, hay una serie de islas, islotes y peñascos al norte del paralelo sesenta considerados como subantárticos. Estos territorios al norte y al sur del límite del Tratado Antártico suelen ser lugares entre poco y nada habitados, con climas que oscilan entre lo desagradable y lo repugnante y con flora y fauna de lo más entretenida, además de historias convulsas y, también,  interesantes. Hoy daremos una vuelta por las islas de la desolación. Bienvenidos al paralelo sesenta sur. Y alrededores.

mapa_subantartico

En realidad la Isla de la Desolación existe como tal. Dos veces, de hecho. Una pertenece a Chile y está situada en el archipiélago de la Tierra del Fuego, y está hasta habitada. La otra es propiamente antártica, la encontramos en el Archipiélago de las Shetland del Sur. Este archipiélago, situado al norte de la Península Antártica, se encuentra disputado entre tres países: los dos más cercanos (Argentina y Chile) y el inevitable Reino Unido. La disputa no impide, gracias al Tratado Antártico, que se hayan instalado hasta diecisiete bases científicas de doce países (incluyendo dos españolas que operan en el verano austral). En la mayor de las Islas Shetland, la Isla del Rey Jorge (conocida en Argentina como Isla 25 de Mayo) se encuentra una de las dos únicas poblaciones civiles estables de la Antártida: la chilena Villa Las Estrellas.

villa las estrellas

Villa las Estrellas, con su oficina de correos y todo (fuentes 1 y 2)

Correos_de_Chile_in_Antarctica

Situada a casi mil kilómetros de la población chilena más cercana (Puerto Toro), Villa las Estrellas es escala obligada para muchos de los buques y vuelos que se dirigen a la parte central de la Antártida. La población es adyacente a la Base Eduardo Frei, a la que debe su existencia, y cuenta con unos 80 habitantes permanentes, que se duplican en verano. Dispone de escuela, guardería, un banco, un pequeño supermercado, una iglesia y hasta una biblioteca. También podemos encontrar una oficina de Correos desde la que enviar una postal matasellada en la Antártida a nuestras amistades. Un hostal con ochenta habitaciones aloja no sólo a los funcionarios de viaje oficial sino también a turistas y visitantes ocasionales. Entre estos últimos se encuentran los corredores de la Maratón Antártica, que los lectores más veteranos recordarán como una de las carreras más extremas del planeta. Un sitio agradable donde vivir si no fuera por la media de 1 grado como temperatura máxima en verano. Bueno, y el aislamiento invernal, claro.

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Cartel en un rincón de la localidad de Villa Las Estrellas . El número de habitantes se va actualizando con el tiempo, como puede comprobarse en estas otras fotografías. Debajo, panel de vuelos en el aeropuerto de Punta Arenas indicando los vuelos a la Antártida. Reconocedlo. Os han entrado unas ganas locas de subiros a ese avión.(fuente de ambas fotos)

antartica flights

Prosiguiendo con la toponimia deprimente, en la región antártica también encontramos a la Isla Decepción, un islote volcánico en el Estrecho de Bansfield, lo que queda entre Tierra del Fuego y la Península Antártica. La leyenda cuenta que el origen del nombre se debe al chasco que se llevaron sus descubridores, que pensaban encontrar allí fabulosos tesoros de piratas, con sus cofres y sus alhajas y no encontraron nada más que hielo y cagadas de gaviota. Como tantas otras leyendas, es falsa. Especialmente porque el nombre en inglés de la isla (Deception) no significa decepción, sino engaño. El nombre le fue puesto por un tal Nathaniel Palmer allá por 1820, sin que se sepa exactamente por qué escogió ese toponímico.

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Ubicación y mapa de la Isla Decepción

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Decepción estuvo poblado en dos ocasiones: entre 1820 y 1825, en la que se desató una fiebre por cazar focas que básicamente llevó la la extinción del animal en la zona. y a partir de 1904 y hasta 1931, donde el animal a cazar fue la ballena. En esta segunda ocupación el Reino Unido aprovechó para reclamar la isla como propia instalando allí un pequeño ferrocarril de tracción manual, un magistrado y un servicio postal. En 1931 el mercado ballenero se hundió y la isla quedó deshabitada de nuevo. Para darle empaque a su histórica reclamación de las Islas Malvinas, Argentina decidió incluir la Isla Decepción entre los territorios a reclamar, llegando a visitarla en un par de ocasiones para plantar banderas y esas cosas patrióticas que tanto nos gustan a todos. En 1953 hasta llegaron a instalar personal en la isla para reafirmar su soberanía. Soberanía que duró exactamente hasta que a Churchill se le hincharon los carrillos y mandó a 35 infantes de marina a detener a los militares argentinos que habían acampado en Decepción. Que, por cierto, eran dos cuando llegaron los británicos. Los soldados argentinos acogieron la invasión con alivio, pues se libraban de la estancia en aquel peñasco olvidado. A dia de hoy la isla está deshabitada, pero en verano funcionan dos bases de investigación científica: la argentina Decepción y la española Gabriel de Castilla, cuya producción científica es admirable.

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Restos de las estaciones balleneras del siglo XIX, muy deteriorados por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento (fuente). En la página oficial de la isla, con la exótica extensión .aq, incluso se denuncian los grafittis que los turistas hacen en unos restos considerados monumento histórico.

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Además de las ya citadas existen otras Islas de la Desolación. Ese nombre fue el que recibió durante un tiempo lo que ahora conocemos como Archipiélago de las Kerguelen, uno de los territorios más remotos e inaccesibles del mundo, situado en el Océano Índico, a casi cincuenta grados de latitud sur. La tierra emergida más cercana está a más de 400 kilómetros. La Antártida queda a dos mil, y el lugar permanentemente habitado más próximo, a casi tres mil quinientos kilómetros. Ideal para claustrofóbicos. A pesar del tamaño del archipiélago (más de siete mil kilómetros cuadrados, casi el doble que la isla de Mallorca, o como las Canarias), de ser motañosas y de poseer fuentes de agua propias, ha permanecido deshabitada durante casi toda su historia. Quizás por el clima, húmedo, ventoso y mayormente desagradable. El archipiélago está situado en medio de la zona conocida como Roaring Forties o Cuarenta Rugientes; una zona entre los paralelos cuarenta y cincuenta sur donde vientos de 150 o 200 kilómetros por hora son normales. El estado de la mar es acorde con los vientos: fría, permanentemente picada y con gran oleaje. El paraíso sobre la tierra. Con todo y eso, allí vive gente. Entre 40 y 120 personas, todos ellos integrantes de estaciones de investigación científica o meteorológica, o familiares directos. Ninguno dura allí más de dos años.

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Ubicación y vista satelital de las Kerguelen.

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Kerguelen, ciudad de vacaciones (fuente). Debajo, vista de Port-Aux-Français, la, ejem, capital del archipiélago (fuente)

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Kerguelen Route 66

Me quito el sombrero. Me pongo de pie y aplaudo hasta que me las manos me sangran.
© Sophie Lautier / AFP

Dentro de la organización territorial francesa Kerguelen pertenece a las Tierras Antárticas y Australes, que engloban todas aquellos territorios donde no vive nadie de manera permanente. Entre ellos están, por ejemplo, los 500.000 kilómetros cuadrados de Antártida que Francia se reserva para sí cuando el Tratado Antártico sea sustituido por otra cosa, si es que eso sucede. También hay otras islas subantárticas, como es el caso de Ámsterdam y San Pablo, dos islotes separados 85 kilómetros entre sí y situados a unos 1.500 kilómetros al norte de Kerguelen, que es el lugar con vida humana más cercano. De las dos islas sólo Ámsterdam (que no se llama así por la ciudad neerlandesa sino por Nueva Ámsterdam, nombre original de Nueva York) está habitada, pero únicamente por investigadores y meteorólogos que desarrollan su labor en la más deprimente de las soledades, más algún personal militar de apoyo. Cada dos meses un barco pasa a llevar víveres y combustible y a llevarse la basura. Como la mar suele estar picada, un helicóptero traslada suministros y personas desde el barco a la isla y viceversa. La isla en sí está completamente degradada. La introducción de especies ajenas en un ecosistema tan cerrado provocó la desaparición de la flora y fauna autóctona en lo que se tarda en decir croissant. Pese a ello, su soberanía la disputan tres países: Francia, que es quien ostenta la soberanía real, Madagascar, país del que formaban parte administrativa hasta que se independizó de Francia, y Mauricio.

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Vista de la Isla de Ámsterdam (fuente). Debajo, una de las mejores señales de “tráfico” de todos los tiempos (fuente).

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The Last. Chorricorto que grabaron los investigadores de la base Martín de Viviés, el único lugar habitado de la Isla de Ámsterdam. Se aburren. Se aburren MUCHO. 

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Vistas de la base Martin de Viviès (fuentes 1 y 2)

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El tercero de los territorios subantárticos franceses en el Índico son las Islas Crozet. Están situadas unos 1.400 kilómetros al oeste de Kerguelen, y tienen muchas papeletas para ser el lugar meteorológicamente más tedioso de la Tierra. Fijémonos en la descripción del clima que facilita la Wikipedia:

De media llueve 300 días al año, y los vientos de más de cien kilómetros por hora soplan unos cien días cada año.

Qué maravilla, ¿verdad? La temperatura en invierno oscila entre cero y cinco grados, y en verano entre cinco y diez. O sea, frío, lluvia y viento todo el maldito tiempo. Hacen que el Norte de Escocia parezca un paraiso tropical. A cambio la naturaleza dotó la la isla con las condiciones idóneas para que los pingüinos se instalen cómodamente allí. Nada menos que dos millones de parejas habitan las islas, principalmente de las variedades Macaroni y Rey, propiciando estampas dignas de ser fotografiadas, con cientos de miles de pingüinos ocupando todo el espacio disponible hasta donde abarca la vista. Además de los millones de aves también hay personas, por cierto. El mismo barco que abastece a las Kerguelen y la isla de Ámsterdam visita regularmente la Isla de la Posesión, donde se encuentra la base Alfred Faure, único asentamiento habitado del archipiélago. Una muchedumbre de medio centenar de personas se amontona durante el verano, dejando a tan sólo 15 incautos para pasar el invierno en ese lugar inhóspito.

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Hora punta en la Isla de la Posesión (fuentes 1 y 2)

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Sin salir del Índico también encontramos las Islas Heard y McDonald. Se trata de un antiguo territorio británico transferido a Australia en 1947, completamente deshabitado. Como la mayoría de las islas subantárticas, el minúsculo archipiélago (350 km cuadrados) tuvo su momento de gloria en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se montó una pequeña factoría de procesamiento de aceite de foca. Hasta doscientas personas llegaron a residir simultáneamente en la isla Heard, en un horrible tugurio llamado Oil Barrel Point, donde las condiciones de vida eran tan infames que hacían parecer a los barcos esclavistas un crucero de placer. En 25 años, los que van de 1855 a 1880, la población de focas de las islas fue exterminada, y la isla volvió a quedar deshabitada. Gracias a eso, y a las campañas de exterminio de especies invasoras (ratas, gatos, cabras, etc.) las islas han desarrollado un ecosistema especial, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997. En la isla de Heard se encuentra el pico más alto de Australia. Es decir, el pico más alto de Australia no está en Australia. Como debe ser.

Heard Island

El concepto de pueblo fantasma le viene grande a la Isla Heard (© Matt Curnock)

Regresemos al sur del continente americano. Además de la disputa con Gran Bretaña por las Islas Malvinas Argentina mantiene una reclamación sobre otros dos archipiélagos: las Georgias del Sur y las Sandwich del sur, también controlados por el Reino Unido. El primero de los dos fue el escenario de la guerra más meridional de todos los tiempos: la Operación Georgias. En ella, marines argentinos tomaron el control de la principal isla del archipiélago, dejándose un helicóptero y tres vidas humanas por el camino. Los británicos las recuperarían unas semanas más tarde, siendo el primer territorio del que el Reino Unido recobró el control en la Guerra de las Malvinas.

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Ubicación de las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur. Debajo, mapa argentino de la Isla Georgia del Sur (que la toponimia argentina define como de San Pedro), que suma el 90% de la tierra emergida del archipiélago. Clic en la imagen para apreciar el detalle.

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Dejando aparte ese luctuoso episodio, la historia de las Georgias del Sur es bastante tranquila. Fueron visitadas por primera vez por James Cook, el legendario explorador inglés, a finales del siglo XVIII. Desde esa fecha y hasta mediados de los años sesenta del siglo XX todo lo que hubo en la isla fueron asentamientos balleneros, el más importante de los cuales, Grytviken, es el único que permanece medianamente activo en la actualidad. Durante seis meses al año podemos encontrar el que probablemente sea el museo más meridional del globo, el Museo de Georgia del Sur, dedicado, obviamente, a la caza de la ballena.

Museo de Georgia del Sur, establecido en 1992 en la antigua casa del director de la estación ballenera en Grytviken (fuente). Debajo, algunas fotografías de los restos abandonados de la estación ballenera noruega que funcionó hasta 1964. Fuentes: 1, 2, 3, 4

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Las Georgias del Sur son uno de los archipiélagos con mayor biodiversidad del continente americano. En sus aguas se pueden hallar casi 1.500 especies diferentes, la mayoría de ellas raras, y muchas de ellas exclusivas del archipiélago. La fauna local recibió su mayor golpe con la llegada de los balleneros a principios del siglo XIX; los barcos trajeron dos especies invasoras: las ratas y los renos. Las primeras llegaron involuntariamente en los mismos buques que los balleneros, los segundos fueron traídos desde Noruega un siglo más tarde (entre 1912 y 1925) para servir de alimento durante los largos, gélidos y grises días del interminable invierno subantártico. El resultado fue una inmensa manada de ratas comiéndose los huevos de las aves marinas y un montón de renos zampándose la vegetación de las islas. Entre 2013 y 2015 se ha llevado a cabo un exitoso proyecto de erradicación y exterminio de ambas especies, que han concluido con el regreso a las islas de especies a las que hacía un siglo o más que no se veía por allí.

cabo desengaño

Más toponimia depresiva: Cabo Desengaño (Cape Disappointment), en la isla de San Pedro (fuente)

Grytviken recibe unos 5.000 visitantes al año que pueden maravillarse con los restos abandonados de las antiguas estaciones balleneras, o, mejor aún, visitar la tumba del mítico explorador británico Ernest Shackleton, que se encuentra enterrado en el exiguo cementerio de la localidad. Comparte lugar de reposo con sesenta balleneros que fallecieron faenando en los alrededores del archipiélago. Podría pensarse que este es el cementerio más austral del mundo, pero no: hay otro unos mil doscientos kilómetros más cerca del Polo, en la isla de Buromskiy. Tampoco la iglesia más al sur del mundo está aquí, se encuentra en una estación polar rusa unos tres grados de latitud más cerca del Polo, pero la iglesia noruega de Grytviken es probablemente una de las más remotas del mundo. Para ser una isla inshóspita azotada por un clima hostil, Georgia del Sur ofrece no pocos atractivos.

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La iglesia de Grytviken (fuente

Además de reclamar territorios colonizados por Gran Bretaña, Argentina tiene una presencia muy notable en la Antártida. Nada menos que 13 bases argentinas, seis de ellas permanentes, salpican el continente blanco. Entre ellas encontramos la Base Esperanza, quizás una de las más especiales: junto con Villa Las Estrellas es el único asentamiento civil del continente blanco. Y en su caso, el único que está en el propio continente. La base fue fundada en 1952 y cuenta con numerosos récords de “australismo” (más-al-sur-de): la emisora de radio, la capilla católica, la boda religiosa, el nacimiento, la oficina del registro civil y la escuela más al sur del mundo se encuentran o se produjeron aquí.

Una imagen de la base en verano. Debajo, la capilla más austral del mundo (fuentes 1 y 2)

La presencia humana en casi todas las islas subantárticas se reduce a los últimos dos siglos, desde el principio de la era victoriana hasta hoy. En aquella época la navegación era una empresa peligrosa y el riesgo de naufragar bastante elevado. Los canales de Panamá y Suez no existían todavía y la ruta más rápida entre Europa y Oceanía y viceversa era la Ruta del Clíper, una trayectoria que descendía hasta más allá de los cuarenta grados sur para aprovechar los fuertes vientos ya mencionados como Roaring Forties. La ruta era rápida pero también muy peligrosa. No sólo está plagada de icebergs, el oleaje tiende a ser fuerte y la niebla un fenómeno común que impide la navegación a sextante, sino que la deficiente cartografía de la época provocó en más de una ocasión inesperados encontronazos con algunas islas. La suerte que les esperaba a los náufragos no solía ser demasiado buena. El desagradable clima subantártico sometía a los supervivientes a permanentes temporales de lluvia y nieve, azotados siempre por ráfagas de viento superiores a los cien kilómetros por hora. Para ayudar a los náufragos, las colonias de Nueva Zelanda decidió erigir una serie de refugios para náufragos en las islas e islotes que quedan situadas entre sus países y la Antártida. Estos refugios, cabañas donde el náufrago podía encontrar provisiones, herramientas y materiales para reparar su barco, salvaron las vidas de docenas de marinos que recalaron en alguno de los cinco archipiélagos que controla Nueva Zelanda: Snares, Bounty, Antípodas, Auckland y Campbell. Todos ellos han sido declarados patrimonio de la humanidad, y todos ellos están deshabitados. Son el tesoro menos conocido de Nueva Zelanda.

Antipodas

Refugio para náufragos en las Islas Antípodas (fuente), a ochocientos kilómetros del lugar habitado más cercano. 

Todas las islas que hemos visitado en este recorrido polar tienen algo en común, y es su aislamiento, su lejanía de la civilización. Pero hay una isla que las supera a todas en ese campo, y no es otra que la Isla Bouvet. Se trata de un islote de menos de 100 kilómetros cuadrados, carente por completo de puertos naturales, y cubierto de glaciares en casi toda su extensión. Carece de flora más allá del musgo y la fauna es la esperable: pingüinos y focas. Su particularidad es de tipo geográfico: es la tierra emergida más lejana a cualquier otra tierra emergida que hay en todo el planeta. Alrededor de Bouvet hay un círculo de 3.200 kilómetros de diámetro en el que no hay absolutamente nada más que océano, ocho millones de kilómetros cuadrados de aguas grises y hostiles. Para encontrar un ser humano hay que recorrer más de dos mil kilómetros hasta Ciudad del Cabo. No hace falta mencionar que no vive nadie allá. Ni lo ha hecho nunca. La única estancia larga conocida la protagonizó la tripulación del Norvegia, un barco noruego (obviamente) que recaló en la isla un mes, algo que sirvió para que el país escandinavo reclamara exitosamente la sogo en beranía sobre la isla. Como curiosidad, en esta isla en mitad de la más amplia de las nadas se ambienta una película atroz llamada Alien vs. Predator. Ningún sitio mejor para dejar a un grupo de personas a merced de bestias extraterrestres.

bouvetaya

Ubicación de la Isla Bouvet. Debajo, un chamizo noruego en Cabo Circuncisión (se llama así, a mí no me miréis), en 1929. Más abajo, una vista reciente de los glaciares de la isla (fuente)

Bouvet_peq

Y con la isla más aislada de la tierra terminamos ya este largo viaje por las islas subantárticas. Hay mucho mundo ahí afuera, aunque sea gris y desapacible. Si te ha gustado esta entrada probablemente también lo pases bien leyendo estas otras:

Lenin en la Antártida, sobre una estatua en mitad de la más insólita de las nadas
Un Volkswagen Escarabajo en la Antártida, sobre exactamente eso.
La tarta del Ártico, sobre el reparto territorial y de recursos en las antípodas de la Antártida
Pyramiden, la ciudad fantasma del Ártico, sobre un asentamiento soviético abandonado.
Las quince islas desiertas más grandes de la Tierra, el título lo dice todo.
El cajero automático de la Base McMurdo, el más austral de la Tierra, en Fogonazos
El escocés que se convirtió en Rey de las Islas Cocos, en Cabovolo
Un viaje a los lugares donde termina la Antártida, en Blog de Banderas

26 thoughts on “Sesenta grados sur. Las islas de la desolación

  1. Raúl 16-noviembre-2015 / 11:49 am

    Me pregunto dónde aterrizará ese vuelo con destino “Antártida”. Es como ver un vuelo anunciado en Nueva York con destino “Europa”.

  2. Sergio 16-noviembre-2015 / 1:05 pm

    Interesante artículo, acabo de descubrir el blog y tiene muy buena pinta, buen trabajo!

  3. martín donato 16-noviembre-2015 / 9:07 pm

    Estoy aplaudiendo de pie,emocionando. Eso para empezar.

    Lo segundo,es curiosisimo ver la diferencia entre el hemisferio norte y el sur.A la latitud de las Kerguelen,en Europa hay ciudades pobladísimas.

    Lo tercero,cuando has puesto las fotos de pingüinos,me vino a la mente esto:

    Cuarto,fíjate que escudo tienen las Georgias del Sur,sobre todo en que está arriba…

    Y quinto,lo de que Noruega tiene esa posesión casi al lado del polo sur muy poca gente lo sabe,has pensado en la distancia tan enorme que separa la punta más al norte de Noruega,allí en las Spitzberg de la isla Bouvet?la leche,que extraño es el mundo

    Y eso si,la conclusión final es que no vuelvo a quejarme del viento. MENUDA MIERDA DE CLIMA QUE TIENEN POR ALLI

  4. Jorge de Ory 16-noviembre-2015 / 9:39 pm

    Oye, sí que se aburren los de la base Martín de Viviés. Pero mazo, ¿eh?

    • Diego González 17-noviembre-2015 / 4:06 am

      Uno de los libros más fascinantes que he leído en mucho tiempo. Creo que lo he leído ya tres veces este año.

  5. Borja 17-noviembre-2015 / 12:56 am

    Tremenda entrada, me ha encantado….

    Ya he realizado algunos viajes basado en textos leidos en fronterasblog, como por ejemplo mi viaje a Valga-Valka, Transnistria, etc.

    Mi siguiente viaje sera a un lugar relacionado con esta entrada, pero en el hemisferio norte… en el mes mas frio, Febrero… visitare Longyearbyen, en la isla de Svalbard, que se encuentra en latitud 78°… e intentare desde ahi alcanzar el asentamiento mas al norte del Mundo, que es Ny-Ålesund.

    De momento ya tengo el permiso de armas, ya que alli por ley es obligatorio llevar un rifle… y generalmente como hay que protegerse de los osos, no se lleva un rifle cualquiera, sino uno del calibre 7.62 mm; de la entrada de la wikipedia “most commonly used for indicating a class of full power military main battle rifle (MBR)”.

    Ya te contare como ha ido e intentare hacer cuantas mas fotos mejor, el unico problema es que seran noches polares y no se vera mucho.

    Lo dicho, sigue escribiendo entradas interesantes, porque en gran parte elijo mis destinos influenciado mucho por este blog.

    Un saludo!
    B

  6. tucumano 17-noviembre-2015 / 3:09 am

    Que hermosa entrada, un sólo error, el museo mas austral del mundo esta en la base argentina orcadas, precisamente en la isla del mismo nombre.

    Hablo del museo casa moneta

    https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_Moneta

  7. Feresc 17-noviembre-2015 / 11:48 am

    Lo primero, brutal entrada, como todas las de el blog!

    Lo segundo, escribo desde el norte de Escocia donde vivo, y creo que visto lo visto me dejare de quejar constantemente del tiempo por estas tierras, como bien indicas!

    Un saludo, y a seguir asi!

  8. martincafe 17-noviembre-2015 / 3:26 pm

    Unos cuantos datos curiosos más que fuí encontrando al investigar un poco más en ellas:

    -En Heard no sólo está la montaña más alta de Australia,sino los dos únicos volcanes activos del país

    -En Kerguelen se encuentra la tumba de un soldado alemán,un tripulante de unos de esos navios corsarios que la Alemania Nazi mandó para dificultar el tráfico aliado. La llaman “”the most southerly German war grave” of World War II”

    -Kerguelen está a la misma latitud aproximadamente que Luxemburgo.De hecho,París sólo estaría un poco por debajo de ella,y Bruselas y Londres quedarían por encima.

    Si en sus 7215 km tuvieran la misma densidad de Luxemburgo,debería contar con más de un millón y medio de habitantes.

    • Samuel 18-noviembre-2015 / 9:24 am

      Hola
      Fantastica entrada en este impresionante blog
      Solo una duda
      Isla bouvet
      Por un lado pone que alrededor de ella hay un area circular de 3200 km y por otro pone que esta a 2000 km del hombre, ciudad del cabo
      Cual es el correcto??
      Gracias

      • Diego González 18-noviembre-2015 / 11:19 am

        Ambos. Los 3.200 kilómetros son de diámetro, es decir, es un círculo de 1.600 kilómetros de radio. 1.600 kilómetros es lo que hay hasta la tierra emergida más cercana, en la Antártida. ¡Un saludo!

  9. Facundo 1-diciembre-2015 / 10:52 pm

    Es increíble y fascinante a la vez la cantidad de tierras al sur de los sesenta grados… Como argentino, desde niño siempre miraba en el mapa la antártida… estaba tan cerca… y tan lejos a la vez…
    Con respecto a las Malvinas, Georgias y Sandwichs del Sur… a alguien le cabe duda que son argentinas? El colonialismo británico debe finalizarse, el derecho histórico a dichos territorios le corresponden a la República Argentina!! Además de ser el primer país en descubrir los territorios antárticos… esto se comprueba en los diarios de viajes estadounidenses al continente blanco, donde palmer relata que “siguieron a dos foqueros argentinos en aquellas desconocidas tierras australes”

  10. Álvaro Bongiovanni 9-diciembre-2015 / 3:31 pm

    Interesantísimo artículo. Una consulta: en “La esfinge de los hielos”, novela en la que Julio Verne se toma la libertad de darle un desenlace a la genial “Aventuras de Arthur Gordon Pym” de Edgar Allan Poe, se toma como punto de partida a las Islas Kerguelen, donde hay una población e incluso una posada, “El cormorán verde”. Hasta donde pude averiguar, y este artículo así lo afirma, las Kerguelen siempre estuvieron deshabitadas. No pude encontrar información sobre una población estable en ese archipiélago. ¿La dejamos entonces como una invención del enorme Julio Verne?

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