Las fascinantes cartas náuticas de ramas de las Islas Marshall

Las primeras embarcaciones creadas por el ser humano probablemente fueron precarias balsas de madera botadas en los ríos Tigris y Eúfrates hará unos diez mil años. Durante los siguientes noventa siglos la navegación fue mejorando muy lentamente, sin alejarse nunca de la costa, hasta que los navegantes fenicios decidieron salir a mar abierto guiándose por la posición del sol y las estrellas. Sin embargo, y hasta milenio y medio más tarde, cuando comenzó la era de los descubrimientos, casi toda la navegación comercial y de guerra siguió siendo de cabotaje, al menos en Europa. Entre dos puertos cualesquiera del Mediterráneo siempre había una costa que seguir. Pero en otros lugares del mundo la cosa no era tan sencilla. En lo que hoy llamamos región de Micronesia no existía una costa que sirviera de guía y ancla entre un puerto y el más cercano, sino que estaban separados por decenas, cuando no cientos de kilómetros de alta mar; los treinta atolones de las Islas Marshall se extienden por dos millones de kilómetros cuadrados de mar, casi la superficie del Mediterráneo, pero con apenas un par de cientos de kilómetros de costa. Sin los instrumentos que se usaban en el Mediterráneo desde la antigüedad y hasta la edad moderna (astrolabios, cuadrantes, brújulas, cosas así), y sin cartas náuticas, ¿cómo se las apañaron para viajar de una isla a otra y mantener el comercio y el intercambio durante milenios? La respuesta o al menos parte de ella está hecha de pequeños palos de madera y conchas. Los mapas de ramas de las Islas Marshall.

Carta náutica heha con palitos y conchas marinas (National Geographic)

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Cuando volar era una aventura. Las primeras rutas de larga distancia de la aviación comercial

En marzo de 2018 la compañía Qantas, aerolínea de bandera australiana, inauguró la primera ruta aérea sin escalas entre Europa y Australia con un vuelo que conecta los aeropuertos de Londres Heathrow y Perth, en la costa oeste del continente. Diecisiete horas en el aire en un asiento de comodidad francamente discutible no parece el mejor de los planes, pero si comparamos eso con la travesía casi interminable de los primeros vuelos intercontinentales resulta que es poco menos que un milagro. Volar largas distancias hace tres cuartos de siglo era, aparte de carísimo, una aventura que podía poner a prueba la paciencia de cualquiera, pero sobre todo era un desafío técnico, logístico y personal de primera magnitud. Los pilotos eran poco menos que héroes o estrellas del rock, y cruzar el mundo en avión requería casi tantas escalas como horas en el aire.

De Inglaterra a la India en 7 días con Imperial Airways, la aerolínea británica (Mary Evans Picture Library)

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Aussie Wiener, el pene que se podía ver desde el espacio

Cuando Google Maps apareció en nuestras vidas en 2005 lo primero que hicimos todos fue buscar nuestro barrio para husmear. Después nos pusimos a recorrer mundo sin movernos del sillón reclinable de Ikea, descubriendo lugares fascinantes desde el aire. Y luego aparecieron los bromistas que se dedicaban a dibujar formas descomunales que sólo podían ser vistas desde el aire. Como las líneas de Nazca pero en cutre salchichero. Lo de salchichero, por cierto, viene que ni pintado para nuestra visita de hoy, que se puede contemplar aquí en todo su esplendor:

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Coober Pedy, el pueblo bajo tierra

Hace unos años la fotógrafa Tamara Merino se encontraba en Australia viajando con su novio  por carretera entre las ciudades de Adelaida y Alice Springs. En un momento dado uno de los neumáticos de su automóvil dijo basta y procedió a pincharse en mitad de alguna de las rectas infinitas y polvorientas que atraviesan el Outback. Cualquier lector versado en asuntos australianos sabe lo que eso supone. El desierto central de Australia, que ocupa prácticamente todo lo que está a más de 100 kilómetros de la costa, es un lugar inhóspito, insufriblemente caliente y desesperantemente vacío. A trancas y barrancas llegaron por fin a un pueblo donde solicitar ayuda, pero no vieron a nadie. Estaban en un lugar que todos los mapas indican como habitado pero no había ningún paisano a la vista, ni apenas construcciones humanas. En mitad de un paisaje lunar con miles de pequeños montículos de piedras del tamaño de un ser humano adulto hasta donde alcanzaba la vista. Vieron entonces los letreros. «Underground bar«, «Underground church«. Y encontraron pasadizos subterráneos que llevaban a pequeñas cuevas cerradas con puertas. De manera inesperada para ellos se habían topado con Coober Pedy, el pueblo subterráneo de Australia.

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Iglesia ortodoxa de Coober Pedy

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Los próximos referendos de independencia en el mundo (parte 2: Bougainville)

Además del referéndum de independencia en Chuuk del próximo 5 de marzo también hay otro plebiscito por la independencia en Oceanía el año próximo. Se trata de la isla de Bougainville, que actualmente pertenece políticamente a Papúa-Nueva Guinea pero geográficamente forma parte de las Islas Salomón. Separada de su archipiélago natural por esas cosas que tiene el colonialismo, el referéndum de independencia del año próximo es el último acto de la peor guerra que ha vivido Oceanía y el Pacífico. La fecha prevista (todavía provisional) es el 15 de junio, y la pregunta es: «¿Desea usted para Bougaiville a) Más autonomía b) La independencia».

Flag_of_Bougainville.svg

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Los próximos referendos de independencia en el mundo (parte 1: Chuuk)

Hace unos días se celebró un referéndum de independencia en el territorio francés de Nueva Caledonia. Tal y como vimos en este vuestro blog fronterizo, el resultado del referéndum fue la permanencia, por ahora, del archipiélago como parte integrante de Francia. El asiento número 194 de la Asamblea de Naciones Unidas tendrá que esperar, por ahora. Pero, ¿cuánto? Quizás en 2019 se estrene. Dos referendos, ambos también en Oceanía, podrían terminar con la creación de un par de nuevos países en el continente. Veámoslos.

Resumen gráfico de los resultados del referéndum de Independencia de Nueva Caledonia

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Nueva Caledonia, ¿el miembro 194 de la ONU?

Empecemos por el final: probablemente no. Y ahora recapitulemos. Hoy domingo 4 de noviembre (todavía era  3 de noviembre en parte de Europa y en América cuando han abierto las urnas) se celebra en el territorio francés de Nueva Caledonia un referéndum de independencia, el primero legal en el mundo desde el de Escocia en 2014. Este referéndum se pactó con Francia hace ahora un año, pero tiene sus raíces en el acuerdo de Numea, firmado hace dos décadas, y que otorgó al archipiélago su estatus actual de «colectividad especial», un grado de autonomía dentro de la Francia de Ultramar donde el gobierno local dispone de casi todos los poderes atribuidos a un Estado, siendo las excepciones defensa, justicia y moneda. El acuerdo de Numea, por su parte, fue la consecuencia del pacto del Hotel Matignon de 1988, negociados entre partidarios y detractores de la independencia. Ese pacto fue el modo que se encontró de ponerle fin a una situación extremadamente tensa, con ocasionales ramalazos de violencia muy grave, como la toma de rehenes de ese mismo año que acabó con 21 muertos, la mayoría de ellos secuestradores.

Tanto la bandera francesa como la canaca son oficiales en Nueva Caledonia. Este pastiche de ambas es el que utiliza la FIFA para representar a la selección de fútbol local en las competiciones internacionales.

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Palmerston, la isla del fin del mundo donde todos tienen el mismo apellido

Palmerston es un atolón coralino con media docena de islotes interrumpiendo brevemente la  agitada superficie del Océano Pacífico. En medio del atolón se encuentra una laguna de aguas turquesas donde se pueden pescar magníficos ejemplares de pez loro para asarlos después debidamente espetados. Políticamente Palmerston pertenece a las Islas Cook, un protectorado neozelandés en mitad del Océano Pacífico. La isla habitada más cercana, Aitutaki, está a 350 kilómetros de distancia. Rarotonga, la capital de las archpiélago, a más de 500. En Palmerston no hay aeropuerto y los hidroaviones no pueden aterrizar porque el coral es muy poco profundo. Tampoco hay un puerto donde pueda atracar un barco. Llegar allí supone al menos dos días de navegación, aunque no existe un servicio regular de pasajeros. Es un sitio, en suma, bastante remoto. Y todos los habitantes comparten el mismo apellido porque todos descienden de la misma persona.

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No somos un país pero somos legión: las divisiones subnacionales más pobladas del mundo

Todos los que estáis leyendo estas líneas responderéis lo mismo si se os pregunta cuál es el país más poblado del mundo. La respuesta es China, y ha sido así desde que existen registros históricos, por lo menos en los útlimos tres mil años. Pero de aquí a unos pocos años la respuesta a esa pregunta cambiará por primera vez en la Historia. En 2022, o antes, la India sobrepasará demográficamente a China. Entre los dos sumarán unos 2.800 millones de habitantes de los ocho mil que para entonces tendrá el planeta. Asi que probablemente nadie se sorprenderá si digo que la mayoría de las regiones a las que se refiere el titular están en uno de esos dos países.

indian train
Ilustrar entradas sobre superpoblación con trenes indios, todo un clásico

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Las lenguas amenazadas del Año Nuevo

La entrada de hoy es especial por muchas razones. Primero, porque es la última del año, obviamente. Segundo, porque es la más larga de la historia del blog. Y last but not least, porque la ha escrito el formidable Simón Perera, apasionado por las lenguas del mundo que hoy nos ofrece el mayor repaso a lenguas en peligro de extinción que se haya escrito jamás en la blogocosa en español. Espero que lo disfrutéis. Podéis seguir también esta entrada en Tuíter, en el hashtag #2017Live. ¡Feliz 2017! 

31 de diciembre de 1999. Alrededor del mediodía, comenzaba en La 2 el programa de televisión más largo que habría visto nunca: El día del Milenio. Yo y mi padre — quien para la televisión es más o menos como el aceite para el agua — nos sentábamos frente al aparato durante casi 24 horas, solo interrumpidos por la cena familiar y Ramón García y Nuria Roca dando las campanadas en la 1. Durante todo ese tiempo, seguimos cómo el año 2000 llegaba a países de todo el mundo, desde Nueva Zelanda hasta los Estados Unidos. Sí, señores, no se hace uno friqui en un día.

Años más tarde, servidor comenzó a ser lector de este genial blog que ustedes leen ahora. Es tradición lógica del mismo celebrar el Año Nuevo con un seguimiento de su entrada alrededor del mundo, desde los confines orientales de la Línea de Cambio de Fecha hasta sus confines occidentales. Pasó en 2009–2010, 2013–2014, o 2014–2015. El año pasado volvimos a tener seguimiento fronterero, esta vez por Twitter, con el hashtag #2016live.

Todo esto se fue confabulando en algún lugar de mi cerebro para inspirarme a hacer algo parecido. Recorrer el mundo a medida que llegaba un año nuevo, con un hilo conductor. Y para este hilo conductor había dos posibilidades, mis pasiones: la ciencia o la lengua.

Lo único que faltaba fue acordarme de un mapa que descubrí hace unas cuantas semanas. En él, la UNESCO concretaba la posición y el estado de todas las lenguas de cuyo peligro de desaparecer tiene constancia. Una realidad que se nos antoja lejana, en el tiempo o en el espacio, pero que no lo es tanto. De las aproximadamente 2500 lenguas en peligro, muchas se hablan cerca de casa: 128, en Europa (4, en España); y cientos, en Sudamérica.

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