Ubari, los lagos del mar de arena

El Mar de Arena de Ubari no se llama así por casualidad. Es una extensión de dunas del tamaño de Lituania donde nunca llueve y nada puede crecer. Decenas de miles de kilómetros con un único asentamiento, la ciudad que le da nombre a esa sección del Sáhara, y que es también la ciudad más meridional de Libia. Lo cual tiene su mérito porque hay literalmente cientos de miles de kilómetros cuadrados de territorio libio más al sur. Pero es lo que tienen los desiertos, que están ídem. Son solo arena y sol, salvo cuando de repente, sin motivo alguno, aparece un lago en el fondo de una duna, rodeado de cantidades ingentes de nada en absoluto. Es aún más asombroso cuando hay veinte de ellos, esparcidos a decenas de kilómetros los unos de los otros. Hoy, en Fronteras, los lagos de Ubari

Una lágrima cayó en la arena, ay en la arena cayó una lágrima (WML)

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Viaje a todos los Chipres. Capítulo 4: La ciudad fantasma

Tierra de Nadie | Los vestigios de la metrópoli | El país que no existe

Los balcones del hotel se asoman a la playa. Decenas de cuadrículas idénticas repartidas en las doce plantas de la torre disfrutan de unas inmejorables vistas sobre el mar Mediterráneo. Bajo ellas, las sombrillas, los pedalos y la arena fina completan una postal idílica de unas vacaciones estivales. Salvo por el detalle de que hace más de medio siglo que nadie se asoma al balcón, ni en ese edificio ni en cualquiera de los centenares de ellos que hay esparcidos a lo largo de kilómetros y kilómetros de playa. Lo que en julio de 1974 era uno de los mayores complejos vacacionales de Europa, en agosto de ese mismo año se convirtió en la ciudad abandonada más grande del mundo. Y así ha mantenido durante, por ahora, cincuenta y dos años.

Είμαι θρύλος. O sea, Soy leyenda.

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San Pedro y Miquelón, el último reducto de Francia en América del Norte

El verano de 1948 fue intenso y acalorado en la isla de Terranova, al menos en lo político. Junto con un buen pedazo de la Península del Labrador, los habitantes del llamado Dominio de Terranova votaron dos veces para escoger su futuro. Podían decidir quedarse como una parte más del Imperio Británico, declarar la independencia o unirse a la confederación, es decir a Canadá. Escogieron la tercera opción y Terranova y Labrador es hoy la décima provincia canadiense. Terranova es la cuarta isla más grande de Canadá y la décimo sexta del mundo, pero justo al lado de sus cien mil kilómetros cuadrados de superficie, a menos de veinte kilómetros de sus costas, dos islas no votaron en aquellos plebiscitos. No eran parte de Canadá ni tampoco del Imperio Británico, y hoy siguen sin serlo. Es la minúscula comunidad de San Pedro y Miquelón, cinco mil habitantes que son los últimos franceses de Norteamérica.

La bandera de San Pedro y Miquelón es una pesadilla para cualquier vexilólogo, pero no hemos venido a juzgar a nadie, ¿vale?

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