Un pueblo partido en dos

En Ventorros casi todo es doble: dos provincias, dos alcaldes, dos raciones de lagartos… y la factura del teléfono: “Cada parte del pueblo tiene un prefijo diferente. En más de una ocasión se me han ido cinco euros por hablar menos de media hora por teléfono con una persona que vive en la otra zona del pueblo”, recuerda Mónica. Sin embargo, comparten un sentimiento: “No somos ni de Granada ni de Córdoba. Nosotros somos ventorreños”, dice Francisco Hidalgo con indisimulado orgullo. “Funcionamos como un solo pueblo, que es lo que somos. Las fiestas están financiadas por ambos ayuntamientos y se celebran en Ventorros de Balerma.

El resto del artículo en Ventorros de Balerma, un pueblo partido en dos, en Interviú (NSFW; no recomendada su lectura desde el trabajo)

Más información en la Wikipedia y en Iznájar.net.

(Agradecimientos diversos a Muskarditz por el aviso)

Bloody Falls of Coppermine

En el verano de 1913 dos sacerdotes franceses, Jean Baptiste Rouvière y Guillaume LeRoux, partieron hacia el norte de Canadá con la intención de convertir al catolicismo a una tribu de esquimales de la que, hasta entonces, no había oído hablar ningún occidental. Su marcha se produjo el 17 de julio de 1913 desde Fort Norman, un pequeño asentamiento comercial a orillas del Río McKenzie, y nunca más se les volvió a ver con vida. Dos años después de su partida Denny LeNauze, un jóven agente de la Policía Montada del Canadá, recibió el encargo de encontrar a los dos sacerdotes, y partió desde Edmonton para ello. Tras conocer a través de las tribus Inuit que ambos habían muerto, buscó por todo el norte de Canadá a los culpables para llevarlos ante la justicia. Cuando regresó a Edmonton con Sinnisiak y Uluksuk, dos esquimales acusados del doble asesinato, su misión en el norte le había convertido ya en una leyenda. El juicio a los dos Inuit que siguió después fue calificado como uno de los más raros jamás celebrados. La historia de como dos esquimales, tras pasar sus tribus miles de años aisladas en una de las regiones más inhóspitas del mundo, llegarían a enfrentarse con la justicia occidental, es una tragedia digna de entrar en las leyendas del Ártico.

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Mapa del Noroeste de Canadá en 1913 (click para ampliar)

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Ciudades divididas: Rihonor y Rio de Onor

Para los españoles Portugal siempre ha sido un vecino más bien desconocido. Si se realizara una encuesta entre la población de España sobre quién es, por ejemplo, el presidente del país luso, dudo que más de uno de cada veinte encuestados supiera responder correctamente. Más allá de Saramago, Luis Figo y las toallas y manteles que, aún, la gente va a comprar al otro lado de la frontera, el desconocimiento sobre nuestros vecinos es absoluto. En las zonas de España que lindan con el territorio de nuestros vecinos peninsulares, como es lógico, la cosa mejora. Ya se comentó aquí en su día la existencia del Portuñol o del Portugués oliventino, peculiaridades típicas de pueblos fronterizos.

Pero la localidad española donde más presente está la cultura y la vida portuguesa se encuentra en la provincia de Zamora, a unos quince kilómetros de Puebla de Sanabria. La pequeña aldea de Rihonor de Castilla, vista desde lo alto de las colinas que la circundan, no tiene nada de especial. Unas cuantas casas, un río (el río Cortensa, en Portugal rio Onor), campos de cultivo, un par de iglesias y poco más. Sin embargo, la vista engaña. Lo que aparenta ser un pueblo son en realidad dos localidades, separadas por la invisible frontera hispanolusa. A un lado, Rihonor de Castilla, Zamora, España; al otro Rio de Onor, Braganza, Portugal.

Vista aérea de Rihonor de Castilla y Rio de Onor

Vista aérea de Rihonor de Castilla y Rio de Onor (click para ampliar).

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Estamos de vuelta

Tras unas merecidas vacaciones estivales, Fronteras regresará a la normalidad durante esta semana. Espero que no me hayan echado mucho de menos. Prometo responder a los mails y comentarios que se me han acumulado en estas últimas semanas a lo largo de los próximos días. Volvemos a la carga.

Nota al pie: La fotografía la he sacado de la crónica de un viaje a Zimbabue publicada en El País en julio del año pasado, y cuya lectura recomiendo encarecidamente).

Los médicos voladores

Contaba Bill Bryson en un libro de viajes (En las Antípodas) que cruzar Australia de punta a punta es muy sencillo. Uno se pone a moverse desde la costa, en seguida alcanza el Bush, al poco rato entra en el Outback, para después llegar, de nuevo al Bush, y otra vez a la costa. Una cosa sencillísima, en efecto. ¿Qué son unos pocos miles de kilómetros para el viajero experimentado?

Australia tiene una superfcie de, recordemos, cosa de siete millones y medio de kilómetros cuadrados, y algo más de 21 millones de habitantes, que se sitúan de manera masivamente mayoritaria en las costas del país, fundamentalmente en la costa sudeste, donde están Sídney y Melbourne. El resto del país es, en su inmensa mayoría, un formidable desierto absolutamente fascinante. El Outback, que es como se conoce a las zonas interiores y desérticas de Australia, ocupa más o menos el 80% del territorio del país, alrededor de seis millones de kilómetros cuadrados. Doce veces la superficie española, o más del doble de la argentina. En ese descomunal territorio viven menos de doscientas mil personas. O sea, una densidad de población de aproximadamente 0,03 habitantes/km². Necesitamos más de 30 kilómetros cuadrados para encontrar una persona con la que charlar. Sólo Groenlandia tiene una densidad de población menor.

Sigue, valiente, sigue…

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El último baile de Matt Harding

Sospecho que la mayoría de los lectores de Fronteras ya conocen a Matt Harding, por lo que me ahorraré las presentaciones. Si queda algún despistado, la historia la pueden encontrar en el blog hermano (y de mi hermano) Curioso Pero Inútil, o en El Mundo.

El caso es que Matt Harding ha sacado nuevo vídeo. Esta vez no baila solo, sino con cientos de personas alrededor del mundo. La ciudad donde más gente se juntó para hacer el ganso fue, precisamente, Madrid. Matt afirmó en una entrevista con El Periódico que este sería su último vídeo, al menos por un tiempo, así que disfrútenlo. Y, si tienen ganas, tiempo y una tuerca de menos, imítenle.

Para saber más:

Where the hell is Matt, la página oficial de Matt Harding.

Primer y segundo vídeos de Matt Harding dancing around the whole world.

El desafío CPI, la propuesta de batir todos los récords de viaje bailarín. Se batieron.

Matt en Madrid, la crónica y los vídeos de la visita que Matt Harding realizó a la capital de España.

El país de los Pirineos

La frase que da título a esta entrada fue utilizada por las autoridades de Andorra como parte de las asiduas campañas de promoción turística del Principado en España. Y el caso es que, si nos ponemos puristas (extremadamente puristas, añado), es incorrecta, puesto que Andorra no es «el» país de los Pirineos, sino «un» país de los Pirineos. Existe otro país, prácticamente desconocido para el resto del mundo, que, técnicamente al menos, merece también esa denominación. Se trata de la minúscula República de Goust, un pequeño enclave en los Pirineos, a 24 kilómetros de la frontera hispanofrancesa, que pertenece a Francia, y sin embargo oficialmente nunca ha sido anexionado al país galo.

Vista de Goust y el valle que lo rodea. © Jean M. Ollivier

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Una casa en Chile y su jardín en Argentina

Amor América, un vídeo que trata de situaciones fronterizas. Un campo de fútbol en el que el banquillo está en Brasil o una casa cuyo jardín trasero limita con el muro entre Estados Unidos y México. Son siete minutos y medio. Que los disfruten.

(Vía Menéame).

Libros: Historias de Londres

Historias de Londres. Enric González. RBA, Barcelona, 1999.

Todo tiene una causa última. Y yo conocí la ciudad más espléndida del mundo gracias a Sadam Hussein. Pese este libro sobre su conciencia.

En agosto de 1990, el Irak de Sadam invadió Kuwait un día después de que toda la redacción de El País se marchara de vacaciones. Eso provocó que Enric González acabara en Arabia Saudí de corresponsal de una guerra que se libraba a varios miles de kilómetros de allí, y que, al volver, deseara dejarlo todo e irse a Londres a vivir del aire. Enterado el director del periódico de tan singular plan, le ofreció la corresponsalía en la capital británica, lo que le proporcionaría una manera mejor de subsistir que la mera ingesta de oxígeno y demás gases.

Enric González es periodista, y eso se nota. Es un libro breve (González cuenta que es un redactor bastante vago) pero de una intensidad que no decae en ningún momento. El autor mezcla su experiencia personal con la Historia de la ciudad para ir desgranando una serie de historias que realmente captan, o capturan, las esencias de le metrópoli británica. Desde las historias de los clubes de fútbol y sus presuntas filiaciones políticas y religiosas, hasta la peculiar manera de ser de los ingleses. «Los ingleses no es que sean sucios, es que son raros. E isotérmicos. El inglés se abrocha la gabardina en invierno y se la desabrocha en verano. Eso es todo».

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La Dama del Rocío

En otra ocasión ya se habló en Fronteras sobre la ídem entre Estados Unidos y Canadá. En total son casi nueve mil kilómetros de límite internacional, el más largo entre dos países de todo el planeta. Una parte importante de la línea fronteriza discurre sobre el agua, bien en los Grandes Lagos, bien sobre la parte más profunda de un río. Ese es el caso del Río Niágara, uno de los más famosos del mundo, y una de las zonas más entretenidas y transitadas de toda la frontera useñocanadiense.

Vista aérea de las Cataratas del Niágara. La frontera divide en dos la catarata situada a la derecha, mientras que las de la izquierda pertenecen íntegramente a Estados Unidos. La línea fronteriza discurre por el centro aproximado del río. Canadá se encuentra en la parte inferior y a la derecha del todo de la foto, Estados Unidos al otro lado del río.

Las Cataratas del Niágara forman parte del imaginario colectivo de occidente en general y de EE.UU. en particular tanto o más que la Ruta 66, el Empire State Building o el Golden Gate. Sin embargo, para verlas de verdad hay que irse a otro país, a la orilla opuesta del río. A Canadá, vamos. En la foto sobre este párrafo se puede comprobar claramente el porqué.

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