La temporada 2003-2004 fue sin duda la más gloriosa de toda la historia del Valencia Fútbol Club. En un año mágico se llevó a sus vitrinas su sexta Liga española y, sobre todo, su segundo título europeo, la Copa de la UEFA. Aquel año los valencianistas estaban orgullosos, y con razón, de que su club paseara el nombre de su ciudad por el mundo. Pero resulta que el nombre de la ciudad ya se había paseado mucho antes, dejando pequeños hijos de la ciudad del Turia por todo el planeta.

Es el caso de la ciudad de Valencia situada en la isla filipina de Bohol. Hasta 1867 se llamaba Panagatan, nombre que venía a significar «poner en un lugar elevado», y que le venía de la costumbre, muy saludable, de los pescadores locales de sacar las barcas del agua para evitar la furia de los monzones. En ese año un obispo español fue asignado a la ciudad, y procedió a cambiarle el nombre y ponerle el de la ciudad levantina española. En aquella época la localidad estaba habitada por unas siete mil personas. Actualmente cuenta con unos 28.000 habitantes.

En Ventorros casi todo es doble: dos provincias, dos alcaldes, dos raciones de lagartos… y la factura del teléfono: “Cada parte del pueblo tiene un prefijo diferente. En más de una ocasión se me han ido cinco euros por hablar menos de media hora por teléfono con una persona que vive en la otra zona del pueblo”, recuerda Mónica. Sin embargo, comparten un sentimiento: “No somos ni de Granada ni de Córdoba. Nosotros somos ventorreños”, dice Francisco Hidalgo con indisimulado orgullo. “Funcionamos como un solo pueblo, que es lo que somos. Las fiestas están financiadas por ambos ayuntamientos y se celebran en Ventorros de Balerma.




