Cruzar la frontera

La ruta me llevaba, a veces, a aldeas cercanas a alguna frontera. Pero no muy a menudo, pues a medida que uno se aproximaba a la frontera, la tierra se volvía cada vez más desierta y menguaban las posibilidades de toparse con personas. Aquel vacío acentuaba el misterio de aquellos lugares. También me llamó la atención el silencio que reinaba en las zonas fronterizas. Aquel misterio unido al silencio me atraía y me intrigaba. Me sentía tentado a asomarme al otro lado, a ver qué había allí. Me preguntaba qué sensación se experimentaba al cruzar la frontera. ¿Qué sentía uno? ¿En qué pensaba? Debía de tratarse de un momento de gran emoción, de turbación, de tensión. ¿Cómo era ese otro lado? Seguro que diferente. Pero, ¿qué significaba “diferente”? ¿Qué aspecto tenía? ¿A qué se parecía? ¿Y si no se parecía a nada de lo que yo conocía y, por lo tanto, era algo incomprensible e inimaginable? Pero en el fondo, mi más ardiente deseo, mi anhelo tentador y torturador que no me dejaba tranquilo, era de lo más modesto, pues lo único que me intrigaba era ese instante concreto, ese paso, ese acto básico que encierra la expresión de cruzar la frontera. Cruzarla y volver enseguida, con eso –pensaba– me bastaría, saciaría esa inexplicable y, sin embargo, cuán acuciante sed psicológica.

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Ryzsyard Kapuściński. Viajes con Herodoto. Del primer capítulo: Cruzar la frontera.

La fotografía está tomada en la ciudad polaca de Slubice, frente a la alemana de Fráncfort del Óder, y se la debemos a despod.

En la frontera

El programa Callejeros, de la cadena de televisión española Cuatro, emitió ayer la repetición de un reportaje sobre las fronteras españolas. Lugares ya mencionados por aquí como la verja de Melilla o el pueblo dividido de El Pertús desfilan por la pantalla. El vídeo está dividido en cuatro partes, y dura en total algo más de media hora. Que lo disfruten.

(Advertencia: partes del reportaje no son recomendadas para menores, y, sobre todo, no deben verse desde el trabajo).

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Tierra de nadie en el corazón de Europa

Aquisgrán es la ciudad más occidental de Alemania; los límites de la ciudad son también los límites del país. A unos cinco kilómetros al suroeste del centro de la ciudad se encuentra lo que los alemanes denominan Dreiländereck, es decir, el cruce de los tres países; el trifinium entre los Países Bajos, Bélgica y Alemania. Este punto se encuentra en el monte Vaals, o Vaalsberg, en flamenco. Es el punto a mayor altitud de los Países Bajos (320 metros). Al lugar se puede acceder desde cualquiera de los tres países sin mayor dificultad; es probablemente el trifinium más accesible de toda Europa. La carretera que lleva allí desde Alemania se llama Dreiländerweg, o camino de los tres países, mientras que la carretera belga recibe el nombre de Route des Trois Bornes, o Camino de los Tres Límites. Pero la carretera holandesa nos reserva una sorpresa. Su nombre es Viergrenzenweg, lo que en flamenco viene a significar Camino de las cuatro fronteras. Y es que el cruce de fronteras de Vaalsberg fue durante casi un siglo el único quadrifinium de Europa; el único lugar donde se cruzaban cuatro fronteras distintas; las de Bélgica, los Países Bajos, Alemania, y nuestro invitado de honor de hoy: Moresnet.

Dreilandenpunkt, o punto de los tres países. El trifinium germano-belga-holandés. Foto tomada desde los Países Bajos. A la derecha, Alemania, al fondo, Bélgica.

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Ciudades divididas: Velke Slemence

El gran Ladislao Kubala fue uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Consiguió una docena de títulos con el Barcelona de los años 50, marcando más de 130 goles. Pero además fue un trotamundos del fútbol. Además de en España, jugó en clubes de su Hungría natal, Checoslovaquia, Italia, Suiza y Canadá. Como entrenador, además de entrenar en España, Suiza y Canadá, también fue seleccionador de Paraguay y Arabia Saudita. Por si fuera poco, comparte el récord de mayor número de selecciones nacionales en las que participó como jugador, con tres; Hungría, Checoslovaquia y España. (El otro futbolista con el que comparte el registro es un tal Daniel Brailovsky, que jugó con los juveniles de Uruguay, y las selecciones absolutas de Argentina e Israel). Pero si Kubala cambió dos veces de nacionalidad, los habitantes de una aldea llamada Velke Slemence superan con creces ese récord. A lo largo del siglo XX, los más viejos del lugar fueron ciudadanos del Imperio Austrohúngaro, de Checoslovaquia, del Reino de Hungría y de la Unión Soviética. Actualmente, los 850 habitantes que viven en la aldea tienen nacionalidad eslovaca o ucraniana según hayan caído a un lado u otro de la frontera.

Habitantes de las dos zonas (ucraniana y eslovaca) de la aldea de Velke Slemence, colocando dos mitades de una puerta, una a cada lado de la frontera que divide el pueblo. Véanse los hitos fronterizos entre ambas multitudes.

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Enclaves en el desierto

Uno de los países más pujantes del mundo es, sin duda, la federación que conocemos como los Emiratos Árabes Unidos. Dubai, capital del emirato del mismo nombre, se ha convertido en el hogar de los rascacielos más altos y exclusivos del planeta, empezando por el famoso Burj Dubai, que con sus 800 metros de altura sobrepasará a cualquier construcción humana realizada hasta ahora. Sin embargo, no es de Dubai y sus fabulosos edificios de lo que trata esta entrada, sino de algo que encontramos a poco más de cien kilómetros al este de allí.

Los Emiratos Árabes tienen frontera con dos países; Arabia Saudita y Omán. Omán tiene varias características que lo hacen peculiar. En primer lugar es el único país del mundo cuyo nombre en castellano comienza por O, salvo que incluyamos a Osetia del Sur en la relación de estados. Geográficamente, Omán tiene otras particularidades bastante más interesantes. Una de ellas es la península de Musandam, el extremo norte del país. Se trata de un exclave completamente separado del resto de Omán por una franja de territorio de unos setenta kilómetros de ancho que permite a los Emiratos Árabes tener acceso al al Océano Índico.

Mapa de Omán. Al Norte, la Península de Musandam.

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Una odisea en Transnistria

[S]algo de Moldavia y enfilo hacia Transnistria. Los del otro lado, que están a escasos 15 metros, ya me esperaban hacía rato…

En la primera garita me salen al paso los militares con los fusiles en ristre, me dan el alto y me hacen pasar adentro, y un oficial en aceptable inglés me dice que tenemos un problema pues quiero entrar a su país sin tener ningún visado (¡no te fastidia el notas, como voy a tener visado si no hay embajadas en ningún país!), y que tendré que darme la vuelta otra vez a Moldavia e ir hacia Odessa mediante un rodeo de más de quinientos kilómetros hacia el norte. Yo me doy cuenta que es imposible volver a Moldavia porque el policía moldavo al que acabo de sobornar seguro que ahora ya no me deja entrar sin quedarse mis antinieblas (que te apuestas a que están compinchados …). El oficial me explica el tema de Transnistria, y al final me dice que si “colaboro con la causa” tal vez podamos arreglarlo. O sea que se adjunta 10 euros más de soborno y me deja entrar propiamente en la frontera sin visado. Luego me di cuenta que éste si que me había timado porque resulta que los visados en realidad se expedían en la oficina que había más adelante…

Llego a la oficina de control de documentos y delante de mí hay unos chicos de Londres que vienen de hacer el Rallie Transmongolia con un pequeño coche. Entablamos conversación y lo que a mi me han hecho los moldavos con los antinieblas, a ellos se lo han hecho con los walkie-talkies. Nos queda claro que al no ser una frontera oficial aquello es un nido de ratas que viven de los sobornos inventando prohibiciones injustificadas.

Una moto española en Tiraspol, Transnistria.

El resto en una apasionante crónica de viaje realizada por Cuco, un catalán que a lo largo de 37 días se fue hasta Georgia y Azerbayán y volvió, a lomos de la Pantera Negra, su moto. En su blog (Cuco Desafío 08), que me estoy leyendo poco a poco, cuenta todo el viaje por etapas. Es muy interesante la primera parte, en la que cuenta los preparativos necesarios, y lugares a evitar (muchos de ellos, fronterizos).

Ruta del Cuco Desafío 2008 (click para ampliar).

Sección Remember: Transnistria, hace nueve meses en Fronteras.

Más cosas: Transnistria, el agujero negro de Europa (en inglés), un documental en cuatro partes sobre la última y siniestra República Soviética.

Por último: Lugares que no existen: Transnistria (tres partes: 1, 2 y 3), de la serie Vacaciones en la zona de peligro (también en inglés).

Ciudades divididas: Rihonor y Rio de Onor

Para los españoles Portugal siempre ha sido un vecino más bien desconocido. Si se realizara una encuesta entre la población de España sobre quién es, por ejemplo, el presidente del país luso, dudo que más de uno de cada veinte encuestados supiera responder correctamente. Más allá de Saramago, Luis Figo y las toallas y manteles que, aún, la gente va a comprar al otro lado de la frontera, el desconocimiento sobre nuestros vecinos es absoluto. En las zonas de España que lindan con el territorio de nuestros vecinos peninsulares, como es lógico, la cosa mejora. Ya se comentó aquí en su día la existencia del Portuñol o del Portugués oliventino, peculiaridades típicas de pueblos fronterizos.

Pero la localidad española donde más presente está la cultura y la vida portuguesa se encuentra en la provincia de Zamora, a unos quince kilómetros de Puebla de Sanabria. La pequeña aldea de Rihonor de Castilla, vista desde lo alto de las colinas que la circundan, no tiene nada de especial. Unas cuantas casas, un río (el río Cortensa, en Portugal rio Onor), campos de cultivo, un par de iglesias y poco más. Sin embargo, la vista engaña. Lo que aparenta ser un pueblo son en realidad dos localidades, separadas por la invisible frontera hispanolusa. A un lado, Rihonor de Castilla, Zamora, España; al otro Rio de Onor, Braganza, Portugal.

Vista aérea de Rihonor de Castilla y Rio de Onor

Vista aérea de Rihonor de Castilla y Rio de Onor (click para ampliar).

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Una casa en Chile y su jardín en Argentina

Amor América, un vídeo que trata de situaciones fronterizas. Un campo de fútbol en el que el banquillo está en Brasil o una casa cuyo jardín trasero limita con el muro entre Estados Unidos y México. Son siete minutos y medio. Que los disfruten.

(Vía Menéame).

La Dama del Rocío

En otra ocasión ya se habló en Fronteras sobre la ídem entre Estados Unidos y Canadá. En total son casi nueve mil kilómetros de límite internacional, el más largo entre dos países de todo el planeta. Una parte importante de la línea fronteriza discurre sobre el agua, bien en los Grandes Lagos, bien sobre la parte más profunda de un río. Ese es el caso del Río Niágara, uno de los más famosos del mundo, y una de las zonas más entretenidas y transitadas de toda la frontera useñocanadiense.

Vista aérea de las Cataratas del Niágara. La frontera divide en dos la catarata situada a la derecha, mientras que las de la izquierda pertenecen íntegramente a Estados Unidos. La línea fronteriza discurre por el centro aproximado del río. Canadá se encuentra en la parte inferior y a la derecha del todo de la foto, Estados Unidos al otro lado del río.

Las Cataratas del Niágara forman parte del imaginario colectivo de occidente en general y de EE.UU. en particular tanto o más que la Ruta 66, el Empire State Building o el Golden Gate. Sin embargo, para verlas de verdad hay que irse a otro país, a la orilla opuesta del río. A Canadá, vamos. En la foto sobre este párrafo se puede comprobar claramente el porqué.

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Die Mauer (II)

Para leer la primera parte, pinchar aquí: Die Mauer.

La construcción del Muro de Berlín no hizo sino certificar la incapacidad del régimen de la RDA de mantener voluntariamente a sus ciudadanos dentro del sistema. Aunque el muro era conocido oficialmente como «Barrera de protección antifascista», lo cierto es que todas las medidas de seguridad estaban destinadas a impedir la salida de los propios ciudadanos de Alemania Oriental. Así, los habitantes del otro lado del telón de acero vivían en estados-prisión. Y como sucede en todas las cárceles, los presos intentaban fugarse.

Un esquema de la zona del Muro realizado por las autoridades de la RDA (click para ampliar). De derecha (Berlín Este) a izquierda, se pueden observar la doble verja que limitaba el acceso a los habitantes del Este, una torre de vigilancia, de las que había unas 190 a lo largo de los 162 kilómetros de muro, una hilera de farolas que iluminaba la zona de tránsito de la policía fronteriza oriental, y el muro propiamente dicho. La zona situada entre las verjas y el muro era conocida como la franja de la muerte, pues casi todos los que murieron intentado escapar lo hicieron en esa zona.

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