Los Grateful Dead y por qué la gente roba hitos kilométricos en las carreteras de Colorado

¿Qué tienen que ver el Departamento de Carreteras del estado de Washington y los fumadores de marihuana? ¿Cuál es la relación entre ese canuto que te estás liando, so golfo, y el kilómetro 676 de una autopista cualquiera en Colorado? ¿Por qué una quedada de escolares en 1971 ha derivado en el robo sistemático de señales de tráfico en la segunda década del siglo XXI? Son muchas preguntas, pero todas ellas nos llevan a este hito kilométrico en Colorado: la milla 419,99 de la Interestatal 70.

Para los que no formamos parte de la subcultura cannábica, o del mundo porreta, como queramos denominarlo, el número 420 no significa nada. Si uno es un poco rarito, sabrá que es diez veces la respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás, pero ya. Sin embargo, en el mundillo del cannabis 420 es un sinónimo del consumo de marihuana, pero también de la lucha por su legalización. Todo empezó en San Rafael, al norte de California. Allí un grupo de chavales de instituto comenzaron a quedar a la salida de clases bajo una estatua de Pasteur para echarse unos mais a espaldas, lógicamente, de sus padres y del resto de la comunidad educativa. La clave que usaban entre ellos para quedar era “4:20 Louis”. O sea, a las cuatro y veinte de la tarde en la estatua del bacteriólogo francés, que pronto quedó acortada a 4:20 (leído four-twenty o cuatro-veinte). Con el tiempo la expresión se convirtió en parte del slang del instituto, y más tarde, cuando uno de los cinco fumetas originales formara parte del equipo de los Grateful Dead, el término se extendió entre la contracultura de los setenta.

Son las cuatro y veinte, la hora de hacerse un pisto

Sea cierta o no la historia sobre su origen, lo indudable es que con los años el uso de 4:20 ganó tracción y se convirtió en un símbolo en los países anglosajones de la lucha por la despenalización de la marihuana para usos recreativos. El 20 de abril (4/20, esa curiosa forma de escribir las fechas que tienen los anglos) es el día internacional del cannabis, y las cuatro y veinte de la tarde la hora a la que se celebran las concentraciones pro legalización. Y volviendo al inicio, ¿qué tiene que ver todo esto con las carreteras de Colorado y Washington? Que la gente es muy cafre, claro. Al igual que sucede con los carteles de bienvenida de lugares como Fucking, en Austria, los hitos kilométricos (o en este caso, miliarios) con la cifra 420 son piezas codiciadas por los coleccionistas de lo bizarro, como en general cualquier letrero con la mágica cifra, ya sea el número de la calle, el indicador de la carretera o cualquier otro que se le pueda ocurrir a un tipo entre un trujas y el siguiente. Así que los miliarios del 420 son sistemáticamente sustraídos y ocasionalmente repuestos por las autoridades viarias. En Colorado, hartos de gastarse los dólares en carteles sustitutorios, decidieron no señalizar la milla 420 sino, como vimos, la 419,99, en un intento un poco pueril de evitar los robos. Que por supuesto, no funcionó, al tratarse el miliario 419,99 de una rareza en si mismo, digna de ser robada con o sin conexión con las aficiones cannábicas de cada cual. Hace dos años fue robado por última vez y que se sepa nunca ha sido repuesto.

Señora vendiendo miliarios de distintos tamaños en una concentración pro legalización en Denver (Colorado Sands – Flickr)

Más info, fotos e historias: Atlas Obscura, BBC, Washington Post, Daily Mail, Wikipedia

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En España el simbolísmo del 420 no está tan extendido como en los países anglosajones, en gran parte por la tolerancia mucho mayor al consumo de drogas recreativas de las sociedades de Europa Occidental. De otra forma la carretera entre Córdoba y Tarragona (la N-420) sería el equivalente mariano al Camino de Santiago, y su kilómetro 420, situado en el término municipal de Villar de Olalla (Cuenca), su Obradoiro particular. Estoy por venderles la idea y todo, fíjate.

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