Diez pueblos con exactamente un habitante

En El disputado voto del Señor Cayo, el enorme Miguel Delibes contaba la historia de cómo tres miembros de un partido político buscan votos en la España más rural. Eran los setenta, las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco. En uno de esos pueblos castellanos pasto del olvido se encuentran con el Señor Cayo; uno de los dos únicos habitantes que quedan en el lugar, que además no se habla con el otro. El contraste entre los jóvenes militantes, modernos, urbanitas y concienciados y el casi anciano lugareño y su forma sencilla de ver la vida es el hilo conductor que da forma a la novela. El señor Cayo era un resistente, una rémora destinada a desaparecer, como su propio pueblo. Treinta años después siguen existiendo lugares así. Hoy, en Fronteras, pueblos con exactamente un habitante.

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Las puertas del infierno (II): Darvaza, el cráter en llamas eternas

El desierto de Karakum cubre el 70% del territorio de Turkmenistán, con un área total superior a los 350.000 kilómetros cuadrados. Es uno de los desiertos más extensos del mundo y uno de los territorios más despoblados del planeta. En mitad del desierto se encuentra Darvaza, una minúscula aldea de poco más de tres centenares de habitantes a unas cinco horas de coche al norte de la capital turkmena, Asjabad. Muy cerca del poblado se halla una de las maravillas más inquietantes conocidas. Los locals lo conocen como la puerta del infierno; es el cráter de Darvaza, que lleva ardiendo sin cesar cuarenta años.

El cráter de Darvaza (fuente)

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El hombre que cruzaba fronteras

Conocí el Hotel Arbez hace un tiempo en alguna de las múltiples páginas de friquismo fronterizo que adornan el blogroll de esta humilde bitácora. Teniendo en cuenta que Ginebra cae a apenas siete horas y media de coche de Barcelona (Madrid, por ejemplo, está a seis horas de carretera, cinco si se corre un poco y no se para, y cuatro si se es un retrasado mental con un coche de gran cilindrada) planeé cuidadosamente el viaje para realizarlo en noviembre del año pasado. El día del viaje desperté con una descomposición intestinal nivel «las aguas del Mar Rojo se cierran sobre los perseguidores de Moisés» por lo que no sólo no podía conducir siete horas, sino que ni siquiera podía plantearme salir de casa a comprar papel higiénico. Así que cancelé la expedición y esperé mejores tiempos. Hasta que hace un par de meses se alinearon los planetas y disfruté de tres días eximido de cualquier responsabilidad laboral o familiar; pensé que la ocasión la pintan calva y me lancé a recorrer fronteras. Este blog es sólo una excusa para viajar, leches. Aprovechémosla.

suiza_escalera

-Sí, hola, Cariño, te mando la foto del sitio que he venido a ver. Sí, es una escalera. Sí, la moqueta es bastante fea y un poco mugrienta, ¡pero la frontera pasa por uno de esos escalones! Sí, me he cogido un avión y luego he conducido una hora por una carretera de montaña para ver esto. ¿Cómo, que te recuerde por qué te casaste conmigo?

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Los grafittis de Centralia

Ayer contamos aquí la historia de Centralia, el pueblo que fue abandonado hace casi tres décadas por culpa de un incendio todavía ardiente en una mina de carbón. El pueblo puede ser visitado, aunque las autoridades recomiendan encarecidamente no hacerlo bajo ningún concepto. El coche de Google Street View pasó por allí hace un tiempo, mostrando al mundo la desolación y el abandono en el que está sumido el otrora vibrante pueblecito de Pensilvania. Bill Bryson, en su clásico A walk in the woods, también cuenta su visita al pueblo en su habitual tono hilarante. Igualmente hilarantes son los grafittis que han ido dejando a lo largo de los años los residentes y los ocasionales visitantes del pueblo en el asfalto carente de mantenimiento de Centralia. «Bienvenido al infierno» es el saludo que el viajero intrépido puede encontrar en la carretera que da acceso al lugar.

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Las puertas del infierno (I): Centralia, el pueblo al que le arden las entrañas

A principios de los años 80 Centralia era un apacible pueblecito sito en el Condado de Columbia, en Pensilvania, con más de 1.000 habitantes y sus cuidados céspedes y sus coches familiares de seis metros de largo aparcados junto al jardín. Situado a apenas dos horas en coche de Filadelfia o a tres de Nueva York, era el clásico pueblo de clase media del noreste de Estados Unidos, la clase de sitios a los que ponen apodos como «la capital mundial de la tarta de manzana» y cosas así. Un pueblo como hay miles en Nueva Inglaterra, Nueva York o la propia Pensilvania. Antes de que se alcanzara la mitad de la década de los 80 el pueblo quedaría prácticamente vacío. Un incendio tuvo la culpa. Pero era un incendio invisible, porque se encontraba bajo las casas unifamiliares, bajo las pulcras calles, bajo los cuidados céspedes y los niños intercambiando cromos de béisbol. En sólo cuatro años el pueblo quedó casi desierto. Esta es su historia.

Uno de los carteles que avisan del peligro en el pueblo, instalados por las autoridades estatales: «Peligro. Fuego bajo tierra. Caminar o conducir por esta área puede provocar graves heridas o la mierte. Presencia de gases peligrosos. El suelo puede hundirse repentinamente»

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Los quince territorios más despoblados de la Tierra

En algún momento de los últimos meses la Tierra alcanzó los siete mil millones de habitantes, una cifra que multiplica más o menos por cuatro la que había cuando se hundió el Titanic, y por dos la cifra de de 1970. El planeta se llena y va a seguir haciéndolo en las próximas décadas, pero la distribución de la población no es ni remotamente equitativa por la superficie terrestre. Hay zonas donde es imposible dar un paso sin pisar a alguien (pongamos las piscinas públicas de Tokio o el Metro de Barcelona) y territorios donde podrías caminar semanas sin ver una sola persona. Territorios vacíos, o casi, zonas vírgenes, desoladas, completamente ajenas al trajín humano. El paraíso para cualquier misántropo. Hoy, en Fronteras, los territorios más despoblados del planeta Tierra.

No, si mal no se vive, lo malo es cuando me quedo sin tabaco o tengo que ir a pedirle sal al vecino

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El cielo de las aerolíneas (segunda parte)

Para leer la primera parte de esta entrada, pincha aquí.

  Aviaco, España, 1948-1999

Aviación y Comercio S.A., que ese era el nombre de la empresa, fue fundada en 1948 tras una más que tímida liberalización del mercado aéreo español. Su primera ruta fue entre Bilbao y Madrid, internacionalizando sus recorridos poco después con rutas a Orán, Burdeos o Ámsterdam. En 1954 el ministerio de Industria nacionalizó la mitad de la compañía y la puso al servicio de Iberia, cubriendo Aviaco las rutas a las que Iberia no llegaba por su orientación más internacional. Aviaco comenzó entonces su política de unir aeropuertos secundarios con Madrid o Barcelona, sirviendo simplemente de alimentador de Iberia, compañía de la que se convertiría en filial en 1959. Durante cuatro décadas Iberia dirigió la política de Aviaco hasta que se decidió reorganizar el grupo tras la liberalización del mercado aéreo y Aviaco fue integrado en Iberia. La marca desapareció el 1 de marzo de 1999.

Fuentes: Wikipedia, Timetable Images.

Un Convair CV 440 en Barajas, en 1965 (fuente). Debajo, un DC-9 en Palma de Mallorca, en 1999, pocas semanas antes de la desaparición de la marca (fuente)

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Cuando muere una aerolínea, ¿va al cielo?

Crecer es desilusionarse, que dijo el filósofo. Igual que desaparecen los seres queridos y se marchita la belleza de la juventud, los negocios nacen, crecen y, en un 90% de los casos, acaban desapareciendo. Y las aerolíneas no son una excepción. El vacío que dejan al desaparecer es, quizás, un poco mayor de lo normal. La marca de una línea aérea se identifica en muchas ocasiones con sueños largamente esperados, con esa sensación hormigueante de estar a punto de descubrir un lugar nuevo. Las líneas aéreas son negocios, pero también son símbolos. Y cuando desaparecen, no sólo desaparece la empresa. También aquello que simbolizaba. Hoy nos ponemos manriqueños (cualquiera tiempo pasado fue mejor) y vamos a recordar algunas compañías aéreas de las que sólo queda la memoria y su artículo de la Wikipedia en Inglés.

  Pan Am, Estados Unidos, 1927-1991

Hablar de Pan Am (Panamerican World Airways) es hablar de Historia de la Aviación con mayúsculas. Simboliza como ninguna otra compañía lo ha hecho ni lo hará el cosmopolitismo de las líneas aéreas comerciales, el glamour de los cielos. En el imaginario colectivo se identifica Pan Am con la edad de oro de la aviación comercial, esos años cincuenta y sesenta en los que tomar un avión era una cuestión de estatus, antes de la aparición de las low cost y de la democratización del vuelo. Soy de la opinión de que la edad de oro la estamos viviendo en el siglo XXI, pero esa es otra Historia. Pan Am fue y sigue siendo una de las marcas más reconocidas y reconocibles a nivel mundial, gracias a su extensísima red de rutas, que llegó a abarcar, a finales de los sesenta, la friolera de 225 destinos en 86 países

Un Boeing 707 despegando del JFK en los años 60.

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Otros clásicos del Planeta Fútbol

Originalmente la palabra derby, aplicada al fútbol, denominaba un choque entre dos equipos de la misma ciudad. Con los años el uso del término se fue ampliando a la provincia, región y finalmente país. En España se habla indistintamente de El Clásico o del Derbi para referirse al Madrid-Barcelona (o viceversa), que se disputa hoy y es con toda probabilidad uno de los partidos de fútbol que más expectación levantan en todo el planeta, si no el que más. Pero el mundo futbolístic oes mucho más amplio que los choques entre merengues y culés; alrededor del globo hay decenas, cientos (literalmente) de Derbis, de Clásicos, que se disputan cada año. Hoy, en la mejor tradición cosmopolita del blog, repasaremos cuáles son esos otros Clásicos en cualquier continente que levantan pasiones similares o incluso mayores. Con todos ustedes, Los otros Clásicos around the world

Nota: Esta entrada no habría sido posible sin la colaboración de Martín, del siempre recomendable Café Fútbol. Vaya por delante mi agradecimiento infinito. Porque lo que es pagarte no pienso hacerlo, lo siento.

Egipto: Al-Ahly-Zamalek

Conocido como El Derbi de El Cairo, el choque entre el Al-Ahly y el Zamalek Sporting Club es no sólo un enfrentamiento entre los dos equipos más laureados del país, sino entre los dos con más títulos del continente. Seis títulos continentales del Ahly por cinco del Zamalek los sitúan en los puestos uno y dos de la tabla de mejores equipos históricos de África. El duelo entre los dos equipos es seguido no sólo en Egipto sino en toda África y Oriente Medio como el choque del año. El origen de la rivalidad está en las raíces de cada equipo. El Al-Ahly, fundado en 1907, es el equipo del nacionalismo egipcio anti británico (el color rojo de su uniforme es el de la antigua bandera egipcia); el Zamalek (1911) es el equipo de la burguesía extranjerizada bien vista por los británicos. Es uno de los partidos más violentos del planeta. La tensión es tal que ningún árbitro egipcio pita los derbis; se contrata un árbitro extranjero para la ocasión. El reguero de devastación, caos, heridos y muertos que ha dejado el clásico cairota desde sus inicios ha llegado a provocar incluso la suspensión de la Liga egipcia, en 1971.

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La triple frontera más bella del mundo

El Escudo Guayanés es una de las formaciones geológicas más antiguas de la Tierra. Se extiende a lo largo de seis países en la costa nororiental de América del Sur, y ocupa una extensión de más de un millón de kilómetros cuadrados. Dentro de ella se encuentran los famosos y espectaculares tepuyes (tepuy en pemón significa cerro o montaña), montañas de cima plana que sobresalen centenares de metros del suelo circundante y cuyas laderas cortadas a pico hacen aparentemente inalcanzables sus cimas. Son una visión onírica, en mitad del abismo verde una mesa de un tamaño casi inabarcable sobresale como si fuera la morada de los Dioses. Así lo han considerado durante centurias las tribus que habitan la zona. Uno de los tepuyes más espectaculares es el Monte Roraima. Fue el primero de los grandes tepuyes en ser escalado y en su cima, además de un paisaje sobrecogedor, encontramos un trifinium, una triple frontera, entre Venezuela, Guyana y Brasil. También es parte del escenario de una vieja disputa territorial. Esta es su historia.

El tepuy Roraima (fuente)

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