El pueblo más frío de la Tierra

La temperatura más baja jamás registrada en la superficie del planeta Tierra fue de casi noventa grados bajo cero, en los alrededores de la entonces base soviética (ahora rusa) de Vostok. Concretamente fueron 89,2º negativos, una temperatura poco menos que incompatible con la vida. Hay otros dos lugares conocidos donde la temperatura ha bajado de ochenta grados bajo cero; uno es el Polo Sur, que alcanzó los 82,8º negativos, y el Domo Argus, una meseta en lo alto de una descomunal masa de hielo de cuatro kilómetros de altura donde en 2005 se midieron 82,5º bajo cero. Estos puntos son los conocidos como «polo del frío» del hemisferio sur. Aún existiendo estaciones científicas, estos sitios no dejan de ser lugares deshabitados. Sin embargo, en el hemisferio norte encontramos lugares donde sí vive gente y cuyas temperaturas invernales rivalizan en gelidez con las de las estaciones antárticas.

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La base Vostok, un sitio fresquito.

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Curiosidades y rarezas de los husos horarios (primera parte)

Pese a lo que pudiera pensarse, en el mundo hay bastantes más de 24 zonas horarias. Es más, entre la primera y la última por orden cronológico hay más de 24 horas de diferencia. En total son 39 zonas horarias oficiales diferentes, más alguna no oficial, con un recorrido total de 26 horas. Es decir, la diferencia horaria entre el lugar más avanzado cronológicamente (el primer en entrar en cada nuevo día) y el lugar más rezagado es de 26 horas. Ligeramente antiintuitivo teniendo en cuenta que un día dura 24 horas, pero así es el extraño mundo de la hora oficial.

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Mapamundi de los husos horarios (clic para ampliar)

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Los quince territorios más despoblados de la Tierra

En algún momento de los últimos meses la Tierra alcanzó los siete mil millones de habitantes, una cifra que multiplica más o menos por cuatro la que había cuando se hundió el Titanic, y por dos la cifra de de 1970. El planeta se llena y va a seguir haciéndolo en las próximas décadas, pero la distribución de la población no es ni remotamente equitativa por la superficie terrestre. Hay zonas donde es imposible dar un paso sin pisar a alguien (pongamos las piscinas públicas de Tokio o el Metro de Barcelona) y territorios donde podrías caminar semanas sin ver una sola persona. Territorios vacíos, o casi, zonas vírgenes, desoladas, completamente ajenas al trajín humano. El paraíso para cualquier misántropo. Hoy, en Fronteras, los territorios más despoblados del planeta Tierra.

No, si mal no se vive, lo malo es cuando me quedo sin tabaco o tengo que ir a pedirle sal al vecino

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Pyramiden, la ciudad fantasma del Ártico

El archipiélago de Svalbard es la tierra habitada más septentrional de Europa. Se encuentra al norte (muy al norte) de Noruega, país al que pertenece políticamente, entre los 74 y 81 grados de latitud, muy por encima del Círculo Polar Ártico. Con un clima muy frío pero sin llegar a los niveles homicidas típicos en semejantes latitudes (la media en enero es de entre 13 y 20 bajo cero, lo que hay en el congelador de cualquier casa, vamos) está habitada desde hace miles de años. En la actualidad 2.500 personas se reparten los 65.000 kilómetros cuadrados de extensión de las islas; cuatro quintas partes de ellas viven en la capital de la región, Longyearbyen, que no es precisamente Londres. Sólo existen, de hecho, otros dos lugares habitados en todo el archipiélago. Mayoritariamente son un lugar desolado, congelado y un tanto aburrido. Al norte de la principal isla del Archipiélago, Sptisbergen, y a menos de mil kilómetros del Polo Norte, se encuentra el pueblo fantasma de Pyramiden, un pueblo soviético (sí, soviético) cuya génesis se hunde en las raíces de la Historia de Svalbard.


Entrada al pueblo de Pyramiden – Clic para ampliar (© Bharfot) Seguir leyendo →

Pero ¿quién fue el primero en conquistar el Polo Norte?

¿Fue realmente Robert Peary la primera persona en pisar el Polo Norte? La respuesta es no. Durante gran parte del siglo XX se creyó que había sido él, pero lo cierto es que las pruebas que aportó de su gesta no resisten un análisis detallado. Entonces, ¿quién fue el primero en ver el Polo Norte? La respuesta sorprenderá a más de uno: Roald Amundsen (entre otros), el mismo noruego que llegó antes que nadie al Polo Sur. Nótese que he usado el verbo ver, y hasta lo he puesto en cursiva y todo. Amundsen nunca pisó el Polo Norte, pero lo sobrevoló en dirigible. Entonces, ¿cuándo demonios se pisó el Polo Norte por primera vez? En una fecha tan tardía como 1948, tres años después del final de la II Guerra Mundial y 37 años después de la conquista del Polo Sur. ¿Y quién fue el primero en llegar allí? ¿Cómo lo hizo? Eso es lo que vamos a ver hoy.

Los compañeros de expedición de Peary, supuestamente en el Polo Norte.

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (segunda parte)

Para leer la primera parte, pincha aquí.

5.- La carretera Transamazónica, Brasil. Canadá tiene su Norte, Australia su Outback y Brasil (que es el quinto país más grande del mundo), su Amazonas. La Rodovía Transamazónica, su nombre en portugués, discurre desde la ciudad de Joao Pessoa, en la costa brasileira, hasta el pueblo de Lábrea, en las profundidades del gigantesco estado de Amazonas, a lo largo de más de cuatro mil kilómetros de asfalto, barro y  jungla. Ideada en los años setenta como una carretera completamente asfaltada, los enormes costes de construcción y lo remoto de su trazado llevaron a abandonar la idea original y a construir la BR-230 (su nombre oficial) en forma de camino de tierra en casi toda su extensión. Posteriormente gran parte de ella ha sido pavimentada, y actualmente hay tramos de cientos de kilómetros en proceso de conversión en carretera asfaltada. Algunos de los estados que recorre (Amazonas, Pará, Tocantins) se encuentran entre los menos densamente poblados de Brasil, por lo que se encuentran franjas de carretera de cientos de kilómetros sin apenas pueblos o infraestructuras, sólo selva. La parte final de la vía (los últimos mil y pico kilómetros) permanece totalmente sin asfaltar, lo que dificulta o incluso impide la circulación en la época de lluvias (de octubre a marzo) y convierte la carretera en un circuito de resistencia plagado de baches, hoyos y agujeros capaz de desguazar los amortiguadores de cualquier vehículo. La carretera se completará con un último tramo hasta de casi mil kilómetros hasta el pueblo de Benjamin Constant, en la frontera con Perú.

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Las carreteras más solitarias de la Tierra (I)

El anuncio titulado «Mano«, de la agencia SCPF para BMW, es probablemente uno de los mejores y más recordados de la pasada década. Expresa perfectamente la idea de conducción placentera, tranquila, agradable, una conducción que se disfruta. Esa clase de conducción que no tenemos cada día, cuando normalmente subirse al coche significa atascos, semáforos, humos y, muchas veces, mal humor. Esa clase de conducción de la que se disfruta especialmente en carreteras con poco tráfico, donde cruzarse con otro viajero se celebra casi como un acontecimiento. Hoy, en Fronteras, las carreteras más solitarias de la Tierra (primera parte).

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Carretera en el Valle de la Muerte, California (© Jim Dollar)

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La coincidencia más grande de todos los tiempos

Imaginemos la escena. Una isla deshabitada en mitad del Océano Glacial Ártico. Dos tipos que se han pasado un par de años danzando por el hielo tratando de ser los primeros humanos en visitar el Polo Norte, sin éxito. Más perdidos que el niño de El Sexto Sentido en un cementerio y con menos posibilidades de sobrevivir que un perro en un mercado de Seúl. De repente, una mañana como cualquier otra salen de su agujero en la nieve y ven a un tipo acercándose hacia ellos. ¿Visiones? ¿Delirio? ¿Es Dios y resulta que el cielo es igual de frío que el polo? No, es otro ser humano como ellos, el único en decenas de miles de kilómetros cuadrados. Y lo que es más asombroso todavía, les llama por su nombre. A veces la realidad supera la ficción con creces, y el encuentro de Fridtjof Nansen y Frederick Jackson en la Tierra de Francisco José es una de esas ocasiones.

Recreación artística basada en una foto de Nansen de las vistas habituales en la travesía ártica.

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Tienes todo el campo del mundo para correr (o mi pueblo es más grande que tu país)

¿Cuál es la ciudad más grande del mundo? Depende de lo que entendamos por grande y por ciudad. El municipio con más habitantes es Shangai, aunque el área metropolitana más poblada es la de Tokio, con 32 millones de habitantes. Ahora bien, reformulemos la pregunta: ¿cuál es la ciudad, municipio o pueblo más extenso del mundo? Dentro de lo complicado que resulta definir qué es un municipio, en Fronteras nos hemos tomado la molestia de reunir a los mayores municipios del planeta y ponerlos unos junto a otros. Y, la verdad, es que hay pueblos verdaderamente inmensos, lugares donde ir al pueblo de al lado supone casi tanto recorrido como ir al continente de al lado; municipios tan grandes como países (y no precisamente como San Marino) y, en general, lugares absolutamente desconocidos, desmesuradamente enormes y, en ocasiones, completamente vacíos. Con todos ustedes, los pueblos más absurdamente grandes del planeta.

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Los límites administrativos de una población no suelen coincidir con el final de la zona urbanizada (afortunadamente). Sin embargo hay casos extremos en los que el límite del término municipal se encuentra a decenas o incluso centenares de kilómetros del pueblo propiamente dicho.

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Las ciudades fantasma de la Unión Soviética (y II)

Primera parte, aquí.

Kadykchan, la ciudad de los sueños rotos

Kadykchan se encuentra en el Óblast de Magadán, en el noreste de Rusia, más cerca de Alaska que de Moscú, no muy lejos del Círculo Polar Ártico. Fundado en 1937 como pueblo minero, fue después de la II Guerra Mundial cuando conoció su mayor crecimiento, gracias, en parte, a la mano de obra gratuíta que significaban los prisioneros de guerra en la Rusia estalinista (el viaje hasta allí desde el frente debió ser de los que curten). Fueron los presos quienes construyeron el pueblo para alojar a los mineros que extraían carbón del subsuelo. El apogeo de la localidad, que realmente nunca llegó a ser Nueva York, tuvo lugar durante los años 80, cuando alcanzó los 10.000 habitantes. La caída de la Unión Soviética y la irrentabilidad de las minas provocaron el declive irreversible del pueblo; en 1996, cuando la localidad tenía seis mil habitantes, una explosión en la mina mató a seis personas y provocó el cierre de las instalaciones, lo que a su vez se tradujo en el definitivo final de la localidad. La práctica totalidad de la población fue trasladada por el Estado a nuevas viviendas en otras poblaciones, y el éxodo dejó atrás decenas de edificios convertidos en cascarones vacíos.

Edificios abandonados en Kadykchan. Imágenes de English Russia.

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