La autopista de seis carriles que termina en mitad del campo

The road to nowhere. La auténtica y genuína (clic para ampliar)

Sí, amigos, una superautopista de seis carriles, con sus líneas pintadas, sus arcenes,  sus barreras de cemento en la mediana y su asfalto negro como el alma de Judas que acaba de forma abrupta y absurda en mitad de la nada. Eso es lo que aparece en la foto. Y no es porque las obras se hayan paralizado o porque la constructora se haya quedado sin fondos, la autopista es así. ¿Y por qué? Ahora lo veremos. La foto está tomada en Argelia, y lo que se ve es la Autoroute Est-Ouest, una autopista de 1.200 kilómetros de largo que discurre por todo el litoral argelino, y cuyos promotores proclaman como la mayor obra pública del mundo en ejecución.

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La Mano del Desierto

El desierto de Atacama es, probablemente, el lugar más seco del planeta. La media de lluvia de toda la región chilena de Antofagasta es de aproximadamente 1 litro por metro cuadrado al año, que es como decir nada. Hay puntos donde no llueve desde hace siglos, y muchas estaciones meteorológicas instaladas hace décadas que todavía están esperando su primera gota de lluvia. Es un lugar bastante extenso, desolado y apenas poblado. La Carretera Panamericana lo cruza de norte a sur, atravesando enormes zonas completamente deshabitadas, con tramos de doscientos kilómetros sin ningún lugar donde reponer fuerzas. En uno de esos tramos, a setenta y cinco kilómetros de la ciudad de Antofagasta, en mitad del desierto, encontramos una gigantesca mano, como si un gigante hubiera sido enterrado y apenas asomaran sus dedos.

La mano del desierto (clic para ampliar)

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La coincidencia más grande de todos los tiempos

Imaginemos la escena. Una isla deshabitada en mitad del Océano Glacial Ártico. Dos tipos que se han pasado un par de años danzando por el hielo tratando de ser los primeros humanos en visitar el Polo Norte, sin éxito. Más perdidos que el niño de El Sexto Sentido en un cementerio y con menos posibilidades de sobrevivir que un perro en un mercado de Seúl. De repente, una mañana como cualquier otra salen de su agujero en la nieve y ven a un tipo acercándose hacia ellos. ¿Visiones? ¿Delirio? ¿Es Dios y resulta que el cielo es igual de frío que el polo? No, es otro ser humano como ellos, el único en decenas de miles de kilómetros cuadrados. Y lo que es más asombroso todavía, les llama por su nombre. A veces la realidad supera la ficción con creces, y el encuentro de Fridtjof Nansen y Frederick Jackson en la Tierra de Francisco José es una de esas ocasiones.

Recreación artística basada en una foto de Nansen de las vistas habituales en la travesía ártica.

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Un Volkswagen Escarabajo en la Antártida

La carretera del Polo Sur (fuente)

A finales del año 2006 se terminó de construir la Carretera del Polo Sur, la única carretera existente en la Antártida; se trata de un camino de nieve compactada de 1.450 kilómetros de longitud que discurre entre la Estación de McMurdo (esa que tiene un cajero automático)  y la base Amundsen-Scott, en el polo Sur. La construcción de la pista facilitó la comunicación entre las dos bases americanas y el traslado de material, combustible y demás recursos que, de otra manera, habrían sido transportados por avión. Vehículos oruga especializados recorren toda la enorme longitud de la pista en aproximadamente 40 días a la ida y mucho menos tiempo a la vuelta. Pero mucho antes de la apertura de la carretera, la Antártida fue hollada por los neumáticos de uno de los mitos de la automoción del siglo XX: el Volkswagen Escarabajo.

El Escarabajo Rojo de la Antártida (fuente)

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El cajero automático de la Base McMurdo

Se trata del cajero automático en el lugar más remoto del mundo, e incluso parece en el libro Guinness de los récords. Este doble cajero automático (son dos máquinas) se encuentra en la estación McMurdo, en mitad de la Antártida, y da servicio a los escasos 200 trabajadores que pasan allí el invierno. Fue instalado en el año 2000 por la compañía Wells-Fargo y desde entonces es renovado periódicamente. Pero ¿para qué necesitan un cajero estos científicos recluidos en medio de la nada?

La respuesta a esta y otras cuestiones en el nunca suficientemente recomendado Fogonazos. Si te gustan las cosas en mitad de la nada y lejos de la civilización, quizá disfrutes con una cabina telefónica en mitad del desierto, en Cabovolo, o con una tienda de Prada en mitad de ninguna parte, en este su blog fronterizo. También puedes consultar la categoría Middle of Nowhere de este blog.

Una Gran Duna Roja

Birdsville, en el estado australiano de Queensland, es uno de esos pueblos remotos, aislados, solitarios y, en general, muertos de asco tan típicos del Outback. Se encuentra situado justo junto a la frontera con Australia Meridional, a doscientos y pico kilómetros del pueblo más cercano. Un hotelito, una pista de aterrizaje, un bar y cien habitantes son todo lo que Birdsville tiene que ofrecer al ocasional visitante. Dicho visitante puede llegar por una de los caminos desérticos más largos del Outback, la llamada Birdsville Track, 517 kilómetros de polvoriento camino sin asfaltar. Según Google Maps, se tardan unas 16 horas en recorrer esa distancia, y Google Maps es extremadamente optimista. Una joyita de sitio. El condado de Diamantina, donde se asienta el pueblo, posee la espectacular cifra de 319 habitantes, repartidos en una extensión de 93.000 kilómetros cuadrados. Tocan a trescientos kilómetros cuadrados por barba. Birdsville se encuentra en el limite oriental del Desierto de Simpson, una región del tamaño de Uruguay (176.000 km²) completamente deshabitada. No existen carreteras que crucen el desierto, salvo precarios caminos abiertos en los años sesenta y setenta en la búsqueda de yacimientos de gas. Uno de esos caminos es el llamado French Line, una pista de arena de cuatrocientos kilómetros de longitud que cruza el desierto de este a oeste en la que no hay nada salvo espectaculares paisajes. Y dunas. Muchas dunas. Muchísimas dunas. Como mil doscientas dunas, que discurren de norte a sur en el desierto a lo largo de cientos de kilómetros y que permanecen estables gracias a la vegetación que crece en ellas. Desde Birdsville, la primera de todas es también la más alta. La duna llamada Nappanerica (no sé si hay muchas dunas en el mundo con nombre propio, la verdad), que debido a sus más de cuarenta metros de alto y su color rojizo es conocida como Big Red. La Gran Duna Roja.

Big Red, o Nappanerica. Una inmensa duna con nombre propio. (© Garry Schlatter, de Vision&Imagination; se puede ver más grande aquí)

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Tienes todo el campo del mundo para correr (o mi pueblo es más grande que tu país)

¿Cuál es la ciudad más grande del mundo? Depende de lo que entendamos por grande y por ciudad. El municipio con más habitantes es Shangai, aunque el área metropolitana más poblada es la de Tokio, con 32 millones de habitantes. Ahora bien, reformulemos la pregunta: ¿cuál es la ciudad, municipio o pueblo más extenso del mundo? Dentro de lo complicado que resulta definir qué es un municipio, en Fronteras nos hemos tomado la molestia de reunir a los mayores municipios del planeta y ponerlos unos junto a otros. Y, la verdad, es que hay pueblos verdaderamente inmensos, lugares donde ir al pueblo de al lado supone casi tanto recorrido como ir al continente de al lado; municipios tan grandes como países (y no precisamente como San Marino) y, en general, lugares absolutamente desconocidos, desmesuradamente enormes y, en ocasiones, completamente vacíos. Con todos ustedes, los pueblos más absurdamente grandes del planeta.

citylimits

Los límites administrativos de una población no suelen coincidir con el final de la zona urbanizada (afortunadamente). Sin embargo hay casos extremos en los que el límite del término municipal se encuentra a decenas o incluso centenares de kilómetros del pueblo propiamente dicho.

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El último pueblo del mundo… por orden alfabético

Al ordenar todos los pueblos y ciudades del mundo por orden alfabético, Aquisgrán (Aachen en alemán) o Aalborg (Dinamarca) estarían sin duda en los primeros puestos. A ambas les adelanta por poco la localidad de Aa, en Estonia; y ésta a su vez se ve superada por Å (pronúnciese “O”) , una localidad de las Islas Lofoten, en Noruega. Pero, ¿el último pueblo de la Tierra por orden alfabético? Podría ser Zweirbrücken, en Alemania, Zwolle, en Holanda, o más probablemente Żyrardów, en Polonia. Pero no es ninguno de ellos. El honor le corresponde a un pueblo de nombre absolutamente inverosímil: Zzyzx, en California, cuyos orígenes son casi tan curiosos como su nombre.

Salida de la autopista hacia Zzyzx desde la Interestatal 15, la autopista que va de Los Ángeles a Las Vegas (fuente)

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Las ciudades fantasma de la Unión Soviética (y II)

Primera parte, aquí.

Kadykchan, la ciudad de los sueños rotos

Kadykchan se encuentra en el Óblast de Magadán, en el noreste de Rusia, más cerca de Alaska que de Moscú, no muy lejos del Círculo Polar Ártico. Fundado en 1937 como pueblo minero, fue después de la II Guerra Mundial cuando conoció su mayor crecimiento, gracias, en parte, a la mano de obra gratuíta que significaban los prisioneros de guerra en la Rusia estalinista (el viaje hasta allí desde el frente debió ser de los que curten). Fueron los presos quienes construyeron el pueblo para alojar a los mineros que extraían carbón del subsuelo. El apogeo de la localidad, que realmente nunca llegó a ser Nueva York, tuvo lugar durante los años 80, cuando alcanzó los 10.000 habitantes. La caída de la Unión Soviética y la irrentabilidad de las minas provocaron el declive irreversible del pueblo; en 1996, cuando la localidad tenía seis mil habitantes, una explosión en la mina mató a seis personas y provocó el cierre de las instalaciones, lo que a su vez se tradujo en el definitivo final de la localidad. La práctica totalidad de la población fue trasladada por el Estado a nuevas viviendas en otras poblaciones, y el éxodo dejó atrás decenas de edificios convertidos en cascarones vacíos.

Edificios abandonados en Kadykchan. Imágenes de English Russia.

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Las ciudades fantasma de la Unión Soviética (I)

La Unión Soviética posee varios récords históricos difícilmente igualables. Durante más de cinco décadas fue no sólo el Estado más extenso del planeta, y con amplísima diferencia sobre el segundo, sino probablemente el más extenso de toda la Historia. La República Soviética de Rusia fue también, durante ese tiempo, y de lejos, la entidad subnacional más grande del mundo. Y la desintegración de la URSS supuso la aparición de más países que cualquier otro proceso de desmembración conocido. Hasta 15 nuevos países, Rusia aparte, nacieron entre 1990 y 1991. En ese territorio inmenso, que abarca tres océanos, dos continentes y veintidos millones de kilómetros cuadrados, la caída del sistema supuso también el abandono de ciudades enteras cuya existencia era debida únicamente al interés estratégico o militar del gobierno de Moscú. Otros lugares quedaron abandonados por guerras, desastres naturales y artificiales o, sencillamente, porque se murieron poco a poco. Por todo el territorio ex soviético, de Ucrania a Siberia y del Ártico al Mar Negro, docenas de ciudades y pueblos han quedado abandonados, a merced de los elementos y de la naturaleza, que se ceba con ellos. Prípiat, Kadykchan, Agdam, nombres de ciudades que en su día fueron el centro de la vida de miles de personas y hoy no son más que cáscaras. Pecios de un sistema insostenible, monumentos a la nostalgia, derrelictos repletos de historia, son muchos lugares que bien merecen una visita, aunque sea virtual.

La base soviética de Skrunda-1, en Letonia, abandonada en 1998 y vendida este mismo año por 2 millones de euros a un anónimo ruso en una subasta.

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