El tratado internacional en vigor más antiguo de Europa: El tributo de las tres vacas

Cada trece de julio se repite el ritual. Tres alcaldes españoles se acercan al hito número 262 de la frontera francoespañola, en un lugar llamado Collado de Ernaz. Su indumentaria, para el profano, es notablemente chapada a la antigua. Capote, valona, calzón corto y sombrero. En la piedra limítrofe les esperan tres alcaldes franceses, también vestidos con sus mejores galas y con una banda tricolor cruzada sobre el pecho. Los seis mandatarios superponen sus manos sobre en pesado mojón, alternándose los regidores de uno y otro país. Al finalizar gritan Pax avant!. Paz en adelante. Más de seiscientos años después de la primera vez, bearneses y roncaleses acaban de cumplir una vez más con el ritual anual que preserva la paz entre sus valles. Es el Tributo de las Tres Vacas, el tratado transfronterizo más antiguo de Europa.

Alcaldes y alcaldesas de ambos lados de la frontera sellan la renovación del Tributo en 2015 (Diario de Navarra)

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Vennbahn, el carril bici belga que parte Alemania en dos

«Las fronteras son las cicatrices que la Historia deja sobre la piel de la tierra«. En pocos lugares esa frase del actual ministro de Exteriores español se cumple tanto como en Europa, donde cada frontera ha sido desplazada varias veces al coste de miles de vidas por cada kilómetro arriba o abajo. Hay ocasiones en las que el concepto de frontera como cicatriz es todavía más visible: un costurón de decenas de kilómetros de largo que parte un país en varios trozos, heredado de un conflicto de hace cien años. Pero como el mundo y la historia evolucionan, sobre esa cicatriz tallada con la sangre de miles de soldados hoy pasean familias con niños en bicicleta o patinando. Hoy en Fronteras visitamos el Vennbahn, una antigua vía férrea reconvertida en carril bici que pertenece a Bélgica, incluso en los más de veinte kilómetros que recorre dentro de Alemania.

El carril asfaltado y la parte plana a ambos lados del mismo son territorio belga. El bosque a ambos lados, Alemania. Así durante más de veinte kilómetros. Lo normal.

Nótese la doble frontera en Google Maps. Haciendo zoom se puede comprobar lo exiguo del territorio belga a lo largo de todo el carril bici

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La isla de la Unión. Cómo Argentina y Uruguay llegaron a tener una frontera seca en un enclave

Uno de los puestos de mayor responsabilidad en cualquier navío del siglo XVI era el de despensero. Su labor consistía en racionar las provisiones (alimentos, agua, vino) del buque en los viajes de larga distancia, de los que en aquella época España y Portugal enviaron unos cuantos alrededor del mundo. El 8 de octubre de 1515 el expedicionario Juan Díaz de Solis partió desde Sanlúcar de Barrameda con la intención de hallar un camino entre la Península Ibérica y las Islas Molucas rodeando el continente americano. Tras cruzar el Océano y llegar a las costas brasileñas emprendieron el viaje al sur. En febrero de 1616 llegaron al estuario del Río de la Plata, siendo los primeros europeos en alcanzar el lugar. Por esas fechas el despensero de la expedición murió de fiebres, escorbuto o cualquier otra de las mil causas que mataban a los marinos a puñados. Solís decidió desembarcar en la primera isla que encontró y darle al despensero cristiana sepultura. Ese despensero se llamaba Martín García y la isla donde fue enterrado lleva su nombre. En los siguientes cinco siglos la exigua superficie del islote concentró gran parte de las historias de Argentina y Uruguay y acabó convirtiéndose en una excepcionalidad geográfica y fronteriza de primer orden, en la que a una isla de un país acaba brotándole un apéndice que legalmente pertenece a otro país.

Martín García desde el aire. No toda la tierra que se ve en la fotografía es argentina

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Doce libros fronterizos para el 23 de abril

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Libro, una fecha institucionalizada en 1996 por la UNESCO y extendida a más de cien países desde entonces. La fecha conmemora la muerte de Cervantes y Shakespeare el mismo día del año 1616, algo que como todo el mundo sabe es falso (Cervantes murió el 22 aunque fue enterrado el 23, y Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que equivale al 3 de mayo del gregoriano). En algunos lugares de España, pero sobre todo en Cataluña, es tradición regalar libros y rosas, lo primero desde los años 30 tras la aprobación de un decreto del rey Alfonso XIII, y lo segundo desde más o menos 1914 cuando una institución catalana se inventó la tradición de regalar rosas a las mujeres en honor al día de Sant Jordi (San Jorge), patrón de Cataluña, Aragón e Inglaterra, entre otros lugares. Actualmente el 23 de abril es probablemente el día más bonito del año en Barcelona, con cientos de paradas vendiendo libros y flores por toda la ciudad. Hoy en Fronteras rosas no tenemos, pero libros sí, y además hoy en toda España con un 10% de descuento. Ahí os van los libros más fronterizos para este Sant Jordi.

Atlas de las Fronteras, de Bruno Tertrais y Delphine Papin. Cátedra, Barcelona, 2018. 144 páginas, 25 euros.

Prodigiosa colección de mapas e infografías acerca de todos los temas imaginables, de la expansión de los muros fronterizos a la disputa por el Ártico pasando por la edad de las fronteras o los enclaves de Baarle. Al lector veterano de este blog le parecerá que lo han escrito para él. Extraordinariamente recomendable para cualquier fronterólogo que se precie.

Pirenaica, de Ander Izagirre. Planeta, Barcelona, 2018. 288 páginas, 19,95 euros

Ander Izagirre llegó a los anaqueles de toda España gracias a una prodigiosa crónica del Tour de Francia llamada Plomo en los bolsillos; después descubrimos el fabuloso cronista de viajes que había detrás (ver reseña de Los Sótanos del Mundo aquí mismo), y más tarde sus discutibles cualidades como guía turístico. Pirenaica reúne ciclismo y viajes en una travesía del autor desde San Sebastián hasta la costa mediterránea cruzando los Pirineos a un lado y al otro de la frontera. Róbalo. Ya. Seguir leyendo

Pedirse una pinta en Croacia y acabársela en Eslovenia. Kalin, la taberna en dos países

Sasha Kalin sirve un par de cervezas de grifo en la barra de su bar. Las pone en una bandeja y se las lleva, esquivando clientes ruidosos, a un par de veinteañeros que están echando una partida de billar. Después se acerca a una mesa y toma nota de la cena de dos parejas. Lomo de cerdo asado, patatas y chucrut para todos. Lo típico. Antes de volver a la barra pasa por la puerta del local y le dice al camarero novato que se acabe rapidito el cigarrillo de liar y que vuelva a la cocina que hay mucha faena. Una escena perfectamente normal salvo por el hecho de que en ese breve trayecto Sasha ha cruzado cuatro veces una frontera internacional. Bienvenidos a la Kalin Tavern, la taberna en dos países.

El billar del restaurante Kalin, situado en Eslovenia, fotografiado desde Croacia

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Dos mundos separados por 80 metros de cuerda: viaje a la frontera más corta del mundo

Vuelve Fronteras, vuelve la ilusión. En esta ocasión nuestro lector más viajero, Javier, aka Sherlock, y al que pueden seguir en Tuíter en la cuenta @DuqueDeOlivares y en Instagram en @Javier_De_Olivares, nos regala una crónica de viaje a un rincón de la geografía española que ocupa un lugar de honor en el imaginario de este su blog fronterizo. Que lo disfruten. 

Tras el tortuoso camino entre las montañas, polvoriento y exhausto, hundo los pies en la arena. El mar ruge a un lado y al otro del istmo, y observo al centinela de la fortaleza, que me mira con cara de asombro. Se levanta, y mientras avanzo hacia él, se pone en guardia y me desafía. Estoy pisando tierras árabes, y el castillo cristiano se encuentra bien defendido de un eventual ataque enemigo. No porto más armas que mi propio cuerpo, y le pregunto a gritos si me deja traspasar la cuerda que separa ambos territorios. Consulta, sorprendido de la presencia de un compatriota en estas tierras inhóspitas, y me devuelve una respuesta negativa. Cabizbajo, doy media vuelta, me aposento en la arena y me relajo escuchando el sonido del mar y contemplando el fortín, que ahora parece más inexpugnable. Parece una historia del siglo XII, pero esto no son las Cruzadas. Estamos en 2018, en pleno siglo XXI, y me encuentro en una de las fronteras más extrañas del mundo: la de Marruecos y España en el Peñón de Vélez de la Gomera.

Vista desde lejos

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La edad de todas las fronteras del mundo

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A través de Reddit y de Mapas Milhaud me llega esta genialidad de mapa (comentarios del autor aquí) que refleja la fecha de constitución, creación o trazado de todas las fronteras del mundo (que no de su entrada en vigor como frontera internacional). Recomiendo hacer clic en el mapa  para ampliar la imagen y pasar un rato entretenido curioseando. Las fronteras no son más que las cicatrices que deja la Historia sobre los mapas, así que resulta revelador estudiar la antigüedad de esas líneas no tan imaginarias. De un primer vistazo lo que salta a la vista es lo siguiente: la inmensa mayoría de las fronteras existentes hoy en día fueron trazadas a partir de 1800. Todas las fronteras, antiguas y modernas, son un invento, pero es que además la mayoría son un invento reciente; el concepto de frontera como lo conocemos hoy va íntimamente ligado a la aparición de los Estados-Nación. Vamos a hacer zoom en algunas regiones:  Seguir leyendo

Las dos capitales nacionales más cercanas del mundo están una frente a la otra

Tres veces por semana un Boeing 737 de Asky Airlines despega del Aeropuerto Internacional de Maya-Maya. Siguiendo el procedimiento, el comandante de la aeronave esconderá el tren de aterrizaje del avión a los pocos segundos de que las ruedas se separen del suelo y comenzará un ascenso vertiginoso. Si el destino fuera cualquier otro, el ascenso se prolongaría hasta alcanzar al menos los 30.000 pies, pero nuestro Boeing cesa abruptamente de ganar altitud cuando alcanza los cinco mil pies, aproximadamente unos cinco minutos después de despegar. En ese punto, vira al sur, cruza los mil metros de ancho del río que baña tanto su ciudad de origen como la de destino  y comienza un suave descenso que le permitirá tomar tierra apenas nueve o diez minutos después de haber despegado, en esta ocasión en el Aeropuerto de N’Dijili. Nuestro avión ha despegado de una capital nacional y ha aterrizado en otra, en menos tiempo del que se tarda en pedir un café en el aeropuerto. Bienvenidos a Brazzaville y Kinsasha, las capitales más próximas del mundo.

Trayecto entre Brazzaville y Kinshasa. Entre los dos aeropuertos hay apenas 27 kilómetros. Se trata del vuelo internacional más corto del mundo.

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Brexit: El marrón de la frontera irlandesa

La catástrofe producto de la necedad colectiva que conocemos popularmente como Brexit ha llegado por fin a la fase de discutir qué hacer con la frontera irlandesa. A priori es un dilema francamente difícil de resolver. Los quinientos kilómetros de frontera entre las dos Irlandas son actualmente una línea en el mapa mucho más que una barrera física. Cientos de carreteras y caminos la cruzan sin ningún tipo de indicación, salvo, en algunos casos, una advertencia del cambio de unidades de medida de velocidad de millas a kilómetros por hora. Pero en la mayoría de los casos, ni eso. El Brexit supone que Irlanda del Norte, como el resto del país, se encuentre fuera de la Unión Europea, y por lo tanto de la Unión Aduanera y el Mercado Común, mientras que la República de Irlanda permanecerá en todas esas instituciones, algo que, necesariamente, supone la existencia de una frontera exterior de la Unión Europea, una expresión neutral que suele ocultar durísimas condiciones para los que están en el lado malo de la línea, como bien saben en Bielorrusia o Marruecos. Bajo la apariencia de los intereses comunes (una frontera cuanto menos rigurosa mejor) se esconden una serie de incompatibilidades básicas que hacen de la raya irlandesa un puzzle casi irresoluble.

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Frontera entre las dos Irlandas (fuente)

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Cuando cruzar la frontera supone una semana y 150 km de cola

Desde el aire la imagen es de las que corta la respiración. Rodeados por el desierto y la desolación, una hilera de gigantescos camiones cubiertos de polvo y cargados hasta los topes se extiende hacia el horizonte en ambos sentidos de la exigua carretera. Una pequeña muchedumbre hormiguea entre las enormes máquinas para atender las necesidades más básicas de los conductores. El atasco parece no tener inicio ni fin, se diría que el atasco es por si mismo una civilización independiente en la que sus miembros pueden nacer, crecer, enamorarse y morir sin salir del embotellamiento, como en el famosísimo cuento de Cortázar. Podría ser la escena de un drama post-apocalíptico, pero la realidad es más prosaica. Se trata de varios miles de camioneros mongoles atrapados en uno de los peores atascos de tráfico de la historia.

El atasco más grande del mundo, en el desierto del Gobi, en Mongolia

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