Pido perdón de antemano a los lectores argentinos y uruguayos de este blog, pero no existe ninguna forma de escribir sobre Fadiouth sin provocar carcajadas en los alrededores del Río de la Plata. Situada medio camino entre Dakar y la frontera con Gambia, la isla es un extraño prodigio de la naturaleza. Sus calles, sus casas y hasta el cementerio están hechos íntegramente con cáscaras de moluscos, decenas de millones de ellas que abarcan hasta el último rincón. Por eso en Senegal nadie la llama por su nombre real sino por su sobrenombre: la isla de las conchas.
En serio, ¿cómo llamaríais a esto en Buenos Aires? (Amusing Planet)
No hay en el mundo una ciudad más icónica que la capital francesa, ni tampoco más reconocible a simple vista. De la Torre Eiffel a la pirámide del Louvre, la ciudad está llena de lugares emblemáticos famosos en todo el orbe, e incluso sus típicos edificios de apartamentos, las casas Haussmann, son perfectamente identificables de un vistazo, con sus techos abuhardillados de pizarra y sus paredes de color crema. Pero a las afueras de París, en los banlieus que los cuarenta millones de turistas anuales suelen ignorar, hay todo un universo de viviendas sociales, iglesias y edificios públicos que parecen sacados de una película de ciencia ficción, y que son objeto de peregrinaje para los adictos al cemento y al hormigonazo. Hoy, en Fronteras, París Brutal.
¿Quiere que hablemos de las enseñanzas de nuestro maestro Le Corbusier?
Una vez más es Christian Macías, lector, compañero de viajes, amigo y colaborador de este lugar, quien contribuye a ilustrarnos acerca de una historia fronteriza. Les dejo con él sin más introducciones.
Hace casi tres meses la selección española ganó su derecho a lucir la segunda estrella en su camiseta, mientras que la de Argentina se quedó con las ganas de igualar las que ostenta (nota de Diego: de manera ostentosamente discutible) Uruguay. En buena parte del mundo iberoamericano, la final del Mundial generó todo tipo de reacciones en redes sociales. Por sobre los contenidos estrictamente futbolísticos, en mi feed prevalecieron diferentes oportunidades de mofarse del mal resultado de La Albiceleste; desde memes y bromas pesadas en aviones hasta batallas campales entre hinchas de ambos bandos. Hubo un video en particular que, me llamó particularmente la atención: el de un grupo de brasileños en la ciudad de Dionisio Cerqueira, limítrofe con la argentina Bernardo de Irigoyen, que salieron en sus autos a “festejar” el triunfo español haciendo eco de la rivalidad histórica con sus vecinos. Una idea espectacular, considerando que allí se encuentra la única frontera seca entre ambos países. La secuencia termina con lo esperable: un grupo de argentinos respondiendo a las provocaciones con piedrazos, una escena de goce absoluto para cualquier lector de este espacio, dado que los cachos de roca vuelan casi que desde el otro país. La situación podría haber escalado aún más si el recorrido hubiese seguido del otro lado de la raya. Pero los brazucas no pudieron completar la maldad porque grandes rocas, tan antiestéticas como polémicas, fueron dispuestas hace un par de años a lo largo de los tres kilómetros de frontera urbana, permitiendo que crucen las personas, pero no los autos. Una utilidad inesperada para algo que, desde el primer día, genera el más rotundo rechazo de los vecinos de ambos lados de la línea.
Con esta breve introducción, les doy la bienvenida y los invito a explorar, damas y caballeros, nuestras ciudades divididas de hoy: Bernardo de Irigoyen, Dionísio Cerqueira y Barracão.
Parque internacional, más conocido como el Parque Turístico Ambiental de Integración, en la frontera entre Bernardo de Irigoyen y Dionisio Cerqueira
Es difícil describir la vastedad y desolación de la provincia canadiense de Nunavut, la división más grande del país, y una de las más grandes del mundo. Dos millones de kilómetros cuadrados, la superficie de México, en los que únicamente se pueden encontrar veintiocho asentamientos humanos. Cuarenta mil personas, la población de Liechtenstein, llaman «hogar» a una región que se caracteriza por ser un desierto blanco con temperaturas de congelador industrial la mayor parte del año. Y de todas ellas, ochenta viven en un lugar tan en los límites del planeta que más allá no hay nadie. Hoy en Fronteras, Alert, el norte más norte de todos los nortes.