Para los no iniciados, Carl Cox es una leyenda dentro del mundo de la música electrónica. Nacido en Inglaterra en 1962, a finales de los noventa era considerado unánimemente uno de los mejores DJs del mundo, si no el mejor. La revista DJMag le había colocado en lo alto de su famosísimo Top100 en 1996 y en 1997, y en el segundo escalón del podio los dos años siguientes. La nochevieja de 1999 se recordará por muchas cosas, especialmente por la fiebre del milenio y por el pánico al Efecto 2000, pero para Carl Cox fue la interminable noche de en que celebró fin de año dos veces: una en Sídney y otra en Honolulu. La noche de los dos milenios.
El año 2000 marcó el inicio de la popularización de las gafas de fin de año ridículas. La tendencia debió terminar obligatoriamente en 2009 y, en todo caso, vivir un pequeño retorno en 2020 aprovechando los dos ceros, pero contra todo pronóstico han existido gafas tan innecesarias como las de 2017 o 2024 (Michael Fenichel)
Calle Aragón. Avenida de Segovia. Camino de Talavera. Callejón de Tarragona. Calle Madrid. Cuesta de Pamplona. Plaza de Granada. Puede parecer el callejero de una urbanización de extrarradio a las afueras de una capital de provincia, o el noménclator de un juego de mesa parecido al Monopoly, pero no. Todas y cada una de ellas existen en el más inverosímil e inesperado de los lugares: La costa de Australia Occidental. Y son un homenaje al escritor más famoso de todos los tiempos en nuestra lengua, a la que no llamamos «Lengua de Cervantes» por casualidad. Sorprendentemente, o no tanto, en realidad ese homenaje fue producto de un error. Esta es la historia de Cervantes, un pueblo de 500 habitantes a quince mil kilómetros de España donde los españoles nos podemos sentir como en casa.
Cruce de las calles Sevilla y León de Cervantes, en Australia, visto en Google Maps
El Lago Eyre es probablemente una de las mayores exageraciones toponímicas de la geografía mundial. Llamar lago a una tierra árida y sedienta que recibe algo de humedad una vez cada varios años es toda una hipérbole. Cada medio siglo o así, la lluvia permite que el suelo seco y salado se cubra de agua hasta donde alcanza la vista, y entonces sí es un lago, pero el resto del tiempo es una parte más del desierto que le rodea. Y en ese desierto en medio del ya de por sí desértico Outback australiano, alguien fue tan audaz como para establecer un rancho, que siglo y medio más tarde es no sólo el más grande del mundo, sino el más enorme que jamás haya conocido la humanidad. Anna Creek Station, una hacienda del tamaño de Eslovenia.
Bienvenidos a Anna Creek, el rancho en mitad del desierto que tiene un ancla como símbolo porque… porque Australia
Este blog de ustedes, en sus (casi) 16 años de existencia, ha atraído a multitud de trastornados por la geografía de todo el globo. Uno de los geográficamente más lejanos es Enrique Andrés, españolito residente en Sídney que, pese a la abundancia de opciones no absurdas, decidió pasar la pasada nochevieja en mitad del desierto australiano, y vivió para contarlo. Esta es la historia de la última noche del año en Cameron Corner:
Empezaré la historia de esta aventura asumiendo que los seguidores del blog de Diego pertenecen a esa extraña tribu de personas que no solo encuentran razonable que un ser humano vaya por pura diversión a un lugar perdido en medio del desierto australiano, sino que probablemente lo envidien por ello, y que ni siquiera cuando se enteren de que este viaje se desarrolló en pleno verano austral con temperaturas que llegaron a alcanzar los 46°C se planteen si el autor de este texto tiene seriamente afectadas sus facultades mentales. Resido en Bondi, la playa más icónica de Sídney y probablemente de Australia, y aunque a mi mujer y a mí nos encanta estar cerca del mar, estamos enamorados del Outback, el desierto australiano que ocupa aproximadamente el 80% de esta isla continente. No es fácil explicar a los que no habéis tenido la suerte de visitarlo las sensaciones que produce el lugar, experimentar kilómetros de carreteras sin cruzarse con ningún otro ser humano, paisajes únicos y embriagarse de ese magnetismo que produce la lejanía de la civilización.
Vista aérea del trifinio, con el pueblo de Cameron Corner pegado a la raya de Queensland (Georgie Mann)El mojón fronterizo señalando el trifinio entre las tres provincias australianas (Exploroz)
Australia es famosa por ser el hogar del 90% de las cosas venenosas del mundo; su eslógan no oficial es «donde todo quiere matarte«. Todo en Australia es superlativo, las distancias, las superficies, la fauna, la flora y las cosas que construyen en mitad del campo. Y las cunetas de sus carreteras no podían ser menos. Las carreteras australianas son memorables por muchas razones, no pocas de las cuales están relacionadas con su desmesurada longitud, su no menos descomunal aislamiento y por lo legendario de algunos de los lugares que atraviesa. Pero en los márgenes de las interminables cintas de asfalto del Down Under encontramos auténticos tesoros. Una larga serie de esculturas entre lo pop y lo kitsch saludan a los viajeros con sus vivos colores y sus extravagancias, generalmente con la intención de hacer que el automovilista o camionero detenga su máquina y se gaste unos pocos dólares en el lugar. Con el tiempo las esculturas, dispersas por todo el inmenso territorio australiano, devinieron en objetos de culto y veneración entre los friquis del lugar, y fueron denominadas conjuntamente como Big Things, o Cosas Grandes. Hoy vamos a ver las mejores Cosas Grandes de Australia.
En Australia todo puede matarte, pero lo primero que murió fue el buen gusto
Corría el año 620 antes de nuestra era cuando en lo que hoy llamamos Península de Anatolia el reino de Lidia acuñó la considerada primera moneda de curso legal de la historia. Hecha de oro blanco y con un peso de cinco gramos, su valor nominal era de un tercio de estatero. Durante los siguientes veintisiete siglos el oro y los metles preciosos fueron la base de las finanzas, hasta que en los años setenta del siglo XX el patrón oro fue abandonado definitivamente en favor del dinero fiduciario. Una moneda de curso legal es una de las características tradicionales de los estados independientes, pero en las últimas décadas muchos países han abandonado sus monedas tradicionales para usar otras de nueva creación, o en ocasiones monedas de otros países. Hoy vamos a ver cuáles son las monedas que más países usan en el mundo.
Dólar de Singapur y Dólar de Brunéi: 2 países (Singapur y Brunéi, obvio)
En 1967 Singapur, Brunéi y Malasia firmaron un acuerdo de intercambiabilidad de sus monedas; al fin y al cabo los tres países venían de usar la misma, el Dólar de Malaya y Borneo. Según el acuerdo las tres monedas eran intercambiables y del mismo valor. En 1973 Malasia se salió de la alianza pero Brunéi y Singapur la han mantenido hasta hoy. Las dos monedas pueden cambiarse en cualquier banco sin coste ni comisión, y la mayoría de establecimientos públicos de Singapur admiten el dólar de Brunéi, mientras que el dólar singapurense es aceptado en todas partes en el sultanato.
Dólares de Brunéi y Singapur conmemorativos del 50 aniversario de la firma del acuerdo de intercambiabilidad
Dólar Australiano: 4 países (Australia, Kiribati, Nauru, Tuvalu)Seguir leyendo →
El Vaticano dentro de Mónaco, dentro de Liechtenstein, dentro de Barbados, dentro de Luxemburgo, dentro de Qatar, dentro de Bélgica, dentro de Islandia, dentro de Gabón, dentro de Kenia, dentro de Bolivia, dentro de Argelia dentro de Australia, y con hueco alrededor. Tremendo chorrimapa que apareció en Reddit hace tres años y yo descubrí ayer gracias a un tuit de OnlyMaps.
Todo en Australia es superlativo. Los bichos son más venenosos, las moscas son más numerosas y las carreteras son más, mucho más largas que en la mayor parte de los países del mundo. Pero aunque es posible encontrar carreteras igual de largas en otros lugares, lo verdaderamente difícil es encontrarlas tan vacías y aburridas. Cruzar el Outback en cualquier dirección supone un par de días de viaje como poco, atravesando una ingente, enorme, descomunal cantidad de nada en absoluto. Para evitar que los conductores se queden dormidos y se salgan de la carretera, hace unos años el Departamento de Transporte de Queensland tuvo la idea de instalar carteles con preguntas y respuestas estilo Trivial Pursuit en una de las carreteras del Estado
Hace unos años instalamos un mapamundi con dibujitos en la pared del cuarto de mi hijo mayor. Sobre cada país aparece su bandera y, si cabe, algún monumento típico. La Torre Eiffel, la Sagrada Familia, un guardia montado del Canadá, cosas así. Un buen día Diego Jr. me hizo la pregunta que todo padre teme: «Papá, si hay una Nueva Zelanda, ¿dónde está la vieja?». Y eso es lo que vamos a ver hoy.
Vieja Zelanda
El primer nombre europeo para Nueva Zelanda fue «Staates Land»; se lo puso en 1642 el holandés Abel Tasman, a quién recordarán de otras islas australes como Tasmania, y homenajea al Parlamento Neerlandés. Los cartógrafos que dibujaron los primeros mapas de las islas unos pocos años más tarade, sin embargo, escogieron el nombre de Nueva Zelanda en homenaje a la provincia de Zelanda, una de las doce que hoy componen el país.
El típico tráiler con remolque que podemos ver en cualquier autopista española o continental es un mastodonte de 16 metros y medio de largo y hasta 40 toneladas de peso. A eso en Australia lo llaman furgoneta. En la legislación europea un tren de carretera es un camión rígido con un remolque enganchado, que mide unos 19 metros de largo. Australia a eso lo llaman Citröen Berlingo. Lo típico que te alquilas para una mudanza. Los «vehículos largos» australianos consisten en un tráiler con remolque y otro remolque igual detrás, o un camión rígido con dos remolques (los llaman B-Doble y B-Triple). Miden hasta 36 metros de largo y pueden pesar 83 toneladas. Pero siguen sin ser trenes de carretera. Un tren de carretera es una mole de 53 metros de largo, hasta 200 toneladas de peso, que necesita dos kilómetros de autopista para detenerse y que consume un litro de combustible cada kilómetro. Auténticas bestias sobre ruedas.
Ciento veinte mil litros de gasolina a domicilio, oigan (Leila L. | Flickr)