Conduciendo por el lado equivocado

Cuenta una famosa anécdota/leyenda urbana que en cierta ocasión un temporal bloqueó todas las comunicaciones entre Gran Bretaña y el resto del continente europeo. Un diario isleño tituló al día siguiente «El continente ha quedado aislado».  Probablemente falsa, la anécdota refleja cierto ombliguismo británico. Aplicando la misma vara de medir, todos los europeos (exceptuando los británicos, irlandeses y pocos más) conducimos por el lado equivocado de la carretera, el derecho. Pero ¿por qué en unos países se conduce por un sitio y en otros en el contrario? La respuesta, como en tantas ocasiones, hay que desenterrarla del pasado más remoto.

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Mapamundi (click para ampliar) con los países cuya circulación se realiza por el lado derecho de la calzada (verde) y por el izquierdo (rojo). Así visto, parece talmente un mapa del Imperio Británico, y mucho de eso hay, pero no sólo. Mapa tomado de aquí.

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Iconos de la carretera

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Los largos viajes por carretera por puro placer son un invento norteamericano. Hay docenas de canciones, películas y novelas sobre el tema. Desde Viajes con Charley a Easy rider, el individualismo de los estadounidenses se ha manifestado a bordo de dos o cuatro ruedas durante mucho tiempo. Pero Estados Unidos, comparado con cualquier país europeo, es una nación muy joven. La catedral de Colonia o la Grand Place de Bruselas tienen más historia en sus piedras que cualquier ciudad americana. No se trata de la habitual condescendencia y presunta superioridad europea con los malvados yanquis, sino simplemente de la constatación de un hecho. Por esta razón, sus referencias a la hora de viajar suelen ser de otro tipo. Paisajísticas y urbanas, pero, sobre todo, frikis. El monte Rushmore, su hermanastro el monumento a Caballo Loco, o la misma ciudad de Las Vegas (y en general todo el estado de Nevada) son un par de ejemplos evidentes de lo kitsch que pueden llegar a ser. El extenso territorio estadounidense está plagado de obras de arte pop que reflejan el carácter americano, no tanto por su mera existencia, sino por su categoría de iconos de la carretera. Hoy veremos unos cuantos de ellos.

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Cuando Estados Unidos quiso comprar Groenlandia

En 1867 los Estados Unidos compraron al Imperio Ruso el territorio americano que estos poseían al noroeste del continente. En su momento se convirtió en un territorio de la Unión, al que se llamó Alaska, palabra que procedía del aleutiano Alaxsxaq, que venía a significar algo así como «la tierra contra la que se dirige la acción del mar». El precio pagado por el millón y medio de kilómetros cuadrados de territorio fue de 7,2 millones de dólares. Desde el punto de vista actual, y teniendo en cuenta los enormes recursos petrolíferos descubiertos allí, lo podemos considerar una auténtica ganga, pero en su momento la compra provocó cierta polémica en la prensa de la época; algunos comentaristas consideraban que comprar una región tan remota e inaccesible, y además separada por varios miles de kilómetros del resto del país era absurdo. A Alaska se le dio el sobrenombre de «la nevera de Seward» (por William Seward, secretario de Estado que impulsó la compra) o «el jardín de osos polares de Andrew Jonhnson«, entonces presidente de los EE.UU.

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Cheque utilizado para pagar la compra de Alaska (click para ampliar; la imagen pesa 4 megas, así que ojito con las conexiones lentas).

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Libros: Historias de Nueva York

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Historias de Nueva York. Enric González. RBA, Barcelona, 2006

Vuelve Enric González a esta sección dominical de libros. Es un tipo por el que tengo absoluta debilidad. No importa cuán menguada esté mi economía; si encuentro un libro suyo, me lo compro. Descubrí a Enric González como corresponsal de El País en Roma, cuando realizaba unas crónicas semanales sobre el Calcio absolutamente geniales. Tiempo después encontré Historias de Londres en mi librería de viajes favorita, a la que tuve que volver unas dieciocho horas más tarde para comprarme las historias neoyorquinas e inyectármelas en vena.

ny1Enric González llegó a Nueva York como corresponsal del diario El País a principios del año 2000. A partir de ahí el libro entero es un recorrido por los distintos aspectos de la historia y el día a día neoyorquinos. Cualquiera que haya pisado la Gran Manzana sabe lo absolutamente dinámica y enfebrecida que puede llegar a ser la ciudad. Los primeros cuatrocientos habitantes de la isla hablaban dieciocho idiomas distintos, pese a provenir todos de Ámsterdam. Hoy en día se dice que se hablan 180 idiomas distintos en las calles de Manhattan. En esas calles, el autor bucea por los bares, hamburgueserías, abrevaderos y tugurios de todo tipo. Como reza la contaportada, «se puede vivir perfectamente sin saber dónde se hacen las mejores hamburguesas de Manhattan». Y es cierto. Pero lo bien que lo cuenta González hace que uno se pregunte cómo ha podido vivir todo este tiempo sin saberlo.

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Por las carreteras del mundo (II)

Para leer la primera parte, pincha aquí

Siguiendo con nuestro recorrido por algunas de las carreteras más fascinantes del planeta, hoy nos iremos a América y Asia.

La carretera de la muerte

La ciudad boliviana de La Paz es la capital de un estado a mayor altitud del mundo. A 3.600 metros sobre el nivel del mar, es también una de las pocas ciudades donde los «barrios altos» están a menor altitud que los «barrios bajos», por razones obvias. De La Paz parte el Camino a Los Yungas, también conocido como la carretera de la muerte. Se trata de un camino de unos ochenta kilómetros, sin asfaltar, excavado en la roca viva. En su punto de mayor altitud alcanza los 4.300 metros sobre el nivel del mar. En muchos de los tramos la anchura de la vía es de apenas tres metros. Carece de guardarraíles o cualquier tipo de medida de seguridad, y está bordeado en todo su recorrido por barrancos y precipicios de hasta ochocientos metros de alto. Durante gran parte del año el tiempo es lluvioso, lo que causa desprendimientos y convierte la calzada en una piscina de barro resbaladizo añadiendo más peligro si cabe al recorrido. Para aumentar la emoción, muchos días hay una niebla espesa como el puré de guisantes, cosa lógica teniendo en cuenta la altitud. Con esos datos, es más que lógico el mote que recibe la carretera. En 1995 el Banco Interamericano le otorgó el dudoso honor de ser la carretera más peligrosa del mundo.

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Un tramo relativamente sencillo de la Carretera de los Yungas (click para ampliar). © Jordi Busqué

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La Ruta 66

La aventura de H.Nelson Jackson y sus pasajeros abrió camino a todos los que vinieron después. Jackson y Crocker fueron los primeros hombres en cruzar de costa a costa los Estados Unidos a bordo de un automóvil. Seis años después la primera mujer se atrevió a seguir sus pasos. Se trataba de Alice Ramsey, que junto con una amiga y dos cuñadas hizo el mismo recorrido que Jackon pero en sentido opuesto. Ramsey tenía 22 años en 1909 cuando se montó en un Maxwell de 30 CV y partió de Manhattan. Su viaje duró 59 días; a diferencia del de Jackson, el trayecto de Ramsey cruzó el desierto de Nevada para ahorrar tiempo en su recorrido. Alice contó su experiencia en un libro de 1961, y hasta 1975, cuando contaba con 88 años, realizó más de 30 viajes coast-to-coast. Murió en 1983, a los 96 años de edad.

Alice Ramsey vadeando un riachuelo con su coche, en 1909.

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El primer Road Trip de la historia

El concepto de Road trip, un lago viaje en coche, motocicleta o autobús por placer, necesidad, trabajo o cualquier otro motivo, es, como tantas otras cosas, un invento más o menos estadounidense. El individualismo es una de las características más acusadas de la sociedad americana, para bien o para mal, y el coche es el complemento perfecto para cualquier estadounidense medio. Hasta la aparición del automóvl, únicamente el tren garantizaba un viaje a una velocidad aceptable (digamos, superior a los treinta kilómetros por hora), y cruzar un país como Estados Unidos era prácticamente una odisea, como lo era recorrerse cuatro o cinco mil kilómetros en cualquier otra parte del mundo. La llegada del vehículo particular supuso, como hemos podido comprobar en el siglo y pico que ha pasado desde entonces, una auténtica revolución. De repente todo estaba mucho más cerca. Pero en las primeras décadas del siglo XX las carreteras pavimentadas eran escasas, también en Estados Unidos. Aún así, en 1903, un médico llamado Horatio Nelson Jackson realizó el primer viaje en coche coast-to-coast al recorrer los más de cinco mil kilómetros que separan San Francisco de Nueva York a lo largo de más de dos meses de trayecto, del que más de la mitad se hizo campo a través.

Horatio Nelson Jackson al volante de su automóvil, durante el primer road trip de la historia.

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Portmanteau

Un portemanteau, en francés, es un perchero. Es una palabra compuesta, porte-manteau, que lleva o porta abrigos. Lewis Carroll, en su archifamosa novela Alicia en el País de las Maravillas, lo convirtió en un galicismo de uso común en inglés:

«(…) Está lleno de palabras difíciles. «Calentoreaba» significa que eran las cuatro de la tarde, cuando empiezas a calentar las cosas para la comida.

– Eso está muy bien -dijo Alicia-. ¿y «viscotivas»?

– Bueno, «viscotiva» quiere decir «viscosa y activa». Como ves, se trata de un portmanteau: hay dos significados juntos en una palabra».

En castellano la voz no existe, y el concepto está dentro de lo que solemos llamar acrónimo. Portuñol o smog son dos términos que pertenecen a la categoría de portmanteau. En geografía encontramos uno muy conocido en Tanzania, nombre y país compuestos a partir de Tanganica y Zanzíbar. Pero los amos en esto del portmanteau son los Estados Unidos. Si uno se sitúa cerca de una frontera estatal es más que probable que en los alrededores haya algún pueblo cuyo nombre esté formado a través de un portmanteau. Hoy recorreremos la mayoría de los que podemos encontrar en el país de las barras y las estrellas.

Un ejemplo de portmanteau. Canusa Avenue, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, entre los pueblos fronterizos de Rock Island y Derby Line, de los que ya hablamos aquí.

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On the road & Chorricontest (Actualizado)

On the road es un viaje virtual, estado por estado, a través de ese país rarísimo y fascinante llamado Estados Unidos. Fue creado por el diario español El Mundo hace cuatro años con ocasión de las elecciones que George Bush le ganó a John Kerry, pero mantiene plenamente su actualidad y su interés, cuando queda menos de un mes para que Obama y McCain se enfrenten en las urnas. Una breve aproximación a cada estado, un comienzo del camino, para que, después, cada uno continúe por donde prefiera.

Aprovechando la ocasión, y también que estamos ya de fin de semana, propongo a mis escasos pero inmerecidos lectores un pequeño…

¡Chorriconcurso del viernes!

Bajo estas líneas encontrarán una decena de fotos. Propongo que averigüen a qué estado (de los Estados Unidos) pertenece cada una, y dejen su respuesta en los comentarios. Sí, ya sé que comentar es duro, pero por una vez no pasará nada. Esta noche, o mañana, o cuando tenga un rato libre y un ordenador cerca, actualizaré la entrada para desvelar las respuestas. Que tampoco son tan difíciles. El primero que acierte las diez se llevará de premio… bueno, algo se me ocurrirá. Allá van las fotos.

Actualización 4 de octubre: Debajo de las fotografías encontrarán las respuestas. Lamentablemente nadie ha acertado todas, aunque he de reconocer que algunas me salieron bastante malvadas. Pero sí me ha sorprendido cuánta gente ha acertado muchas de ellas. Gracias por participar.

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Pongamos que hablo… de Valencia

La temporada 2003-2004 fue sin duda la más gloriosa de toda la historia del Valencia Fútbol Club. En un año mágico se llevó a sus vitrinas su sexta Liga española y, sobre todo, su segundo título europeo, la Copa de la UEFA. Aquel año los valencianistas estaban orgullosos, y con razón, de que su club paseara el nombre de su ciudad por el mundo. Pero resulta que el nombre de la ciudad ya se había paseado mucho antes, dejando pequeños hijos de la ciudad del Turia por todo el planeta.

Escudo de Valencia, Bohol

Es el caso de la ciudad de Valencia situada en la isla filipina de Bohol. Hasta 1867 se llamaba Panagatan, nombre que venía a significar «poner en un lugar elevado», y que le venía de la costumbre, muy saludable, de los pescadores locales de sacar las barcas del agua para evitar la furia de los monzones. En ese año un obispo español fue asignado a la ciudad, y procedió a cambiarle el nombre y ponerle el de la ciudad levantina española. En aquella época la localidad estaba habitada por unas siete mil personas. Actualmente cuenta con unos 28.000 habitantes.

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