Por extensión, Canadá es el segundo país más grande del mundo, sólo por detrás (muy por detrás, eso sí), de Rusia. Casi diez millones de kilómetros cuadrados, lo que vienen a ser, a grandes rasgos, tres Argentinas, veinte Españas, cuarenta Ecuadores o doscientas cincuenta Suizas. Vamos, que es muy grande. Su población, sin embargo, no lo es tanto. De los países del G8 es, de lejos, el menos poblado; cuenta con poco más de treinta y tres millones de habitantes. Además, al igual que ocurre en Australia, la mayor parte de la población se concentra en una franja de territorio. En Australia es la costa, en Canadá, la frontera con Estados Unidos. «El norte de Canadá», la zona más despoblada del país, es en realidad prácticamente la totalidad de Canadá, igual que en Australia el Outback es casi todo el territorio del continente. De las grandes ciudades sólo Edmonton está a más de doscientos cincuenta kilómetros del límite con EE.UU. De hecho, la inmensa mayoría de las grandes ciudades están a poco más de una hora en coche de la frontera, o menos. Casi todas las provincias canadienses tienen una densidad de población por debajo de los veinte habitantes por kilómetro cuadrado. Pero donde la despoblación alcanza cotas enfermizas es al norte del paralelo 60, que marca la frontera entre los territorios del salvaje norte y las civilizadas provincias del sur. Al norte del norte encontramos los territorios del Yukón, del Noroeste y de Nunavut. Entre los tres tienen la superficie de la Unión Europea; entre los tres apenas superan la población de Andorra.
Middle of nowhere
La tierra que nadie quiere
El término tierra de nadie, o Terra Nullius, suele usarse para designar un territorio no reclamado por nadie o sobre cuya propiedad no existe ningún tipo de reclamación. A nivel internacional, Terra Nullius es aquel territorio no reclamado por ningún estado, o sobre el que ningún país o ente tiene soberanía alguna. El concepto fue usado durante la colonización con total alegría para considerar cualquier tierra en la que vivieran aborígenes como no ocupada, y así poder repartirla legalmente entre los colonos. En la actualidad, el caso más evidente es la Antártida. Todo pedazo de tierra que sobresalga del mar al sur del paralelo 60 es, por definición, tierra de nadie, merced al Tratado Antártico, que congela las reclamaciones de soberanía en el territorio polar.
La gran tarta de hielo antártica. En puridad, únicamente el territorio comprendido entre los meridianos 90º O y 150º O puede ser calificado de Terra Nullius, al no existir ninguna reclamación sobre él. Otro día nos ocuparemos de ese asunto.
Además de ese inmenso pedazo de hielo, sólo existe un lugar en todo el planeta Tierra que actualmente se pueda calificar de tierra de nadie. Se trata de Bir Tawil, un pequeño triángulo de desierto entre Sudán y Egipto que ninguno de los dos reclama. De hecho, ambos países lo reconocen oficialmente como territorio del país vecino. Ningún otro país tiene acceso al territorio. No es de nadie. Si siempre quisiste ser David Livingstone, esta es tu oportunidad. Bienvenido al siglo XIX.
Los siete gigantes de los Urales
Al norte de los Urales, cuando estos dejan atrás la vegetación para convertirse en aterciopeladas colinas que se pierden en el horizonte, se levantan majestuosamente siete gigantes. Siete colosos de piedra que, en medio de la nada, parecen haber hecho un alto en el camino para contemplar el paisaje desde la cima de un altiplano. Con alturas que van desde los 30 hasta los 42 metros, estos siete moais, que la naturaleza ha moldeado durante más de 200 millones de años, forman uno de los legados geológicos más impresionantes y mágicos del planeta.
El resto, tan fascinante como asombroso, en Soviet Russia, cuyo regreso al mundo de los blogs vivos nunca será suficientemente celebrado.
Nota desde el futuro cercano: SovietRussia.es dejó de existir en algún momento de finales de 2012, por lo que el enlace apuntaba a sitios de spammers y malware. El enlace ahora lleva a su versión archivada en Archive.org,
En mitad de la nada (II)
Hace unos cuantos años, tantos que las Spice Girls aún no habían sacado su primer disco, tuve la suerte o la desgracia de viajar en tren con relativa frecuencia entre Madrid y Andalucía. En aquellos años el AVE (el tren de Alta Velocidad Español, para los lectores del otro lado del Atlántico) estaba recién inaugurado, pero el resto de la red de ferrocarriles, y especialmente en Andalucía, dejaba mucho que desear. Por esa razón pasé horas y horas en uno de esos pueblos cuya única función es servir de cruce de caminos. Aquel lugar se llamaba Bobadilla-Estación, y, pese a estar relativamente cerca de un pueblo grande como Antequera, a mis ojos se aparecía tan perdida y desolada como una aldea de la Mongolia rural (ayudaban bastante los 40 grados a la sombre que azotaban la localidad en los meses de verano). En el pueblo apenas había un lugar de interés: el Bar y pensión Pepe, abrevadero para viajantes decorado con un escudo del Real Madrid de unos seis metros de alto en su fachada. Un sitio de gente decente. Más allá todo era polvo y desolación. Toda esta introducción egonostálgica viene a cuento porque la entrada de hoy inaugura una serie sobre esta clase de lugares. Pueblos perdidos en el desierto, estaciones de tren dejadas de la mano de Dios, regiones del tamaño de continentes y con la población de barrios medianos. Pero sobre todo, sitios donde vive gente.
Una carretera pelín aislada en la Península del Labrador, en Canadá.
El cuarto lleno en el cuarto vacío
Es una de las regiones más inhóspitas del mundo, y lo más parecido a la nada que podamos imaginar sobre la tierra. Ocupa la cuarta parte de la península Arábiga, por lo que se la conoce como elCuarto Vacío, un desierto que ni siquiera fue explorado en su totalidad, ni atravesado por los beduinos. Sin embargo, bajo el manto de arena se esconde un tesoro capaz de solventar la economía de un país entero.
El Cuarto Vacío se conoce en árabe como Rub al Khali, (oRub al-Jali), y abarca parte del territorio de Yemen, Omán, y en su mayor parte, los Emiratos Árabes Unidos. Abarca con su mar de arena unos 650.000 kilómetros cuadrados, con dunas de más de 300 metros de altura, temperaturas propias de la Antártida durante la noche y un termómetro que dispararía las alarmas del infierno en el día.
El resto, igual de sugerente, en Visión Beta. Feliz fin de semana.
Una tienda de Prada en mitad de ninguna parte
Marfa es un pueblo en mitad del desierto de Texas. Con sus poco más de dos mil habitantes no tiene pinta de ser un lugar muy animado, pero el caso es que es conocido más allá de lo que sería normal para un poblado de sus características. Marfa es en Texas algo así como Bélmez en España, un sitio donde los magufos afirman que suceden «cosas inquietantes e inexplicables», luces que se aparecen sin que los que las ven puedan dar una explicación, y cosas así. Pero en Marfa no solo hay gente crédula, si no no sería interesante en absoluto. El pueblo se encuentra a unos cien kilómetros de la frontera mexicana, y a una media hora en coche de la localidad más cercana, Valentine, una polvorienta aldea de 187 habitantes. El paisaje alrededor de Marfa es el típico de las llanuras semidesérticas texanas, polvo, arbustos y poco más. Sin embargo, a pocos kilómetros de Valentine, en un lugar desolado por completo, uno de esos sitios donde si te pones en cuclillas eres lo más alto en cinco kilómetros a la redonda, encontramos esto:
Una tienda de Prada en mitad de ninguna parte
Google Middle of Nowhere View
Hace unos días el famoso Street View de Google amplió sus servicios, añadiendo a su catálogo un par de ciudades españolas, como Oviedo o Zaragoza, y también otras británicas, como Londres, Edimburgo o Belfast. En los últimos meses, además, las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid también han sido agregadas al servicio, pudiendo uno echarle un ojo a lugares tan alejados de la capital de España como Hoyo de Manzanares o Moralzarzal, a casi 50 kilómetros de la ciudad. En EE.UU. la cobertura no sólo abarca ya las grandes ciudades, sino la mayor parte de las áreas urbanas del país y las principales vías de comunicación, incluyendo muchas zonas rurales y perdidas por la América Profunda. Sin embargo, donde más lejos han llegado los chicos de Google en sus fotografías lejos de la gran ciudad ha sido en Australia.
Las coberturas del Street View en Dakota del Norte (EE.UU.) y la zona central de Australia.
En mitad de la nada (I)
Hace unos días veíamos en este blog el mapa de la accesibilidad global. En él se observan las áreas más aisladas de la Tierra, encabezadas por Groenlandia (excluyendo siempre la Antártida), seguida por selvas impenetrables, desiertos y parajes polares. Sin embargo, una de las características más acusadas de los seres humanos, o de la mayoría de ellos, es la adaptación al medio. Prácticamente en todas las regiones del planeta encontramos gente. Desde la Antártida a Siberia y desde el Outback australiano al desierto del Sáhara, hay personas que hacen su vida en lugares extremadamente inhóspitos o aislados, por lo que encontrarse verdaderamente lejos de un lugar habitado es muy raro. Hoy recorreremos la Tierra en busca de los lugares más aislados y solitarios del planeta.
Nada por aquí, nada por allá. © Krzysztof Pakulski.
The middle of nowhere
Mapamundi mostrando el tiempo de viaje necesario para llegar a una ciudad de al menos 50.000 habitantes (click para ampliar). A mayor oscuridad, mayor tiempo de viaje.
El mapa de la accesibilidad global es una representación del tiempo que se tarda en llegar desde cualquier punto del planeta a la ciudad grande (major city) más cercana, entendiendo como grande que tenga más de 50.000 habitantes. Fue realizado para el World Development Report 2009 del Banco Mundial. Echándole un vistazo al mapa en tamaño grande (4.1 megas) se puede observar que toda Europa, la práctica totalidad de los EE.UU. continentales, la mayor parte de la fachada atlántica de África y América, el subcontinente indio y el sudeste asiático se encuentran a menos de seis horas de cualquier ciudad. Para calcular el tiempo de viaje necesario, tuvieron en cuenta tanto el tipo de terreno (selva, pantano, hielo) como las rutas marítimas o fluviales más importantes (el transporte aéreo se deja a un lado). Se estableció una velocidad media para cada tipo de terreno, que oscila desde los 2 minutos por kilómetro recorrido en carretera o ferrocarril hasta los sesenta minutos por kilómetro en plena selva o en los hielos perpetuos de las zonas árticas.
Apocalipsis de polvo
Lo más fascinante no es la espectacular tormenta de arena, típica en zonas desérticas como el interior de Australia, sino la alegría y la tranquilidad con la que el suicida que conduce se dirige hacia ella. El vídeo fue grabado en los 200 kilómetros que hay entre Broken Hill y Wilcannia, en el estado australiano de Nueva Gales del Sur.
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