Vennbahn, el carril bici belga que parte Alemania en dos

Las fronteras son las cicatrices que la Historia deja sobre la piel de la tierra“. En pocos lugares esa frase del actual ministro de Exteriores español se cumple tanto como en Europa, donde cada frontera ha sido desplazada varias veces al coste de miles de vidas por cada kilómetro arriba o abajo. Hay ocasiones en las que el concepto de frontera como cicatriz es todavía más visible: un costurón de decenas de kilómetros de largo que parte un país en varios trozos, heredado de un conflicto de hace cien años. Pero como el mundo y la historia evolucionan, sobre esa cicatriz tallada con la sangre de miles de soldados hoy pasean familias con niños en bicicleta o patinando. Hoy en Fronteras visitamos el Vennbahn, una antigua vía férrea reconvertida en carril bici que pertenece a Bélgica, incluso en los más de veinte kilómetros que recorre dentro de Alemania.

El carril asfaltado y la parte plana a ambos lados del mismo son territorio belga. El bosque a ambos lados, Alemania. Así durante más de veinte kilómetros. Lo normal.

Nótese la doble frontera en Google Maps. Haciendo zoom se puede comprobar lo exiguo del territorio belga a lo largo de todo el carril bici

Un poco de historia para empezar. La Vennbahn era una línea férrea construida entre 1885 y 1889 para llevar carbón desde Aquisgrán (Alemania) a Troisverges, en Luxemburgo. Vennbahn significa más o menos literalmente “línea férrea del páramo”, porque tal cosa era lo que cruzaba en su recorrido. En sus 125 kilómetros atravesaba únicamente territorio alemán hasta la frontera con el Gran Ducado. Pero hete aquí que en la I Guerra Mundial los prusianos invaden y ocupan Bélgica provocando enormes desgracias y mortandades. Como es sabido, Alemania perdió esa guerra y Bélgica exigió reparaciones en forma de territorios, que obtuvo. En 1924, tras cinco años de administración provisional, los cantones de Eupen, Malmedy y Santk Vith pasaron a formar parte integral de la monarquía belga. Esas regiones son conocidas hoy como “Cantones Orientales” y forman la región germanoparlante de Bélgica, una de las tres en las que se divide el país.

Una de las bicis con la que recorrimos el tramo fronterizo del Vennbahn en una loca expedición que implicó a otras tres personas, una de las cuales ha escrito algún que otro artículo por aquí.

En las negociaciones del Tratado de Versalles Bélgica se encontró con el problema de que tenía una línea férrea en su recién adquirido territorio que cruzaba por el territorio germano, es decir, enemigo, antes de regresar a tierras belgas. Y eso no podía ser. Así que el tratado versallesco recogió en uno de sus artículos que, dejando aparte el primer tramo entre Aquisgrán y la frontera belga, la vía y la plataforma sobre la que se asentaba serían también territorio bajo soberanía de Bruselas en toda su extensión, estuvieran donde estuvieran. Así que tras la ratificación del tratado Bélgica obtuvo la soberanía sobre un territorio de unos 21 kilómetros de largo… y seis metros de ancho.

Mapa de la parte fronteriza del Vennbahn. La parte resaltada en amarillo es el recorrido del carril belga por territorio alemán. En la parte sin resaltar (en azul, vamos) el carril bici discurre a un par de metros de la frontera. Todo el territorio alemán al oeste del trazado es técnicamente un enclave, al estar rodeado por todas partes de territorio belga.

La soberanía belga sobre la vía de tren supuso la creación de varios enclaves alemanes, territorios separados del resto del país por una franja de Bélgica de seis metros de ancho. Varios de los enclaves, por cierto, con estación en la línea de ferrocarril. En la Segunda Guerra Mundial Hitler se anexionó de nuevo la región de Eupen-Malmedy, pero fiel a la tradición Alemania perdió la guerra así que todo retornó a la situación previa a la Blitzkrieg de 1939 (bueno, no exactamente, hubo algunos enclaves y hasta un metaenclave que se formaron entonces al quedarse Bélgica varios pueblos alemanes, pero hacia finales de los 50 todos habían sido devueltos a la República Federal Alemana). La línea de ferrocarril siguió funcionando como línea de pasajeros hasta los años noventa, cuando dejó de ser rentable; a partir de entonces únicamente trenes turísticos, algunos de ellos de vapor, recorrían las viejas vías prusianas. En el año 2001 y ante la falta de fondos para su mantenimiento la línea fue definitivamente cerrada.

El carril bici a su paso por Roetgen. La remodelación del Vennbahn y su conversión en vía verde supuso la demolición de las antiguas estaciones, que llevaban abandonadas unos cuantos años y se caían a pedazos. Para recordar el pasado ferroviario del trazado se instalaron estos cartelotes y se mantuvieron algunas señales antiguas.

 

El mismo punto hace doce años (vía Hugh Wallis), todavía con las vías de tren enterradas en la maleza, y 2019

Durante unos cuantos años las vías languidecieron comidas por los hierbajos hasta que los gobiernos belga y alemán decidieron desmantelarlas, tarea que completaron entre 2007 y 2009. No mucho después comenzó la construcción de la vía verde, que entró en servicio allá por 2015. Cuando la infraestructura comenzó a ser desmontada hubo quien se preguntó qué iba a pasar con la soberanía del territorio ahora que ya no había vía férrea alguna, pero Belgica y Alemania decidieron no tocar las fronteras y mantener la antigua plataforma de la vía como territorio belga. Así se llega a la situación actual en la que el carril bici (y un par de metros de territorio a cada lado) son belgas y todo lo que se ve desde allí es territorio alemán.

Las estaciones han sido generalmente demolidas y en su ligar han colocado estos merenderos cubiertos hechos aparentemente a partir de antiguos vagones de tren. En la foto, el situado en el pueblo de Monschau

Sobre el mapa queda bastante espectacular, pero en el mundo real, y casi un cuarto de siglo después de la entrada en vigor del tratado de Schengen, los efectos prácticos de la soberanía belga sobre el carril bici son nulos. Tan nulos que en el tramo del recorrido que circula por Alemania son las autoridades provinciales teutonas las que se encargan del mantenimiento de la infraestructura. Y se nota, vaya sí se nota, puesto que los tramos alemanes están asfaltados y los belgas no. La conversión a partir de 2015 de la antigua vía de tren en carril bici vino acompañada de una campaña de publicidad y marketing para atraer turismo y un fin de semana cualquiera cientos de personas se pasean por el recorrido en bicicleta, tándem, patines o incluso a pie.

Antiguo andén de la estación de Konzen, con un par de semáforos y señales de adorno. El andén y el asfalto del carril bici son Bélgica, los arbolicos, Alemania.

Aparte de un carril bici bastante panorámico, el Vennbahn es un símbolo. En primer lugar, de cómo dos países que han librado guerras extraordinariamente sangrientas pueden colaborar y establecer unos fortísimos lazos de amistad en apenas una generación. La vía férrea fue otorgada a Bélgica como compensación por crímenes y atrocidades cometidas por Alemania, y hoy la frontera entre uno y otro país es mayormente indistinguible en casi todo su recorrido. Pedalear por el Vennbahn es un permanente homenaje al tratado de Schengen, que eliminó, esperemos que para siempre, las fronteras internas entre un par de docenas de países. Pero el carril bici también es un símbolo de cuán arbitrarias pueden ser esas líneas no tan imaginarias que llamamos fronteras. Sabemos que los territorios y la soberanía pueden adquirir formas extrañas, como los enclaves o las fronteras trazadas con escuadra y cartabón, pero una franja de territorio de casi 25 kilómetros de largo y seis metros de ancho que discurre por otro país es algo único que, sin embargo, sigue vigente en 2019. Por más sentido que algo tan extravagante pueda tener en su contexto, cosas así nos recuerdan de dónde venimos, pero también, y eso es más importante, dónde podemos llegar.

Punto en el que el carril bici belga pasa bajo una carretera alemana. Bueno, la carretera es belga en la anchura del túnel. En lo alto, un modelo de lencería masculina ejercitándose de forma increíblemente sexy

Hace once años, en Fronteras: Los enclaves del tren, la primera vez que se habló del lugar en este vuestro blog fronterizo.

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8 respuestas a “Vennbahn, el carril bici belga que parte Alemania en dos

  1. DNZ 8-julio-2019 / 10:16 am

    Nunca dejo de conocer cosas interesantes en este gran blog. Me pregunto qué pasaría si alguien cometiese un crimen estando en ese tramo.

    • chando 9-julio-2019 / 6:21 pm

      Esto mismo iba a preguntar.

      Otra cosa. “hasta que los gobiernos belga y alemán decidieron desmantelarlas” también has dicho que buena parte del tramo en administrada y las labores de mantenimiento cuentan por parte de Alemania. Todo esto, influye al momento de tomar alguna decisión sobre la ruta?

      Saludos

  2. Manudrako 8-julio-2019 / 10:23 am

    La primera frase del artículo es muy impactante. Pero llena de sentido.

  3. Unai Usin 8-julio-2019 / 11:42 am

    Que casualidad, el viernes pasé con la bici por allí. Salí del triforio Holanda-Alemania-Bélgica hasta Luxemburgo y vuelta parando a beber cerveza en Lieja.
    Genial artículo, como siempre.

    • Diego González 8-julio-2019 / 6:28 pm

      Ojalá haber tenido tiempo (y batería en la bici eléctrica) para haber hecho todo el recorrido. Lo disfrutamos mucho.

  4. Antonio 8-julio-2019 / 5:15 pm

    Por pura curiosidad, ¿los merenderos son belgas o alemanes?

    • Diego González 8-julio-2019 / 6:28 pm

      Territorialmente belgas. Aunque hasta dónde sé los puso ahí Alemania. En el tramo belga del carril bici no vimos ninguno.

  5. Andres 9-julio-2019 / 4:38 pm

    Hola!
    Magnífica entrada.

    Yo Vivo en Aachen y suelo pasar 1 o dos veces al mes por ahi. Hago 30km hasta Roetgen y la vuelta. En total casi 2horas, 60km.

    El año pasado solía hacer 5km de ida 5 de vuelta cada día hasta el trabajo. Es casi todo llano.

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