Nacional 340, la carretera más larga de España

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Antes de que en España tuviéramos autovías como para dar y regalar y no hubiera pueblo mediano sin su circunvalación de tres carriles por sentido, el tráfico interurbano se desarrollaba de forma casi íntegra en las llamadas nacionales, carreteras de un carril por sentido que atravesaban pueblos y ciudades, repletas de camiones y peligros. Yo mismo crecí en una España en la que para ir de la primera a la tercera ciudad del país había que recorrerse cientos de kilómetros de carretera convencional, con sus hileras de camiones, sus adelantamientos suicidas, sus whiskerías en los márgenes y sus papá cuándo llegamos. Las carreteras nacionales, herederas de las calzadas romanas y de los caminos reales de los siglos XVII al XIX, atravesaban el corazón de los pueblos de punta a punta, bajo los tendederos con ropa secándose al sol, frente a las sillas de los ancianos que charlaban en la calle a la fresca, junto a las plazas donde los niños jugaban. No en vano, lo que originalmente circulaba por ellas eran carretas, de ahí su nombre. Sin embargo, en la era del coche a motor las carreteras generales convertían el cruce de la calle mayor en un deporte de riesgo.

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La Nacional 340 (léase tres-cuarenta) fue la quintaesencia de la carretera nacional, por varias razones. En la España del desarrollismo, hace medio siglo, cuando el surgimiento de las clases medias permitió a las familias tomarse una o dos semanas de vacaciones al año y salir de la ciudad para disfrutarlas, millones de personas acudían cada año al cálido Mediterráneo desde cualquier parte de país. Así, pueblitos y barrios de pescadores como Torrevieja, Marbella o Motril se convierten en potentísimos destinos turísticos, que en apenas una década duplican o triplican su población (y todavía más durante el verano) y acogen a las primeras oleadas de turistas extranjeros que cambiarán la fisonomía y la mentalidad del país.

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Marbella, antes y después del boom del turismo en España (fuente)

La 340 también fue la carretera a través de la que los migrantes andaluces abandonaron su tierra camino de la industrial Cataluña en las primeras dos décadas y media del franquismo y a través de la cual volvían a sus lugares de origen en verano (las vacaciones en el pueblo). Y todos ellos, migrantes, turistas, extranjeros amantes de lo exótico, en algún momento, acababan recorriendo algún tramo de los 1.248 kilómetros de la Nacional 340. Cuatro comunidades autónomas, diez provincias y 147 pueblos y ciudades contemplan a la que algunos denominan “La Ruta 66 española”. Abrochaos los cinturones que salimos.

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Kilómetro 1.000 de la N-340 a su paso por la provincia de Castellón – Fuente

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (segunda parte)

Para leer la primera parte, pincha aquí.

5.- La carretera Transamazónica, Brasil. Canadá tiene su Norte, Australia su Outback y Brasil (que es el quinto país más grande del mundo), su Amazonas. La Rodovía Transamazónica, su nombre en portugués, discurre desde la ciudad de Joao Pessoa, en la costa brasileira, hasta el pueblo de Lábrea, en las profundidades del gigantesco estado de Amazonas, a lo largo de más de cuatro mil kilómetros de asfalto, barro y  jungla. Ideada en los años setenta como una carretera completamente asfaltada, los enormes costes de construcción y lo remoto de su trazado llevaron a abandonar la idea original y a construir la BR-230 (su nombre oficial) en forma de camino de tierra en casi toda su extensión. Posteriormente gran parte de ella ha sido pavimentada, y actualmente hay tramos de cientos de kilómetros en proceso de conversión en carretera asfaltada. Algunos de los estados que recorre (Amazonas, Pará, Tocantins) se encuentran entre los menos densamente poblados de Brasil, por lo que se encuentran franjas de carretera de cientos de kilómetros sin apenas pueblos o infraestructuras, sólo selva. La parte final de la vía (los últimos mil y pico kilómetros) permanece totalmente sin asfaltar, lo que dificulta o incluso impide la circulación en la época de lluvias (de octubre a marzo) y convierte la carretera en un circuito de resistencia plagado de baches, hoyos y agujeros capaz de desguazar los amortiguadores de cualquier vehículo. La carretera se completará con un último tramo hasta de casi mil kilómetros hasta el pueblo de Benjamin Constant, en la frontera con Perú.

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (I)

El anuncio titulado “Mano“, de la agencia SCPF para BMW, es probablemente uno de los mejores y más recordados de la pasada década. Expresa perfectamente la idea de conducción placentera, tranquila, agradable, una conducción que se disfruta. Esa clase de conducción que no tenemos cada día, cuando normalmente subirse al coche significa atascos, semáforos, humos y, muchas veces, mal humor. Esa clase de conducción de la que se disfruta especialmente en carreteras con poco tráfico, donde cruzarse con otro viajero se celebra casi como un acontecimiento. Hoy, en Fronteras, las carreteras más solitarias de la Tierra (primera parte).

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Carretera en el Valle de la Muerte, California (© Jim Dollar)

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Las autopistas desiertas de Corea del Norte

De todos los regímenes totalitarios que en el mundo han sido, el más aislado, misterioso e impenetrable (tres adjetivos que se repiten casi invariablemente al hablar de él) es el de Corea del Norte. Nacido en su configuración actual tras el alto el fuego que paralizó la Guerra de Corea (sin ponerle fin; técnicamente aquella zona sigue en guerra, a la espera de un tratado de paz que, más de medio siglo después, termine con las hostilidades), el estado norcoreano se caracteriza por ser el más parecido, en el mundo real, al enloquecido y paranoico universo de Mil Novecientos Ochenta y Cuatro. Lo poco que se sabe realmente del país consiste en totalitarismo, estalinismo, culto a la personalidad, fabulosos lavados de cerebro y paranoia, mucha paranoia.

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Desfile celebrando el 60º aniversario de la República, en septiembre de 2008. © Eric Lafforgue

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Por las carreteras del mundo (II)

Siguiendo con nuestro recorrido por algunas de las carreteras más fascinantes del planeta, hoy nos iremos a América y Asia.

La carretera de la muerte

La ciudad boliviana de La Paz es la capital de un estado a mayor altitud del mundo. A 3.600 metros sobre el nivel del mar, es también una de las pocas ciudades donde los “barrios altos” están a menor altitud que los “barrios bajos”, por razones obvias. De La Paz parte el Camino a Los Yungas, también conocido como la carretera de la muerte. Se trata de un camino de unos ochenta kilómetros, sin asfaltar, excavado en la roca viva. En su punto de mayor altitud alcanza los 4.300 metros sobre el nivel del mar. En muchos de los tramos la anchura de la vía es de apenas tres metros. Carece de guardarraíles o cualquier tipo de medida de seguridad, y está bordeado en todo su recorrido por barrancos y precipicios de hasta ochocientos metros de alto. Durante gran parte del año el tiempo es lluvioso, lo que causa desprendimientos y convierte la calzada en una piscina de barro resbaladizo añadiendo más peligro si cabe al recorrido. Para aumentar la emoción, muchos días hay una niebla espesa como el puré de guisantes, cosa lógica teniendo en cuenta la altitud. Con esos datos, es más que lógico el mote que recibe la carretera. En 1995 el Banco Interamericano le otorgó el dudoso honor de ser la carretera más peligrosa del mundo.

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Un tramo relativamente sencillo de la Carretera de los Yungas (click para ampliar). © Jordi Busqué

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Por las carreteras del mundo (I)

(Por razones no completamente ajenas a mi voluntad, he estado una semana sin poder actualizar el blog como es debido. Perdonen las disculpas).

Si bien el road trip nació en Estados Unidos, con los años y la popularización del automóvil como medio de transporte privado los largos viajes por carretera realizados por puro placer han alcanzado todo el planeta. Canadá, Europa, América del Sur o Australia son los escenarios por los que los viajeros se pierden por el puro gusto de alejarse de su vida diaria y de encontrarse a si mismos (suele decirse que el viaje más importante es el interior; es una frase cursi, como de Tagore o de carpeta de instituto, pero también es cierta). Hoy recorreremos algunas de las carreteras más míticas de nuestro planeta. Pónganse cómodos, metan primera y pisen el acelerador. Nos vamos de viaje.

La circunvalación islandesa

En 1940 islandia era uno de los países más pobres de Europa, si no el que más. En el año 2006 la ONU lo declaró como el mejor lugar del mundo para vivir, y un estudio afirmó que sus habitantes eran los más felices de la Tierra. Recientemente su economía ha entrado en una crisis de proporciones cataclísmicas, que ha llevado a la nacionalización de los bancos y al hundimiento de la corona islandesa, una de las monedas más fuertes del mundo hasta hace bien poco. El brutal hundimiento de su economía, sin embargo, podría abrir las puertas al turismo. Y es que en Islandia hay mucho que ver.

Vista satelital de Islandia, ligeramente congelada.

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La Ruta 66

La aventura de H.Nelson Jackson y sus pasajeros abrió camino a todos los que vinieron después. Jackson y Crocker fueron los primeros hombres en cruzar de costa a costa los Estados Unidos a bordo de un automóvil. Seis años después la primera mujer se atrevió a seguir sus pasos. Se trataba de Alice Ramsey, que junto con una amiga y dos cuñadas hizo el mismo recorrido que Jackon pero en sentido opuesto. Ramsey tenía 22 años en 1909 cuando se montó en un Maxwell de 30 CV y partió de Manhattan. Su viaje duró 59 días; a diferencia del de Jackson, el trayecto de Ramsey cruzó el desierto de Nevada para ahorrar tiempo en su recorrido. Alice contó su experiencia en un libro de 1961, y hasta 1975, cuando contaba con 88 años, realizó más de 30 viajes coast-to-coast. Murió en 1983, a los 96 años de edad.

Alice Ramsey vadeando un riachuelo con su coche, en 1909.

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