Cómo unos perros salvaron salvaron cientos de vidas: La carrera del suero a Nome

En enero de 1925 se desató el pánico en la pequeña localidad de Nome, en el despoblado noroeste de Alaska. Fueron detectados varios casos de difteria tanto en el pueblo en sí como en los pequeños asentamientos inuit de los alrededores. Por aquel entonces ya existía tratamiento y en una situación normal un brote similar no hubiera supuesto un problema excesivo, pero es que la situación era cualquier cosa menos normal. Sin apenas médicos o personal sanitario, alejados cientos de kilómetros de cualquier otro lugar habitado, y prácticamente sin la menor posibilidad de salir de allí hasta que acabara el invierno, una epidemia era lo más parecido al descenso del Ángel Exterminador.

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Mi patria chica es un continente. Las entidades subnacionales más grandes de la Tierra

Todos sabemos que el país más grande del mundo es la Unión Soviética, o lo sabíamos hasta que Gorbachov trajo esa cosa rara de la Perestroika y la cosa se le fue de las manos. El heredero principal de aquel imperio, la Federación Rusa, es el Estado independiente más grande del mundo, con una superficie que casi dobla a los dos siguientes (Canadá y Estados Unidos, o China, según se cuenten o no algunas reclamaciones territoriales chinas). Pero salvo el caso Vaticano, todos los estados independientes tienen su organización territorial, grande o pequeña (en el caso de Nauru o San Marino más bien lo segundo), y en algunos casos las provincias o territorios que suponen el primer nivel de la división administrativa de un país son mucho más grandes que la mayoría de los países del mundo. Y de eso va la entrada de hoy.

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Diez pueblos con exactamente un habitante

En El disputado voto del Señor Cayo, el enorme Miguel Delibes contaba la historia de cómo tres miembros de un partido político buscan votos en la España más rural. Eran los setenta, las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. En uno de esos pueblos castellanos pasto del olvido se encuentran con el Señor Cayo; uno de los dos únicos habitantes que quedan en el lugar, que además no se habla con el otro. El contraste entre los jóvenes militantes, modernos, urbanitas y concienciados y el casi anciano lugareño y su forma sencilla de ver la vida es el hilo conductor que da forma a la novela. El señor Cayo era un resistente, una rémora destinada a desaparecer, como su propio pueblo. Treinta años después siguen existiendo lugares así. Hoy, en Fronteras, pueblos con exactamente un habitante.

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Los quince territorios más despoblados de la Tierra

En algún momento de los últimos meses la Tierra alcanzó los siete mil millones de habitantes, una cifra que multiplica más o menos por cuatro la que había cuando se hundió el Titanic, y por dos la cifra de de 1970. El planeta se llena y va a seguir haciéndolo en las próximas décadas, pero la distribución de la población no es ni remotamente equitativa por la superficie terrestre. Hay zonas donde es imposible dar un paso sin pisar a alguien (pongamos las piscinas públicas de Tokio o el Metro de Barcelona) y territorios donde podrías caminar semanas sin ver una sola persona. Territorios vacíos, o casi, zonas vírgenes, desoladas, completamente ajenas al trajín humano. El paraíso para cualquier misántropo. Hoy, en Fronteras, los territorios más despoblados del planeta Tierra.

No, si mal no se vive, lo malo es cuando me quedo sin tabaco o tengo que ir a pedirle sal al vecino

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A diez mil kilómetros de casa y sin embargo en casa

Cuando uno estudia geografía por primera vez, le enseñan los países como algo consolidado, sólido, con unos límites definidos, que se sabe dónde empieza y dónde acaba. Uno no piensa que se puede encontrar en un determinado país y a la vez estar a diez mil kilómetros del mismo país. Las naciones y las fronteras, como toda construcción humana, distan mucho de ser algo perfectamente definido y definible, y a veces hay islas que forman parte de un país pero a la vez están a dos continentes de distancia. Y eso es lo que vamos a ver hoy, queridos lectores. Cómo pisar Francia sin acercarse a Europa, o como estar en el Reino Unido y a la vez en América.

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Esto es Francia. En serio.

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (I)

El anuncio titulado «Mano«, de la agencia SCPF para BMW, es probablemente uno de los mejores y más recordados de la pasada década. Expresa perfectamente la idea de conducción placentera, tranquila, agradable, una conducción que se disfruta. Esa clase de conducción que no tenemos cada día, cuando normalmente subirse al coche significa atascos, semáforos, humos y, muchas veces, mal humor. Esa clase de conducción de la que se disfruta especialmente en carreteras con poco tráfico, donde cruzarse con otro viajero se celebra casi como un acontecimiento. Hoy, en Fronteras, las carreteras más solitarias de la Tierra (primera parte).

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Carretera en el Valle de la Muerte, California (© Jim Dollar)

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Tienes todo el campo del mundo para correr (o mi pueblo es más grande que tu país)

¿Cuál es la ciudad más grande del mundo? Depende de lo que entendamos por grande y por ciudad. El municipio con más habitantes es Shangai, aunque el área metropolitana más poblada es la de Tokio, con 32 millones de habitantes. Ahora bien, reformulemos la pregunta: ¿cuál es la ciudad, municipio o pueblo más extenso del mundo? Dentro de lo complicado que resulta definir qué es un municipio, en Fronteras nos hemos tomado la molestia de reunir a los mayores municipios del planeta y ponerlos unos junto a otros. Y, la verdad, es que hay pueblos verdaderamente inmensos, lugares donde ir al pueblo de al lado supone casi tanto recorrido como ir al continente de al lado; municipios tan grandes como países (y no precisamente como San Marino) y, en general, lugares absolutamente desconocidos, desmesuradamente enormes y, en ocasiones, completamente vacíos. Con todos ustedes, los pueblos más absurdamente grandes del planeta.

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Los límites administrativos de una población no suelen coincidir con el final de la zona urbanizada (afortunadamente). Sin embargo hay casos extremos en los que el límite del término municipal se encuentra a decenas o incluso centenares de kilómetros del pueblo propiamente dicho.

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Las islas del fin del mundo y el Telón de Hielo

En los días que precedieron al vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín se habló mucho del Telón de Acero, de su condición de frontera entre dos mundos, el capitalista y el comunista, entre dos bloques, la OTAN y el pacto de Varsovia, entre dos concepciones de la vida y la libertad, con todos los matices que se quieran. Apenas se ha hablado, sin embargo, del descongelamiento de la que era la única frontera directa entre las dos superpotencias que ejercían de líderes de sus respectivos bloques, Estados Unidos y la Unión Soviética. En el límite entre el Océano Glacial Ártico y el Pacífico se encontraban, y se encuentran, dos islotes, uno perteneciente a cada superpotencia, y separados tan sólo por un brazo de mar de apenas tres kilómetros de ancho. En un mundo donde los misiles intercontinentales amenazaban con recorrer miles de kilómetros de un lado al otro del mundo, uno y otro país podían atacarse casi a pedradas cada uno desde su propio territorio. Entre los dos islotes discurría una línea invisible y amenazadora, que dada su situación sólo podía denominarse de una manera: El Telón de Hielo.

El Estrecho de Bering, con EE.UU. a la derecha y Rusia a la izquierda. Entre medias, las islas Diómedes.

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Aterrizar en un palmo

Para ser piloto en Alaska hace falta estar hecho de una pasta especial, además de poseer una habilidad fuera de lo común y una avioneta con unas ruedas enormes. En un país a medio hacer, donde casi cada pueblo tiene su aeródromo, y cuando uno se pierde lo hace pero a lo bestia, las habilidades de pilotaje que se le exigen a uno incluyen aterrizar en cualquier parte; en un lago, en mitad del campo, en la nieve o, como en el caso que nos ocupa, en un pedrusco. Loni Habersetzer, un experimentado instructor de Bush Pilots alaskeños consigue aterrizar y despegar su avioneta en el mismo espacio que necesitaría para aparcar un Ford Focus. Espectacular.

(Via Landing Short, donde hay más vídeos chulos para aerotranstornados)

Freaktoponomics (II)

Hablábamos hace un par de días de Aa, Estonia (y también de Ee, Ii, y Oô). Los nombres de estos pueblos, además de ser harto curiosos, tienen una cualidad que los hace, si cabe, más especiales. No, no se trata de que puedan ser pronunciados aún careciendo de lengua, o que leer todos sus nombres de manera consecutiva le haga parecer a uno un lunático. Son palíndromos, palabras que se leen igual del derecho que del revés. Lo que viene llamándose capicúa, vaya. ¿Hay muchas localidades capicúas en el mundo? Unas cuantas. Además de estas cuatro, encontramos, por ejemplo, Tát y Tét en Hungría, La Sal en el estado americano de Utah, Hannah (y su hermana), también en EE.UU, Neuquén, en Argentina, Qaanaaq, en Groenlandia (el palíndromo más septentrional), o Akasaka, en Japón.

 

Letrero en Qanaaq (click para ampliar)
Letrero en Qaanaaq, al noroeste de Groenlandia, mil doscientos kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, y a 1.400 kilómetros del Polo Norte. 600 personas viven en el capicúa más al norte de la Tierra.

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