Georgia de punta a punta (Crónicas caucásicas, 5)

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Era ya de madrugada y las únicas luces en la carretera eran las de nuestro coche y la de la Luna llena. Habíamos pasado el día en una utopía de neón junto al Mar Negro y regresábamos a nuestro hostal de bajo coste en Kutaisi, la tercera ciudad de Georgia. En la radio la programación no podía ser más ecléctica. Música tradicional turca, tecno árabe y algún pop centroasiático que no éramos capaces de clasificar. De repente la radio escupió una versión de With or without you increíblemente cutre con toques de Bossa Nova; como mandan las leyes de mi tribu generacional, procedí a aullarla a pleno pulmón sin preocuparme del rostro atenazado por el pánico y la grima de Christian. El cringe, que dicen ellos. «¿No te la sabes?», le pregunté. «No la conozco», me respondió, y entonces el que quedó paralizado por el terror fui yo. «¿De cuándo es?», preguntó. La canción había sido publicada diez años antes de su nacimiento. Lo peor estaba por llegar: «¿Y de quién es?» En España pronunciamos «U Dos» y en el resto del planeta el grupo de Bono es, claro, «Iu Tu«, así que lo que siguió fue una sucesión de burlas inmisericordes a los usos lingüísticos de ambos lados del Atlántico.

– Llamáis Guasón al Joker. GUA-SÓN. No se admiten lecciones
– Oh, lo dice uno del país que tradujo Beverly Hills Ninja como La Salchicha Peleona.
– Claro, cuéntaselo a Mi pobre angelito
– Sí, en la Jungla de cristal
– ¡NO OSES criticar a La jungla de Cristal!

¿Trabalenguas georgiano o cuadernillos de caligrafía?

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Mary Colter, la arquitecta del Oeste Americano

Desde lo alto de la torre se divisan miles de kilómetros cuadrados de desierto, pero sobre todo se tiene una visión inenarrable del Gran Cañón en toda su inmensa grandeza. El edificio se alza al borde del acantilado, y parece que lleve allí desde que el río Colorado empezó a horadar la tierra, mucho antes de que el primer ser humano hollara su ribera. La Desert View Watchtower es una estructura atemporal que podría haber sido construida en cualquier momento entre los albores de la humanidad y ayer por la mañana; es un edificio que pertenece a la tierra sobre la que se levanta, y la domina desde las alturas. Pero como toda construcción humana, se debe a una época concreta, y a una persona en particular. Mary Colter y el Viejo Oeste.

La torre y el Gran Cañón (fuente)

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Makedonium: el Coronavirus de hormigón

Según el visitante asciende por la rampa de acceso el monumento emerge tras los árboles, como un sol hecho de cemento. Por el camino se dejan atrás esculturas extrañas, surgidas no sólo de otra época, sino quizás de otro planeta. Cuando termina el ascenso, el Makedonium se alza ante el visitante en todo su esplendor. Una figura tan improbable como sólida, tan contundente como liviana, depositada en lo alto de la colina por una civilización extraterrestre. Un coronavirus, pero de hormigón blanco y refulgente.

The Spomenikest

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Spomeniks, la Yugoslavia cósmica de hormigón

Suelen estar en mitad de ninguna parte. Enormes pedazos de hormigón en remotos campos de cultivo o colinas alejadas de cualquier lugar civilizado. Sus formas parecen sacadas de una película de ciencia ficción, y parecen algo que una civilización extraterrestre hubiera olvidado allí inadvertidamente. Los hay por todas las repúblicas de la antigua Yugoslavia. Para el ojo poco acostumbrado del visitante ocasional, simplemente no tienen sentido. Pero tienen un significado real y profundo, que combinado con su estética vanguardista inconfundible, los hacen fascinantes. Son los Spomeniks. La Yugoslavia cósmica de hormigón armado.

Monumento a la Revolución Popular de Moslavina, en Pódgaric, Croacia, y un señor ahí para hacer de escala

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España Bizarra: Capricho de Cotrina, el castillo alucinógeno que un albañil autodidacta construyó para su hija

En un rincón apartado de Extremadura hay una casa de campo absolutamente estupefaciente, como si Gaudí se hubiera metido un tripi después de ir a la sesión de noche del Sónar. Su autor no es un reputado estudio de arquitectura, sino un albañil autodidacta, don Francisco González Grajera, que cuando su hija le pidió que la casa de campo que iba a construir fuera especial, se sacó de la manga una fantasía de curvas, colores y trencadís. El Capricho de Cotrina

Esto no se lo ha inventado la IA

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Por qué está vacío el Flatiron, el icono más antiguo de Nueva York

En un lugar conocido como «la ciudad de los rascacielos», un edificio de 22 plantas no parece gran cosa, pero el Flatiron tiene su propio espacio en el imaginario neoyorquino, no sólo por ser el rascacielos más antiguo de la ciudad sino por su inconfundible forma y su estética Beaux Arts. Construido en 1902, automáticamente se convirtió en un icono de la ciudad no sólo entre los arquitectos sino para el público en general; durante los siguientes 117 años permaneció como una de las imágenes más reconocibles de la gran manzana, pero los últimos cuatro el edificio ha estado cubierto de andamios por fuera, y completamente vacío por dentro. ¿Por qué? A eso vamos.

El perpetrador de estas líneas, frente al edificio protagonista de hoy, en el verano de 2019, cuando ya estaba vacío. El edificio, digo. Yo estaba más bien rellenito.

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El puente que cruzó un océano para instalarse en medio del desierto

El Puente de Londres es una de las atracciones más conocidas de la capital británica. O bueno, en realidad no. Lo que un porcentaje elevadísimo de los turistas que visitan el lugar conocen como Puente de Londres (London Bridge) se llama en realidad Puente de la Torre (de Londres) (Tower Bridge). No se les puede culpar. La cantante Fergie, de los Black Eyed Peas, le dedicó una canción, y también usó el nombre incorrecto. Y hasta Google Imágenes tiene serios problemas para distinguir uno de otro. En realidad el Puente de Londres es una cosa de hormigón visualmente bastante anodina y normalita, 800 metros Támesis arriba del Tower Bridge. Pero el puente actual no es el primero con ese nombre. En el lugar donde se ubica ha habido puentes desde la época romana, una sucesión de estructuras a lo largo de los milenios de la que la actual, abierta al tráfico en 1973, es la última. ¿Y qué se hizo con el puente que ostentaba el nombre de London Bridge hasta entonces? Pues a eso íbamos: hoy en Fronteras, el Puente de Londres que acabó en Arizona.

This is NOT England

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Sathorn Unique, el rascacielos fantasma en el corazón de Bangkok

Las mejores vistas de Bangkok están en la Torre Sathorn Unique. Un rascacielos de cincuenta pisos con seiscientos apartamentos de lujo en pleno centro de la ciudad. A sus pies, decenas de locales comerciales para que se instalen las marcas más exclusivas del mundo. Sólo hay un pequeño problema: nadie ha llegado nunca a vivir allí. El edificio lleva 23 años abandonado, se cae a pedazos y es la atracción turística más disfuncional del país

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La última parada: las evanescentes áreas de descanso de las carreteras de EE.UU.

El viaje por carretera ocupa un lugar central dentro de la cultura popular norteamericana en el siglo XX. Como rito de paso al superar la adolescencia, por trabajo o simplemente como puro esparcimiento, desde los años cincuenta en adelante recorrer las inmensas distancias que cubren las carreteras de EE.UU. se convirtió en costumbre y a veces necesidad. A ello contribuyó mucho la creación del Sistema Interestatal de Carreteras impulsada por el presidente Eisenhower. Con las carreteras y los viajeros aparecieron algunos de los elementos más reconocibles de la cultura de carretera norteamericana: moteles, cafeterías, estaciones de servicio y, claro, áreas de descanso.

Organ, Nuevo México

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Las paradas de autobús, el secreto inesperado de las carreteras soviéticas

Cuando uno piensa en «arquitectura soviética» lo primero que le viene a la cabeza son grises y monótonos bloques de hormigón alineados como si fueran parte de un desfile norcoreano. Pero en la felizmente extinta URSS pueden encontrarse rincones donde la creatividad se desbordaba. No en grandes palacios de congresos o mastodónticos edificios gubernamentales sino en pequeñas marquesinas de autobús dispersas aquí y allá por todo el vasto territorio del imperio soviético. El fotógrafo canadiense Christopher Herwig descubrió este fascinante microcosmos viajando en bicicleta de Londres a San Petesburgo, allá por el año 2002. Durante la siguiente década recorrió más de treinta mil kilómetros en catorce países, de Estonia a Georgia y de Moldavia a Kirguistán, buscando esas pequeñas explosiones de imaginación en las cunetas de los caminos soviéticos.

Sovietbus6

Gagra, Abjasia (Georgia)

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