El primer Road Trip de la historia

El concepto de Road trip, un lago viaje en coche, motocicleta o autobús por placer, necesidad, trabajo o cualquier otro motivo, es, como tantas otras cosas, un invento más o menos estadounidense. El individualismo es una de las características más acusadas de la sociedad americana, para bien o para mal, y el coche es el complemento perfecto para cualquier estadounidense medio. Hasta la aparición del automóvl, únicamente el tren garantizaba un viaje a una velocidad aceptable (digamos, superior a los treinta kilómetros por hora), y cruzar un país como Estados Unidos era prácticamente una odisea, como lo era recorrerse cuatro o cinco mil kilómetros en cualquier otra parte del mundo. La llegada del vehículo particular supuso, como hemos podido comprobar en el siglo y pico que ha pasado desde entonces, una auténtica revolución. De repente todo estaba mucho más cerca. Pero en las primeras décadas del siglo XX las carreteras pavimentadas eran escasas, también en Estados Unidos. Aún así, en 1903, un médico llamado Horatio Nelson Jackson realizó el primer viaje en coche coast-to-coast al recorrer los más de cinco mil kilómetros que separan San Francisco de Nueva York a lo largo de más de dos meses de trayecto, del que más de la mitad se hizo campo a través.

Horatio Nelson Jackson al volante de su automóvil, durante el primer road trip de la historia.

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Más viajes (extra) ordinarios en taxi

Mick Hogan es taxista en Portsmouth, una ciudad al sur de Inglaterra. La semana pasada estaba detenido en la parada de taxis haciendo esas cosas que hacen los taxistas (leer, revisar el navegador, empujar el coche) cuando un tipo llamado Dave se le subió al coche y pronunció una frase un tanto inolvidable: «Lléveme a Munich».

Pensé que se estaba echando unas risas a mi costa, o que uno de mis compañeros me estaba gastando una broma pesada, pero resultó que la cosa iba en serio. Le informé de que le costaría 1.700 libras [unos 2.200 euros, o 3.000 dólares], y 250 libras más para el cruce del Túnel del Canal y una noche de hotel en Munich, y accedió.

Según cuenta el taxista, el acelerado pasajero, al que parecía sobrarle el dinero tanto como le faltaba el tiempo, había quedado con unos amigos en pleno Oktoberfest de Múnich para celebrar una despedida de soltero, y había perdido el avión que tenía que llevarle a la capital bávara. Veinte horas después y con 3.500 euros más en el bolsillo el taxista inglés depositó al viajero en la ciudad alemana. Preguntado sobre el hecho, afirmó «Son cosas que pasan a veces, aunque desde luego supera a acercar a las tiendas a algunos pensionistas». Flema británica, le dicen.

Esto, que es extraordinario en Portsmouth, en la famosa Costa de la Muerte gallega es de lo más común. Ángel Vázquez, un taxista de Baio (La Coruña) lleva más de dos décadas realizando el trayecto entre Galicia y Suiza varias veces al mes por un precio mucho más asequible, unos 150 euros (supongo que por pasajero, si no no le alcanza ni para pagar la gasolina). La colonia gallega en Suiza siempre ha sido muy numerosa, pero cada vez es menor, por lo que, poco a poco, esos viajes van resultando cada vez más raros. Y es que, como decía aquel torero, «hay gente pa to».

Previamente, en Fronteras: Viajes extraordinarios… en taxi.

Vía Menéame (y 2).

Cabbie! Drive me to Munich, en la edición británica del diario Metro.

De la Costa da Morte a Suiza, en La Voz de Galicia.

Una odisea en Transnistria

[S]algo de Moldavia y enfilo hacia Transnistria. Los del otro lado, que están a escasos 15 metros, ya me esperaban hacía rato…

En la primera garita me salen al paso los militares con los fusiles en ristre, me dan el alto y me hacen pasar adentro, y un oficial en aceptable inglés me dice que tenemos un problema pues quiero entrar a su país sin tener ningún visado (¡no te fastidia el notas, como voy a tener visado si no hay embajadas en ningún país!), y que tendré que darme la vuelta otra vez a Moldavia e ir hacia Odessa mediante un rodeo de más de quinientos kilómetros hacia el norte. Yo me doy cuenta que es imposible volver a Moldavia porque el policía moldavo al que acabo de sobornar seguro que ahora ya no me deja entrar sin quedarse mis antinieblas (que te apuestas a que están compinchados …). El oficial me explica el tema de Transnistria, y al final me dice que si “colaboro con la causa” tal vez podamos arreglarlo. O sea que se adjunta 10 euros más de soborno y me deja entrar propiamente en la frontera sin visado. Luego me di cuenta que éste si que me había timado porque resulta que los visados en realidad se expedían en la oficina que había más adelante…

Llego a la oficina de control de documentos y delante de mí hay unos chicos de Londres que vienen de hacer el Rallie Transmongolia con un pequeño coche. Entablamos conversación y lo que a mi me han hecho los moldavos con los antinieblas, a ellos se lo han hecho con los walkie-talkies. Nos queda claro que al no ser una frontera oficial aquello es un nido de ratas que viven de los sobornos inventando prohibiciones injustificadas.

Una moto española en Tiraspol, Transnistria.

El resto en una apasionante crónica de viaje realizada por Cuco, un catalán que a lo largo de 37 días se fue hasta Georgia y Azerbayán y volvió, a lomos de la Pantera Negra, su moto. En su blog (Cuco Desafío 08), que me estoy leyendo poco a poco, cuenta todo el viaje por etapas. Es muy interesante la primera parte, en la que cuenta los preparativos necesarios, y lugares a evitar (muchos de ellos, fronterizos).

Ruta del Cuco Desafío 2008 (click para ampliar).

Sección Remember: Transnistria, hace nueve meses en Fronteras.

Más cosas: Transnistria, el agujero negro de Europa (en inglés), un documental en cuatro partes sobre la última y siniestra República Soviética.

Por último: Lugares que no existen: Transnistria (tres partes: 1, 2 y 3), de la serie Vacaciones en la zona de peligro (también en inglés).

Una de nostalgia

Cada uno tiene su imaginario particular, sus hitos biográficos que, a la larga y mirando hacia atrás en el tiempo, explican sus actitudes o anhelos actuales. Muchos son compartidos con otros, y de ahí nace el concepto de «generación» de tal o cual época. No hace mucho tiempo circuló por los correos electrónicos de los españoles un mensaje en el que se destacaban las presuntas características que hacen de «nuestra» generación (una amplísima, que va desde los nacidos a finales de los sesenta hasta los que lo hicimos en las postrimerías de los setenta y principios de los ochenta) supuestamente mejor que la que vino después. A partir de ese correo Coca Cola realizó un anuncio que tuvo bastante éxito, y que llevó a la franquicia española de la multinacional a continuar en la misma línea publicitaria con otro (Chaval) al ritmo del Gold de Spandau Ballet y con la estética del Wake me up before you go-go de Wham!. La aparición estelar de Loquillo y Mayra Gómez-Kemp le daba al anuncio el toque autóctono.

El Gran Rallye, primer y último tomo

Pero, como decía, cada uno tiene su propio imaginario. El mío, el de un apasionado por los lugares lejanos, exóticos y raros, tiene uno de sus hitos nostálgicos en la colección «El gran rallye de la vuelta al mundo«, una serie de 35 libros en los que los participantes en un rallye (que se realizaba con coches de la época como el Seat Ronda, por poner un ejemplo) competían por ganar una carrera alrededor del mundo. La primera etapa transcurría nada menos que entre París y Dakar. La segunda entre Dakar y El Cairo (en línea recta, más de 5.000 kilómetros), otra entre Los Ángeles y Cuba, y así. Mi favorita era la que transcurría entre Moscú y Vladivostok. Sólo de pensar en recorrer semejante distancia en un Seat Ronda o en un Renault 21 me entra el tembleque. Seguir leyendo

El último baile de Matt Harding

Sospecho que la mayoría de los lectores de Fronteras ya conocen a Matt Harding, por lo que me ahorraré las presentaciones. Si queda algún despistado, la historia la pueden encontrar en el blog hermano (y de mi hermano) Curioso Pero Inútil, o en El Mundo.

El caso es que Matt Harding ha sacado nuevo vídeo. Esta vez no baila solo, sino con cientos de personas alrededor del mundo. La ciudad donde más gente se juntó para hacer el ganso fue, precisamente, Madrid. Matt afirmó en una entrevista con El Periódico que este sería su último vídeo, al menos por un tiempo, así que disfrútenlo. Y, si tienen ganas, tiempo y una tuerca de menos, imítenle.

Para saber más:

Where the hell is Matt, la página oficial de Matt Harding.

Primer y segundo vídeos de Matt Harding dancing around the whole world.

El desafío CPI, la propuesta de batir todos los récords de viaje bailarín. Se batieron.

Matt en Madrid, la crónica y los vídeos de la visita que Matt Harding realizó a la capital de España.

Today… is THE DAY

Los letreros los he sacado de Customroadsign y Customweddingsign. Si están muy aburridos, también pueden crear sus propios carteles de motel de carretera, y sus propios recibos de la compra. Sólo si están muy aburridos. Por mi parte, tengo un montón de guías que destrozar con el uso y una mujer a la que hacer feliz. Fronteras estará inactvo unas cuantas semanas, dado que postear en roaming es carísimo. Por la misma razón, tampoco podré actualizar los comentarios durante un tiempo. Nos vemos a la vuelta.

Libros – Viajes con Charley

Viajes con Charley. En busca de América. John Steinbeck. Traducción de José Manuel Álvarez Florez. Península, Barcelona, 1998.

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre, y ahora que tengo cincuenta y ocho, tal vez la senilidad realice la tarea.

Así comienza el prólogo de este libro de viajes escrito por el autor de, entre otras cosas, Las uvas de la ira o La perla. El ansia de estar lejos-de-aquí es una enfermedad bastante incurable, que la mayoría padecemos, en mayor o menor medida. En 1962, a John Steinbeck, a los 58 años, el cuerpo le pidió recorrerse su país, Estados Unidos, de punta a punta. A lo largo de tres meses recorrió dieciséis mil kilómetros por carreteras secundarias de treinta y cuatro estados con Charley, un caniche francés, y Rocinante, la autocaravana que compró para la ocasión y que llevaba su nombre en un costado escrito con caligrafía española del siglo XVI. Según cuenta, durante todo ese tiempo nadie le reconoció ni una sola vez.

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Libros: Viajar por el mundo/Ciudades del mundo

Viajar por el mundo/Ciudades del Mundo. VV.AA. Geoplaneta, Barcelona, 2007.

De un tiempo a esta parte, quizá coincidiendo con el auge de las compañías aéreas low cost, han aparecido en el mercado varios libros de gran formato que recorren en sus páginas un número determinado de lugares de interés pasando, eso sí, un poco por encima de cada uno de ellos. Son, básicamente, contenedores de información, o casi fichas técnicas, de islas, lugares, monumentos o rarezas de nuestro planeta. O sea, una auténtica gozada para gente como yo.

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Viajes extraordinarios… en taxi

¡Taxi!

Cualquier taxista que se precie tiene centenares de anécdotas que contar, desde los pasajeros famosos que han llevado hasta los mamones que han echado la papilla en la tapicería del asiento trasero. En una ocasión una taxista de un pueblo cercano a Barcelona me contó que la carrera más larga que había realizado consistió en llevar unas piezas de una máquina hasta Málaga. Otro taxista, madrileño esta vez, se reía al recordar a un pasajero que se subió al coche y dijo «Tengo que ir a Sevilla, pero no a la calle, la ciudad». Sin embargo, ninguna de esas carreras puede compararse ni siquiera de lejos con la que el vizcaíno Carlos Arrese y los ingleses Jeremy Levine y Mark Aylett realizaron en 1994.

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Viajes extraordinarios… en autobús

Bus AlsaDurante muchos años fui usuario habitual de la línea de autobús Madrid-Barcelona de la Alsa. A falta de un presupuesto digno de ese nombre, los 42 euros que costaba el billete de ida y vuelta entre las dos ciudades eran lo único que mi economía se podía permitir. El servicio de línea regular oscilaba entre lo surrealista (he visto compañeros de viaje que vosotros no creeríais) y lo espantoso (he olido compañeros de viaje…). Por poner un ejemplo de las rarezas de la ruta, la primera parada técnica (así lo llamaban) solía ser en Esteras de Medinaceli, un pueblo soriano a 140 kilómetros de Madrid. Bueno, concretamente parábamos en un área de servicio que yo llamaba El Supermercado Más Caro De La Tierra, por los inconcebibles precios de la mercancía, que harían palidecer de envidia a los más consumados atracadores aeroportuarios. Otros sobrenombres que recibió el lugar fueron Este Sucio Agujero o La Capital Mundial De La Nada.

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