La noche del 8 de octubre de 1871 fue, con toda probabilidad, una de las peores de la historia de la por entonces joven nación estadounidense. En un periodo de apenas unas horas, y sin aparente conexión entre sí, media docena de descomunales incendios azotaron las orillas de los lagos Míchigan y Hurón, provocando una enorme mortandad y calcinando hasta los cimientos docenas de pueblos. El más conocido de ellos fue el incendio de Chicago, que redujo a cenizas diez kilómetros cuadrados de ciudad y dejó sin hogar a casi un tercio de sus trescientos mil habitantes, además de matar a tres centenares de personas. Sin embargo, el incendio más letal no se produjo en el centro de una ciudad llena de gente sino en un remoto bosque apenas habitado. Dos mil personas murieron en el incendio de Peshtigo, un pueblecito maderero de Wisconsin, una tragedia que casi siglo y medio más tarde todavía figura como el incendio con mayor número de víctimas de la historia de Estados Unidos. La explicación a por qué un incendio forestal pudo dejar semejante reguero de cadáveres en media docena de localidades diferentes es un fenómeno que en inglés se conoce como firestorm: la tormenta de fuego.
Autor: Diego González
Dos milenios de demografía en cinco minutos
World Population. Youtube, 5:46
En este impresionante vídeo podéis ver el crecimiento de la población desde el año 1 hasta el 2050 de nuestra era. Resulta esclarecedor hasta qué punto la zona más poblada del mundo ha sido siempre el sudeste asiático, especialmente la India y la fachada marítima de China, que desde hace al menos veinte siglos concentran un tercio o más de todos los habitantes de la Tierra (y por esa razón hay más gente dentro del círculo que fuera). Hay eventos especialmente llamativos, como la Peste Negra del siglo XIV, que provoca la extinción de numerosos puntos amarillos en toda Europa (y cada punto es un millón de personas). Mirando el contador, también resulta impresionante, casi aterrador, la velocidad a la que se suceden los miles de millones (billions, en inglés): tardamos más de dieciocho siglos en llegar a ser mil millones, y otro siglo más hasta llegar a los dos mil. Pero en el siglo siguiente la población ha aumentado en cinco mil millones de personas, hasta los más de 7.200 millones que somos a día de hoy. Ni siquiera las dos guerras mundiales, con sus noventa millones de muertos entre las dos suponen un hecho relevante ante el crecimiento desbocado de la población mundial. Y esto no ha acabado. Las previsiones para las próximas tres décadas muestran un mundo de nueve mil millones de habitantes, mil millones de ellos en África.
Más en World Population History, donde podréis encontrar un gráfico interactivo ideal para pasar el rato.
Vía Microsiervos.
Cómo conducir tu coche sobre el agua
En este blog hemos hablado muchas veces de carreteras. Hemos recorrido caminos letales en Bolivia, avistado solitarias lenguas de asfalto en China o Argelia, hollado senderos infinitos en la vastedad inmensa del norte de Canadá y, por supuesto, hemos jadeado sedientos en los agrietados y resecos caminos australianos. También visitamos toda la longitud de la Nacional 340, la carretera más larga de España, en una serie de entradas igual de larga. Sirva esta introducción pletórica de autobombo y enlaces a mi propio blog para demostrar mi afición a los caminos y al asfalto. Ahora bien, hasta ahora nunca habíamos encontrado una carretera sobre el agua. Hemos cruzado algún puente sobre ella, pero siempre como algo accesorio, accidental, porque no hay más remedio. Lo que hoy vamos a ver son carreteras en las que el agua no es un accidente, sino el camino. No os abrochéis los cinturones para este viaje, las autoridades aconsejan no hacerlo. Por si nos hundimos.
Este puente siguiendo el curso de un río existe, está en China y mide cuatro kilómetros de largo. Pero no es de puentes de lo que vamos a hablar hoy
El verdadero tamaño de los países
Todos sabemos lo detestable que es la proyección de Mercator. Sólo hay una más detestable y es la proyección de Gail-Peters, pero esa es otra historia. La proyección de Mercator, pese a sus deficiencias, es extremadamente útil a la hora de utilizarla en navegación y para generar mapas interactivos; sin ir más lejos es la que usa Google Maps. Pese a ello, es horrible por la manera en que deforma los territorios situados en los extremos norte y sur del mapamundi, haciendo que Groenlandia parezca titánica. Bueno más titánica de lo que ya es. Para hacernos una idea de las deformaciones, nada como superponer las siluetas de los países. Y para hacerlo, nada mejor que TheTrueSize.com, una bonita aplicación sobre Google Maps que nos permite trasladar alegremente un país con todos sus habitantes al territorio de otro y comprobar el resultado, y que descubrí ayer trasteando en los Mapas de Milhaud, cuyo seguimiento feisbuquil os recomiendo encarecidamente. El caso más flagrante siempre es Groenlandia, que parece tener el tamaño de África, cuando es unas catorce veces menor. Pero también Escandinavia, Rusia, Alaska o Canadá ven incrementada su enormidad por la proyección geográfica. A continuación algunos ejemplos:
Así se ven Groenlandia y África en Google Maps. Debajo, las proporciones reales
Saquen esa Union Jack de mi bandera
La larga, profusa y extensa historia colonial británica ha dejado un reguero de símbolos por todos los países que formaron parte del Imperio hasta el siglo XX, desde la conducción por el lado equivocado hasta la monarquía, pasando, en algunos casos, por la presencia de la Union Jack en las banderas locales. Podemos encontrar el estandarte británico en las enseñas del estado norteamericano de Hawái, las provincias canadienses de Manitoba, Columbia Británica y Ontario, o la mayoría de los estados australianos. Y, como los lectores más asiduos y fieles de este su blog fronterizo sin duda ya sabrán, la insignia del Reino Unido forma parte integral de las banderas nacionales de cuatro estados independientes: Tuvalu, Australia, Nueva Zelanda y Fiyi. Estos dos últimos países se han embarcado en los últimos tiempos en un proceso que quizás culmine con dos nuevas banderas en las que no figure en una esquina el emblema del país que colonizó aquellos territorios. ¿Y cuáles serán estas nuevas banderas? ¿En qué se basa un país para inventarse una nueva bandera después de décadas usando otra? A eso vamos.
Las banderas de Australia, Nueva Zelanda, Tuvalu y Fiyi, con su emblema británico en el cantón.
Los ocho elementos más absurdos que se pueden encontrar en las banderas nacionales
Las banderas nacionales tal y como hoy las conocemos, representativas de un pueblo o de una nación independiente, son un producto de las revoluciones liberales burguesas del siglo XVIII y del auge del nacionalismo romántico en el siglo XIX. Son representaciones de un grupo, símbolos que subliman el sentimiento de pertenencia a la tribu consustancial al ser humano. El proceso de adopción de una bandera nacional va desde la adaptación de alguna enseña de guerra cuyas raíces se hunden en el mito y la noche de los tiempos (caso de Dinamarca) hasta la celebración de un concurso de diseño popular (casos de China y Nigeria, entre otros que podéis leer en casa del Mapache vexilólogo). Por poner un ejemplo, repasemos la historia de la bandera española, que es la que tengo más a mano. Una canción de nuestro ejército dice algo así como «Con la sangre de un patriota/ y con un rayo de sol/ hizo Dios una bandera/ y se la dio al pueblo español«. Ohhh qué bonito, lágrimas como balones de fútbol ruedan por mis mejillas antes de caer al polvo del camino. Pero mire usted, no. Ni Dios, ni patriota, ni sol ni leches en vinagre. La bandera española tiene los colores que tiene porque se ven bien desde lejos. Si en la época de Carlos III se hubieran inventado los colores flúor la bandera española se confundiría con los apuntes de un estudiante de bachillerato. Se supone que los colores, los emblemas o las insignias presentes en una bandera son alegorías de cualidades geográficas, étnicas, históricas o políticas del país al que representan. Pero es mentira. Una bandera, queridos, es un trapo de colores. Punto. Y para probarlo vamos a dar un paseo por las aberraciones presentes en las banderas nacionales del ancho mundo.
Nuestros vecinos se llaman igual que nosotros (segunda parte)
Puedes leer la primera parte de esta entrada pinchando aquí
Asia
Kurdistán (Irak)-Kurdistán (Irán)
El Kurdistán en su sentido más amplio abarca casi 400.000 kilómetros cuadrados de Irak, Irán, Siria y Turquía. Únicamente dos de esos países reconocen al pueblo kurdo de alguna manera en su organización territorial. En Irán encontramos la Provincia de Kurdistán, dentro de una región geográfica bastante más amplia, y en Irak la Región de Kurdistán, la única donde los kurdos tienen un autogobierno digno de ese nombre. El nombre de Kuridistán significa tierra de los kurdos (el sufijo -stan, del persa antiguo, significa «lugar de», y como seguro que ya sabéis aparece en el nombre de siete naciones independientes); el nombre del pueblo kurdo, a su vez, proviene del antiguo Reino de Corduene (también escrito Gordiene, Cardyene y como media docena de grafías más en cuatro alfabetos distintos). La división entre los kurdistanes iraquí e iraní proviene del tratado de Zuhab, firmado por el Imperio Otomano y Persia, el actual Irán, en 1639. El Imperio Otomano se convirtió en la Turquía contemporánea tras su derrota en la I Guerra Mundial, y Gran Bretaña recibió un mandato de la Sociedad de Naciones (el organismo precedesor de la ONU que existió entre 1919 y 1946) para administrar parte de los territorios del Imperio Otomano en oriente medio; uno de ellos fue el Mandato Británico de Mesopotamia, que resultaría en el actual Irak tras su independencia en 1932. En cuanto a las regiones administrativas actuales, la iraquí fue creada por primera vez en los años setenta tras una larga lucha de los kurdos para lograr más autogobierno, y recientemente ratificada tras la invasión norteamericana de Irak de 2003, mientras que la iraní procede de la división en los años sesenta de la provincia de Azerbaiyán, de la que, como imaginaréis, vamos a hablar ahora mismo.
Los límites oficiales de los kurdistanes iraquí e iraní
Irse a Tomar por Culo. Definición geográfica
Y no, no es una coña…
Lo ví en el Tuíter de @Proscojoncio y no pude resistirme. Ahora podéis indicarle a alguien vuestro radical desacuerdo con una elegancia y una precisión geográfica exquisitas. También disponible su versión menos malsonante: A Tomar por Saco.
Previamente, en Fronteras: Ir de Repente a Kagar, y 25 pueblos que deberían cambiar de nombre pero ya (Quince aquí y diez más acá)
El orden de entrada en 2015, país por país
Y se acaba el año, una vez más. Se extingue 2014, amanece 2015, los caricaturistas de todo el mundo hacen la misma maldita viñeta con el año que finaliza representado por un anciano y el año que comienza personificado en un bebé, repasamos los propósitos que hicimos al iniciarse 2014 y comprobamos como hemos incumplido todos ellos, y lo que es peor, que ya por la segunda semana de febrero sabíamos que iba a ser así. Llega 2015, decíamos. Pero, obviamente, no llega a todos los lugares al mismo tiempo. De hecho hay países en los que celebrarán la entrada en 2015 mientras en otros puntos de la Tierra aún es 30 de diciembre. Y fieles a la tradición de cada año y a nuestra vocación de servicio público, y dado que ha habido cambios relevantes respecto a la situación del año pasado, vamos a repasar el orden de entrada en 2015, país por país.
Nuestros vecinos se llaman igual que nosotros (primera parte)
Las fronteras son líneas imaginarias cuya traslación al mundo real puede ir desde una línea sobre el asfalto de un carril bici hasta una muralla de cientos de kilómetros de largo custodiada por soldados armados hasta los dientes. En cualquier caso, toda frontera es una agresión, es una división artificial cuyo absurdo es sólo superado por su necesidad. Una línea trazada sobre un mapa divide el mundo entre nosotros y ellos, entre aquí y allí. Pero en muchas ocasiones, aquí y allí son lo mismo, un todo que, por circunstancias de la historia y la política, ha devenido en pedazos separados por una o varias líneas. Cuando eso sucede, sin embargo, la toponimia puede ser empecinada y recordarnos que a ambos lados de la raya la realidad es la misma. Y esto es lo que vamos a ver hoy: lugares, regiones, provincias, países que por esos caprichos que tienen la historia y la geografía, se llaman exactamente igual a uno y otro lado de la frontera internacional.
Hoy vamos a ir más allá de esto Seguir leyendo

![china-overwater-highway-6[6]](https://fronterasblog.com/wp-content/uploads/2015/07/china-overwater-highway-66.jpg?w=636)







