Badía del Vallés es una de las localidades más pequeñas, en términos de superficie, de toda Cataluña, si no la que más. Probablemente también se encuentre en una situación parecida dentro del total de España. Su superficie es de unas 93 hectáreas, lo que viene siendo algo menos de un kilómetro cuadrado. Pese a ello, o precisamente por ello, es también una de las localidades con mayor densidad de población del país, con más de catorce mil habitantes por kilómetro cuadrado. Además de todo, también es uno de los ayuntamientos más jóvenes de España, fue creado en 1994 con terrenos de los ayuntamientos vecinos. La localidad como tal, sin embargo, existía desde mediados de los años setenta, cuando fue creada como una colonia de viviendas de protección oficial en las postrimerías del franquismo. Durante sus primeros años de existencia fue una mezcla de ciudad fantasma y gueto de navajeros, puesto que pasaron dos años entre el final de su construcción y la inauguración oficial a cargo del Príncipe de España, hoy conocido como Juan Carlos I.
Badía del Vallés en Google Maps (click para ampliar)





En Ventorros casi todo es doble: dos provincias, dos alcaldes, dos raciones de lagartos… y la factura del teléfono: “Cada parte del pueblo tiene un prefijo diferente. En más de una ocasión se me han ido cinco euros por hablar menos de media hora por teléfono con una persona que vive en la otra zona del pueblo”, recuerda Mónica. Sin embargo, comparten un sentimiento: “No somos ni de Granada ni de Córdoba. Nosotros somos ventorreños”, dice Francisco Hidalgo con indisimulado orgullo. “Funcionamos como un solo pueblo, que es lo que somos. Las fiestas están financiadas por ambos ayuntamientos y se celebran en Ventorros de Balerma.




