Cómo me enamoré de Skopje, la capital más absurda de Europa

Skopje es un pastiche. Todas las ciudades lo son en mayor o menor medida, la suma de diferentes épocas, visiones urbanísticas y corrientes arquitectónicas, pero la capital de Macedonia concentra una cantidad tal de incongruencias e incoherencias en un espacio tan pequeño que cuando uno camina por sus calles lo único que puede hacer es reírse y disfrutar como un maníaco. Si las ciudades fueran personas, Skopje sería tu amiga la rarita ciclotímica con un pasado emo del que nunca habla y ciertas cicatrices sospechosas en las muñecas, pero que por alguna razón es increíblemente alegre y vive cada día como si fuera el último. Es completamente absurda pero por esa misma razón es imposible no quererla. Hoy en Fronteras: Skopje (se pronuncia Escopia)

Banderas, estatuas y una cruz descomunal. Skopje in a nutshell

Seguir leyendo

A favor de aplaudir en los aterrizajes

La escena es común en cualquier vuelo con origen o destino en Italia y algunos países de Europa del Este. Las ruedas del avión tocan el suelo, el piloto pone los motores en reversa para frenar el avión, y según el estruendo comienza a disiparse, una salva de aplausos recorre la cabina de pasajeros. Cuando era (más) joven pensaba que era una horterada propia de gente que no suele montarse en un avión. Después de un año y medio volando cuatro veces al mes, os seré sincero, me parece una costumbre maravillosa.

Dos niños observan el aterrizaje de un Boeing 747 de Luxair en el aeropuerto de Luxemburgo

Seguir leyendo

Caminar sin rumbo: Atardecer veneciano

«Voy a tomar el barco del aeropuerto» es una frase que se puede decir en muy pocos sitios. Yo sólo conozco uno: Venecia. Llegué allí después de conducir 1.700 kilómetros entre San Marino, Italia, Eslovenia y el norte de Croacia. El vaporetto me depositó en los Fondamente Nove a las siete de la tarde de un día increíblemente caluroso y húmedo del mes de julio, diez horas antes del embarque del avión que me llevaría a Praga. Así que hice lo único que realmente podía hacerse con tan poco tiempo en la ciudad: caminar.

Cúpulas y campanile de la Basílica de San Marcos, vistos desde el vaporetto del aeropuerto

Seguir leyendo

Al-Madam, el pueblo que el desierto se tragó

Capítulos anteriores: Abu Dabi | Kuwait | Dubái | Omán

«Lo mejor para viajar es ir con un gilipollas, porque conoces sitios que jamás conocerías tú solo».

Edu Soto

La mejor manera de aprender algo es haciéndolo. Por ejemplo, la mejor manera de aprender que un utilitario estándar de alquiler con tracción delantera no puede circular por el desierto es empotrarlo contra una duna y quedarse atascado. Podría alegarse, claro, que para adquirir ese conocimiento no es necesaria una prueba empírica, que basta con tener más de media docena de neuronas funcionales o un par de átomos de sentido común, pero los que estábamos en el desierto con un Nissan Sunny éramos Javi y yo, y no vosotros. Así que no nos juzguéis. Hoy, en Fronteras: el pueblo que sucumbió al desierto.

«Cuando me dijiste de ir al Dubai Arena no me esperaba esto»

Seguir leyendo

Viaje a Madha y Nahwa, el huevo frito fronterizo del desierto

Capítulos anteriores: Abu Dabi | Kuwait | Dubái

Nuestro Nissan Sunny de alquiler no estaba ni remotamente preparado para esas pistas de tierra y grava en mitad de la nada. Un grupo de cuatro todo terrenos nos adelantó y nos preguntamos qué hacer, si merecía la pena continuar. No teníamos permiso para estar en el país, no teníamos cobertura en el móvil, la probabilidad de pinchar un neumático era demasiado elevada como para ignorarla, y frente a nosotros había una cuesta abajo vertiginosa que finalizaba en un arroyo que habría que vadear con nuestro automóvil de tracción delantera. Quizá era un buen momento para darse la vuelta. Quizá era la decisión más lógica y sensata. Nos miramos, e inmediatamente decidimos: «Hemos venido a jugar». Bienvenidos a Madha y Nahwa, los enclaves fronterizos del desierto

Hasta el infinito y más allá

Seguir leyendo

Oriente Medio exprés. Capítulo 3: Dubái o la desmesura en el desierto

En episodios anteriores: Abu Dabi | Kuwait

La primera blasfemia se escapó a unos 20 kilómetros del edificio más alto del mundo, cruzando la Marina de Dubái en un coche de alquiler en mitad de la noche. Vinieron unas cuantas más después; según la densidad de rascacielos iba aumentando también lo hacía la frecuencia de mis obscenidades. «¿Pero es que nadie les ha dicho que paren? ¿Nadie se ha detenido un momentito a mirar a su alrededor y ha dicho «bueno, pues ya estaría bien de rascacielos por ahora»? ¿Cuántos puñeteros rascacielos MÁS quiere meter esta gente en el desierto?» En un momento dado asomó entre las torres infinitas el perfil afilado del edificio más conocido del país, pero para entonces ya simplemente aullábamos gañidos inconexos. Así de abrumadora es la ciudad, y así de enloquecida. Hoy, en Fronteras, Dubái o la desmesura.

Dubái es un render

Seguir leyendo

Oriente Medio Exprés. Capítulo 2: Kuwait, la última Coca Cola del desierto

Primera parte: Abu Dabi

El conductor nos contó que era bangladesí. Se notaba que le habíamos interrumpido en una videollamada y nos quería dar largas cuanto antes. Su camión estaba aparcado en la cuneta de una autopista de tres carriles por sentido. O quizás habría que decir una autopista en la que cabrían tres carriles por sentido, si alguien se hubiera molestado en pintar las líneas entre cada carril. A esa hora de la tarde tampoco hacían falta líneas, ni siquiera carriles. Poco más de un coche cada minuto quebraba la tranquilidad del desierto. Para pagarle dos botellas de agua helada y una Coca Cola no menos fresca nos bastó un único billete de un dinar. Y nos sobró lo suficiente para que el cambio también fuera en billetes. Allí, en una remota cuneta kuwaití, a decenas de kilómetros de cualquier lugar habitado, a la vista de cientos de pozos de petróleo y junto a un camión-bazar donde comprar cualquier cosa desde un cable USB a un cartón de tabaco, nos bebimos, literalmente, la última Coca Cola del desierto. Bienvenidos a Kuwait, el campo petrolífero que se convirtió en país.

Las Torres de Kuwait, el principal, y diríamos único, icono del país

Seguir leyendo

Oriente Medio Exprés. Capítulo 1: Abu Dabi, la ciudad recién estrenada

Uno de mis propósitos de año nuevo, junto con aprender francés y ser el malnacido que en plena fiesta saca la guitarrita y se pone a tocar el Wonderwall, fue gastarme un poquito menos de dinero en viajar. Por ahora llevo cuatro acordes aprendidos en la guitarra y soy capaz de pedir un café con leche y un cruasán en cualquier boulangerie de Perpiñán o Hendaya (donde todo el mundo habla español), así que vamos según el plan previsto. Respecto a lo de viajar, el 15 de enero me compré mi sexto billete de ida y vuelta para los primeros cuatro meses de 2023 (acabaron siendo ocho), y pese a que todos ellos han sido tan insultantemente baratos que harían hiperventilar a Greta Thunberg, da la impresión de que lo de viajar menos lo llevo regulín. Tres de esos billetes de avión corresponden a un único viaje que hice con Javi, lector zaragozano de este blog devenido en amigo con el que comparto taras mentales de toda clase y condición, pero especialmente las relacionadas con la geografía, y que ya se vino conmigo a Baarle hace unos años y a La Fontañera el año pasado. Después de pasar 24 horas en Roma (otro día hablaremos de eso), nos subimos a un Airbus 321 de un improbable color fucsia rumbo a  nuestra primera escala en Oriente Medio: Abu Dabi.

Cúpulas y minaretes blancos de la Gran Mezquita de Abu Dabi recortándose contra un cielo notoriamente azul.

Seguir leyendo

El viaje de una postal desde la Antártida hasta mi casa

Postal de la Antártida en la que se lee "Antarctica. The white continent" y se ve una bahía helada con glaciares, rocas y pingüinos sobre ellas. El pasado viernes el cartero depositó en mi buzón la postal sobre estas líneas. La había escrito Inés, la zaragozana detrás de Mis viajes por ahí, durante una expedición antártica el pasado mes de enero. Nadie me ha enviado nada nunca desde tan lejos y es difícil que alguna vez reciba una postal desde un lugar tan improbable, así que me hizo muchísima ilusión. Pero me provocó preguntas, especialmente una: ¿cómo ha llegado esta postal desde la Antártida a mi casa de Barcelona? Esta es la historia

Seguir leyendo

Europa Low Cost: Roadtrip balcánico (segunda parte)

Para leer la primera parte, sigue este enlace

La carretera de Kotor a la frontera croata bordeaba la bahía en un recorrido escénico inacabable tanto por su longitud como porque las carreteras montenegrinas no destacan por su anchura, así que cruzarse con un camión era una aventura de final incierto. Pero el estrés de la conducción se compensaba con creces con las vistas de las Bocas de Kotor desde todos los ángulos posibles. Al cabo de poco más de una hora llegué a la frontera. Un puesto fronterizo es uno de los lugares más amenazadores de la Tierra; uno está a merced de los caprichos pasajeros de una persona de la que no sabe nada y que no sabe nada de uno; siempre puede ser que haya algún problema por un papel ignoto o una muesca en un documento, y cualquier error en una documentación que está escrita en un idioma o incluso en un alfabeto ajenos veta al viajero de entrar no a un edificio o a un recinto, sino a todo un país. Por suerte Croacia es parte de la Unión Europea (y ahora ya de la zona Schengen) así que tuve un total de cero problemas cruzando el límite con mi Dacia de alquiler. Al cabo de unos pocos kilómetros de carretera panorámica me topé con una de las primeras impresiones más espectaculares que he tenido la ocasión de contemplar. La ciudad vieja de Dubrovnik.

Sí, es Desembarco del Rey, ya lo sabemos

Seguir leyendo