Hace unos días el famoso Street View de Google amplió sus servicios, añadiendo a su catálogo un par de ciudades españolas, como Oviedo o Zaragoza, y también otras británicas, como Londres, Edimburgo o Belfast. En los últimos meses, además, las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid también han sido agregadas al servicio, pudiendo uno echarle un ojo a lugares tan alejados de la capital de España como Hoyo de Manzanares o Moralzarzal, a casi 50 kilómetros de la ciudad. En EE.UU. la cobertura no sólo abarca ya las grandes ciudades, sino la mayor parte de las áreas urbanas del país y las principales vías de comunicación, incluyendo muchas zonas rurales y perdidas por la América Profunda. Sin embargo, donde más lejos han llegado los chicos de Google en sus fotografías lejos de la gran ciudad ha sido en Australia.
Las coberturas del Street View en Dakota del Norte (EE.UU.) y la zona central de Australia.






El tamaño de las cosas es relativo. En España, y en la mayor parte de Europa, el pueblo de al lado es una localidad cercana, a la que se podría ir dando un paseíto en una agradable tarde primaveral. En Australia las cosas no son tan sencillas. Dos tercios de los casi ocho millones de kilómetros cuadrados del país son puro desierto (el Outback), y entre un pueblo y el de al lado puede haber cosa de cien kilómetros, si no más. Los términos municipales más grandes de España son los de 
Durante muchos años fui usuario habitual de la línea de autobús Madrid-Barcelona de la Alsa. A falta de un presupuesto digno de ese nombre, los 42 euros que costaba el billete de ida y vuelta entre las dos ciudades eran lo único que mi economía se podía permitir. El servicio de línea regular oscilaba entre lo surrealista (he visto compañeros de viaje que vosotros no creeríais) y lo espantoso (he olido compañeros de viaje…). Por poner un ejemplo de las rarezas de la ruta, la primera parada técnica (así lo llamaban) solía ser en Esteras de Medinaceli, un pueblo soriano a 140 kilómetros de Madrid. Bueno, concretamente parábamos en un área de servicio que yo llamaba El Supermercado Más Caro De La Tierra, por los inconcebibles precios de la mercancía, que harían palidecer de envidia a los más consumados atracadores aeroportuarios. Otros sobrenombres que recibió el lugar fueron Este Sucio Agujero o La Capital Mundial De La Nada.