Durante muchos años fui usuario habitual de la línea de autobús Madrid-Barcelona de la Alsa. A falta de un presupuesto digno de ese nombre, los 42 euros que costaba el billete de ida y vuelta entre las dos ciudades eran lo único que mi economía se podía permitir. El servicio de línea regular oscilaba entre lo surrealista (he visto compañeros de viaje que vosotros no creeríais) y lo espantoso (he olido compañeros de viaje…). Por poner un ejemplo de las rarezas de la ruta, la primera parada técnica (así lo llamaban) solía ser en Esteras de Medinaceli, un pueblo soriano a 140 kilómetros de Madrid. Bueno, concretamente parábamos en un área de servicio que yo llamaba El Supermercado Más Caro De La Tierra, por los inconcebibles precios de la mercancía, que harían palidecer de envidia a los más consumados atracadores aeroportuarios. Otros sobrenombres que recibió el lugar fueron Este Sucio Agujero o La Capital Mundial De La Nada.
Europa
Libros – Filípides era vikingo
Filípides era vikingo. Jorge González de Matauco. Laertes, Barcelona, 2004
Hay territorios que, por distintas causas, ejercen cierta atracción cuasi inexplicable sobre ciertas personas. El archipiélago Svalbard (o Spitsbergen), al norte de Noruega, o Groenlandia son algunos de ellos. Los desolados páramos deshabitados, y el absoluto desconocimiento en general que existe sobre ellos los convierten en algo tan exótico como las selvas de Borneo o las islas del Pacífico Sur.
Jorge González de Matauco (Vitoria, 1966) no sólo siente esa atracción sino que además es un apasionado corredor popular de maratones. Poseido por el espíritu de los grandes viajeros, y, por qué no decirlo, con una prosa digna del mejor de ellos, emprendió una búsqueda a lo largo de los territorios más desconocidos del continente europeo, la búsqueda del Filípides Vikingo, el nórdico que, emulando al héroe griego, mereciera ser heredero de su grandeza. Una excusa estupenda para patearse medio mundo corriendo maratones y escribir después sobre ello, me permito añadir.
Enclaves españoles: Os de Civís
Al norte de la provincia de Lérida, en plenos Pirineos, se encuentra una de las curiosidades geográficas españolas menos conocidas. Se trata de la pedanía de Os de Civís, perteneciente al municipio de Les Valls de Valira. Os de Civís no es un enclave propiamente dicho, ni tampoco un exclave, sino lo que se denomina un periclave, es decir, un lugar conectado por tierra con el resto del país o la provincia, pero al que en la práctica, únicamente se puede acceder a través de otro país. En el caso de Os de Civís únicamente se puede acceder al pueblo a través de Andorra, cruzando la frontera principal del país con España, y tomando un desvío en Sant Julià de Loria.
Freaktoponomics (y IV)
Llegamos, con cierto retraso, al final de la semana del topónimo friki. Hasta ahora hemos encontrado el amor, habitantes en Venus y el infierno congelado. Hoy descenderemos a los abismos más escatológicos y malsonantes de la toponimia mundial. Advertidos quedan. Quien pensara que la ciudad imaginaria de Laputa tenía el peor nombre del mundo, estaba equivocado. Mucho, además. Pasen y vean.
Padre desconocido
Yo no me hago el sueco, es que soy de allí. Eso cantaban los sublimes Siniestro Total en El Síndrome de Estocolmo. Algo así podrían decir los habitantes de cierta localidad italiana. «Yo no soy un hijo no reconocido, es que nací en Bastardo». Bastardo es un pueblo de la provincia italiana de Perugia que cuenta con casi mil quinientos bastardi. Es sabido que los australianos descienden de presidiarios, pero lo de esta localidad les supera. Y no es la única. En la provincia canadiense de Ontario está Bastards Township (litaralmente, municipalidad de bastardos). Los hay que tienen humor a la hora de ponerle nombres a los pueblos. Si a mi pueblo le pusieran ese nombre yo les mandaría a la mierda. O, siendo más preciso, a La Neuville en Hez (¿Villanueva de la Hez?) , que es mucho más fino y además está en Francia, así que pilla relativamente cerca.
Freaktoponomics (III)
Después de viajar por los pueblos con los nombres más largos y más cortos, y de dar la vuelta al mundo en palíndromos, hoy, continuando la semana del topónimo friki, daremos un garbeo por algunos de los lugares con los nombres más curiosos del planeta.
All you need is Love
Hace unas semanas se celebró el día de San Valentín, presunto patrón de los enamorados, y la alegría de los fabricantes de bombones y los floristeros. San Valentín se celebra en mayor o menor medida en todo occidente, pero hay lugares donde la celebración es más sentida. Como por ejemplo en Love, Canadá. Love es un pueblo en la provincia de Saskatchewan que cuenta con algo más de un centenar de habitantes. Su nombre procede del apellido del fundador, Tom Love. Abajo a la derecha podéis ver el cartel que da la bienvenida al pueblo, en el que se lee You are now in love, que se puede traducir como «Ahora estás en Love», o «Ahora estás enamorado». Criminal, sí. Pero no es lo peor. San Valentín es verdaderamente especial en Love. Hace unos años el jefe de correos local convenció al servicio postal canadiense de que les permitiera tener su propio matasellos, con la idea de promocionar el pueblo a través del correo. El matasellos en cuestión consiste en un osito de peluche sujetando
un corazón y rodeado por la palabra «Love». Algo capaz de hacer que los sobres exuden miel y los destinatarios de las cartas regurgiten el desayuno. Tras perpetrar el matasellos, iniciaron una campaña para dar a conocer al pueblo a través del correo. La campaña funcionó, y la oficina postal de Love recibe cada año miles de cartas, postales e invitaciones de boda para que sean reenviadas desde allí con el matasellos amoroso.
Pero, estando en España, no hace falta irse tan lejos para encontrar el amor. Basta con acercarse a visitar a nuestro vecino portugués. A poco más de cien kilómetros al norte de Lisboa está Amor, una localidad de cuatro mil habitantes cerca de Leiría. Sin embargo, si uno es viajero, puede buscar enamorarse en lugares más lejanos, como Amour, en la India, Amore, en Nigeria, o el condado de Love, en el estado americano de Oklahoma. El que no encuentra el amor es porque no quiere…
Freaktoponomics (II)
Hablábamos hace un par de días de Aa, Estonia (y también de Ee, Ii, y Oô). Los nombres de estos pueblos, además de ser harto curiosos, tienen una cualidad que los hace, si cabe, más especiales. No, no se trata de que puedan ser pronunciados aún careciendo de lengua, o que leer todos sus nombres de manera consecutiva le haga parecer a uno un lunático. Son palíndromos, palabras que se leen igual del derecho que del revés. Lo que viene llamándose capicúa, vaya. ¿Hay muchas localidades capicúas en el mundo? Unas cuantas. Además de estas cuatro, encontramos, por ejemplo, Tát y Tét en Hungría, La Sal en el estado americano de Utah, Hannah (y su hermana), también en EE.UU, Neuquén, en Argentina, Qaanaaq, en Groenlandia (el palíndromo más septentrional), o Akasaka, en Japón.
Freaktoponomics (I)
En la época anterior al GPS, uno podía perderse con relativa facilidad por la red de carreteras de cualquier país, especialmente por las carreteras comarcales, esas lenguas de aslfalto sin indicadores ni hitos kilométricos que unen pequeñas localidades distantes entre sí. Si uno era previsor y llevaba un mapa, le bastaba llegar a cualquier pueblo y orientarse. Lo malo venía si era de noche, había niebla y llovía, y uno se saltaba el cartel de la entrada al pueblo y seguía tan perdido como antes. Pasa a menudo, todavía. Salvo en el oeste de Gales. En el oeste de Gales hay un lugar cuyo cartel es sencillamente imposible no ver cuando pasa delante, aunque el conductor sea José Feliciano. Porque a ver quién es el que deja de percatarse de un letrero que reza tal que así: Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch.
Llanfair… y todo lo que sigue
Llanfair etcétera (no pienso escribir el nombre otra vez) es una localidad de poco más de tres mil habitantes en la isla galesa de Anglesey. Su nombre original no era ese, sin embargo. Hasta 1860 la localidad se llamaba Llanfair Pwllgwyngyll, que tampoco es que sea algo sencillo de pronunciar (los galeses, por lo visto, le tienen cierta alergia a las vocales). Pero en ese año el cachondo del alcalde decidió que quería tener la estación de tren con el nombre más largo de todo el Reino Unido (quizá para que empezaran a anunciar el nombre del pueblo nada más salir de la estación anterior), y le puso su nombre actual. La localidad es visitada por turistas deseosos de hacerse una foto con uno de los carteles más peculiares del universo conocido. El nombrecito de marras significa en galés algo así como La Iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un rápido torbellino y la Iglesia de San Tysilo junto a la gruta roja. Lo dicho, el alcalde era un cachondo. El topónimo tiene 58 letras (de las cuales doce son vocales y diez son eles), lo que lo convierte en el más largo de Europa. Pero no del mundo.
Baarle verhalen (historias de Baarle)
(Previamente: Baarle, el pueblo de las mil fronteras)
Radio BaHeNa, la radio que delinquía en dos países
Uno de los personajes más conocidos de la historia de los dos Baarle es el autodenominado Borderhunter (el cazador de la frontera). En 1981 montó Radio BaHeNa (Baarle Hertog Nassau), una radio pirata que emitía todas las noches en la localidad sin tener licencia para ello. Borderhunter era un belga de Baarle Hertog, pero la antena de la emisora pirata estaba situada en Baarle Nassau, en la azotea de un edificio a escasos metros de uno de los enclaves belgas. Ambas policías, la belga y la holandesa, organizaron varias redadas por separado, pero en un pueblo de ocho mil habitantes las noticias vuelan, y la emisora pirata era trasladada de un lado al otro de la frontera según de qué país fuera la policía que le buscaba. Así se mantuvo, emitiendo música y noticias locales, durante más de dos décadas, convirtiéndose, según el propio Borderhunter, en la emisora pirata más longeva de la historia de los Países Bajos. Radio BaHeNa continuó sus emisiones hasta 2003, cuando finalmente las policías de los lados holandés y belga se organizaron y montaron una redada conjunta, que acabó con la confiscación del equipo por parte de las autoridades belgas y la imposición de una multa de 1.100 euros… por parte de las autoridades holandesas. Ante semejante contradicción (la policía de un país le confisca un equipo pero no le acusa de ningún delito, y la del otro país hace lo contrario), Borderhunter recurrió la confiscación de su equipo a las autoridades belgas, que respondieron que, efectivamente, tenía razón, y que le tenían que haber multado, por lo que procedieron a imponerle una sanción… de 500 €, menos de la mitad que la sanción holandesa. La suma fue abonada a la administración belga, y, posteriormente, el radioaficionado pirata recurrió la multa ante la justicia holandesa, argumentando que ya había pagado la multa, y que no podía ser condenado dos veces por un mismo hecho. Las autoridades holandesas le dieron la razón, y se libró de pagar en los Países Bajos.
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Ciudades divididas – Mitrovica
La reciente independencia de Kosovo ha desatado una ola de protestas por parte de los serbios, desde los de Bosnia (que han pedido la segregación de la República Serbobosnia y su integración en Serbia) hasta los de la propia Serbia. Pero los que peor lo llevan son los serbios que viven en Kosovo, una minoría en el que hasta ahora era su propio país, y ahora convertidos en extranjeros. Desde el final de la guerra del 99 se han producido varios incidentes y atentados terroristas, con muertos de ambos lados, el serbio y el albanés. Los más graves fueron el atentado con bomba contra un autobús de peregrinos serbios en Podujevo (12 muertos) y los disturbios de marzo de 2004, que comenzaron tras ser tiroteado desde un coche un joven serbio y ahogarse tres niños albanokosovares en el río Ibar al día siguiente. La mayoría albanesa acusó a los serbios de ser los culpables de las muertes (injustamente, por lo que se sabe) y los disturbios se extendieron por todo el país, tanto en el lado
serbio como en el albanés. Se produjeron decenas de muertos y cientos de heridos, además de ataques contra las tropas de la OTAN y personal civil de la ONU. La violencia fue condenada por los principales líderes kosovares, incluyendo el actual presidente Hashim Thaci, pero no sirvió de mucho. Las semillas del odio estaban plantadas hacía mucho tiempo.
El nacimiento de una nación
El domingo pasado el parlamento kosovar proclamó la independencia de la, hasta entonces, provincia serbia de Kosovo, convirtiéndose en el séptimo país surgido de la antigua Yugoslavia. Se convierte, también, en el país más jóven del mundo, puesto que hasta ahora mantenía Montenegro tras independizarse en mayo de 2006.
Los problemas que ha provocado y provocará esta decisión, y, sobre todo, la decisión de una gran parte de las potencias occidentales de reconocer inmediatamente al nuevo país, están siendo debatidas y analizadas en todos los grandes medios de comunicación. Hasta el momento, once países miembros de la ONU han reconocido a Kosovo como nación independiente, entre ellos Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania (hoy mismo). Está previsto que en breve lo hagan Italia, Suecia y Finlandia, entre otros muchos. El primer país en anunciar su reconocimiento fue Costa Rica, el mismo día 17, pocas horas después de la proclamación de independencia, seguida por Afganistán. España ya ha anunciado que no reconocerá a Kosovo, por varias razones, entre las que se encuentra el rechazo a la violación de la legalidad internacional (la independencia kosovar contradice flagrantemente la resolución 1244 de la ONU, de 1999, que garantizaba la integridad territorial de Serbia) y, también, mantener cierta coherencia con la postura sobre los independentismos locales. Sin embargo, apoyará, con dinero y personal, la Misión EULEX, de la Unión Europea, destinada a convertir a Kosovo en un estado de derecho, y, sobre todo, en un estado de verdad. Así, se da la curiosa circunstancia de que España no reconoce a un país al que destina fondos y personal.





