Cuando Google Maps apareció en nuestras vidas en 2005 lo primero que hicimos todos fue buscar nuestro barrio para husmear. Después nos pusimos a recorrer mundo sin movernos del sillón reclinable de Ikea, descubriendo lugares fascinantes desde el aire. Y luego aparecieron los bromistas que se dedicaban a dibujar formas descomunales que sólo podían ser vistas desde el aire. Como las líneas de Nazca pero en cutre salchichero. Lo de salchichero, por cierto, viene que ni pintado para nuestra visita de hoy, que se puede contemplar aquí en todo su esplendor:
Curiosidades
Coober Pedy, el pueblo bajo tierra
Hace unos años la fotógrafa Tamara Merino se encontraba en Australia viajando con su novio por carretera entre las ciudades de Adelaida y Alice Springs. En un momento dado uno de los neumáticos de su automóvil dijo basta y procedió a pincharse en mitad de alguna de las rectas infinitas y polvorientas que atraviesan el Outback. Cualquier lector versado en asuntos australianos sabe lo que eso supone. El desierto central de Australia, que ocupa prácticamente todo lo que está a más de 100 kilómetros de la costa, es un lugar inhóspito, insufriblemente caliente y desesperantemente vacío. A trancas y barrancas llegaron por fin a un pueblo donde solicitar ayuda, pero no vieron a nadie. Estaban en un lugar que todos los mapas indican como habitado pero no había ningún paisano a la vista, ni apenas construcciones humanas. En mitad de un paisaje lunar con miles de pequeños montículos de piedras del tamaño de un ser humano adulto hasta donde alcanzaba la vista. Vieron entonces los letreros. «Underground bar«, «Underground church«. Y encontraron pasadizos subterráneos que llevaban a pequeñas cuevas cerradas con puertas. De manera inesperada para ellos se habían topado con Coober Pedy, el pueblo subterráneo de Australia.

El lago más peligroso del mundo
No es la primera vez que hablamos de lagos en este su blog de ustedes. Recordemos aquella sucesión recurrente de lagos e islas que causó sensación allá por los inicios de esta revista fronteriza, hace diez años, o la simpática toponimia canadiense en asuntos lacustres. Los lagos que vamos a visitar hoy, sin embargo, son bastante menos entretenidos y sí mucho más temibles. No se trata de que haya cocodrilos o que estén llenos de desechos tóxicos. Es, sencillamente, que son unos asesinos. Bienvenidos al Lago Kivu, el más peligroso del mundo.

Dos mundos separados por 80 metros de cuerda: viaje a la frontera más corta del mundo
Vuelve Fronteras, vuelve la ilusión. En esta ocasión nuestro lector más viajero, Javier, aka Sherlock, y al que pueden seguir en Tuíter en la cuenta @DuqueDeOlivares y en Instagram en @Javier_De_Olivares, nos regala una crónica de viaje a un rincón de la geografía española que ocupa un lugar de honor en el imaginario de este su blog fronterizo. Que lo disfruten.
Tras el tortuoso camino entre las montañas, polvoriento y exhausto, hundo los pies en la arena. El mar ruge a un lado y al otro del istmo, y observo al centinela de la fortaleza, que me mira con cara de asombro. Se levanta, y mientras avanzo hacia él, se pone en guardia y me desafía. Estoy pisando tierras árabes, y el castillo cristiano se encuentra bien defendido de un eventual ataque enemigo. No porto más armas que mi propio cuerpo, y le pregunto a gritos si me deja traspasar la cuerda que separa ambos territorios. Consulta, sorprendido de la presencia de un compatriota en estas tierras inhóspitas, y me devuelve una respuesta negativa. Cabizbajo, doy media vuelta, me aposento en la arena y me relajo escuchando el sonido del mar y contemplando el fortín, que ahora parece más inexpugnable. Parece una historia del siglo XII, pero esto no son las Cruzadas. Estamos en 2018, en pleno siglo XXI, y me encuentro en una de las fronteras más extrañas del mundo: la de Marruecos y España en el Peñón de Vélez de la Gomera.

Un cagajón con vistas: viaje a los retretes más exóticos del mundo
Un ser humano adulto medianamente constituido expulsa cada año alrededor de 100 kilos de heces. Eso suele ser más de lo que pesa el productor de los susodichos excrementos. La gestión de semejante montón de bosta ha ha evolucionado desde el agujero en el suelo hasta los retretes japoneses, con toda una gama intermedia de letrinas, excusados y evacuatorios de todo tipo. Hoy en Fronteras nos vamos a dar un paseo por algunos de los más exóticos y fascinantes. Porque la escatología y la geografía no están reñidas.
El retrete de los campos de lava islandeses
Es sabido que Islandia produce casi toda su energía a través de fuentes renovables, principalmente geotérmicas. Su situación en mitad de la Dorsal Atlántica hace que el país contenga más de 200 volcanes y 600 fuentes de agua termal. En un paraje volcánico bastante desolado podemos encontrar la más peculiar de ellas. Se trata de una ducha conectada directamente a un manantial subteráneo que proporciona agua caliente todo el año a los turistas que visitan la zona. Junto a ella se encontraba el retrete más raro de Islandia, un inodoro amarillo colocado allí por un anónimo hace unos años, quizá como instalación artística. Hace unos meses fue retirado y en su lugar apareció un lavabo, para que no se perdiera la imagen surrealista del lugar.
Sobre mundos perdidos, pirámides en Australia y monstruos resucitados
La entrada de hoy nos la trae uno de los lectores más veteranos de este su fronterizo blog. Se trata de Martín Donato, a quien recordaréis porque ya apareció por aqui mezclando fútbol y países no reconocidos. Si os gustan los chistes tan malos que figuran en la lista de los 10 más buscados del FBI, podéis seguirle en Tuíter: @martindonato. De paso podéis felicitarle, puesto que hoy cumple una pila de años y lo ha querido celebrar aquí. No me hago responsable de las consecuencias que pueda tener sobre vuestra salud mental.
Lo primero que habréis pensado tras leer el título es: “ya se le coló a Diego un fan de Iker Jiménez en el blog”. Tranquilos,no es el caso. Creo que fue Samuel Goldwyn el que dijo que una buena historia empieza con un terremoto y de ahí para arriba. Y bueno, para una vez que uno puede escribir en este, su blog de cabecera (y hasta aquí el momento señor Lobo), no es cosa de quedarse en una serie B. Aquí preferimos las superproducciones. Y si existe algún lugar que sea el escenario ideal para una superproducción fronteriza, tiene que estar, sin duda, en Australia. Y hacia allá viajamos. No exactamente hacia el hogar de los canguros, Bob Hawke y el Vegemite, sino a un lugar aún más aislado y escondido… Pero antes de que redoblen los tambores, toca contar como llegué hasta allí.
Uno, como firme partidario de que un exceso de ejercicio no es sano, tiene como deporte favorito la navegación internaútica. Especialmente, wikipédica. Allí te puedes dejar llevar por la corriente durante horas, yendo de un artículo a otro, enlazando temas en apariencia inconexos como la Guerra de los Canudos y la bruselización. Y entonces, sin saber exactamente como llegué allí… la vi. Si estoy escribiendo aquí (aparte del necesario soborno al dueño del garito y el tráfico escandaloso de influencias) es porque se me podría calificar de friki geográfico. Y como dentro de ese siniestro grupo aún se puede encontrar una vasta diversidad de parafilias, la mía seria, sin duda, las islas. Especialmente las pequeñas, las que se puedan abarcar de un solo vistazo.
Las islas son trozos de mundo hechos a escala humana, abarcables, con límites. Sirven para no sentirnos como lo que realmente somos, minúsculas motas de polvo en el tiempo y el espacio. Supongo que todos (decidme que si, o voy a tener que pensar que soy aún más raro de lo que pensaba) hemos soñado con tener un país propio, un sitio utópico, lleno de leyes justas, felicidad y mujeres hermo… perdón, leyes justas y felicidad. Y nada mejor para ello que una isla. Así que teniendo claro eso, que yo salive ante una vista panorámica de las islas Sorlingas es de lo más normal del mundo… o, por supuesto. delante de ESTO.
¿Cómo sería España si sus 17 comunidades autónomas tuvieran la misma población?
Volvemos a los mapas del departamento de What If. Hace un par de años apareció un mapa en el que se dividen los EE.UU. en 50 estados con igual población. También existe otra versión en la que se divide la Unión Europea en 28 países similarmente poblados. Y recientemente triunfó en Tuíter un mapa de nuestro lector y amigo Martín Donato en el que dividía España en siete regiones equipoblacionales. Bien, en Fronteras hemos querido ir más allá y hemos dividido España en 17 comunidades autónomas, las mismas que posee actualmente, pero modificando ligeramente sus límites para que en cada una de ellas habite un número similar de personas. Y este, damas y caballeros, es el resultado.

El bosque con la forma del mapa de Italia
A la región de la Umbría se la conoce como «el corazón verde de Italia». Las colinas se suceden unas a las otras y entre ellas podemos encontrar pequeñas y recónditas mesetas que esconden maravillas naturales. Una de ellas es el Piano Grande de Castelluccio, que toma su nombre del pueblo homónimo. Cuando la primavera muta en el caluroso verano itálico allí se produce un fenómeno conocido como la Fiorita, o la floración. La llanura se ve invadida por los infinitos colores de las amapolas, las margaritas y las flores de lis que tiñen de violeta, rojo, amarillo o blanco las laderas de las colinas, propiciando estampas inolvidables. Pero en la llanura de Castelluccio también hay un espectáculo natural que puede verse y visitarse todos los días del año: Bosco Italia.

Las cataratas de sangre de la Antártida
Corría el año 1911 y el científico australiano de origen británico Thomas «Grif» Taylor lideraba un pequeño grupo de exploración en la Antártida. Este grupo era parte de la famosa Expedición Terra Nova, que acabó en tragedia cuando su líder, Robert Falcon Scott, y todos los que iban con él, murieron en el viaje de regreso desde el Polo Sur, al que habían llegado apenas cinco semanas después que Roald Amudsen. Grif Taylor se encontraba explorando el glaciar que acabaría llevando su nombre cuando de repente halló ante él un espectáculo tan fascinante como aterrador: de un pequeño hueco manaba lentamente un líquido rojizo que teñía de un intenso carmesí el hielo de alrededor. Talmente parecía que el hielo estaba sangrando. Y ese fue el nombre que se le quedó al lugar: Las Cataratas de Sangre.
Las cataratas de sangre de la Antártida (fuente). Nótese la tienda de campaña a la izquierda de la fotografía y su tamaño respecto a la cascada.
Si el mundo tuviera sólo cien países con una población similar
Hace algo más de un lustro publicamos por aquí un mapa de origen desconocido titulado «Si en el mundo hubiera cien países con una superficie similar» en el que jugando al Dios de la geografía se separaban y juntaban países y regiones para dejar el planeta (o al menos su parte habitada) con únicamente cien países ficticios. Cabría preguntarse cómo quedaría un planeta dividido en sólo 100 naciones con una población similar. Y esa es la pregunta que se hizo un lector de Fronteras. Pero hacerse preguntas es sólo la mitad del camino. Luego está la parte divertida, la de encontrar las respuestas. Inspirado por aquella entrada y armado de una hoja de Excel, un mapamundi y generosas dosis de extravagancia geográfica nuestro amigo Félix Llamosas, de Encarnación (Paraguay) se puso manos a la obra y parió este colorido mapa en el que pueden ver cómo quedaría el mundo si contara únicamente con cien países de similar población.
Podéis seguir a Félix en Twitter: @mbarakaja
Si la ONU tuviera cien miembros con la misma población… (clic en la imagen para ampliar)



