Los letreros gigantes de Rusia

La aparición de Google Maps en el año 2005 supuso una revolución en la manera de ver el mundo de los internautas.  Si bien ya existían servicios en línea de mapas y cartografía en general, éstos eran lentos y poco intuitivos. Ambos problemas los solucionó la compañía de Mountain View con su producto, que pasó a ser una de las herramientas más usadas y conocidas de la llamada “web 2.0”. Inmediatamente después de la aparición de Google Maps todo el mundo se puso a buscar su casa, su barrio, su calle, su lugar de vacaciones o cualquier lugar conocido. Muy poco después comenzó la búsqueda de lugares famosos, extraños, curiosos o divertidos, y aparecieron decenas de gigantescos letreros en calles y tejados, originalmente creados para ser vistos desde un avión o helicóptero, y a partir de entonces visibles para todo el mundo. En poco tiempo, en algunos lugares se instalaron grandes anuncios con la idea de que pudieran ser localizados a vista de Google.

Phoenix

Una gigantesca señal de 200 metros de largo apuntando en la dirección de Fénix, en Arizona (ver en Google Maps)

Pero mucho antes de que existiera Google Maps, de hecho, mucho antes de que existiera Internet como tal, en la extinta Unión Soviética ya se dedicaban a realizar descomunales inscripciones glorificando a sus líderes, al Partido o a la nación. La finalidad de semejantes letreros no está clara; quizá mandar un mensaje a los satélites americanos, quizá puro culto a la personalidad. Por todo el inmenso país, en las llanuras siberianas, en el extrarradio de grandes ciudades, en las orillas del Mar Negro o en mitad de los Montes Urales, se encuentran gigantescos homenajes a Lenin, el Partido Comunista, o la Unión Soviética. Sigue leyendo

Tavolara, el reino más pequeño del mundo

Tavolara es una pequeña isla situada en la costa noreste de Cerdeña, de seis kilómetros de largo y apenas uno de ancho. Es un macizo de piedra caliza cuyo punto más alto es el Monte Cannone, de 565 metros, y que tiene escarpados acantilados en su contorno, a excepción de sus extremos. En 1807, cuando llegó Giuseppe Celestino Bertoleoni Poli, Tavolara estaba despoblada. Giuseppe era un joven de 29 años, natural de la cercana isla de Maddalena. Aunque llegó sólo, con el tiempo construyó una casa e hizo venir a la isla a una de sus dos mujeres y los hijos que tenía con esta. Giuseppe y su familia llevaban una vida de lo más normal, hasta que en 1836 el rey Carlos Alberto de Cerdeña decidió visitar la isla con el fin de participar en una batida de caza. Carlos Alberto acudió a Tavolara por la fama de sus cabras salvajes, que se decía que tenían los dientes de… oro. En realidad, a causa de las algas y los líquenes que comían, los tenían amarillos.

A la llegada del rey de Cerdeña, Paolo, el hijo de Giuseppe, se presentó como el rey de Tavolara. No queda claro si este se lo tomó en serio o a broma, pero Carlos Alberto quedó impresionado con los modales de aquel pastor que decía ser todo un rey. Después de pasar tres días y tres noches hospedado en su casa, a su partida, el rey Carlos Alberto dijo a Paolo que ni él ni su familia debían preocuparse por su derecho a permanecer en la isla y proclamó a su padre, Giuseppe, rey de la isla, concediendo el título de “Príncipe” para su hijo mayor, y los títulos de “Signor delle Isole” y “Signora del Mare” para los hijos menores.

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El resto de la Historia, absolutamente surrealista, en Cabovolo, blog tan recomendado que hace que me pase las advertencias del Señor Lobo por el forro de los Calvin Klein, o sea. Lean, lean. Y que pasen feliz domingo.

Deutsch Jahrndorf: Behind the scenes

(Hace unos días: El último pueblo del mundo libre).

Mi pasión por las fronteras comenzó hace algo menos de dos años, cuando, con mucho insomnio y un ADSL de veinte megas por toda compañía, me dediqué noche tras noche a leer la Wikipedia, saltando de tema en tema como el que picotea en un bufé libre. Desde que leí entradas como la de Vaalserberg, o la triple frontera en las cataratas del Iguazú, quise poner un pie en un trifinium. Cuando en julio mi mujer y yo organizamos las vacaciones centroeuropeas (Praga, Viena y Budapest), ya sabía perfectamente lo cerca que quedaba la triple frontera de la autopista de Bratislava a la capital húngara. Así que, tras alquilar un coche en la Hertz de Praga, emprendimos el camino hacia Hungría, con escala en tres fronteras.

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Sobre estas líneas, la frontera entre Chequia y Austria, camino de Viena. Debajo, otra vista del mismo lugar mirando hacia la República Checa, plagada de anuncios de casinos, prostíbulos y restaurantes. La zona fronteriza checa está llena de este tipo de establecimientos, además de decenas de gasolineras.

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El último pueblo del mundo libre

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División de Austria tras la II Guerra Mundial

Tras el final de la II Guerra Mundial, el territorio alemán fue dividido en cuatro zonas de ocupación, una para cada uno de los ejércitos aliados (británicos, norteamericanos, soviéticos y franceses). Pero Alemania no fue el único país que acabó partido en cuatro. Su vecino del sur, Austria, al que se había anexionado en 1938, también fue troceado y repartido entre los aliados. De idéntica manera a como sucedió en Berlín, Viena también fue partida en cuatro zonas de ocupación, con el centro de la ciudad convertido en zona internacional. Se dice que la idea de Stalin era repetir la jugada de Alemania, y llevarse como trofeo todo el este de Austria, al igual que había hecho con la RDA; finalmente no fue así, y tras la muerte del genocida georgiano en 1953, las negociaciones con los soviéticos culminaron en la creación del Estado Austríaco en 1955. Poco después de la independencia, Austria proclamó su permanente neutralidad, condición impuesta por los soviéticos para irse del país, temerosos de que los Austríacos ingresaran en la OTAN. La situación geográfica del país provocó que gran parte de él estuviera rodeado por naciones socialistas. La Yugoslavia de Tito, además de Checoslovaquia y Hungría, ambos miembros del Pacto de Varsovia, tenían frontera con Austria, y se encontraban muy cerca de Viena. La frontera Checoslovaca estaba a apenas cincuenta kilómetros, y la húngara, a poco más. Y en el cruce de ambas, es decir, el trifinium entre Austria, Checoslovaquia (actualmente Eslovaquia) y Hungría, se encontraba (y se encuentra) Deustch Jahrndorf, una pequeña población de poco más de quinientos habitantes, situada más al este que cualquier otra población de Austria, y limítrofe con dos secciones del Telón de Acero, la húngara y la checoslovaca. Más al este no existía ningún pueblo, en toda Europa central, que no estuviera bajo el régimen soviético. Deutsch Jahrndorf fue, durante décadas, el último pueblo del mundo libre.

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Entrada al pueblo austríaco de Deutsch Jahrndorf, en el estado de Burgenland (fuente)

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Al norte del Norte: Nunavut

(Previamente, en Fronteras, primera y segunda partes)

Nunavut
Nunavut, Canadá

De los tres territorios canadienses que se encuentran al norte del paralelo 60 el más joven es el de Nunavut. Fue creado en 1999 como una escisión de los Territorios del Noroeste para dotar a los pueblos Inuit del Ártico de una mayor autonomía; es de los pocos lugares en los que el inuktitut, o esquimal, es lengua oficial (y su sistema escrito, el silabario, es de uso común). De hecho, Nunavut en aquella lengua significa “nuestra tierra”. El territorio nunavummiuq (gastan unos gentilicios del carajo, los esquimales) abarca la mayor parte del Archipiélago Ártico Canadiense y, por tanto, la inmensa mayoría de las costas de Canadá. Prácticamente cualquier metáfora se queda corta para describir la soledad, vastedad y absoluta desolación de Nunavut. Dos millones y pico de kilómetros cuadrados (como tres veces Chile o cincuenta Dinamarca) para poco más de treinta mil habitantes. Como si México tuviera la población de Mónaco. Ni siquiera Groenlandia tiene una densidad de población tan baja. Únicamente la Antártida está por debajo de Nunavut en ese aspecto. 0,015 habitantes por km2, lo que viene a significar que tocan a sesenta km2 por cabeza.

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Clásico cartel ártico situado en Resolute indicando la dirección a un montón de sitios que, en cualquier caso, están en el quinto pino. Viene a querer decir “no sólo estamos en mitad de la nada sino que además nos gusta”. © Northern Xander

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Samoa cambia de carril

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Uno de los últimos bastiones de la conducción por la derecha en el Océano Pacífico, Samoa, ha vivido en las últimas horas lo mismo que vivieron los suecos hace 42 años, o los japoneses de Okinawa algo después. Han cambiado el sentido de la circulación, pasando éste de la derecha a la izquierda. El motivo que aduce el gobierno para adoptar la medida es, sencillamente, que la mayor parte de sus vecinos insulares del Pacífico ya conducen por la izquierda, al igual que la ex metrópoli de la que el país se independizó en 1962, Nueva Zelanda. Los conductores del país se van a encontrar con el problema de que sus 17.000 coches llevan el volante en el lado incorrecto (el izquierdo); desde hace un tiempo  ha quedado prohibida la importación vehículos con el volante a la izquierda, y, por otra parte, se ha levantado la que pesaba sobre los vehículos “diestros”.

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