Y tú, ¿de qué país te independizaste? Madre Patria around the world

Madre Patria es como en ocasiones se refieren a España los habitantes de los países americanos donde la lengua mayoritaria es el castellano, y cuyo territorio formó parte del vasto imperio español hace algunos siglos. Es algo que a algunos españoles nos pone tiernotes (a mí me pasó con dos puertorriqueños en Manhattan y oye, que emoción), que nos da la sensación de pertenecer a un ente superior a nuestro propio país: la Hispanidad. No en vano el 12 de octubre, fiesta nacional española, celebra eso mismo, la Hispanidad. El caso es que la Madre Patria es el país del que casi todas las naciones de Hispanoamérica se independizaron a principios del siglo XIX; y hoy vamos a ver aquí qué países son los más Patriomaternales del mundo, es decir, aquel del que más países se han independizado. Ahí va la lista.

Imperios coloniales español y portugués durante la Unión Ibérica (1580-1640)

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Diez pueblos con exactamente un habitante

En El disputado voto del Señor Cayo, el enorme Miguel Delibes contaba la historia de cómo tres miembros de un partido político buscan votos en la España más rural. Eran los setenta, las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. En uno de esos pueblos castellanos pasto del olvido se encuentran con el Señor Cayo; uno de los dos únicos habitantes que quedan en el lugar, que además no se habla con el otro. El contraste entre los jóvenes militantes, modernos, urbanitas y concienciados y el casi anciano lugareño y su forma sencilla de ver la vida es el hilo conductor que da forma a la novela. El señor Cayo era un resistente, una rémora destinada a desaparecer, como su propio pueblo. Treinta años después siguen existiendo lugares así. Hoy, en Fronteras, pueblos con exactamente un habitante.

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Los grafittis de Centralia

Ayer contamos aquí la historia de Centralia, el pueblo que fue abandonado hace casi tres décadas por culpa de un incendio todavía ardiente en una mina de carbón. El pueblo puede ser visitado, aunque las autoridades recomiendan encarecidamente no hacerlo bajo ningún concepto. El coche de Google Street View pasó por allí hace un tiempo, mostrando al mundo la desolación y el abandono en el que está sumido el otrora vibrante pueblecito de Pensilvania. Bill Bryson, en su clásico A walk in the woods, también cuenta su visita al pueblo en su habitual tono hilarante. Igualmente hilarantes son los grafittis que han ido dejando a lo largo de los años los residentes y los ocasionales visitantes del pueblo en el asfalto carente de mantenimiento de Centralia. «Bienvenido al infierno» es el saludo que el viajero intrépido puede encontrar en la carretera que da acceso al lugar.

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Las puertas del infierno (I): Centralia, el pueblo al que le arden las entrañas

A principios de los años 80 Centralia era un apacible pueblecito sito en el Condado de Columbia, en Pensilvania, con más de 1.000 habitantes y sus cuidados céspedes y sus coches familiares de seis metros de largo aparcados junto al jardín. Situado a apenas dos horas en coche de Filadelfia o a tres de Nueva York, era el clásico pueblo de clase media del noreste de Estados Unidos, la clase de sitios a los que ponen apodos como «la capital mundial de la tarta de manzana» y cosas así. Un pueblo como hay miles en Nueva Inglaterra, Nueva York o la propia Pensilvania. Antes de que se alcanzara la mitad de la década de los 80 el pueblo quedaría prácticamente vacío. Un incendio tuvo la culpa. Pero era un incendio invisible, porque se encontraba bajo las casas unifamiliares, bajo las pulcras calles, bajo los cuidados céspedes y los niños intercambiando cromos de béisbol. En sólo cuatro años el pueblo quedó casi desierto. Esta es su historia.

Uno de los carteles que avisan del peligro en el pueblo, instalados por las autoridades estatales: «Peligro. Fuego bajo tierra. Caminar o conducir por esta área puede provocar graves heridas o la mierte. Presencia de gases peligrosos. El suelo puede hundirse repentinamente»

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Los quince territorios más despoblados de la Tierra

En algún momento de los últimos meses la Tierra alcanzó los siete mil millones de habitantes, una cifra que multiplica más o menos por cuatro la que había cuando se hundió el Titanic, y por dos la cifra de de 1970. El planeta se llena y va a seguir haciéndolo en las próximas décadas, pero la distribución de la población no es ni remotamente equitativa por la superficie terrestre. Hay zonas donde es imposible dar un paso sin pisar a alguien (pongamos las piscinas públicas de Tokio o el Metro de Barcelona) y territorios donde podrías caminar semanas sin ver una sola persona. Territorios vacíos, o casi, zonas vírgenes, desoladas, completamente ajenas al trajín humano. El paraíso para cualquier misántropo. Hoy, en Fronteras, los territorios más despoblados del planeta Tierra.

No, si mal no se vive, lo malo es cuando me quedo sin tabaco o tengo que ir a pedirle sal al vecino

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El cielo de las aerolíneas (segunda parte)

Para leer la primera parte de esta entrada, pincha aquí.

  Aviaco, España, 1948-1999

Aviación y Comercio S.A., que ese era el nombre de la empresa, fue fundada en 1948 tras una más que tímida liberalización del mercado aéreo español. Su primera ruta fue entre Bilbao y Madrid, internacionalizando sus recorridos poco después con rutas a Orán, Burdeos o Ámsterdam. En 1954 el ministerio de Industria nacionalizó la mitad de la compañía y la puso al servicio de Iberia, cubriendo Aviaco las rutas a las que Iberia no llegaba por su orientación más internacional. Aviaco comenzó entonces su política de unir aeropuertos secundarios con Madrid o Barcelona, sirviendo simplemente de alimentador de Iberia, compañía de la que se convertiría en filial en 1959. Durante cuatro décadas Iberia dirigió la política de Aviaco hasta que se decidió reorganizar el grupo tras la liberalización del mercado aéreo y Aviaco fue integrado en Iberia. La marca desapareció el 1 de marzo de 1999.

Fuentes: Wikipedia, Timetable Images.

Un Convair CV 440 en Barajas, en 1965 (fuente). Debajo, un DC-9 en Palma de Mallorca, en 1999, pocas semanas antes de la desaparición de la marca (fuente)

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Cuando muere una aerolínea, ¿va al cielo?

Crecer es desilusionarse, que dijo el filósofo. Igual que desaparecen los seres queridos y se marchita la belleza de la juventud, los negocios nacen, crecen y, en un 90% de los casos, acaban desapareciendo. Y las aerolíneas no son una excepción. El vacío que dejan al desaparecer es, quizás, un poco mayor de lo normal. La marca de una línea aérea se identifica en muchas ocasiones con sueños largamente esperados, con esa sensación hormigueante de estar a punto de descubrir un lugar nuevo. Las líneas aéreas son negocios, pero también son símbolos. Y cuando desaparecen, no sólo desaparece la empresa. También aquello que simbolizaba. Hoy nos ponemos manriqueños (cualquiera tiempo pasado fue mejor) y vamos a recordar algunas compañías aéreas de las que sólo queda la memoria y su artículo de la Wikipedia en Inglés.

  Pan Am, Estados Unidos, 1927-1991

Hablar de Pan Am (Panamerican World Airways) es hablar de Historia de la Aviación con mayúsculas. Simboliza como ninguna otra compañía lo ha hecho ni lo hará el cosmopolitismo de las líneas aéreas comerciales, el glamour de los cielos. En el imaginario colectivo se identifica Pan Am con la edad de oro de la aviación comercial, esos años cincuenta y sesenta en los que tomar un avión era una cuestión de estatus, antes de la aparición de las low cost y de la democratización del vuelo. Soy de la opinión de que la edad de oro la estamos viviendo en el siglo XXI, pero esa es otra Historia. Pan Am fue y sigue siendo una de las marcas más reconocidas y reconocibles a nivel mundial, gracias a su extensísima red de rutas, que llegó a abarcar, a finales de los sesenta, la friolera de 225 destinos en 86 países

Un Boeing 707 despegando del JFK en los años 60.

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La Cádiz de Ohio (y la de California, y la de Filipinas, y…)

Cádiz es una de las ciudades más antiguas de España y de Europa. La tradición dice que fue fundada a finales del siglo XII antes de nuestra era, lo que viene a significar que lleva unos 3.100 años habitada. Con semejantes credenciales la Historia gaditana es larga y tortuosa, desde las Guerras Púnicas a La Pepa, como corresponde a uno de los lugares con más solera de España. Pero la Tacita de Plata (sobrenombre que he de confesar que encuentro cursi hasta el horror y que a pesar de ello comparte con media docena de ciudades) no es la única Cádiz que existe. En Estados Unidos encontramos hasta cuatro más, un póker gaditano que no tiene ni tanto nombre ni tanta historia (ni, desde luego, unos carnavales tan espectaculares) pero que bien merece un reconocimiento.

Welcome to Cadiz, Ohio (fuente)

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Disculpa si me como tu bandera para cenar

Una deliciosa entrada (es un decir) para este primer viernes de marzo: banderas hechas con comida. Ñam. Las banderas fueron cocinadas por la Agencia TBWA para el Festival Gastronómico de Sídney y supuestamente están hechas de comida típica del país al que representan. Que las disfrutéis y ¡feliz fin de semana!

España: Paella y chorizo (dejo las metáforas políticas para las sin duda afiladas lenguas de mis amados comentaristas).

Japón: Arroz y atún. Minimalismo a tope

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A diez mil kilómetros de casa y sin embargo en casa

Cuando uno estudia geografía por primera vez, le enseñan los países como algo consolidado, sólido, con unos límites definidos, que se sabe dónde empieza y dónde acaba. Uno no piensa que se puede encontrar en un determinado país y a la vez estar a diez mil kilómetros del mismo país. Las naciones y las fronteras, como toda construcción humana, distan mucho de ser algo perfectamente definido y definible, y a veces hay islas que forman parte de un país pero a la vez están a dos continentes de distancia. Y eso es lo que vamos a ver hoy, queridos lectores. Cómo pisar Francia sin acercarse a Europa, o como estar en el Reino Unido y a la vez en América.

20mururoa

Esto es Francia. En serio.

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