Cuando cruzar la frontera supone una semana y 150 km de cola

Desde el aire la imagen es de las que corta la respiración. Rodeados por el desierto y la desolación, una hilera de gigantescos camiones cubiertos de polvo y cargados hasta los topes se extiende hacia el horizonte en ambos sentidos de la exigua carretera. Una pequeña muchedumbre hormiguea entre las enormes máquinas para atender las necesidades más básicas de los conductores. El atasco parece no tener inicio ni fin, se diría que el atasco es por si mismo una civilización independiente en la que sus miembros pueden nacer, crecer, enamorarse y morir sin salir del embotellamiento, como en el famosísimo cuento de Cortázar. Podría ser la escena de un drama post-apocalíptico, pero la realidad es más prosaica. Se trata de varios miles de camioneros mongoles atrapados en uno de los peores atascos de tráfico de la historia.

El atasco más grande del mundo, en el desierto del Gobi, en Mongolia

Como todo aficionado a la geografía sabe a estas alturas, Mongolia es el estado independiente con menor densidad de población del mundo. Es menos conocida, sin embargo, la dependencia que tiene su débil economía de la minería del carbón, y especialmente, lo sensible que es a las variaciones de la demanda de dicho mineral desde China, su vecino y (de muy lejos) principal socio comercial. El incremento de dicha demanda desde el pasado verano ha hecho aumentar la actividad en las zonas mineras del Desierto del Gobi, que supone el 30% de la producción industrial del país.

Cada camión puede transportar hasta veinticinco toneladas de mineral a lo largo de más de quinientos kilómetros hasta llegar a la frontera
Restos abandonados del ferrocarril de mercancías que Mongolia empezó a construir en 2010, y que tuvo que abandonar al quedarse sin fondos.

 

La hilera de camiones, a unos veinte kilómetros de la frontera

Hace doscientos años que se construyeron los primeros ferrocarriles mineros en la Inglaterra victoriana. Sin embargo, entre Mongolia y China no existe una vía férrea para el transporte de mercancías, así que las miles de toneladas que se extraen del corazón del Gobi se tienen que llevar a China en camión. En decenas de miles de camiones, cada uno de los cuales arrastra unas veinte o treinta toneladas de mineral. El puesto fronterizo más cercano a las minas es el de Gashuun Sukhait. La ciudad más próxima en Mongolia es Khanbogd, situada a 143 kilómetros del límite internacional por carretera. El atasco a veces llega hasta allí. Recorrer esos últimos ciento cincuenta kilómetros hasta China puede llegar a suponer una semana de viaje, si entendemos por “viaje”, una interminable espera punteada con ocasionales movimientos de apenas unos cientos de mentros. Paralelamente a la ciudad lineal que supone la fila de camiones, ha crecido una minúscula economía ambulante al servicio de los transportistas. Tabaco, alcohol, comida, pilas y todo tipo de suministros básicos para la supervivencia en medio del desierto son proporcionados por estos vendedores que revolotean alrededor de los camiones atascados como polillas dando vueltas a una lámpara.

Una vendedora ambulante se sirve de un megáfono para anunciar sus productos en la interminable fila de camiones. Debajo, un camionero apura unos fideos instantáneos en la cabina de su camión.

China supone el 84% de todas las exportaciones mongolas, casi diez veces más que el segundo socio comercial del país (que no es Rusia, que sería lo esperable, sino Suiza). China y Mongolia comparten una frontera de casi cinco mil kilómetros de longitud, prácticamente deshabitada a ambos lados de la raya, y que es casi un acantilado económico. El PIB de China es tres órdenes de magnitud superior al de Mongolia, e incluso en términos relativos la renta per capita del gigante asiático es dos veces y media la de su vecino. Con estos ingredientes, el contrabando es prácticamente inevitable, y como suele pasar, al vecino grande no le gusta demasiado. Esa es la razón por la que los controles fronterizos, ya de por si poco moderados en la República Popular, se hayan endurecido hasta extremos insoportables en los últimos meses, convirtiendo el paso fronterizo en una ratonera y la carretera en un atasco interminable.

Fuente de las fotografías y más info: Reuters, News.mn.

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6 thoughts on “Cuando cruzar la frontera supone una semana y 150 km de cola

  1. guguseti 30-noviembre-2017 / 8:19 am

    joder….1 semana de atasco…yo lo maximo me casque 6 horas volviendo de Andorra, eso si..hice unos 25 km…..en tres horas y media o cuatro

  2. tucumano 30-noviembre-2017 / 12:09 pm

    Otro ejemplo mas de la paciencia oriental. Por cierto, ¿Qué le compra Suiza a Mongolia?

    • nickoviteh 7-diciembre-2017 / 4:46 am

      Según el Atlas de la Complejidad Económica, de Harvard (http://atlas.cid.harvard.edu/), es oro. Aunque el principal comprador va cambiando: ahora es el Reino Unido, hace unos años Canadá…

  3. fadelcla 30-noviembre-2017 / 2:44 pm

    Al final ese carbón no termina siendo tan barato.

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