La mejor manera de aprender algo es haciéndolo. Por ejemplo, la mejor manera de aprender que un utilitario estándar de alquiler con tracción delantera no puede circular por el desierto es empotrarlo contra una duna y quedarse atascado. Podría alegarse, claro, que para adquirir ese conocimiento no es necesaria una prueba empírica, que basta con tener más de media docena de neuronas funcionales o un par de átomos de sentido común, pero los que estábamos en el desierto con un Nissan Sunny éramos Javi y yo, y no vosotros. Así que no nos juzguéis. Hoy, en Fronteras: el pueblo que sucumbió al desierto.
«Cuando me dijiste de ir al Dubai Arena no me esperaba esto»
Nuestro Nissan Sunny de alquiler no estaba ni remotamente preparado para esas pistas de tierra y grava en mitad de la nada. Un grupo de cuatro todo terrenos nos adelantó y nos preguntamos qué hacer, si merecía la pena continuar. No teníamos permiso para estar en el país, no teníamos cobertura en el móvil, la probabilidad de pinchar un neumático era demasiado elevada como para ignorarla, y frente a nosotros había una cuesta abajo vertiginosa que finalizaba en un arroyo que habría que vadear con nuestro automóvil de tracción delantera. Quizá era un buen momento para darse la vuelta. Quizá era la decisión más lógica y sensata. Nos miramos, e inmediatamente decidimos: «Hemos venido a jugar». Bienvenidos a Madha y Nahwa, los enclaves fronterizos del desierto
La primera blasfemia se escapó a unos 20 kilómetros del edificio más alto del mundo, cruzando la Marina de Dubái en un coche de alquiler en mitad de la noche. Vinieron unas cuantas más después; según la densidad de rascacielos iba aumentando también lo hacía la frecuencia de mis obscenidades. «¿Pero es que nadie les ha dicho que paren? ¿Nadie se ha detenido un momentito a mirar a su alrededor y ha dicho «bueno, pues ya estaría bien de rascacielos por ahora»? ¿Cuántos puñeteros rascacielos MÁS quiere meter esta gente en el desierto?» En un momento dado asomó entre las torres infinitas el perfil afilado del edificio más conocido del país, pero para entonces ya simplemente aullábamos gañidos inconexos. Así de abrumadora es la ciudad, y así de enloquecida. Hoy, en Fronteras, Dubái o la desmesura.
El conductor nos contó que era bangladesí. Se notaba que le habíamos interrumpido en una videollamada y nos quería dar largas cuanto antes. Su camión estaba aparcado en la cuneta de una autopista de tres carriles por sentido. O quizás habría que decir una autopista en la que cabrían tres carriles por sentido, si alguien se hubiera molestado en pintar las líneas entre cada carril. A esa hora de la tarde tampoco hacían falta líneas, ni siquiera carriles. Poco más de un coche cada minuto quebraba la tranquilidad del desierto. Para pagarle dos botellas de agua helada y una Coca Cola no menos fresca nos bastó un único billete de un dinar. Y nos sobró lo suficiente para que el cambio también fuera en billetes. Allí, en una remota cuneta kuwaití, a decenas de kilómetros de cualquier lugar habitado, a la vista de cientos de pozos de petróleo y junto a un camión-bazar donde comprar cualquier cosa desde un cable USB a un cartón de tabaco, nos bebimos, literalmente, la última Coca Cola del desierto. Bienvenidos a Kuwait, el campo petrolífero que se convirtió en país.
Las Torres de Kuwait, el principal, y diríamos único, icono del país
Uno de mis propósitos de año nuevo, junto con aprender francés y ser el malnacido que en plena fiesta saca la guitarrita y se pone a tocar el Wonderwall, fue gastarme un poquito menos de dinero en viajar. Por ahora llevo cuatro acordes aprendidos en la guitarra y soy capaz de pedir un café con leche y un cruasán en cualquier boulangerie de Perpiñán o Hendaya (donde todo el mundo habla español), así que vamos según el plan previsto. Respecto a lo de viajar, el 15 de enero me compré mi sexto billete de ida y vuelta para los primeros cuatro meses de 2023 (acabaron siendo ocho), y pese a que todos ellos han sido tan insultantemente baratos que harían hiperventilar a Greta Thunberg, da la impresión de que lo de viajar menos lo llevo regulín. Tres de esos billetes de avión corresponden a un único viaje que hice con Javi, lector zaragozano de este blog devenido en amigo con el que comparto taras mentales de toda clase y condición, pero especialmente las relacionadas con la geografía, y que ya se vino conmigo a Baarle hace unos años y a La Fontañera el año pasado. Después de pasar 24 horas en Roma (otro día hablaremos de eso), nos subimos a un Airbus 321 de un improbable color fucsia rumbo a nuestra primera escala en Oriente Medio: Abu Dabi.
Cúpulas y minaretes blancos de la Gran Mezquita de Abu Dabi recortándose contra un cielo notoriamente azul.
Con apenas 10,000 kilómetros cuadrados de superficie (como Navarra o Asturias, o como el estado mexicano de Querétaro) y menos de seis millones de habitantes, Líbano ocupa el lugar 161 en la lista de los países más grandes del mundo, justo por detrás de Kosovo y por delante de Chipre. Y sin embargo en un área tan pequeña, y desde ayer, coexisten dos zonas horarias. ¿Por qué? Resumiendo mucho: religión y políticos incompetentes.
Corría el año 620 antes de nuestra era cuando en lo que hoy llamamos Península de Anatolia el reino de Lidia acuñó la considerada primera moneda de curso legal de la historia. Hecha de oro blanco y con un peso de cinco gramos, su valor nominal era de un tercio de estatero. Durante los siguientes veintisiete siglos el oro y los metles preciosos fueron la base de las finanzas, hasta que en los años setenta del siglo XX el patrón oro fue abandonado definitivamente en favor del dinero fiduciario. Una moneda de curso legal es una de las características tradicionales de los estados independientes, pero en las últimas décadas muchos países han abandonado sus monedas tradicionales para usar otras de nueva creación, o en ocasiones monedas de otros países. Hoy vamos a ver cuáles son las monedas que más países usan en el mundo.
Dólar de Singapur y Dólar de Brunéi: 2 países (Singapur y Brunéi, obvio)
En 1967 Singapur, Brunéi y Malasia firmaron un acuerdo de intercambiabilidad de sus monedas; al fin y al cabo los tres países venían de usar la misma, el Dólar de Malaya y Borneo. Según el acuerdo las tres monedas eran intercambiables y del mismo valor. En 1973 Malasia se salió de la alianza pero Brunéi y Singapur la han mantenido hasta hoy. Las dos monedas pueden cambiarse en cualquier banco sin coste ni comisión, y la mayoría de establecimientos públicos de Singapur admiten el dólar de Brunéi, mientras que el dólar singapurense es aceptado en todas partes en el sultanato.
Dólares de Brunéi y Singapur conmemorativos del 50 aniversario de la firma del acuerdo de intercambiabilidad
Dólar Australiano: 4 países (Australia, Kiribati, Nauru, Tuvalu)Seguir leyendo →
Aproximadamente uno de cada cien rusos vive en un ZATO. ZATO son las siglas en alfabeto latino de zakrytye administrativno-territorial’nye obrazovaniya, o Complejos Administrativos Territoriales Cerrados. Los ZATO son lugares a las que sólo se puede acceder con un permiso especial expedido por las autoridades y de los que en algunos casos sólo se puede salir de la misma manera. Parajes rodeados a partes iguales de misterio y alambre de espino, puntos que a veces ni siquiera aparecen en el mapa. Durante mucho tiempo ni siquiera tuvieron nombre. Eran las ciudades cerradas de la Unión Soviética, y hoy son las ciudades cerradas de Rusia.
Cartel prohibiendo la entrada de ciudadanos extranjeros en Ozyorsk, lugar conocido durante décadas con el nombre de Ciudad 40 (WIkimedia)
Dos mil veinte pasó a la historia como el año de la pandemia, o el año del Coronavirus. No ha habido ningún otro año desde la Segunda Guerra Mundial tan marcado por un único acontecimiento a nivel planetario, que haya afectado a tantos países, tantos sectores y tantas personas simultáneamente. Con todo, hay varias naciones que, un año después del comienzo de la pandemia, siguen sin reportar un único caso de Coronavirus. ¿Cómo lo han hecho? Vamos a echar un vistazo.
Países y regiones con menos de 100 casos detectados de Covid-19. En verde oscuro, las que no han declarado ninguno hasta ahora (clic en la imagen para ampliar).
El 20 de enero de 2020 el crucero Diamond Princess abandonó el puerto de Yokohama con 2.666 pasajeros a bordo, además de 1.045 miembros de la tripulación. Entre los pasajeros iba un hombre de 80 años, natural de Hong Kong, que había estado en Shenzen, justo al otro lado de la frontera de la ex colonia con la China continental, apenas unos días antes de volar a Yokohama. Cinco días después, y con los síntomas típicos de un resfriado leve, el hombre abandonó el barco al pasar este por su lugar de residencia. El crucero continuó su viaje sin incidentes, pasando entre otros lugares por Taiwán, hasta el 1 de febrero. Ese día, nuestro pasajero hongkonés acudió al hospital con un cuadro de fiebre alta e insuficiencia respiratoria, y le realizaron una prueba PCR para detectar una infección por Covid-19, que resultó ser positiva. La información llegó ese mismo día al Diamond Princess, que fue puesto en cuarentena en el puerto de Okinawa. Pocos días después, el buque era el lugar del mundo con más contagios detectados después de China. Comenzaba así una pesadilla para todas las compañías de cruceros del mundo, que no sólo aún no ha terminado sino que tampoco tiene pinta de ir a hacerlo pronto.
Personal médico entrando al Diamond Princess en febrero (NPR)