Forest City, la ciudad fantasma de los treinta mil millones de dólares

A orillas del estrecho de Malaca, donde se junta con el breve brazo de mar que separa Malasia de Singapur, se alza una isla artificial. En ella crecen los rascacielos como setas en el bosque después de una tormenta, formando un farallón de cemento de cien metros de altura que se alza de forma casi amenazadora sobre el mar. Una ciudad pensada para alojar tres cuartos de millón de habitantes y que, diez años después de su concepción, permanece casi completamente vacía. Torres, edificios, casas, tiendas, prácticamente todo lo que hay en Forest City son cáscaras huecas a la espera de tiempos mejores. Hoy en Fronteras, la ciudad fantasma más cara del mundo.

El material del que están hechas las pesadillas (Yes Theory)

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Ksar Draa, la fortaleza abandonada en el desierto de la que no sabemos nada

El Desierto del Sáhara. Un océano de dunas hasta donde alcanza la vista. Absolutamente nada se alza del suelo más de medio metro en decenas de kilómetros a la redonda. Sobre la arena, se levanta una estructura circular antigua, una fortaleza, o tal vez un palacio. Quizás una simple parada para caravanas. Los nómadas bereberes que habitan la zona le llaman Ksar Draa. ¿Quién lo construyó? ¿Cuándo? ¿Y para qué? Esas son tres de las preguntas que, a día de hoy, no tienen respuesta. Hoy, en Fronteras, las ruinas más misteriosas del Sáhara.

Háblame de la soledad, bereber

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Viaje al final de Georgia: Los balnearios soviéticos en ruinas de Tskaltubo (Crónicas Caucásicas, 3)

Parte 1 | Parte 2 | Parte 4 | Parte 5

Hay quien dedica sus vacaciones a visitar monumentos prodigiosos, lugares patrimonio de la humanidad, museos llenos de arte y gloria a partes iguales, maravillas de la naturaleza, discotecas abiertas hasta el amanecer o playas paradisíacas bañadas por aguas cristalinas. Todo eso está muy bien, pero carece del encanto de un balneario soviético semiderruido y comido por el óxido a las afueras de un pueblo georgiano de siete mil habitantes. Así que allí nos dirigimos, a las ruinas de Tskaltubo, el spa de Stalin.

Fronterasblog. Ahora con un 50% más de creepypasta

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La nueva capital de Egipto, una ciudad sin nombre de 58.000 millones de dólares

El edificio más alto de África se yergue con sus cuatrocientos metros de alto en medio del desierto. Cuando fue terminado, superó en doscientos setenta metros la altitud del, hasta entonces, rascacielos más alto del continente, y en más de cien la estructura más alta, el alminar de la Gran Mezquita de Argel. Once meses después de completarse, la Iconic Tower sigue vacía, pero no es lo único vacío. Toda la ciudad a su alrededor es un enorme yermo, tachonado de rascacielos, torres y edificios de oficinas, en el que, hasta ahora, viven un par de miles de personas, la mayoría de ellas trabajadores de las obras y sus familias. Bienvenidos a la Nueva Capital Administrativa, la ciudad que Egipto está levantando para sustituir a El Cairo como el centro económico y de gobierno del país.

La Torre Iconic y el resto de rascacielos del distrito financiero, vacíos por ahora (The Atlantic)

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Al-Madam, el pueblo que el desierto se tragó

Capítulos anteriores: Abu Dabi | Kuwait | Dubái | Omán

«Lo mejor para viajar es ir con un gilipollas, porque conoces sitios que jamás conocerías tú solo».

Edu Soto

La mejor manera de aprender algo es haciéndolo. Por ejemplo, la mejor manera de aprender que un utilitario estándar de alquiler con tracción delantera no puede circular por el desierto es empotrarlo contra una duna y quedarse atascado. Podría alegarse, claro, que para adquirir ese conocimiento no es necesaria una prueba empírica, que basta con tener más de media docena de neuronas funcionales o un par de átomos de sentido común, pero los que estábamos en el desierto con un Nissan Sunny éramos Javi y yo, y no vosotros. Así que no nos juzguéis. Hoy, en Fronteras: el pueblo que sucumbió al desierto.

«Cuando me dijiste de ir al Dubai Arena no me esperaba esto»

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Ocean Falls, de cómo una colonia industrial de hace un siglo acabó convertida en pueblo fantasma y granja ecológica… de bitcoins

El autor de este blog está moderadamente ocupado debido a sus obligaciones laborales y familiares, pero por suerte para ese individuo que habla de sí mismo en tercera persona, este rincón de la red tiene unos lectores que no se merece. Entre esos lectores está Santiago Cuadro, uruguayo de Montevideo, que acudió allá por el mes de agosto al rescate de la sequía escribidora del dueño del lugar, con esta fantástica historia de papel, presas, salmones y bitcoins y que hoy, tres semanas largas después, ve la luz para el gozo y disfrute generalizado de la exigua pero no por ello menos disfuncional comunidad fronteróloga.

Llamarle “terminal” a la casilla de madera de cinco por tres metros que se yergue sobre una explanada vacía quizá sea hasta pretencioso, pero es lo que es. Es el puesto de avanzada de una civilización que, otra vez más, perdió la pelea contra la exuberante e indómita naturaleza de la costa de la Columbia Británica, en el Pacífico canadiense; y mal que bien, permanece al filo de sus dominios como símbolo de la tozudez del Hombre cuando ve oportunidades de negocios. Como parte de una vastísima tradición de pueblos fantasma donde el diablo perdió el poncho en este grandioso blog, este es mi humilde aporte a Fronteras. Bienvenidos a Ocean Falls, British Columbia.

«Hogar de la gente de la lluvia»

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Fantasmas de hormigón: Concrete City, la utopía abandonada de Pensilvania

A principios de los años treinta el ayuntamiento de Nanticoke, Pensilvania, decidió derribar unas cuantas casas y estructuras abandonadas en mitad de un bosque de su término municipal. La empresa encargada de ello no pudo nunca cumplir el encargo de la corporación municipal: de hecho abandonaron el intento casi el primer día: después de meterle cien cartuchos de explosivos al primero del par de docenas de edificios condenados a ser demolidos, lo único que habían conseguido era hacerle unos pequeños arañazos. El hormigón con el que estaban hechas era demasiado fuerte para ser derribado. Sin embargo, eso no salvó al pueblo de su completa destrucción. Esta es la historia de Concrete City y cómo pasó de ciudad planificada a ruina comida por la vegetación.

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Concrete City, Pensilvania (Explore PA History)

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Sathorn Unique, el rascacielos fantasma en el corazón de Bangkok

Las mejores vistas de Bangkok están en la Torre Sathorn Unique. Un rascacielos de cincuenta pisos con seiscientos apartamentos de lujo en pleno centro de la ciudad. A sus pies, decenas de locales comerciales para que se instalen las marcas más exclusivas del mundo. Sólo hay un pequeño problema: nadie ha llegado nunca a vivir allí. El edificio lleva 23 años abandonado, se cae a pedazos y es la atracción turística más disfuncional del país

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California City, la ciudad por construir

Nathan Mendelsohn tenía un plan: comprar un enorme pedazo de desierto, desbrozarlo, trazar calles y avenidas y dividirlo en parcelas para que la gente lo comprara y se fuera a vivir allí. El plan funcionó en sus primeras fases: Mendelsson se hizo con quinientos kilómetros cuadrados del desierto de Mojave a 160 kilómetros al norte de Los Ángeles, lo convirtió en municipio con el nombre de California City, trazó y nombró sus calles y empezó a vender parcelas. El único punto en el que el plan no acabó de funcionar fue el último: casi nadie se fue a vivir allí.

Screenshot_2020-01-20 This California ghost town began with utopian visions
No es el fin del mundo, pero lo puedes ver desde aquí (Chang Kim)

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Chernóbil y el paso del tiempo

El fotógrafo canadiense David McMillan viajó por primera vez a la zona de exclusión de Chernóbil en 1994, según cuenta, influido por la lectura en su adolescencia de la novela post apocalíptica On the Beach, conocida en español como La hora final. Desde entonces hasta hoy ha regresado hasta 20 veces más a la zona para documentar los efectos del paso del tiempo en las ciudades y los territorios abandonados desde el accidente de 1986. Las fotografías del mismo lugar con años o incluso décadas de diferencia muestran cómo la fuerza devastadora del tiempo reduce todo a escombros y polvo hasta hacerlo irreconocible. Exactamente igual que nos sucederá a todos nosotros, con o sin radiación.

Coches de choque, 1994
Coches de choque, 2008

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