En este local se juega (pero sólo hasta la raya)

Wendover es un pueblecito de poco más de un millar de habitantes al oeste del estado de Utah sin demasiado atractivo más allá de su histórico aeródromo, en el que se entrenó la tripulación del infausto Enola Gay, el avión que arrojó Little Boy sobre Hiroshima acelerando el final de la II Guerra Mundial y dejando ciento y pico  mil muertos entre la población civil japonesa. Como decía, Wendover no tiene mucho interés, pero si uno camina unos pocos cientos de metros hacia el oeste y cruza una línea blanca pintada en el suelo ya no estará en el aburrido Wendover, sino en el dinámico, luminoso, crápula y depravado West Wendover, donde el juego está en marcha las 24 horas del día y tocan a un casino por cada 800 habitantes. La línea que nuestro imaginario paseante ha cruzado no es otra que la frontera entre Utah y Nevada, la que separa el juego legal del prohibido, la prostitución de la prohibición. Pero esa raya pintada en el suelo tiene muchos más significados. La economía, las costumbres y hasta la hora oficial se ven afectados por esa línea no precisamente imaginaria.

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La frontera entre Utah y Nevada en Wendover (© Hazboy)

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Al otro lado de la verja son mucho más ricos: Las fronteras más desiguales del mundo

Una frontera es una línea imaginaria que separa dos estados, dos países, dos legislaciones, y a veces dos idiomas, dos modos de vida o dos sistemas antagónicos. En muchas ocasiones, la frontera también es una línea imaginaria pero muy real que separa la riqueza de la miseria, la abundancia de la escasez y el futuro de la desesperanza. Hoy vamos a recorrer los abismos económicos que separan países contiguos, los precipicios de la renta per cápita por los que se despeñan las esperanzas de la gente. Al otro lado de la verja son más ricos.

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Cuando había dos Alemanias. Un recorrido por la frontera interalemana

El Muro de Berlín fue la representación de la frontera como distopía, el lugar y el momento donde se aunaron todos los temores y todas las realidades siniestras asociadas al cruce de una frontera internacional. La sensación de peligro, de fin de lo conocido, de asomarse a otro mundo; el alambre de espino, los perros, las torres de vigilancia, el cemento, el zumbido incesante de los generadores eléctricos que mantenían iluminada La Zona. Pero el Muro era una pequeña parte de la mucho más vasta frontera interalemana, que separaba dos mundos, el capitalista y el comunista, el democrático y el totalitario, nosotros y ellos, y que trazaba una descomunal cicatriz de norte a sur hasta darse de bruces con Checoslovaquia. El Muro de Berlín era impresionante, pero como ese muro había centenares de kilómetros de frontera fortificada mucho menos conocidos, donde murió mucha más gente y que causó muchos más traumas.

Un helicóptero sobrevolando la frontera interalemana (fuente). Nótense los dos muros, el exterior (la frontera real) y el interior (el único que conocían los alemanes orientales). Clic en la imagen para ampliar

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La frontera más alta de la Tierra

Que el Everest «está en Nepal» es una creencia tan común como errónea. El Monte Everest, el más alto del planeta, se encuentra dividido por la frontera entre China y Nepal exactamente por su cima. El Himalaya es la frontera natural entre Nepal y China, y desde 1961 también la administrativa. Desde el Everest la frontera discurre por la ladera hasta el Collado Sur, el último campo base antes de la cima del pico más alto del mundo, y también pasa por la cima del Lhotse, cuarta montaña más alta del planeta, situada junto al propio Everest. Desde allí va de cima en cima hasta las dos triples fronteras con la India. Pero, ¿desde cuándo se sabe que el Everest es el pico más alto del mundo? ¿Y desde cuándo es la frontera más alta del planeta?

El Monte Everest (fuente), conocido localmente como सगरमाथा o Sagarmāthā en nepalí y ཇོ་མོ་གླང་མ, o Chomolungma en tibetano. Saber esto antes de la existencia de la Wikipedia era harto complicado. Y por eso el Everest se llama así: el tipo que le puso el nombre no pudo preguntarle a los tibetanos o nepalís; aquellos reinos estaban vetados a los extranjeros y, a diferencia de casi todos los demás ochomiles de la zona, no se le conoce con su nombre local.

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El hombre que cruzaba fronteras

Conocí el Hotel Arbez hace un tiempo en alguna de las múltiples páginas de friquismo fronterizo que adornan el blogroll de esta humilde bitácora. Teniendo en cuenta que Ginebra cae a apenas siete horas y media de coche de Barcelona (Madrid, por ejemplo, está a seis horas de carretera, cinco si se corre un poco y no se para, y cuatro si se es un retrasado mental con un coche de gran cilindrada) planeé cuidadosamente el viaje para realizarlo en noviembre del año pasado. El día del viaje desperté con una descomposición intestinal nivel «las aguas del Mar Rojo se cierran sobre los perseguidores de Moisés» por lo que no sólo no podía conducir siete horas, sino que ni siquiera podía plantearme salir de casa a comprar papel higiénico. Así que cancelé la expedición y esperé mejores tiempos. Hasta que hace un par de meses se alinearon los planetas y disfruté de tres días eximido de cualquier responsabilidad laboral o familiar; pensé que la ocasión la pintan calva y me lancé a recorrer fronteras. Este blog es sólo una excusa para viajar, leches. Aprovechémosla.

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-Sí, hola, Cariño, te mando la foto del sitio que he venido a ver. Sí, es una escalera. Sí, la moqueta es bastante fea y un poco mugrienta, ¡pero la frontera pasa por uno de esos escalones! Sí, me he cogido un avión y luego he conducido una hora por una carretera de montaña para ver esto. ¿Cómo, que te recuerde por qué te casaste conmigo?

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Dormir con la cabeza en Suiza y los pies en Francia. El hotel en dos países.

El Hotel Arbez es un pequeño establecimiento de dos estrellas a cuarenta kilómetros al norte de Ginebra. Un agradable y pacífico hotelito de montaña, construido en el siglo XIX en estilo alpino, con sus vigas de madera y su cocina rural, a mil cien metros de altitud, frecuentado por excursionistas y esquiadores. Un hotel de lo más normal salvo por un pequeño detalle. Se encuentra situado exactamente sobre la frontera entre Francia y Suiza y es, probablemente, el único hotel binacional del planeta. El comedor, la cocina, la tienda de recuerdos, los pasillos y varias habitaciones son cruzados por el límite internacional, en un caso único en el mundo. Un tipo que escribe un  blog llamado Fronteras sólo puede hacer una cosa cuando conoce la existencia de un lugar así, y es visitarlo. Esta es la historia del hotel donde puedes dormir con la cabeza en Suiza y los pies en Francia.

Banderitas indicando la frontera en el comedor del hotel

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Fronteras con escuadra y cartabón: Indonesia y Papúa-Nueva Guinea

Una de las consecuencias más visibles del colonialismo europeo de los siglos XIX y XX (además de las invasiones, genocidios varios y demás) fue la herencia de unas fronteras absolutamente artificiales (quiero decir más artificiales todavía) en los lugares en los que se establecieron. La costumbre de usar meridianos, paralelos y líneas rectas en general dio lugar a fronteras trazadas con escuadra y cartabón, o a cuchillo, simplemente con un lapicero sobre un mapa. La infinidad de problemas que las naciones post coloniales heredaron debido a estas fronteras es enorme. Hoy veremos el caso de la división de la Isla de Nueva Guinea, partida por la mitad a lo largo del Meridiano 141 Este.

La isla de Nueva Guinea, la segunda más grande del mundo tras Groenlandia (clic para ampliar). Papúa-Nueva Guinea ocupa la parte oriental de la isla, Indonesia la otra mitad. La parte indonesia, también conocida como Nueva Guinea Occidental, está dividida en dos provincias, llamadas Papúa y Papúa Occidental. Tres Papúas en Nueva Guinea, oiga.

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Google Street View en la frontera (II)

Street View, el servicio de visualización a pie de calle que la gente de Google puso en marcha en 2007, alcanza ya a nada menos que 30 países, cubruendo centenares de miles de kilómetros de calles y carreteras. Otros veinte países recibirán o están recibiendo ya las visitas de los coches con cámara de Google; no es raro pensar que en un futuro no muy lejano Street View cubrirá todas las zonas habitadas de la Tierra, y muchas de las deshabitadas. En lo que a este humilde blog respecta, he de confesar que de vez en cuando le echo un vistazo a las regiones fronterizas a ver qué hay. Así pues, aquí va esta segunda entrada de Google Street View en la frontera (la primera, Spanish Edition, la puedes leer pinchando aquí)

Frontera entre Dinamarca y Alemania en Syddanmark (Dinamarca). La frontera la establece uno de los infinitos arroyos, riachuelos y canales que hay por la zona.

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Un pueblo llamado Fronteras

Estoy pensando en mudarme al estado de Sonora, en México. Sonora es uno de los estados limítrofes mexicanos, y todo su límite norte discurre a lo largo del infame y famoso muro de la tortilla. Tiene frontera con los estados de California,  Arizona y Nuevo México. A unos sesenta kilómetros al sur del muro se encuentra un pueblo cuyo nombre es cautivador y hace que quiera tomar el primer vuelo de Aeroméxico hacia allí.

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San Martín, la isla dividida

San Martín es una isla caribeña de algo menos de noventa kilómetros cuadrados situada a unos 250 kilómetros al este de Puerto Rico, al norte de la cadena de islas conocida como Antillas Menores, en la parte denominada Islas de Barlovento. Es un lugar de playas de arena blanca, temperaturas cálidas todo el año, escasas lluvias y, visto desde fuera, vida relajada. Un destino ideal para unas vacaciones al otro lado del Atlántico (o, para los que viven en ese lado, en su mismo continente, claro), conocido por sus playas nudistas, su animada vida nocturna, sus bebidas espirituosas y sus tiendas a pie de calle. Ibiza en el Caribe, vamos. En sus 87 km² caben unas cuantas curiosidades. La primera de ellas, que es una isla dividida entre dos países. La segunda que esos dos países están como a siete mil kilómetros de distancia.

La isla de San Martín, dividida entre Holanda y Francia.

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