Me quedo con tu matrícula: un viaje alrededor del mundo a través de las placas de los coches

Las matrículas de los vehículos pertenecen a esa categoría de objetos que son simultáneamente burocráticos y sugerentes, como las pantallas de destinos de los aeropuertos o la señalización geográfica de las autopistas. Una matrícula es en esencia un objeto puramente administrativo, cuya utilidad es identificar un vehículo determinado y a su dueño, certificar que la maquinaria del Estado ha dado su visto bueno para su circulación. Pero también es más que eso. Un automóvil extranjero es como un pedacito de otro país circulando por nuestros caminos. Cruzarse con un coche, una moto, o una autocaravana con una matrícula extranjera nos evoca el recorrido que habrá realizado el vehículo desde su hogar hasta la calle donde lo vemos aparcado o el cruce donde nos lo topamos. Nos inspira preguntas y nos sugiere itinerarios, y más cuanto más lejano es el país de procedencia del vehículo.

Una furgoneta marca Toyota matriculada en Iowa y fotografiada en Sitges (Barcelona)

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No habrá Champions League en Tiraspol

sheriffEl pasado día 5 de agosto el FC Sheriff, nueve veces campeón de la liga de fútbol moldava, dio la campanada al eliminar al Slavia de Praga en la previa de la Champions, merced a un gol en el tiempo de descuento que heló la capital checa. El FC Sheriff tiene varias peculiaridades. Una, poseer un estadio internacional UEFA, en un país tan depauperado como Moldavia. Dos, que juega en Tiraspol, capital de la República Pseudoindependiente de Transnistria, o Pridnestrovie, vieja conocida de los lectores de este blog. La machada del Sheriff abría las puertas a la posibilidad de que la Champions, con su corte de periodistas, aficionados, televisiones, directivos y demás, visitara la hermética república. Para ello tenían que superar un último escollo, el Olympiakos griego. Se da la circunstancia de que el entrenador del conjunto helénico era el técnico del último equipo que eliminó al Olympiakos en la Champions; el Anorthosis de Farmagusta, otra ciudad de un país inexistente. Anoche se disputó el encuentro de ida, y el resultado, esta vez, fue el esperado. Los griegos vencieron por dos goles a cero en Tiraspol, encarrilando la eliminatoria y cerrando prácticamente todas las puertas a los transnistrios para disputar la próxima edición de la Champions League. Otro año será.

Axel Torres: ¿Champions League en Transnistria?

Fronteras ha regresado ya de sus vacaciones. En los próximos días retomaremos la aleatoria actividad habitual. Gracias por vigilar el blog, regar las plantas y dar de comer a los aduaneros en mi ausencia. Disculpad por los comentarios que han estado durante semanas pendientes de moderación. Nos leemos por aquí.

Una odisea en Transnistria

[S]algo de Moldavia y enfilo hacia Transnistria. Los del otro lado, que están a escasos 15 metros, ya me esperaban hacía rato…

En la primera garita me salen al paso los militares con los fusiles en ristre, me dan el alto y me hacen pasar adentro, y un oficial en aceptable inglés me dice que tenemos un problema pues quiero entrar a su país sin tener ningún visado (¡no te fastidia el notas, como voy a tener visado si no hay embajadas en ningún país!), y que tendré que darme la vuelta otra vez a Moldavia e ir hacia Odessa mediante un rodeo de más de quinientos kilómetros hacia el norte. Yo me doy cuenta que es imposible volver a Moldavia porque el policía moldavo al que acabo de sobornar seguro que ahora ya no me deja entrar sin quedarse mis antinieblas (que te apuestas a que están compinchados …). El oficial me explica el tema de Transnistria, y al final me dice que si “colaboro con la causa” tal vez podamos arreglarlo. O sea que se adjunta 10 euros más de soborno y me deja entrar propiamente en la frontera sin visado. Luego me di cuenta que éste si que me había timado porque resulta que los visados en realidad se expedían en la oficina que había más adelante…

Llego a la oficina de control de documentos y delante de mí hay unos chicos de Londres que vienen de hacer el Rallie Transmongolia con un pequeño coche. Entablamos conversación y lo que a mi me han hecho los moldavos con los antinieblas, a ellos se lo han hecho con los walkie-talkies. Nos queda claro que al no ser una frontera oficial aquello es un nido de ratas que viven de los sobornos inventando prohibiciones injustificadas.

Una moto española en Tiraspol, Transnistria.

El resto en una apasionante crónica de viaje realizada por Cuco, un catalán que a lo largo de 37 días se fue hasta Georgia y Azerbayán y volvió, a lomos de la Pantera Negra, su moto. En su blog (Cuco Desafío 08), que me estoy leyendo poco a poco, cuenta todo el viaje por etapas. Es muy interesante la primera parte, en la que cuenta los preparativos necesarios, y lugares a evitar (muchos de ellos, fronterizos).

Ruta del Cuco Desafío 2008 (click para ampliar).

Sección Remember: Transnistria, hace nueve meses en Fronteras.

Más cosas: Transnistria, el agujero negro de Europa (en inglés), un documental en cuatro partes sobre la última y siniestra República Soviética.

Por último: Lugares que no existen: Transnistria (tres partes: 1, 2 y 3), de la serie Vacaciones en la zona de peligro (también en inglés).

Lugares que no existen – Transnistria

Escudo de TransnistriaYa sólo el nombre del país resulta curioso. Recuerda a los Syldavia y Borduria de las aventuras de Tintín, a la patria de Tom Hanks en La Terminal, Krakozhia, o al reino de Ruritania, donde se desarrolla El prisionero de Zenda.

Pero a diferencia de todos ellos, Transnistria existe realmente. Se trata de una estrecha franja de territorio moldavo situada entre el Río Dniester (de ahí el nombre) y la frontera con Ucrania. Tiene poco más de 4.000 kilómetros cuadrados (más o menos el tamaño de la provincia de Pontevedra) y en él viven unos 550.000 habitantes transnistrios. Su nombre oficial en ruso es Pridnestrovie, o Pridnestrovskaya Moldavskaya Republika, República Moldava de Transnistria. La capital es Tiraspol, ciudad de unos 150.000 habitantes. La principal institución de Transnistria es el Soviet Supremo. Sí, habéis leído bien, el Soviet Supremo. Es la única República Soviética superviviente tras la caida de la URSS en 1991. Resiste como un Estado independiente de facto, pese a que es unánimemente reconocida como una provincia de Moldavia, gracias a la protección que le brinda Rusia.

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