Pandemia. Cuando volvieron las viejas fronteras y aparecieron otras nuevas

Toda frontera es por definición arbitraria y en general supone una agresión al territorio donde se encuentra, un hachazo que divide el mundo en “nosotros” y “ellos”. Son necesarias y lo seguirán siendo mucho tiempo, pero no dejan de ser molestas. La pandemia provocada por el Covid-19 provocó el regreso de las fronteras internas de la Comunidad Europea, algo que no sucedía a esta escala desde mediados de los 90. Un cuarto de siglo de relajación fronteriza había propiciado una serie de facilidades limítrofes que desaparecieron de la noche a la mañana, dejando un reguero de multas, ciudadanos enfadados e historias curiosas. Repasemos algunas

Frontera francoespañola en Irún, cerrada por la crisis del Coronavirus (cortesía de Itziar Sistiaga y Virginia Gil)

El mes pasado conocimos la historia de Inga y Karsten, una pareja de octogenarios que pese a residir a apenas unos kilómetros el uno del otro tenían que verse a un lado y otro de la frontera por el cierre del límite entre Alemania y Dinamarca. No es ni remotamente el único caso parecido. Por poner un sólo ejemplo: la porosidad del límite entre Suiza y sus vecinos había facilitado las relaciones personales transfronterizas. Parejas, amigos, padres e hijos hacían sus vidas indistintamente a uno y otro lado hasta que a principios de marzo unos operarios instalaron unas verjas de obra como recordatorio de que las fronteras están ahí aún cuando no las veamos. Por toda Europa se repitió la misma escena: policías, militares o empleados de mantenimiento alzando verjas, alambradas o vulgares vallas de obra amarillentas allí donde antes sólo había una línea imaginaria de la que nadie se percataba salvo por la voz metálica del GPS avisando del cambio de país.

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Frontera cerrada entre los pueblos de Sigmarszell (Alemania) y Hohenweller, en Austria (Time)

Constanza, en Alemania, y Kreuzlingen, en Suiza, forman un único contínuo urbano. Sus habitantes hablan el mismo idioma y la economía de ambas está completamente unida. A principios de abril las autoridades suizas cerraron la frontera con todos sus vecinos, y los alemanes hicieron lo propio pocos días después. Una doble verja apareció partiendo en dos calles, parques, familias y vidas. Los días soleados, hasta cien parejas quedaban para verse en la frontera, un límite que hasta pocos días antes era completamente invisible, pero que se alzó en cuestión de horas.

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Una hija y su madre hablan desde ambos lados de la frontera sellada entre las ciudades de Constanza (Alemania, derecha) y Kreuzlingen (Suiza), el pasado mes de abril (BBC).
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Una pareja charla, cada uno en un país, a través de dos verjas fronterizas entre Constanza y Kreuzlingen (Swissinfo)
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Tras el cierre de fronteras se instaló una pequeña valla de metro y pico de alto, pero las parejas binacionales seguían haciendo lo que hacen las parejas, besarse, abrazarse y demás…
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… así que los ayuntamientos de ambos lados acordaron una segunda verja, más alta, que impidiera el contacto físico y mantuviera lo que se ha denominado “distanciamiento social”, al menos dos metros…
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… sin embargo, la cabra tira al monte, y las parejas más jóvenes no tardaron en encontrar otro lugar donde al menos poder verse de cerca y quizá lanzar al otro lado de la frontera una caricia convertida en ilegal por el Coronavirus (Blick,Life News, Time)

Una frontera es, sobre todo, el límite entre dos administraciones, el lugar hasta el que llega el Estado, donde empieza y termina su poder. Cruzarlas, por tanto, es cambiar de administración, y con ello, de legislación vigente. En general las legislaciones europeas son parecidas de forma que el turista tampoco tiene que preocuparse más allá de lo que lo haría en su propio país, pero el Coronavirus cambió eso. Para mal. Al norte de Luxemburgo existe un centro comercial llamado Knauff Shopping Centre, con otras tiendas al su alrededor, entre ellas un supermercado Aldi. No es nada especial, salvo por el hecho de que buena parte de la zona comercial está en suelo belga, incluido el aparcamiento del supermercado, cuyo único acceso, además, es a través de Bélgica. Bélgica decretó confinamiento y cierre de negocios antes que Luxemburgo, y también cerró sus fronteras. El resultado esperable fueron miles de belgas acudiendo en masa a los negocios fronterizos, pero también luxemburgueses cruzando la frontera. Según la policía federal belga, de forma ilegal, lo que supuso la expedición de unas cuantas recetas en forma de multa de como mínimo 250 euros a cualquier luxemburgués cazado en territorio del país vecino. Lo absurdo del asunto es que la frontera está enteramente sin señalizar, porque en general no hace falta, así que los multados ni siquiera eran conscientes de haber cambiado de país.

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La frontera, casi invisible, junto al centro comercial (Grenzecho). El confinamiento acabó cerrando el centro comercial durante dos semanas hasta su reapertura el pasado lunes 11 de mayo.

No menos surrealista fue la situación que se dio a cien kilómetros de allí, en el otro extremo del país. Rumelange es una comuna de cinco mil habitantes limítrofe con Francia, en el sur del país. Los requiebros de la frontera hacen que se dé una de esas situaciones que nos gustan tanto a los geotrastornados, La Rue des Martyrs de Rumelange tiene una acera luxemburguesa y otra francesa. En la francesa hay un parque llamado de la Fenderie, que está rodeado por tres de sus cuatro lados por la frontera, así que es usado masivamente por los residentes en Luxemburgo. Pues hasta allí se desplazó la Gendarmerie. Las normas de confinamiento francesas prohibían el uso de parques, así que no fueron pocos los estupefactos habitantes del Gran Ducado que se encontraron con una bonita multa por infringir la cuarentena al cruzar la calle para ir al parque. Lo más irónico del asunto: el mantenimiento del parque lo pagan los ciudadanos de Rumelange, no los de Ottange, en cuyo término municipal (francés) se encuentra el parque.

Los lectores más veteranos de este rincón de la red recordarán el poblado fronterizo de El Pertús. Se trata de una localidad hispanofrancesa en la que la frontera la marca un arroyuelo enterrado hace décadas bajo el asfalto de la calle principal, que por esa razón es binacional; la mitad de la calle es la Rue de France y la otra, la Avinguda de Catalunya. Con las fronteras cerradas cruzar de Francia a España o viceversa requería de un buen motivo, pero El Pertús tiene una particularidad: está íntegramente más allá de la aduana española. La mayoría de las tiendas podían abrir incluso en los momentos más duros del confinamiento, porque los estancos, supermercados y gasolineras se consideraron esenciales, y eso es lo que hay mayoritariamente en el lado español del pueblo. Así que se han formado larguísimas colas de franceses esperando para comprar tabaco a mitad de precio. Para mayor diversión, las colas se formaban en Francia, porque en la acera la Policía Nacional española obligaba a mantener la separación, pero la calzada, ya territorio francés, quedaba fuera de su jurisdicción. Surrealista, ¿verdad?

Colas de ciudadanos franceses en la calzada de la calle principal de El Pertús. La acera es España, los coches están aparcados en Francia; hay parquímetros sólo en la acera más lejana por esa razón (La Vanguardia)

Nos vamos a otro de esos viejos conocidos de esta esquina fronteriza de Internet. Rio de Onor y Rihonor de Castilla son los nombres que recibe un único pueblo dividido entre las provincias de Zamora, en España, y el Concelho de Braganza, en Portugal. Portugal y España cerraron sus fronteras a mediados de marzo en lo que supuso un golpe durísimo para la economía de algunos lugares, y un enorme disgusto para los habitantes de los dos lados del pueblo, que dependen uno del otro, y que cuentan con no pocas familias que viven en un lado y trabajan en el otro. Después de serias protestas y momentos de tensión entre los ganaderos y agricultores de uno y otro lado y las policías de ambos países, se alcanzó el acuerdo de abrir parcialmente la frontera entre los dos pueblos para dejar pasar tractores. Al fin y al cabo el número total de contagiados en uno y otro lado del límite internacional era de exactamente cero.

Frontera entre Rihonor y Rio de Onor, cerrada por el Coronavirus (La Opinión de Zamora)

Nos quedamos en España. El pasado 2 de mayo, después de un mes y medio de cuarentena más o menos estricta, empezó la fase de desconfinamiento. El ritmo de relajación de las medidas extraordinarias no será el mismo en toda la geografía del país, al igual que no lo ha sido hasta ahora la incidencia del virus. En la mayoría de los casos la unidad de medida para el desconfinamiento es la provincia, algo que sobre el papel parece bastante sensato, y de hecho lo es, pero no deja de tener sus disfuncionalidades. Pongamos el caso de Ventorros de Balerna, una aldea de ciento cincuenta habitantes entre las provincias de Córdoba y Granada. La primera de las provincias pasó a la fase 1, que permite reuniones de hasta 10 personas y terrazas en los bares, pero la segunda continúa en la fase 0. La movilidad entre provincias en distintas fases está terminantemente prohibida, lo que sobre el papel supondría que la mitad del pueblo no podría cruzar al otro lado de la calle Límite, que, como puede deducirse por su nombre, marca la frontera entre las dos provincias.

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Dos vecinos de Ventorros de Balerma, uno en cada provincia (Nius)

No es el único caso. Pozo de la Higuera es otra pequeña pedanía dividida, en este caso entre las provincias de Almería y Murcia. Está situada, por tanto, en dos comunidades autónomas distintas. Sin embargo, es un único núcleo de población, en el que el supermercado y los bares están en un lado, el almeriense, teóricamente inalcanzable para los vecinos murcianos de la localidad. Al menos en esta ocasión ambos lados de la raya están en la misma fase, lo que debería facilitar las cosas. O al menos no complicarlas más.

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Residentes el el Pozo de la Higuera señalan el cartel que indica el cruce interprovincial en una de las calles del pueblo (Diario de Almería)

El campeón del surrealismo limítrofe, sin la menor duda, es Raúl Quiroga. A sus 77 años, le tocó pasar el confinamiento en un caserón rural propiedad de su familia, que tiene una peculiaridad: está dividida entre las provincias de Lugo y León. Y esas dos provincias también están en fases distintas: Lugo en la 1 y León en la 0. Si entra a su casa desde la carretera, se encontrará en Galicia, pero si sale al huerto, ya estará en la región leonesa. Según la legislación vigente, ni siquiera podría cruzar de un lado a otro de su casa, no digamos ya salir de ella por el lado que no toca.

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Raúl Quiroga entrando a su casa por la fase 0, dispuesto a salir por la fase 1 (El Progreso)

Fuentes, más info y demás: Luxemburger Wort (2), La Vanguardia, El Diario, La Opinión de Zamora (2, 3), El Día de Valladolid, Swissinfo, BBC, The Jakarta Post, Nius Diario, El Progreso de Lugo, Diario de Almería.

Agradecimientos: Itziar Sistiaga, Virginia Gil, Laura Zornoza, Carles Malcontent, Gulnyc.

Sobre Coronavirus y fronteras ya hablamos en una entrada dedicada a la capital no oficial de este blog: Baarle, cuando puedes abrir sólo media tienda.

10 respuestas a “Pandemia. Cuando volvieron las viejas fronteras y aparecieron otras nuevas

  1. virginia gil 14-mayo-2020 / 3:17 pm

    Gracias por este artículo, Diego. ¡Qué pena de fronteras! Un abrazo

  2. Pepitox 14-mayo-2020 / 3:32 pm

    Los franceses en El Pertús… y también en las ventas de Navarra.

  3. Marcelo 15-mayo-2020 / 1:37 am

    Que buena estrada Diego. Saludos desde Argentina !

  4. Chicxulub Kukulkan 15-mayo-2020 / 1:47 am

    Hola Diego.

    Aquí en México también fue un soberano merequetengue.

    La Zona Metropolitana del Valle de México comprende, en su mayor parte, los territorios de la Ciudad de México y el Estado de México. El Estado de México decretó medidas de “confinamiento” mucho antes de que lo hiciera la Ciudad de México. Y, como algunas secciones del límite entre ambas entidades están delimitadas por calles de fácil acceso, ya te imaginarás cómo estuvo la movilidad entre ambas jurisdicciones.

  5. fernando 16-mayo-2020 / 4:31 pm

    Muy buena entrada.
    Demostrando que las “fronteras” pueden llevar a absurdos sociales.

  6. tucumano 17-mayo-2020 / 6:42 pm

    cuanta actualidad, cuantas historias.
    Ojala que la UE salga fortalecida de todo esto

  7. Juan Carlos Muñoz 20-mayo-2020 / 10:01 am

    Soy de Fresno de Torote, que también tenemos un trozo de otra provincia, de Guadalajara, en nuestro término municipal… y técnicamente hablando no podemos pasear por la laguna que tenemos, porque está en fase I y nosotros en fase 0, o 0.5…Ainsh…Me temo que he incumplido la legalidad con mi pié derecho…

  8. guillergalo 21-mayo-2020 / 7:04 pm

    Pienso en Raúl Quiroga con sus límites en la demarcación legal, no se si se sienta partido en dos cuando sobrepasa aquella circunstancia, no sé si sus tripas se revuelcan entre Lugo y León, quizá su mente vaga en el universo y esos límites se diluyan como un mapa entre el agua.

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